Autor: Guillermo Vera

  • «Dejar de ser», de Carlos Asensio Alonso (Ed. Chiado)

    «Dejar de ser», de Carlos Asensio Alonso (Ed. Chiado)

    Mudar de piel siempre es una tarea compleja para el poeta, pues a diferencia del hombre moderno, sienta unos pilares a veces inamovibles construidos a base de versos. La dificultad reside en abandonar un pasado atemporal, un oxímoron en toda regla que genera una deriva de incertidumbre destinada a desembocar en un mar de vacío. A veces no se puede ser otra cosa, solo entonces queda dejar de ser, y que sea la propia contradicción la que genere un nuevo ser.

    Dejar de ser, poesía de Carlos Asensio (Chiado, 2017)

    «Dejar de ser» (2017), de Carlos Asensio Alonso (Ed. Chiado)

    Carlos Asensio (Mallorca, 1986) escribe entre los años 2012 y 2016 su primer poemario en un triángulo geográfico limitado por Londres, León y Madrid. Una obra llena de particularidades con la que el poeta saca a relucir un estilo propio, sólido y ameno. Sus largos versos en ocasiones pueden dar la sensación de estar ante un libro de prosa poética; de cualquier modo, Dejar de ser es un libro que guarda uno de los talismanes de la poesía: todo en él es armónico y nada entre sus páginas sobra.

    De este libro emana una lucha constante entre un pasado que no cesa en su intención de ser presente, y un futuro sobre el que no se tiene control. Hasta que el tiempo nos dé caza/ y nuestra voz ya no sea audible. La desnudez de estas palabras son probablemente la fuente de riqueza de la obra. Unos versos narrados en primera persona facilitan la lectura y comprensión, aunque sean necesarias segundas y terceras lecturas para poder extraer más belleza del papel, de esos poemas, de esas confesiones.

    Porque ahora, mientras rememoro escenas de una pasión al aire libre,
    comprendo que,
    en aquel mítico instante,

    yo no era.

    La estructura está compuesta por un prólogo a manos de Niño de Elche, una introducción del poeta (tal vez necesaria, dada la atmósfera ontológica en la que nos quiere introducir) y nueve poemas. Es justo destacar este aspecto por el orden y la pulcritud que transmite, no ya la edición, sino el trabajo del autor tras escribir la obra y decidir el lugar idóneo para dejar caer el punto y final.

    Era, de nuevo, el momento de las despedidas. Pero, antes de irte, jugamos por última vez a recoger hechos y sembrar palabras.

    Al tiempo, cuando regresábamos, encontrábamos que «miedo» había dado lugar a un arbusto magnífico, descomunal, atemorizante. Con forma de planta carnívora, nutriéndose del recuerdo y el olvido.

    Otras palabras, como «deseo», se erguían en voluptuosas ramas, que se entrelazaban de forma infinita en pliegues de una obscenidad impensable y artificial.

    En cambio, otras nunca llegaban a germinar.

    Ahora, mientras aguardo tu vuelta, yazco sobre un mausoleo de hayas centenarias.

    Brotadas de la palabra «espera».

  • Fallo del concurso poético Poémame – «Silencio»

    Fallo del concurso poético Poémame – «Silencio»

    El jurado compuesto por el autor del premio, Guillermo Vera, por la poeta y redactora de Poémame Iris Almenara y el poeta Víctor Aragú, ha elegido, entre los más de 70 textos presentados, a Lo que mata es tu voz cuando calla, de @Pequenho_Ze como poema ganador del concurso. ¡Enhorabuena!

    El fallo está sujeto a los criterios de integración temática (el silencio), empleo del verso libre, un relato sostenido a lo largo del poema y, finalmente, la intensidad que éste transmite, con especial mención a la última estrofa en la que solo el silencio tiene derecho a continuar.

    Sin más, os invitamos a disfrutar de la lectura del poema ganador:

    Lo que mata es tu voz cuando calla

    La azotea poblada de canciones acabadas,
    luces arruinadas tras las cortinas veladas
    sin tiempo para brillar de nuevo.
    (Nosotros se lo robamos, es cierto,
    cuando acordonamos sin reservas la esperanza).

    Ahora escucha pasearse los silencios,
    altivos, oscuros, puño en alto.
    Silencios coronados con la pena
    de haber cortado lenguas
    para que dejaran de sangrar palabras.
    Ahora calla el corazón en un silencio débil y templado
    por la nocturnidad vacía de este cuarto;
    y un sigilo plano, arma en mano,
    enturbia una razón que siempre estuvo callada.

    Hoy es este silencio largo
    que acomoda los miedos en lo alto
    para que no griten versos ni nostalgias.
    Y enmudece la oscura madrugada
    en un silencio vaporoso y funerario
    rodeando los cuerpos que se escarchan
    envueltos en trágicos sudarios.
    Tremenda lasitud en las gargantas
    que no pueden hablar, que silencian las almas y las dejan
    atoradas en un círculo perverso de silencios;
    vendidas a unos días que se van sin decir nada.

    Ha llegado la hora de las vidas selladas;
    de esa muerte en la boca que calla y enaltece
    la trémula imposicion disimulada
    de no decir, nunca más, nada.

  • 10 poemas de Mario Benedetti

    10 poemas de Mario Benedetti

    Compartimos con vosotros una selección personal de 10 poemas de Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920), recogidos en la obra A título de inventario (Ed. Debolsillo, 2015)

    Mario Benedetti

    Últimas Golondrinas, de Viento del Exilio (1981)

    Sabes
    gustavo adolfo
    en cualquier año de éstos
    ya no van a volver
    las golondrinas
    ni aún las pertinaces
    las del balcón
    las tuyas

    es lógico
    están hartas
    de tanto y tanto alarde
    migratorio
    de tanto y tanto cruce
    sobre el mar y retórica
    y pretextos
    y alcores

    su tiempo ya pasó
    lo reconocen
    y a mitad de su ida
    o de su vuelta
    oscuras
    cursilíneas
    tiernitas de alas largas
    se dejarán caer
    como buscando
    cada una su ola
    terminal.


    Defensa de la alegría, de Cotidianas (1978-1979)

    Defender la alegría como una trinchera
    defenderla del escándalo y la rutina
    de la miseria y los miserables
    de las ausencias transitorias
    y las definitivas

    defender la alegría como un principio
    defenderla del pasmo y las pesadillas
    de los neutrales y de los neutrones
    de las dulces infamias
    y los graves diagnósticos

    defender la alegría como una bandera
    defenderla del rayo y la melancolía
    de los ingenuos y de los canallas
    de la retórica y los paros cardiacos
    de las endemias y las academias

    defender la alegría como un destino
    defenderla del fuego y de los bomberos
    de los suicidas y los homicidas
    de las vacaciones y del agobio
    de la obligación de estar alegres

    defender la alegría como una certeza
    defenderla del óxido y la roña
    de la famosa pátina del tiempo
    del relente y del oportunismo
    de los proxenetas de la risa

    defender la alegría como un derecho
    defenderla de dios y del invierno
    de las mayúsculas y de la muerte
    de los apellidos y las lástimas
    del azar
    y también de la alegría.

    Enemigo, de Contra los puentes levadizos (1965-1966)

    Tus ojos me miran con dos latidos,
    tu corazón no puede con su roca,
    tu memoria de tapa los oídos.

    Maldices aunque no muevas la boca,
    sigues comprando el surco y los matones
    el azar, los desnudos y la poca

    vergüenza que te pisa los talones,
    sigues comprando hectáreas y tristezas.
    Pero son demasiadas emociones.

    Como todos, escondes tus flaquezas
    y tu memoria sabe lo que sabe.
    Llega la hora. Y además empiezas

    a crujir, enemigo. Eso es muy grave.

    Avicultura, de Las soledades de Babel (1991)

    Yo soy el pájaro / dijo un pájaro
    hasta que el gato lo cazó al vuelo
    y lo exhibió como un trofeo

    yo soy un pájaro / rectificó el pájaro
    pero a esta altura la humildad
    no le sirvió de nada.

    Despabílate amor, de El olvido está lleno de memoria (1995)

    Bonjour buon giorno guten morgen,
    despabílate amor y toma nota,
    sólo en el tercer mundo
    mueren cuarenta mil niños por día,
    en el plácido cielo despejado
    flotan los bombarderos y los buitres,
    cuatro millones tienen sida
    la codicia depila la amazonia.

    Buenos días good morning despabílate,
    en los ordenadores de la abuela ONU
    no caben más cadáveres de Ruanda
    los fundamentalistas degüellan a
    extranjeros,
    predica el papa contra los condones,
    Havelange estrangula a Maradona
    bonjour monsieur le maire
    forza Italia buon giorno
    guten morgen ernst junger
    opus dei buenos días
    good morning Hiroshima,
    despabílate amor
    que el horror amanece.

    Lento pero viene, de Preguntas al azar (1986)

    Lento pero viene
    el futuro se acerca
    despacio
    pero viene

    hoy está más allá
    de las nubes que elige
    y más allá del trueno
    y de la tierra firme

    demorándose viene
    cual flor desconfiada
    que vigila al sol
    sin preguntarle nada

    iluminando viene
    las últimas ventanas

    lento pero viene
    las últimas ventanas

    lento pero viene
    el futuro se acerca
    despacio
    pero viene

    ya se va acercando
    nunca tiene prisa
    viene con proyectos
    y bolsas de semillas
    con ángeles maltrechos
    y fieles golondrinas

    despacio pero viene
    sin hacer mucho ruido
    cuidando sobre todo
    los sueños prohibidos

    los recuerdos yacentes
    y los recién nacidos

    lento pero viene
    el futuro se acerca
    despacio
    pero viene

    ya casi está llegando
    con su mejor noticia
    con puños con ojeras
    con noches y con días

    con una estrella pobre
    sin nombre todavía

    lento pero viene
    el futuro real
    el mismo que inventamos
    nosotros y el azar

    cada vez más nosotros
    y menos el azar

    lento pero viene
    el futuro se acerca
    despacio
    pero viene

    lento pero viene
    lento pero viene
    lento pero viene

    Soledades, de Poemas de otros (1973-1974)

    Ellos tienen razón
    esa felicidad
    al menos con mayúscula
    no existe
    ah pero si existiera con minúscula
    seria semejante a nuestra breve
    presoledad

    después de la alegría viene la soledad
    después de la plenitud viene la soledad
    después del amor viene la soledad

    ya se que es una pobre deformación
    pero lo cierto es que en ese durable minuto
    uno se siente
    solo en el mundo

    sin asideros
    sin pretextos
    sin abrazos
    sin rencores
    sin las cosas que unen o separan
    y en es sola manera de estar solo
    ni siquiera uno se apiada de uno mismo

    los datos objetivos son como sigue

    hay diez centímetros de silencio
    entre tus manos y mis manos
    una frontera de palabras no dichas
    entre tus labios y mis labios
    y algo que brilla así de triste
    entre tus ojos y mis ojos

    claro que la soledad no viene sola

    si se mira por sobre el hombro mustio
    de nuestras soledades
    se vera un largo y compacto imposible
    un sencillo respeto por terceros o cuartos
    ese percance de ser buenagente

    después de la alegría
    después de la plenitud
    después del amor
    viene la soledad

    conforme
    pero
    que vendrá después
    de la soledad

    a veces no me siento
    tan solo
    si imagino
    mejor dicho si se
    que mas allá de mi soledad
    y de la tuya
    otra vez estas vos
    aunque sea preguntándote a solas
    que vendrá después
    de la soledad.

    Haiku nº20, de Rincón de haikus (1999)

    Cada suicida
    sabe dónde le aprieta
    la incertidumbre.

    Chau número tres, de Poemas de otros (1973-1974)

    Te dejo con tu vida
    tu trabajo
    tu gente
    con tus puestas de sol
    y tus amaneceres.

    Sembrando tu confianza
    te dejo junto al mundo
    derrotando imposibles
    segura sin seguro.

    Te dejo frente al mar
    descifrándote sola
    sin mi pregunta a ciegas
    sin mi respuesta rota.

    Te dejo sin mis dudas
    pobres y malheridas
    sin mis inmadureces
    sin mi veteranía.

    Pero tampoco creas
    a pie juntillas todo
    no creas nunca creas
    este falso abandono.

    Estaré donde menos
    lo esperes
    por ejemplo
    en un árbol añoso
    de oscuros cabeceos.

    Estaré en un lejano
    horizonte sin horas
    en la huella del tacto
    en tu sombra y mi sombra.

    Estaré repartido
    en cuatro o cinco pibes
    de esos que vos mirás
    y enseguida te siguen.

    Y ojalá pueda estar
    de tu sueño en la red
    esperando tus ojos
    y mirándote.

    Últimas palabras, de El mundo que respiro (2001)

    Hay mentiras que vuelan como albatros
    y otras que vibran como colibríes
    embustes enormes como aconcaguas
    y otros pequeñísimos como tréboles
    suele mentirse como se respira
    como se pestañea o se estornuda
    mentir en el amor es más difícil
    porque en el beso suenan las alarmas

    la verdad es tan pulcra tan extraña
    como el atajo que atraviesa un bosque
    no obstante lo peor lo imperdonable
    es mentir en momentos decisivos
    por ejemplo en las últimas palabras.

  • 5 poemas de Alejandra Pizarnik

    5 poemas de Alejandra Pizarnik

    Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, Argentina, 1936-1972). Poemas recogidos de Alejandra Pizarnik, Poesía completa (Ed. Lumen, 2016).

     

    Alejandra Pizarnik

    Como agua sobre una piedra, de Extracción de la piedra de locura (1968)

    A quien retorna en busca de su antiguo buscar
    la noche se le cierra como agua sobre una piedra
    como aire sobre un pájaro
    como se cierran dos cuerpos al amarse.

     

    Mendiga voz, de Los trabajos y las noches (1965)

    Y aún me atrevo a amar
    el sonido de la luz en una hora muerta,
    el color del tiempo en un muro abandonado.
    En mi mirada lo he perdido todo.
    Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.

     

    Poema inédito:

    y sin ira
    y sin hora
    sin ahora
    sin orar
    sin arar en la memoria
    sin errar en el pasaje de la noche al amor
    y del amor a su espera
    y nos iremos en un corazón abandonado
    y nos iremos en el espacio abierto de tu mirada
    y nos iremos en un corazón que espera
    amarrado al borde de un precipicio
    no dibujar el itinerario
    no usar la pluma
    sino cuando hablen de pájaros
    nada prever
    para que nada no venga
    y nos iremos como se va la oscuridad
    en la madrugada de plegarias infantiles
    felicidad de nuestros ojos
    ávidos como quien silba junto a un lago
    silba el hecho de silbar
    o canta el hecho de cantar
    (una embarcación de papel atraviesa mi garganta
    adentro bogan dos niños mendigos
    andrajos audaces para despistar al viento
    a la brújula al designio de la noche)

     

    Poema de Textos de sombra y otros poemas (Ed. Sudamericana, 1982)

    golpean las sombras
    las sombras negras
    de los muertos
    nada sino golpes
    y se ha llorado
    nada sino golpes

     

    Artes invisibles, de Las aventuras perdidas (1958)

    Tú que cantas todas mis muertes.
    Tú que cantas lo que no confías
    al sueño del tiempo,
    descríbeme la casa del vacío,
    háblame de esas palabras vestidas de féretros
    que habitan mi inocencia.
    Con todas mis muertes
    yo me entrego a mi muerte,
    con puñados de infancia,
    con deseos ebrios
    que no anduvieron bajo el sol,
    y no hay una palabra madrugadora
    que le dé razón a la muerte,
    y no hay un dios donde morir sin muecas.

  • «La luna siempre miente», de Sierra Castro (Séneca)

    «La luna siempre miente», de Sierra Castro (Séneca)

    Bien sabe quién escribe poesía que un libro debe guardar el punto y final cuando siente que han abandonado los actores el escenario, y un tupido telón se cierra para siempre tras una oleada de aplausos, llantos y sonrisas. Recorre entonces un rumor de conclusiones abiertas haciéndose notar por los silencios del poeta; todo lo anterior es, entonces, un libro cerrado. Y para eso escriben, para marcar de algún modo los ciclos señalados en un lírico y personal mapa astral. Al igual que la luna, epitafio de Heráclito y su cambio eterno, pasear por el cielo y ser, cada noche, una realidad distinta vista desde nuestros ojos.

    «La luna siempre miente» (2016), de Sierra Castro (Séneca)

    La poeta de Hornachuelos (Córdoba) nos brinda unos versos cargados de lucidez en su segunda antología ─previamente publicada en 2013, Paraísos perdidos─ con la que logra hablar de los grandes temas de la literatura dejando al lector con los pies en la tierra entre la magia de sus palabras y el orden perfecto que las articula.

    Sierra Castro (Foto: Editorial Séneca)

    La clarividencia del verso y la total armonía entre estructura, estética y relato, hacen de esta obra todo un ejemplo del desarrollo actual de la poesía urbana y de la experiencia.

    Es cierto que para hablar del tiempo, del amor y el desamor, de habitaciones vacías y sillas abandonadas hay que tener la cadencia y elegancia suficiente como para poder hablar de ello, pero más valor debe acumular quien empuña la pluma para escribir, por ejemplo, sobre economía. Sierra Castro logra así hacer poesía de la frialdad de los mercados y sus fríos movimientos estratégicos en el poema Sin seguro a todo riesgo. Este fragmento es útil para entender la madurez en cuanto a la cadencia. Se percibe el ritmo solo con leerlo; la rima interna se hace sentir como si naciera casi sin querer en el cuaderno de la autora. Aparece entonces la distinción respecto del resto de poemas publicados hoy, gracias, precisamente, al baile perfecto de palabras que permite hacer de estos poemas un agradable recital.

    Invierte en las acciones que te eleven.
    Procura los activos poderosos
    para que se dispare el interés
    y solo sea la piel letra de cambio.
    Gestionemos el fondo tuyo y mío.
    Y en los fondos
    que las manos liquiden el deseo,
    que solo sea tu tacto el incentivo,
    que se anude con vértigo a mi olfato.

    El anhelo de que todo lo pasado fue siempre mejor que lo vivido entonces también está presente en el poemario. Sin maquillaje, repleto de mesura y realidad, la poeta evoca el recuerdo del modo más bello posible en Encuentro.

    Encuentro

    Yo no sé si es amor pero te tuve.
    Yo no se si es amor y ya te has ido
    y no anestesia eso mi deseo
    de repetir contigo los vientos y el paisaje,
    el imantado espacio entre las bocas,
    la piscina cubierta de tus brazos,
    una noche cualquiera de este mundo
    ─aunque solo sea un día en esta existencia─
    que nos haga sentir que nos amamos.

    Accesible, de vanguardia, con voz propia… Así es la obra de Sierra Castro, unas confidencias que bien podrían ser cuidadas epístolas de un pasado vago al futuro que le sigue lento e inmortal. Encontramos en sus poemas un icono oculto en el panorama nacional de la poesía que, sin embargo, representa y está a la altura de lo que se ha llamado poesía de la experiencia y urbana. Por último, todos los beneficios que genere esta obra serán donados a la Fundación Dharana para colaborar con el proyecto O Couso en el mantenimiento y creación de casas de acogida, escuela y comunidad.

  • ¿Qué hacer con tu obra?

    ¿Qué hacer con tu obra?

    Llevas cierto tiempo escribiendo y ya acumulas una cantidad considerable de poemas, prosas o textos poéticos y sientes que es el momento de dar un paso adelante. Hasta ahora habías publicado en redes sociales, tu blog, en Poémame… Tal vez sea el momento de aspirar a algo más. Desde la revista de Poémame vamos a enseñarte los distintos caminos que puedes tomar.

    1. El borrador

    Antes de plantearte cualquier opción de futuro, es necesario reunir tu obra, darle cierta solidez. Tener todos los textos, poemas o prosas en un único archivo word puede ser una buena idea. Esto te ayudará en los siguientes puntos que veremos a continuación, por ello es de gran importancia hacerlo bien. No olvides buscar en todos los sitios en los que puedes haber escrito algo que quieras incluir (en un cajón, en una servilleta, en la descripción de una foto, las notas del móvil…).

    En un primer momento, al reunir tu trabajo en un mismo documento, lo más normal es que el formato sea dispar entre los distintos textos. Tal vez la tipografía, el tamaño de la letra y la separación entre los versos no coincida y sea diferente entre las distintas partes de tu obra. Para ello, utilizando la herramienta de «Seleccionar todo» y cambiando los parámetros según tu gusto sería suficiente (por ejemplo, TimesNewRoman, 12. Interlineado 1,5).

    No obstante, para buscar un acabado más elegante, utilizar un estilo distinto para los títulos de cada unidad que componga tu obra es una buena idea. Situarlos en el centro de la página, ponerlos en negrita, en mayúsculas… ¡Como gustes!

    La corrección

    Muchos aspectos entran en este punto. Seguimos trabajando con el borrador, recuerda. La obra debe quedar sin errores. Empezar por una corrección ortográfica es lo más lógico. Es posible que se nos haya escapado algún error, tildes, el género mal empleado… En un lenguaje poético es muy sencillo cometer errores de este tipo por la complejidad que arrastra. Después, busca que no haya disonancias en el aspecto semántico: ten completamente claro que lo que has escrito es lo que quieres decir. Puede que alguna palabra no encaje del todo, quizá haya otra que exprese de una manera más fiel el mensaje a transmitir. Por último, la corrección estética. Ésta podría resumirse en la correcta distribución de los versos; aunque sea el aspecto más estético ─en un plano visual─, es igual de importante para alcanzar esa armonía poética que buscas.

    Seguramente estés hasta el último minuto haciendo revisiones y leves correcciones. No te preocupes, muchas editoriales publican segundas ediciones porque han tenido que modificar el borrador final para realizar cambios y eliminar errores.

    La división y el orden

    No es del todo necesario, pero tal vez tu obra pueda dividirse en capítulos temáticos, cronológicos, espaciales… Es una opción, pero barájala, puede ser de gran utilidad; ayuda a la persona que vaya a leer tu obra como si fuera una guía, y con los títulos y la división en capítulos puedes transmitir al mismo tiempo mensajes e ideas que habrían pasado completamente desapercibidas si no utilizases este recurso.

    Además, esto permite dotar de orden a los poemas. El orden puede ser, como decíamos, temporal, espacial o temático; de cualquier modo, ordenar tus textos en capítulos crea mucha armonía si tu materia prima no es monotemática.

    2. La selección

    Seguramente tu obra tendrá una estructura de antología, así que habrá poemas muy dispares. Debes encontrar la línea general que sigue el conjunto y saber cuál desentona más para plantearte entonces si incluirlo en el libro o enviarlo a otro lugar. Precisamente es gracias a la división en capítulos el motivo por el que podrás salvar muchos de tus textos. Hablar del amor o de la muerte durante todo el libro y encontrar de repente tres poemas urbanos ─por ejemplo─ puede generar confusión. No sobran por ser distintos, solo debes encontrar el lugar idóneo para ellos.

    Sin embargo, algunos de esos textos no pasarán tus estándares de calidad. Los pones tú, recuerda que es tu obra, eres tú quien elige qué forma parte definitiva de ella qué no. Los que no pasen el corte, puedes guardarlos en un archivo aparte; tal vez le tengas aprecio a tus letras y no quieras que mueran en un ordenador. Ten en cuenta qué estás creando, en qué estás trabajando. Más adelante veremos las posibles salidas, y, en función de eso, debes elegir un criterio más duro para tener un resultado más definido, o si realmente quieres mostrar tu obra, sin aspirar a la aprobación de un jurado literario, por ejemplo.

    Una vez acabado esto, tendrás que repetir todo lo del primer punto, tal vez algo se te haya escapado. Después, tu obra estará cerrada. ¿Qué hacemos ahora?

    3. ¿Qué hacer con ese archivo?

    Vamos a encontrar tres posibles caminos cuando llegue este momento: gestionar tú misma la publicación de tu obra, intentar que una empresa (editorial) trabaje contigo o, por último, enviar el manuscrito (ese borrador final) del libro a concursos y premios cuyas bases incluyan la publicación de éste con una editorial, que suele ser la mayoría. Vamos al desglose de estas tres vías.

    3.1. Gestión por cuenta propia

    Tú editas, tú contactas con la imprenta, tú gestionas todo el (posible) papeleo… Es el grado máximo de autoedición. Saldrá mucho más económico que trabajar con una editorial de autopublicación (que veremos a continuación), pero todo el trabajo cargará sobre tus espaldas. Puede ser más bonito por la idea de que el resultado final será 100% tuyo, pero esto tiene, como todo, pros y contras. ¿Los vemos?

    Pros:

    • Es más económico; imprimir unos 50 libros de, pongamos, 150 páginas puede dejarte la unidad a 4€ y 200€ en total. A esta cantidad, se le debe añadir el  4% de IVA por libros en España, así cuando los vendas no tendrás que declarar nada, ya estará pagado.
    • Todos los cambios y novedades entorno a tu obra pasarán por ti. ¿Qué remedio? No hay nadie más.
    • Tendrás libertad total para incluir los textos que quieras, sin censura.
    • Tendrás un contacto más directo con tu público. Es la única manera de que vendas.

    Contras:

    • No tendrás apoyo de distribución, ya que no cuentas con la logística de una gran editorial. Tendrás que enviar tú los libros, con el sobrecoste que supone, aunque se puede afrontar. A los editores de este tipo les cobran 25€ al año en Casa del Libro por distribuirles, y, con lo números sobre la mesa, acabas perdiendo dinero de ese modo.
    • Si quieres un ISBN (opcional) debes pagar 45€ de gestión. Aunque no es ningún problema si no trabajas con grandes librerías. Seguro que el librero de tu barrio está encantado de guardarte en su estantería.
    • El alcance es muy pequeño. Sacarás el libro y… Tal vez tus seguidores te lo compren las primeras semanas. ¿Luego, qué?
    • Corres el riesgo de que Correos pierda algún envío que hagas. Ocurre poco, pero puede ocurrir.
    • El precio del libro será para cubrir gastos de producción. Recordamos el ejemplo, 4€ de libro, 2.2€ de envío, el sobre… 8€ para cubrir costes. Si el libro es más grande, será más caro; si es más pequeño, más barato. Tal vez saques 1€ o 2€ de beneficio por cada venta. Esto puede ser frustrante para ti, pero recuerda: los poetas no comen de la poesía.

    3.2. Trabajar con una editorial

    3.2.1. Trabajar con una editorial de autopublicación

    En los últimos años, la cantidad de  este tipo de empresas ha crecido una bestialidad. El funcionamiento es simple: envías tu manuscrito, te lo aceptan (normalmente, porque pagas), y comenzáis a trabajar. Es más sencillo que lo anterior, tú solo plasmas las ideas que quieres que aparezcan en el libro. La portada y la edición de interiores estará a cargo de la empresa, que te asignará a una persona para acompañarte como editora en todo el proceso.

    Pros:

    • Menos carga de trabajo para ti.
    • Te incluyen en su catálogo de autores.
    • Algunas ofrecen una buena oferta de distribución en grandes superficies.
    • Suelen organizar eventos y presentaciones que tanto a ti como autora como a los propios editores, les interesa que triunfen.
    • Gestionan todo el papeleo legal. Normalmente incluyen en el precio la gestión del ISBN (el código de barras de tu libro), y algunas incluso lo incluyen en una gran base de datos con la que trabajan la mayoría de «pequeñas» librerías.

    Contras:

    • Es más caro, incluso el doble.
    • Trabajan con paquetes fijos: 50 libros, 100 libros, 200, 500… Eliges lo que te ofrecen.
    • Puede dar mala imagen. Algunas editoriales publican todo lo que les llega, sin ningún filtro de calidad. Es por ello que a los ojos de los críticos, un libro con ese sello en portada suele recibirse con mucho escepticismo.
    • En algunos casos, es probable que tengas que cargar tú con toda la distribución.

     3.2.2. Trabajar con una editorial tradicional

    Es el sueño de todo escritor novel. Y es un sueño precisamente por la dificultad que conlleva. Es prácticamente imposible que una editorial tradicional elija trabajar con alguien que no ha publicado nunca ni ha recibido reconocimientos institucionales. Por cierto, con editorial tradicional me refiero a la forma de trabajar. Estas editoriales reciben manuscritos y publican lo que reciben según su criterio. O eso dicen. Lo cierto es que hoy día, para que una de estas empresas se fije en ti sin haber publicado antes, debes tener un buen amigo en sus despachos. Por desgracia, estamos hablando de empresas que quieren vender, y muchas de ellas parece una asociación de amigos. Los pros y los contras son evidentes, pero por si acaso:

    Pros:

    • Tienen una gran capacidad de distribución. Si tu libro no está en una librería y lo piden, a los dos días estará allí. Además, puedes dar el precioso salto a otros territorios hispanoparlantes más allá del tuyo.
    • Aportan más prestigio a la obra.
    • Están presentes en ferias de libros y pueden organizar presentaciones.
    • Tú escribes, cobras cada año fiscal y acudes a algún que otro acto, nada más por lo que preocuparte.

    Contras:

    • Debes encajar en su línea editorial. No es del todo una contra, pero es algo a tener en cuenta.
    • El contrato editorial que firmarás puede incluir cláusulas de restricción: no trabajar con otras editoriales, publicar solo con ellos, no participar en concursos… Suelen tener una vida media de 2 a 3 años.
    • El estilo es suyo. Visor tiene portada negra con una imagen e interior definido, Hiperión cubiertas a color rayadas y un esbozo…

     3.3. Concursos

    Si tienes alguna obra terminada y estás escribiendo otra, mi consejo es enviar el manuscrito a concursos en los que creas que tienes oportunidades. Empezar presentándote a concursos y premios de universidades, ayuntamientos y diputaciones puede ser una buena opción. Tendrás que pasar por varias fases: primero, encontrar el concurso, leer sus bases (extensión de la obra, rango de edad y nacionalidad de participantes, datos a indicar…), enviar (físico o digital estará estipulado en las bases) el manuscrito en el plazo de convocatoria (también estipulado) y esperar a que anuncien la obra ganadora. Deberá pasar primero por una selección, y luego, los finalistas, serán elegidos por un jurado.

    Pros:

    • El mérito de ganar un concurso, es algo que te otorgará muchos puntos en tu currículum de autor.
    • No te supondrá mayor coste que la impresión, encuadernación y envío de tu obra. Entre 10 y 15€ como mucho.
    • Si ganas, trabajarás con una editorial.
    • En ocasiones hay un premio económico, aunque el más importante es el hecho de poder trabajar con una editorial tradicional. No obstante, nunca viene mal un dinero extra.

    Contras:

    • Pasarán varios meses hasta que veas el resultado.
    • La probabilidad de que ganes será mínima, juega un papel muy importante la suerte, el ánimo del jurado, pasar esa preselección…

    Esta opción no es incompatible con la de publicar por tu propia vía una obra anterior. Eso sí, ¡no publiques la que vas a presentar! Las bases de los concursos suelen señalar que no se admitirán obras ya editadas o publicadas.

     4. Consejos una vez hayas publicado

    Sin duda, lo que buscamos es ser leídos. ¿Qué sentido tiene si no haber publicado? Para tener un mayor alcance, puedes hacer lo siguiente:

    • Enviar un ejemplar a críticos de literatura para que escriban una reseña. Son los influencers de la cultura. Recuerda que una reseña no es una crítica, es una recomendación.
    • Conceder entrevistas. Aunque a los grandes medios no les interesa hacer publicidad de un autor novel, quizá una revista digital o un periódico de tu ciudad escriba algo sobre ti. Si ganas un gran concurso patrocinado por algún gran grupo económico, no dudes que aparecerás en su periódico particular.
    • Ser relativamente activo en las redes sociales con tu obra. Pero no seas pesado, tus seguidores te lo agradecerán.
    • El boca a boca siempre funcionará. No seas un stand de publicidad andante, pero si surge la conversación, pues anuncia que tienes un libro, tal vez les interese leerte.
    • Acude a recitales de micro abierto. Con el tiempo, estaría genial poder organizar recitales contigo como protagonista. Ve creando un nombre.
  • Y ahora, ¿qué es poesía?

    Y ahora, ¿qué es poesía?

    La respuesta no ha cambiado ─al menos, no debería haberlo hecho─ desde que Bécquer confundió la pupila con el iris, y no me refiero a un tú impersonal; vengo a hablar de la noción de poesía como arte supremo, en palabras de Beethoven.

    Es un poco burdo recurrir a diccionarios para textos algo más científicos, aunque no tanto como la idea de romantizar todo lo aparentemente bello y llamarlo poesía.  El DRAE habla de la poesía como manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa. Y hasta ahí, es correcto. Más allá de lo que se pueda leer sobre que la poesía son palabras y saltos de línea, es necesario subrayar que la prosa también es poesía. Otros diccionarios hablan de ella como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, en especial aquella que está sujeta a la medida y cadencia del verso. Hagamos un esfuerzo por remarcar algo muy importante en los tiempos que corren: sujeta a la medida y cadencia del verso. No se puede hacer un poema de un simple texto propio de las corruptas redes sociales. Este sería el aspecto estético del poema. La estructura, la uniformidad, el sentido propiamente estético: algo artísticamente lógico. El arte tiene parámetros, no olvidemos.

    El concepto de la poética ha rondado siempre por la esfera cultural, y ahora parece un poco ausente, tal vez por el imperio editorial que pretende gobernarnos, o por los personalismos e intereses tan presentes en un lugar que no les corresponde. Gabriel Celaya ya decía que ser poeta es asumir la pena de todo lo que existe. No lo tomemos como dogma, es arte, hay que entender la tragedia y la belleza remanente de ésta. No significa que la felicidad no tenga cabida en la poesía, desde luego, pero esto último, la felicidad en la poesía, es un arma que desenfundan autores propios de aquellos simples y breves textos de redes sociales a los que antes hacía referencia, y suelen disparar más rápido. Frente a esto, han aparecido desde hace algo más de un siglo, libros y manifiestos con un título común: Defensa de la poesía. La historia se repite, también aquí.

    Volvamos al concepto. De la mano de Luis García Montero, autor más contemporáneo aún que Gabriel Celaya, podemos vislumbrar en toda su obra una idea fundamental que responde a nuestra eterna pregunta. El poema nace de la necesidad de estarle hablando a una silla vacía. Aparece de nuevo la tragedia, la aparente tragedia, pues si hemos leído a Luis, sabremos que no es precisamente un autor trágico. Sin embargo, es cierto que la poesía nace de la soledad, de las palabras que rondan el silencio, las sombras que acechan, las ventanas abiertas de un hotel… El poeta no es únicamente un sujeto frustrado, triste y solo. Aunque la noción de poeta da para otro artículo, ahora nos concierne la poesía. ¿Qué es poesía, Gustavo Adolfo?

    Quitémonos las alas y tratemos de escribir con los pies sobre la tierra, ¿sí?
    Wislawa Szymborska

    Desde la aparición del verso libre, han sido demasiadas las libertades que se han tomado para calificar textos como arte lírico. Los diccionarios ya están actualizados y no hablan de la estricta rima. Ahora, para utilizar ─incluso sustituir─ este recurso con elegancia, se emplea la rima interna. Por ejemplo: No queda en este templo/ siquiera silencio por compartir./ Acariciar el vaho de una ventana rota/ se torna peligroso si me escondo…/.  Templo hace rima asonante con silencio, igual que rotatorna. Gracias a esto ─entre otras cosas, por supuesto─ se logra el segundo elemento para que un texto con saltos de línea pueda considerarse poesía: el ritmo. No es el único modo de lograrlo, de hecho, no es el principal. El ritmo no tiene por qué llevar rima de ningún tipo; puede percibirse a la hora de recitar el texto. Si tiene cierta musicalidad, si fluye fácilmente, ese texto tendrá ritmo. ¡Pero cuidado! Aun no podemos hablar de poesía.

    La forma no afecta solo a cuestiones palpables como el ritmo o la rima interna, es algo más complicado. La forma también hace referencia al cómo semántico, a los significantes y la semiótica que implica elegir una palabra u otra. Imaginad a Neruda poniendo Estoy muy triste esta noche y voy a escribir,/ por ejemplo: el cielo está lleno de estrellas/ que tiemblan de frío// en lugar de Puedo escribir los versos más tristes esta noche./ Escribir, por ejemplo: la noche está estrellada,/ y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.// Puede que el mensaje sea el mismo. Neruda estaba triste, hablaba de estrellas lejanas… Pero la última forma es infinitamente más poética que la primera. Baila con las palabras, juega con el mensaje desfigurando al yo poético dentro del propio poema, para que sea el poema quien hable. Es por esto que los poetas son eternos.

    Tenemos definida la parte más objetiva de la cuestión, salvando las distancias de los gustos y las preferencias, claro. Ahora viene el último elemento, la idea que permanece en el poema y que un día lo empujó a nacer: el relato. ¿Qué cuenta el poema? Desde luego que no vale cualquier cosa, aunque Quevedo le hiciera un poema al pedo y Machado viviera atormentado por moscas dejando constancia de ello. A modo de breve inciso: escribir sobre temas banales, sin sentido o burdos, con cierta intención humorística, es algo que caracteriza a la antipoesía. Os animo a indagar sobre ello, es algo curioso cuanto menos. Siguiendo el hilo conductor y llegando poco a poco a un final sin sólidas conclusiones, continuo. Hay temas centrales, tales como la muerte, el tiempo, el amor… Temas, a fin de cuentas, de peso, temas que tienen cabida en este noble arte.

    Recordemos: estructura, forma y relato. El contexto que vivimos en la actualidad se encuentra en una profunda crisis porque, precisamente, no hay armonía entre estos tres elementos. No es un problema que la gente escoja escribir, que creen sus textos y los publiquen en blogs y redes sociales; para eso están, a fin de cuentas. El problema surge cuando las librerías están repletas de obras sin categoría, repletas de textos que no son ni uniformes, ni artísticos. Sin embargo, no es una realidad que pueda tomarse para juzgar la totalidad de la esfera poética, pues no es cuestión de que el nivel general haya bajado ─tanto─, sino de que aquello que se publica, aquello que se entrega en cantidades desproporcionadas a librerías sabiendo perfectamente que se va a convertir en una suerte de best seller, se pone bajo el título de poesía. ¿Qué problema hay? No es solo que frivolicen el concepto de poesía sin más. El problema se hace mayor cuando tenemos en cuenta dos factores: el primero es un tanto físico y simple, quizás el más perceptible; las estanterías son limitadas. No caben todos los autores, así que, como una librería, salvo en dignas y valientes excepciones, es una empresa que busca beneficio vendiendo contenido, optará por colocar en su estrecha estantería de poesía aquello que se vende con facilidad. Ojo, esto no quiere decir que lo que se venda sea malo; quiere decir que descubrir nuevos autores será mucho más difícil (casi imposible) que si el criterio fuese de calidad y no de capital. El segundo factor es algo más cultural que lo anterior. Cualquiera que se pare a observar se dará cuenta de que la poesía es un género de minorías; claramente la novela está mucho más presente. Quizá por su accesibilidad, tal vez porque la poesía sea algo complejo de entender… Cuestiones menores para lo que nos acontece. Es por ello que, cuando un libro de, según las librerías, poesía, aparece entre los más vendidos de la semana, hay que plantearse algunas preguntas que probablemente desemboquen en la afirmación que he formulado anteriormente: estamos en una situación de crisis cultural, y van ganando los malos.

  • «Alas del sur», de Pedro Garfias (Renacimiento)

    «Alas del sur», de Pedro Garfias (Renacimiento)

    La historia la escriben los vencedores; llenan con los colores de sus banderas todo un relato, inundan memorias, en ocasiones con mentiras, el recuerdo de un país, y para hacer de contrapoder a esto, nacen los poetas. Uno de los más conocidos casos podemos verlo en la generación del 27 y los poetas de la Guerra Civil. Más de sesenta, de los cuales apenas una larga docena son conocidos; es por eso que hoy os descubrimos a Pedro Garfias, nacido en Salamanca, criado en Sevilla y exiliado en México.

    «Alas del sur», Antología poética de Pedro Garfias (Renacimiento)

    Esta antología reúne una muestra completa de las etapas, estilos y temas centrales del poeta durante los años comprendidos entre 1926 y 1967 dividida en cinco capítulos: «Hoy que llevo mis campos en mis ojos» es el primero de ellos. Aquí el estilo descriptivo, junto a una lírica muy personal (es sencillo darse cuenta de su única autenticidad), nos hace ver el perfecto encaje que tiene en la generación del 27. Suena a Campos de Castilla, solo que hablando de Andalucía, patria y ciudad.

    Yo te puedo poblar, soledad mía,
    igual que puedo hacer rocas y árboles
    de estas oscuras gentes que me cercan.

    Cómo su gracia y limpidez los ojos
    me abrasan con su luz… No lo soñara
    la torpe mano que me arrebata
    mi blanca Andalucía.

    «Hambre de pan y horizontes» es, estrictamente, el capítulo que se ciñe a los años de la Guerra. Memoria y dignidad que inmortalizan al miliciano muerto, a las Brigadas Internacionales, a Federico García Lorca, a generales y capitanes, a José Díaz y a Dolores Ibárruri, a los Héroes del sur. 

    A la muerte de José Díaz
    Desde nieves con sangre
    y cosechas ardidas,
    desde esqueletos pálidos de fábrica
    y casas en ruinas,
    nos llegan las palabras:
    Ha muerto José Díaz.

    Allí donde la muerte tenazmente labora
    la piedra y la sonrisa
    y clava a hachazo limpio en el paisaje
    el duro ceño de la nueve fría,
    José Díaz ha muerto rodeado
    de claras formas rígidas,
    de voces con espanto y duras manos
    fraternas conmovidas.

    Hombres, titanes, dioses
    vieron correr su vida,
    romperse, despeñarse
    por la fijeza atroz de sus pupilas
    vieron morir su cuerpo
    ardiendo en sus cenizas.

    La muerte trabaja infatigable.
    Aquí una pobre aldea en carne viva,
    aquí una presa levantada a pulso
    y a pulso sostenida,
    toda una historia y una aurora a punto
    echada atrás, hacia la noche lívida.
    Y José Díaz muerto, muerto y vivo,
    porque la guerra dura todavía.

    «Dejadme saber mi sueño» es el tercer capítulo de esta antología, que recoge la versión más íntima del poeta. Romances, canciones y sonetos componen en la armonía del exilio este tercer título.

    Guadalquivir
    El espejo de tus aguas
    sabe del rodar suave
    de las tardes sevillanas.

    Ay, río que se me va.
    Ay, tarde que se me escapa.

    A cada paso del río
    va adelgazando la noche
    y las estrellas menudas
    ya nos parecen enormes.

    Capitán, pronto, la brújula.
    Que este río no va al mar.
    Que va a la luna.

     

    El cuarto capítulo, Llevar la vida a cuestas, es sin duda ese conjunto de glosas, sonetos y poemas de los que hablamos cuando mencionamos el hastío y la apatía de la posguerra, el exilio y la profunda crisis existencial en la que muchos autores de la época cayeron.

    III
    Debió ser un hombre fatigado
    de tanto buscar luz entre la noche oscura.

    IV
    La soledad que uno busca
    no se llama soledad;
    soledad es el vacío
    que a uno le hacen los demás.

    El último capítulo recoge siete poemas dedicados al mundo de la tauromaquia, muy popular, extendida y aceptada en la época por todo el Estado español y, posteriormente, en México, donde se exilió el poeta hasta su muerte. Desde allí nos llegaron sus glosas, sonetos y poemas que componen esta antología .

  • «Cábala: Amor», de Elena Flores (Ed. La Calle)

    «Cábala: Amor», de Elena Flores (Ed. La Calle)

    No había día mejor para terminar de leer este libro que el 28 de junio. Tuve el gusto de compartir con Elena Flores un café con hielo en la plaza donde suelo hablar de poesía eventualmente con un gran amigo. Allí, la autora me dio unas pinceladas sobre su obra, y me advirtió, siendo certera, que es un libro que exige segundas y terceras lecturas. Por placer, o por comprender mejor cada palabra.

    Cábala: Amor (2016), de Elena Flores (Editorial La Calle)

    Antes de comenzar, tengo que hacer especial mención a la editorial. La Calle es la primera editorial LGTB de Andalucía. Si bien es cierto que en el resto del país hay otras casas editoriales especializadas en este colectivo, no cabe duda de que es una buena noticia que surjan otras que den visibilidad a autoras y autores LGTB.

    Lo profano y lo divino de la libre sexualidad se esconde en la voz de Elena Flores: esto es lo que encontramos en este libro. Una pura declaración de amor y erotismo, «un contraste sexual de cuerpos que por un segundo se intercambian y yuxtaponen en una retórica (anulada) del poder», como apunta Álvaro López Fernández en un prólogo que bien podría ser una reseña, o, como él mismo apunta, un manual de instrucciones para el libro que prologa. Y es que los poemas de Elena requieren más que un esfuerzo de introspección. Esto no quiere decir que de una primera lectura, los poemas no transmitan; todo lo contrario: es una lírica muy accesible a la par que intensa, rompedora con la corriente de la experiencia predominante en la actualidad.

    El homoerotismo es la clave en este poemario en el que critica a las etiquetas de generalización se hace eco a través de un ascenso a ese monte Sacrolujurio, en el que Lilith –como figura principal de reivindicación- da la bienvenida.

    Se indica en uno de los párrafos de la contraportada de Cábala: Amor.

    El relato es en sí mismo una puesta en cuestión, un discurso poético que, de no ser por el contexto, podríamos considerar inocuo para lo establecido: podríamos pensar, incluso, que es un libro de poemas de amor más. Respecto a este punto, señalaré una última cosa, y es la excelente habilidad que tiene Elena Flores para escribir mediante un juego de máscaras y bailar con la retórica de la voz poética.

    La estructura es perfecta, utiliza el verso libre entendiendo lo que significa. No son simples saltos de línea, cada verso tiene una función, nada sobra en un poema. Como apuntaba al comienzo, rompe con la poesía de la experiencia, pero mantiene la calidad en el verso libre. Nada es artificial ni suena forzado, y es algo muy positivo que la sinceridad de la poeta se perciba incluso en la estructura.

    Fragmento de «Goliat»

    Como un pavo real te luces,
    sabiendo que te miran los ojos
    de todos los que te rodean.
    Conoces tus cualidades:
    lo estético en ti es sobrenatural.

    Gustas un torso envidiable,
    en tus piernas la marca de Da Vinci
    se hace eco de Pitágoras.
    Todo tu cuerpo es, al fin y al cabo,
    un arte matemáticamente perfecto.

    Podemos decir que un texto es un buen poema cuando hay armonía entre estos tres elementos: relato, estructura, y, por último y muy olvidado en la actualidad (por desgracia), el ritmo. No es solo en este fragmento del libro de Elena donde vemos esta armonía lírica; es en todo el conjunto de su obra. El ritmo va de la mano de la estructura, y la unión resulta impecable.

    Nos deja con hambre de más, pero repito: nada sobra. Es un libro muy ameno, con un intenso e íntimo relato que guarda distintas capas de profundidad, pero es, sin duda, un libro con el que cualquiera que haya vivido las neuras del amor se puede sentir en la piel de la autora. Un título apropiado, un prólogo enriquecedor, y dos capítulos completamente líricos y universales.

  • «Las vueltas», de Félix Vera (Alas Ediciones)

    «Las vueltas», de Félix Vera (Alas Ediciones)

    El amor delante y detrás del Rock and roll. Esa es la forma más sincera en la que podría resumir este libro. Si tuviéramos que unir la imagen del poeta con la música, probablemente evocaríamos a Dylan, Cohen o Silvio Rodríguez; cantautores y baladas, guitarras y canciones. Muy lejos de lo que es el rock en castellano, al menos en cuanto a forma y estilo, y es aquí de donde nace la peculiaridad de Las vueltas.

    Las vueltas, de Félix Vera (1997, 2003) ALAS ediciones

    Poemario rock es el subtítulo de esta obra, una etiqueta que le permite al autor distanciarse un poco de la norma en la lírica. El músico decidió plasmar en un libro emociones y decisiones que tal vez no cabían en una canción, una faceta muy interesante del artista que no solemos ver. Antes mencionaba a Silvio Rodríguez, y es que sus cancioneros son muy conocidos en Cuba. Sin embargo, al otro lado del Atlántico apenas se sabe de ellos. No es que esta obra sea un cancionero, sino que es un nexo de unión entre el verso escrito y el que precede a un solo de guitarra.

    «Rebelde ante la rima, sumiso al ritmo», afirma Félix sobre su estilo.

    Presenta una edición muy visual: en contraste con los versos contemporáneos, el músico juega con la distribución de cada palabra, de cada punto. Si buscas un poemario que rompa con la estética normativa sin dejar a un lado la causa última de la poesía, este podría ser el tuyo. Y esa causa a la que me refiero, es, como decía Luis García Montero, la necesidad de estarle hablando a una silla vacía.

    Este libro guarda nombres de mujeres, finales trabajados y una orientación hacia la poesía de la experiencia. Es un paso más allá de las distintas influencias posmodernas que el autor confiesa haber recibido, sin dejar de ser conciso, certero y escueto a la hora de trabajar cada página. Estas características podemos verlas en La última cena, un poema recogido en este libro:

    La última cena

    Tu cara se distorsiona
    detrás de la copa de vino blanco
    que un camarero rubio,
    vestido con traje típico,
    nos acaba de servir.

    Estás muy guapa
    casi tanto como cuando te ríes
    y la línea de maquillaje
    que, excepcionalmente,
    te has puesto bajo los ojos
    me señalan el punto donde reside tu fuerza.

    Reímos mientras degustamos
    nuestra última gran cena juntos.
    No puedo creer que en unos días
    vayas a estar tan lejos
    que poco importen unos cientos de kilómetros
    arriba o abajo.

    Me mintieron,
    me dijeron que el amor todo lo podía
    y lo único que hará será
    hacer más difícil la despedida.

    Muestra un relato muy íntimo, lleno de viajes y confesiones, de distancias y silencios que el autor plasma en estos poemas. Con los pies en la tierra, romantiza la derrota y la combina con la personalidad atrevida del rockero; combinación que nos permite ver el lado humano, las cábalas, todo eso que, como decía al comienzo, tal vez no tenga espacio en una canción.

    Con referencias a otros músicos como Triana Blackie Lawless, y una «banda sonora» a final del libro con otros como Jimi Hendrix Paco Ibáñez, acaba Félix Vera esta obra tan ligada a la faceta lírica del músico, y más concretamente a quienes aman el rock y la poesía. Será toda una simbiosis leer este libro si la melodía de tu vida la marcaron grupos como Metallica AC/DC, aunque no sea un poemario estrictamente lírico, uniforme y cortés en cuanto a la norma, pero, ¿qué es si no el rock and roll?