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  • 13 preguntas y una poeta, Soraya Benítez: «No hay nada más hermoso que el vínculo que se establece entre escritor y lector»

    13 preguntas y una poeta, Soraya Benítez: «No hay nada más hermoso que el vínculo que se establece entre escritor y lector»

    A través de la sección Slam de la web de Poémame supe de la edición del poemario Mirlo Blanco, recuerdo azul (Ed. Camelot, 2018) de Soraya Benítez. Éste llega después de Mi mejor abril (Ediciones Mouse, 2018), su primer poemario, fruto de un blog homónimo donde Soraya escribe, según sus propias palabras, «para no perder el sur. Una suma de poemas que resta dolor, nostalgia y soledad, plasmando las inquietudes que hacen temblar a la primavera y al corazón. Un paracaídas fabricado con versos."

    Soraya Benítez es una diplomada en Magisterio de Educación Física y licenciada en Psicopedagogía apasionada de los libros, de los viajes, de la naturaleza, de la música, de la actividad física, de la comida… De todo lo que da un soplo de vida y te hace respirar. Tiene una novela a punto de ser publicada y otra en proceso de ebullición.

    Antes de empezar la entrevista, vamos a escucharla recitar uno de sus poemas, “Si quieres que te olvide”

    Este poema pertenece a Mi mejor abril. Es uno de sus poemas preferidos, porque «se suele hablar mucho del olvido, pero poco de las ganas reales de olvidar. Cuesta olvidar, claro que cuesta, aunque hay ocasiones en las que se hace más difícil porque, lo reconozcamos o no, no queremos hacerlo.»

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    No hay mucho que contar, mi biografía se va haciendo más sencilla y austera conforme pasa el tiempo. Nací en Córdoba, en el verano que inauguró la década de los ochenta y, actualmente, resido en Gijón. Entre lo uno y lo otro, he vivido. Se podría decir que, en ese recorrido por los años, la literatura ha sido una compañera inseparable, en forma de lectura o de folio en blanco a la espera de que volcara en él mis inquietudes, mis temores, mis preguntas.

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron? 

    Mis primeros encuentros con la poesía fueron triviales o, al menos, así los recuerdo. No me acerqué yo a ella sino ella a mí, en forma de obligación escolar. Conocí a Juan Ramón Jiménez, a Bécquer o a Antonio Machado, entre otros. 

    Muchos años después, volvió a acercarse a mí, no ya como obligación sino a través del amor. Llegó Neruda, Pedro Salinas, Lorca, Cernuda… A partir de ese momento, no he dejado de ser yo la que acuda en su búsqueda, como terapia, respuesta y sosiego. 

    Aparte de los ya nombrados, supongo que cualquier autora o autor que caiga en mis manos, deja algo suyo en mí, aunque siempre recaigo en la lectura de Cristina Peri Rossi, Ángel González, Felipe Benítez Reyes, Fernando Pessoa o Anne Sexton.

    Mirlo blanco, recuerdo azul, de Soraya Benítez (Ed. Camelot, 2018).

    ¿Cómo definiría a su poesía?

    Mi poesía habla de mí y de todo aquello que me emociona. No sabría definirla, pero sí tengo claro lo que me gustaría conseguir con ella: me encantaría que aquello que cuento en mis poemas, no fuera solo mío, que pudiera servir a otros para sentirse identificados, acompañados y entendidos.

    ¿Cree que la poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    Creo que debería evolucionar en su escritura. Decir que se mantiene inalterable sería como afirmar que no se ha visto salpicada e influida por los acontecimientos que ha ido viviendo, las personas que ha ido conociendo, las lecturas que han pasado por sus ojos… Creo que todo eso actúa sobre nuestra manera de ver las cosas y, por supuesto, repercute en nuestro estilo y nuestro lenguaje poético. El mío ha ido cambiando a lo largo de los años, quiero pensar que progresando, gracias a no decaer en el hábito de la lectura y a la búsqueda constante de mejora, siendo autodidacta.

    Al final  del puente de Brooklyn

    El sol se abre paso entre gigantes
    que me acechan, desde lejos, cuando avanzo lentamente, como pez serpenteante
    por las aguas del East River.
    Amanece y tengo sueño.
    Me adormecen los gruñidos de madera,
    de pisadas más precoces que las mías
    con el rumbo de memoria aprendido
    en la planta de sus pies.

    Tiemblan los brazos de acero cuando bosteza la brisa, soplo marmóreo que vaga
    a mi alrededor.

    Sin duda, Lorca también temblaría sobre esta lengua inagotable.
    ¿Qué encontraré al final,
    cuando llegue?

    ¿Quién más habrá?

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    A veces, hago un esfuerzo para dar por concluida la corrección de un poema. Siempre encuentro una expresión o una palabra que defina mejor lo que quiero contar. Me resulta indispensable tener a mano un diccionario y suelo recitar en voz baja el poema, buscando una melodía que me guste, el ritmo adecuado.

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Hice referencia a ello anteriormente, creo que no hay nada más hermoso que el vínculo que se establece entre escritor y lector, esa especie de reflejo. Al final, es como un guiño, te sientes  acompañada o entendida por otra persona, allá donde esté. Esa empatía es fantástica. 

    Mi mejor abril, de Soraya Benítez (Ed. Mouse, 2018)

    ¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Prácticamente, no he participado en ellas, aunque no me desagradan. Son otra forma más de expresión y comunicación. La voz del poeta, sus gestos, su forma de recitar… enriquecen el poema. Otras formas más teatrales como las Poetry Slam, también me parecen estimulantes y necesarias. 

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?

    Me parece estupendo. No deja de ser una adaptación a la era tecnológica que vivimos. Es normal que se adapten los medios y las técnicas utilizadas para hablar sobre poesía, para escribirla, para leerla. Puede que haya a quien le guste que la poesía sea un género incomprendido, para una minoría privilegiada, sin embargo, con Internet se rompen muchas barreras y el deseo de unos pocos poco importa.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor/a que le haya gustado mucho? 

    Hay muchos que me han gustado mucho, pero… si tuviera que recomendar uno, diría Advertencia, de Felipe Benítez Reyes. No tiene desperdicio y lo interpreto, desgastando la ironía que subyace en la poesía de Felipe. 

    Advertencia (recitado por el propio poeta)

    Si alguna vez sufres -y lo harás-
    por alguien que te amó y que te abandona,
    no le guardes rencor ni le perdones:
    deforma su memoria el rencoroso
    y en amor el perdón es sólo una palabra
    que no se aviene nunca a un sentimiento.
    Soporta tu dolor en soledad,
    porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
    está justificado si fuiste desleal a tu conciencia,
    no apostando sólo por el amor que te entregaba
    su esplendor inocente, sus intocados mundos.

    Así que cuando sufras -y lo harás-
    por alguien que te amó, procura siempre
    acusarte a ti mismo de su olvido
    porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
    Y aprende que la vida tiene un precio
    que no puedes pagar continuamente.
    Y aprende dignidad en tu derrota,
    agradeciendo a quien te quiso
    el regalo fugaz de su hermosura.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Me pone nerviosa leer solo un libro. Necesito tener empezados cinco, seis, siete… a la vez. Y así, pasa, que tardo la vida para acabarlos. Actualmente, estoy haciendo más hincapié en Dime quién soy, de Julia Navarro, una novela maravillosa.

    ¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    No soy quien para dar consejos a nadie. Al fin y al cabo, los consejos son maneras de contar nuestra experiencia, para que sirva de referencia o punto de apoyo y no de dogma. Y mi experiencia en el mundo de la poesía no es tan dilatada. Eso sí, considero fundamental leer mucho y escribir mucho. 

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    La veo con ojos de escritora novata, desconozco el mundo editorial como para opinar con datos y argumentos bien formados. No obstante, me da la impresión de que una editorial es más empresa que nunca y busca beneficio, por encima de todo. 

    Noviembre, última forma de amar

    Noviembre, enfrías las manos dejando lágrimas sobre las hojas de los árboles que han llorado esta mañana.

    Suspiras y cortas los labios,
    agrietas la cara, instauras desorden
    en cada peinado, asustas ventanas
    y alzas el vuelo de las servilletas
    que llevan escritos mis últimos versos.

    Noviembre, roba domingos,
    piel de otoño que llena la nada de niebla, tardes de marco plomizo.
    Al otro lado, se oye el eco de un recuerdo que, todavía, no he tenido.

    Cómo va a cantar el mirlo en otoño…

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    No me ha preguntado nada acerca de nuestro parnaso, nuestro bar de letras de Poémame, como lo bautizamos desde un principio, @Pequenho_Ze y yo. Creo que es mucho más que una plataforma literaria virtual para los apasionados de la poesía. Escaparate, verbena, palestra… y, sobre todo, punto de encuentro donde, a veces, es posible que surja la magia.

    Ahora, antes de acabar toca el regalo a nuestros lectores. Si os ha gustado la poesía de Soraya no podéis dejar de visitar su blog Mi mejor abril.

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.

  • Gloria Fuertes, poeta de guardia

    Gloria Fuertes, poeta de guardia

    A muchos de nosotros, cuando oímos el nombre de Gloria Fuertes, nos asoma una sonrisa tierna en los labios. Creo que si tuviera que definir con una sola palabra a Gloria, esta sería ternura; pues esta mujer tenía el mágico don de sacar ternura de cualquier cosa, de cualquier hecho. Pero no debemos olvidar que su poesía también era dura y afilada; detrás de la ‘aparente’ sencillez, se esconde un mundo de horror (la Guerra Civil), el dolor por la pérdida de personas queridas (como Phyllis, el gran amor de su vida, que murió de cáncer y con la que estuvo 15 años… a partir de ese momento, Gloria siguió sonriendo, pero un poquito menos), o simplemente el ambiente en el que creció, en el seno de una familia con pocos recursos y que no apoyó sus ansias literarias ni aprobaba verla encerrada en su cuarto devorando libros o inventando y dibujando historias.

    Cuando mi madre me veía con un libro, me pegaba. Nadie de mi familia me dijo nunca “escribe, hija, escribe, que lo haces bien”… Nadie. No tengo nada que agradecer a mi familia. Pero cuando se quiere una cosa, aunque tu familia no te ayude, se consigue.

    Y así lo hizo; ella quería escribir, y acabo siendo una poeta reconocida e independiente que vivió como quiso, vistió como quiso y escribió como quiso. No es que rompiera las normas, es que tenía las suyas propias y esas son las que seguía.

    Me dijeron
    -O te subes al carro
    o tendrás que empujarlo.

    Ni me subí ni lo empujé.
    me senté en la cuneta
    y alrededor de mí,
    a su debido tiempo,
    brotaron amapolas.

    Solía ser criticada por sus versos sencillos, por sus rimas fáciles; fue incluso apartada y marginada, como muchos otros, por su postura pacifista, antifranquista, por homosexual, por ser mujer que decía lo que pensaba y, es más, a menudo lo escribía. Y aunque sus versos pueden parecer tremendamente sencillos, -Gloria escribía como hablaba, con un lenguaje totalmente coloquial y natural-, cabe tener en cuenta que a veces en la poesía, el camino de la sencillez puede llegar a ser el más complejo, aunque viendo los versos de Gloria, pudiera parecer cosa de niños.

    Nacida en el año 1917, mostró desde muy pequeñita su facilidad para jugar con la imaginación. Su vida no era fácil, era la niña de los zapatos rotos, e incluso se tuvo que poner a trabajar muy jovencita para ayudar a la familia. Un dato curioso, es que su primer trabajo fue, justamente, con una máquina de escribir.

    La pobreza es hermosa cuando se tiene algo que te canta y te suena debajo de la carne, como si hubiera dentro un ángel ensayando.

    Su juventud no fue fácil, pero no hay mal que por bien no venga, que se dice, y gracias a que ayudaba a su madre a hacer trabajo de limpiadora en la redacción de la revista Lecturas, apareció su primer poema publicado. Esto fue cuando Gloria tenía quince años: tuvo el atrevimiento de dejar sobre la mesa del director de la revista el poema Niñez, juventud, vejez, y éste apareció publicado la semana siguiente:

    Nacer, vivir, crecer, saltar,
    reír, chillar, mentir,
    aprender, amar, estudiar,
    brincar, jugar, correr,
    reír, reír… ¡niñez!

    Hablar, pensar, cantar,
    moverse, andar,
    jugar a amar,
    cambiarse de lugar,
    sin quietud… ¡juventud!

    Sufrir, llorar, gemir,
    sentir, pensar, no vivir,
    quietud, resignación,
    desolación…
    tristeza, dejadez… ¡vejez!

    El fallecimiento de su madre, en el año 1934 le llegó demasiado temprano; Gloria siempre afirmó que su madre se fue ‘»cuando más falta le hacía». Eso hizo que tuviera que dejar los estudios para ponerse a trabajar de contable en una oficina: «A mí me gustan los cuentos, no las cuentas», solía decir. No fue esa la única vez que trabajó en una oficina, pero incluso a esto supo encontrarle un lado tierno y fantástico:

    La siniestra oficina
    se humanizaba por las noches
    se oía un leve teclear.
    Las máquinas se escribían
    —unas a las otras cartas
    de amor.

    Gloria Fuertes. Retrato de Arturo Espinosa (Flickr/CC BY 2.0)

    Hizo amigos ligados al mundo literario, y de la mano del poeta Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923 – Francia, 2010) se introdujo en el llamado Postismo; un movimiento literario creado a principios de los años 40 en España, que venía a ser la última de las vanguardias, el último de los ismos, el culto al disparate, que decían sus miembros. Aunque fue un movimiento que duró pocos años, el nombre de Gloria quedó atado a ese movimiento por el estilo ‘no académico’ de su poesía, por las altas dosis de imaginación, por esa ‘locura inventada’ que tanto rodeaba sus versos, aunque ella fue, por encima de todo, una escritora independiente que encontró su propio estilo en la necesidad de explicar lo que sentía y no saber muy bien cómo hacerlo.

    Como ya hemos comentado antes, en ella reinaban el pensamiento y el sentimiento pacifistas, con una tendencia clara al amor y a la ternura, sufrió la Guerra Civil española en su carne, en su alma y en su corazón. Así definía Gloria este conflicto bélico que tanto la marcó:

    Fue el crimen a sangre fría,
    duró tres años,
    ese horror lo viví día a día,
    en plena juventud
    tuve hambre y frío
    muriendo y conviviendo
    con el cadáver de mi alegría.

    Y dejó huella en muchos de sus versos:

    Te matan y después
    piden perdón al cadáver.

    Antifranquista declarada, no se le cayó jamás el lápiz a la hora de desnudar sus pensamientos e ideas en los poemas:

    Un día que tenga tiempo
    os contaré la aventura de mi infancia
    con el lobo Franco.

    Yo era una caperucita roja en zona roja.
    El lobo Franco se enteró que en mi cestita
    no llevaba solomillo y queso para mi abuelita
    y al ver que llevaba libros y poesía,
    mandó su jauría
    y me detuvo en la Gran Vía.

    Los criados del lobo
    me metieron en prisión,
    me mordisquearon a gusto,
    por poco me muero del susto.

    En el bosque de cemento
    pasé un miedo atroz.
    Yo era una caperucita roja
    y “el Franco” un lobo feroz.

    Y es que Gloria escribía lo que vivía, lo que sentía, y contaba lo que ocurría en su mundo. Conocida a veces como una poeta de postguerra, se encuentra muy frecuentemente el tema de la violencia y la muerte en sus versos, como podría ser el caso de este poema llamado El corazón de la Tierra, donde aparte del horror de la guerra, también aparece la Tierra, un elemento también recurrente en sus versos y con el que la poeta solía identificarse bastante, pues la tierra tiene corazón, igual que ella:

    El corazón de la Tierra
    tiene hombres que le desgarran.
    La Tierra es muy anciana.
    Sufre ataques al corazón
    —en sus entrañas—.
    Sus volcanes,
    laten demasiado
    por exceso de odio y de lava.

    La Tierra no está para muchos trotes
    está cansada.
    Cuando entierran en ella
    niños con metralla
    le dan arcadas.

    Pero Gloria amaba; amaba la vida, amaba el mundo, amaba a los hombres y a las mujeres aunque no se lo merezcan, y amaba los niños.

    No es todo hacer poesía para el pueblo, sino un pueblo para la poesía. Por eso escribo para el niño y para el adolescente, que pronto serán ese nuevo pueblo decente.

    No en vano se dedicó a hacer lecturas de poemas, para los más pequeños, les llevaba libros si no tenían medios para obtenerlos; de hecho, con su novia Phyllis, crearon una biblioteca ambulante para acercar la literatura a los niños de los pueblos.

    Quiero que todos los poetas hagamos un arte útil, necesario. Que llevemos nuestros libros al pueblo y no a cuatro intelectuales, liricoides, técnicos-críticos, fríos o ñoños.

    La poesía es un arma cargada de futuro, que decía Celaya. Para Gloria la poesía era una valiosísima y preciosa herramienta con la que se podría cambiar el mundo, las mentes, las almas y los corazones:

    La poesía no debe ser un arma,
    debe ser un abrazo,
    un invento,
    un descubrir a los demás
    lo que les pasa por dentro,
    eso, un descubrimiento,
    un aliento,
    un aditamento
    un estremecimiento.
    La poesía debe ser
    obligatoria.

    Pero consideraba que el futuro eran los niños, y hacia ellos quiso enfocar gran parte de su poesía, para que aprendieran, sintieran y se dieran cuenta que el mundo es mucho, muchísimo más que lo que tienen delante de los ojos. Quizás por eso destacó más la poesía que hizo para los niños, haciendo incluso programas en la televisión dirigidos a un público infantil, mientras la que iba más dirigida a los adultos, poco a poco, fue cayendo más en el olvido.

    El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y vida.
    Edición de Jorge de Cascante. Ed. Blackie Books

    A lo largo de su trayectoria publicó en revistas, ganó premios, publicó numerosos poemarios, dio clases en Estados Unidos, hizo recitales llenando auditorios, programas en la televisión… y todo con la finalidad de acercar la poesía y la literatura a todas las personas, a grandes y pequeños… Tuvo grandes amigos, creó grupos literarios con los que organizaban lecturas, explotó la noche madrileña… pero siempre tuvo un pequeño rincón de soledad y tristeza dentro de ella, pues era poeta.

    De pequeña e imaginaba que los poetas eran siempre bichos raros, pero ya de mayor he visto que son –somos- como las personas corrientes, sólo que un poco más tristes.

    Gloria jamás se cuestionó si su poesía debía tener alguna etiqueta (social, rebelde, triste…), ella sólo decía que su poesía salía del amor, y si con ella lograba emocionar, consolar o alegrar, su sonrisa se hacía más amplia. Escribía a la Humanidad, así, con la h mayúscula, y siempre, siempre lo hizo con corazón.

    Ahora que se cumplen veinte años de su muerte, os quiero dejar aquí algunos poemas suyos, de esos que se suelen denominar, dentro de su obra, para adultos. Su faceta de poemas infantiles la celebramos con una selección de poemas infantiles publicados en Poémame.

    Espero que los disfrutéis, los sintáis y los améis, pues están escritos con mucho, muchísimo amor.

    Me entretengo queriéndote

    Por la tarde, al atardecer
    -después de los versos-,
    me entretengo queriéndote,
    me entretengo.
    Apago las luces
    y enciendo el amor,
    y al amor de la lumbre
    que brota del recuerdo…
    (¡Es hermoso el otoño para amarte!)
    …encandilo mis ojos
    y caliento mis dedos,
    pongo agua en los nardos
    y un disco de silencio.

    Aunque no estás conmigo
    a tu imagen queriendo,
    por la tarde yo sola,
    me entretengo,
    queriéndote, me entretengo.

     

    Cristales de ausencia

    Cristales de tu ausencia acribillan mi voz,
    que se esparce en la noche
    por el glacial desierto de mi alcoba.
    -Yo quisiera ser ángel y soy loba-.
    Yo quisiera se luminosamente tuya
    y soy oscuramente mía.

    Mi accidente será un buen epitafio:
    Cuando una calle bajo el sol cruzaba,
    de dolor –o de amor- es lo mismo,
    murió desbaratada.

     

    Silencio de nieve

    Ante postura amorosa,
    ante paciencia rebelde,
    silencio de nieve.
    Ante mi entrega diurna,
    ante mi herida reciente,
    silencio de nieve.

    Cuando grito la injusticia,
    silencio de nieve.
    Cuando grito que te quiero,
    nadie me entiende.

    Llamo al amor por su nombre,
    llamo a la puerta de enfrente,
    no me importa que me queme,
    llamo a tu llama
    silencio de nieve.

     

    Aviso

    Está seco, sus ramas sin hojas,
    su tronco sin ojos,
    sus cables sin savia,
    se mueve sin amor.
    Está seco.
    Nada le estremece,
    por nada hasta blasfema.
    La Bolsa y el Negocio
    sólo le hacen vibrar.
    Está seco.
    Se mete en Ministerios,
    administra guardillas,
    rebaja los jornales,
    que su vida es así.
    Yo lo he visto
    os advierto:
    Enterrad a ese hombre cuanto antes.

     

    No perdamos el tiempo

    Si el mar es infinito y tiene redes,
    si su música sale de la ola,
    si el alba es roja y el ocaso verde,
    si la selva es lujuria y la luna caricia,
    si la rosa se abre y perfuma la vida,
    si el amor va y me besa y me deja temblando…
    ¿Qué importancia tiene todo eso,
    mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
    un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
    un banquete de cáscaras,
    un concierto de perros,
    una ópera de sarna?
    Debemos inquietarnos por curar las simientes,
    por vendar corazones y escribir el poema
    que a todos nos contagie.
    Y crear esa frase que abrece todo el mundo;
    los poetas debiéramos arrancar las espadas,
    inventar más colores y escribir padrenuestros.
    Ir dejando las risas en la boca del túnel
    y no decir lo íntimo, sino cantar al corro;
    no cantar a la luna, no cantar a la novia,
    no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
    Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
    gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
    debajo de las latas con lo puesto y aullando
    y madres que a sus hijos no peinan a diario,
    y padres que madrugan y no van al teatro.
    Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso;
    cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
    Asediar a usureros y con rara paciencia convencerles sin asco.
    Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
    ser buzo una semana, visitar los asilos,
    las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
    danzar en las leproserías.
    Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
    que al corazón le llega poca sangre.

     

    Hay un dolor colgando

    Hay un dolor colgando del techo de mi alcoba,
    hay un guante sin mano y un revólver dispuesto
    hay una exactitud en la aguja del pino
    y en icono viejo llora la Virgen Madre.
    Todo esto sucede porque estamos cansados.
    La vida no nos gusta y seguimos inertes,
    a lo mejor venimos para ser algo raro,
    ya lo peor nos vamos sin haber hecho nada.
    Vienen los gatos flacos con lujurias en boca,
    cantando eso que cantan a los pies de la urna,
    y salen los espíritus debajo de la cama
    cuando crecen los naipes en las manos del fauno.


    NOTA: Las citas literales y entrecomilladas de Gloria y algunos de sus datos biográficos han sido extraídos de El Libro de Gloria Fuertes, Antología de poemas y vida editada por Blackie Books.

  • 10 poemas para niños a la sombra de Gloria Fuertes

    10 poemas para niños a la sombra de Gloria Fuertes

    Gloria Fuertes. Retrato de Arturo Espinosa (Flickr/CC BY 2.0)

    El 27 de noviembre se cumplen veinte años del fallecimiento de la poeta para los niños por excelencia. Gloria dedicó gran parte de su vida y su obra a los más pequeños porque consideraba que también había que hacer un pueblo para la poesía, y los niños de ‘ahora’ serían el pueblo del ‘después’. Acercó este género literario a los niños mediante lecturas y recitales, programas de televisión, canciones incluso…. a día de hoy, sus poemas siguen saliendo en los libros de las escuelas y los niños siguen conociendo la poesía de su mano.

    Aunque pueda parecer sencilla, la poesía infantil es mucho más compleja de lo que parece, suele tener versos cortos, con rima fluida que le dé incluso cierto aire de canción, y un vocabulario asequible para los niños pero que, a su vez, haga volar su imaginación.

    En Poémame queremos completar nuestro homenaje con una recopilación de poemas infantiles publicados en la web, y alguno que otro dedicado con mucho amor, como a ella le gustaba, a Gloria, la poeta de los niños.


    Arcoiris – @cirratus

    Blandiendo tu cuerno,
    cuernito de plata,
    galopas el viento
    caballito de magia,
    tú,
    guardián de los cuentos,
    corcel de las hadas
    que adornas tu frente
    con tan bella espada.

    Y así,
    todas las noches,
    cuando el sol se apaga,
    vigilas inquieto
    los bosques y playas
    donde viven los duendes,
    por si los asaltaran
    legiones de orcos
    provistos de lanzas.

     

    Soneto infantil – @Aurora

    Le he tejido a la luna una bufanda,
    unos guantes y un gorro bien modernos,
    para hacerle más dulces los inviernos.
    Son de un suave color lavanda.

    Va haciendo, de su capa, propaganda,
    soltando comentarios muy maternos
    a los astros pequeños y más tiernos
    que le han hecho, de abrigos, su demanda.

    Ahora tengo un pedido de sombreros
    de todas las medidas y colores,
    de lana, fieltro y tela de algodón.

    Y coso para todos los luceros,
    con el fin de acabar con sus temblores,
    poniendo en cada hilván el corazón.

     

    Niña en el bosque – @canocs19

    Los frutos del bosque
    comía la niña
    entre verdes hojas,
    rojas y amarillas.
    Sentada en la hierba,
    las aves la cuidan.
    Los esbeltos árboles
    por ella se inclinan.

     

    Nana – @Alicia_Fernández

    En su mecedora
    se sentó la Luna.
    El gato de angora
    al pie de la cuna.

    Y duerme mi niño,
    rey del amor.
    Que la noche te traiga
    sólo candor.

    Que las estrellas sean
    tus centinelas.
    Que ahuyenten malos sueños
    con cantinelas.

    Que los búhos vigilen
    desde sus ramas.
    Que las que hilen
    tus sueños, sean las hadas.

    ¡Duerme, mi bien!
    Que por la mañana
    el Sol te salude
    desde la ventana.

     

    Yo soy Gloria – @Donaciano_Bueno_Diez

    Hola niños,
    yo soy Gloria,
    la que perdió la memoria
    que guardaba en su zurrón,
    pegó un mordisco al turrón
    creyendo que era zanahoria
    y allí quedaron sus piños
    ¡qué susto me dio el bribón!
    y hoy la he visto ¡maldición!
    agua sacando en la noria.

    Sé dónde anda
    mas no insisto.
    Hay quien dice que la ha visto
    con su pato, con su pata,
    con su gata turulata
    presumida, dando el pisto.
    Que marchó de cuchipanda
    con su música y su panda
    y su novio el Evaristo.

    Si me crees,
    no me creas
    que metida en las peleas
    y amarrada a ese bigote
    del soneto, su estrambote,
    toreando en las capeas
    le soltaba una patada
    y, procaz, la carcajada
    se montaba en el cogote.

    ¡Virgen santa,
    Ave María!
    Qué de artista no sería
    que subida en una lata
    nos cantó una serenata
    y hasta el público aplaudía.
    Mas por poco se atraganta
    -se hizo un nudo en la garganta-
    y creyó que se moría.

     

    Pregunta difícil – @defelapp

    -Amiga lechuza,
    respóndame usted:
    ¿qué cosa terrible,
    yo tengo en los pies?

    Si tocan un son,
    le bailo danzón

    Si escucho reggae
    lo bailo al revés.

    También me equivoco
    bailando joropo.

    -Lo siento mi amiga,
    no sé contestar…
    ¡Pues nunca una rana
    yo he visto bailar!

     

    Canción para un ratón – @Verín

    Hace tiempo que un ratón
    salió a ver el mundo
    asomando su hocico por mi costado.
    Quería escuchar mi corazón
    con ése latir tan profundo
    desde el otro lado.

    Fue trepando a mi regazo
    sin pedir explicaciones,
    pues bien sabía el ratón
    que el latir de mi corazón
    es una de las razones
    del calor de mis abrazos.

    Dice que soy la más bella,
    a veces, también la más fea…
    Que soy bucanera en su cuento
    donde no hay ranas, ni doncellas,
    donde sea como sea
    ella, el ratón, es la dueña del viento.

    Pues claro que si preciosa,
    serás la reina del planeta,
    serás… lo que tú quieras que ser.
    Ratón o mariposa
    surcando el mar en tu galeta
    hacia el amanecer.

    Y yo aprenderé a tu lado
    lo bonito de los besos
    y lo dulce que es reírse por reír.
    Saliste de mi costado
    como un ratoncito travieso,
    para enseñarme a vivir.

     

    Apaga la luz del mundo – @carlosmiguelez

    Apaga la luz del mundo (papá)
    que voy a dormir solita
    pues soy una niña valiente
    que luz ya no necesita.

    Un cuento, mimos y un beso
    es todo lo que necesito
    para quedarme dormida
    abrazadita a mi osito.

    Te puedes marchar tranquilo
    yo sé que estas a mi lado
    y no tardarás en venir
    si el miedo me ha despertado.

    Apaga la luz del mundo (papá)
    que no luzca ya luminosa
    mas caigo en sueño profundo
    al alba despierto orgullosa.

     

    Pula, pula, pula corda – @Jonnata_Henrique

    Pula, pula, pula corda
    Sai do chão, toma cuidado
    Pra corda não te pegar
    Pula, pula, pula corda
    Quanto mais é demorado
    Mais divertido vai ficar
    Pula, pula, pula corda
    Se você for alcançado
    Outro amiguinho(a) vai pular
    Acorda e gira, gira a corda
    Pula, pula, pula corda
    Brinca, brinca, até cansar

     

    Soneto a Gloria Fuertes – @raulrib2

    Sublime poetisa de los niños,
    de las rimas llenas de fantasía,
    sabor a golosinas de sandía,
    del regaliz con que te haces tus aliños.

    Quintales de ilusión y de cariños,
    dulcifican Gloria tu poesía,
    y son como una amable melodía,
    la belleza y ternura de tus guiños.

    Atiborras las letras de sabores,
    y me cantas con voz ronca al oído
    el cuento que me duerme y que me arrulla.

    Tu verso es un Arco Iris de colores
    que chispea en un cielo compungido,
    porque sin ti, el gallo… ya no maúlla.

  • 13 preguntas y un poeta, Hilario Barrero: «Menos es más, cada palabra es un diamante, no la gasten…»

    13 preguntas y un poeta, Hilario Barrero: «Menos es más, cada palabra es un diamante, no la gasten…»

    Hilario Barrero nació en Toledo en 1946, Profesor Emérito de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), tiene una larga y productiva trayectoria que infunde mucho respeto. No os vamos a abrumar con una larga lista, solo vamos a señalar aquellas publicaciones de los últimos diez años:

    • Poesía: Agua y Humo (2010), Libro de familia (2011), Educación nocturna (2017), Blending (2018).
    • Narrativa: Un cierto olor a azufre (2009). Dirección Brooklyn (2009), Brooklyn en blanco y negro (2011), Nueva York a diario (Impronta, 2013), Diarios 2012-2013 (La isla de Siltolá, 2015).
    • Traducción: Delicias y sombras, de Ted Kooser (2009), El amante de Italia, de Henry James (2009), Lengua de madera. Antología de poesía breve en inglés (2011), La esperanza es una cosa con alas, de Emily Dickinson (2017); Luces y sombras y otros poemas de Nueva York, de Sara Teasdale (2018); A quien pueda interesar Antología bilingüe (2018).

    A lo anterior podríamos también añadir los textos suyos presentes en numerosas compilaciones y antologías.

    A su faceta de escritor, hemos de añadirle la de pintor, fotógrafo y editor de “Cuadernos de Humo” que es una revista de poesía así como una pequeña editorial que nació en el año 2010 en Brooklyn (Nueva York), por la que han pasado un centenar de poetas, algunos que ya son parte fundamental de la literatura española y otros que están en camino de escribir su propia y singular historia. Cada uno de los números de Cuadernos de Humo es todo un pequeño acontecimiento, mimando cada página y siendo editados de manera artesanal.

    Antes de empezar con las preguntas, vamos a leer su poema titulado ‘Pregunta‘:

    Pregunta

    En la mañana
    la luz hablaba a gritos,
    la sombra muda.En el atardecer
    el miedo a reflejarse
    sin saber
    si es la sombra del cuerpo
    la que quema
    o es el fuego del alma
    que se extingue.

    Ya con la oscuridad te haces la pregunta
    que no tiene respuesta:
    ¿Ha sido siempre la sombra tan pesada?

    Noche clara del cuerpo.

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    Desde 1978 vivo en Nueva York. Enseñé español en la Universidad de Princeton. En paralelo a mi labor académica, he escrito varios libros intentando conjugar diversos géneros: poesía, traducción y colaboro habitualmente en revistas literarias como Clarín, Hélice, Poesía española, o Turia y en periódicos como Abc. Edito Cuadernos de Humo.

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    De niño Campoamor, Gabriel y Galán; siempre, los clásicos; en la universidad la Generación del 27, especialmente Cernuda, Salinas y Guillén. Y Brines. Y más tarde la poesía americana.

    ¿Cómo definiría a su poesía?

    Un poema más que un arma para el futuro es una navaja del pasado, una mano abierta para el presente y una eternidad basada en el instante de un amor para el futuro. Estoy en deuda con Góngora al que siempre hay que volver, con Quevedo, con Aldana, con la poesía contemporánea en inglés (Auden, Ginsberg, O’Hara, Schuyler, Frost…). Toda buena poesía, toda poesía seria debe tener algo de maldición y algo de misterioso. Todo poema, como la vida, debe ser en cierto modo, oscuro y maldito. La oscuridad le da al poema una distancia y le hace minoritario e inalcanzable: un coto privado de belleza, sólo reservado a un grupo minoritario y privilegiado. Leer un poema debe ser un acto de reflexión, una comunicación con lo espiritual, un ritual, un sacrificio, un ejercicio de la mente y el corazón. Una comunión entre el poeta, el oficiante, y el lector.

    ¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    El hombre cambia, el estilo queda. Puede cambiar el tono, la estructura, el léxico, la forma del poema, pero si uno es un poeta con “personalidad” se le debe reconocer. Igual que se reconoce al Greco, a Velázquez, a Picasso o a Brahms, Beethoven o Arvo Part.

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    El poema está terminado cuando el lector lo hace suyo. Yo tardo mucho en escribir un poema. Cuando lo termino lo dejo en el cajón que descanse. Y suelo corregir poco. Si hay que corregir, es mejor olvidarlo. “No la toquéis ya más / que así es la rosa…”

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Iluminar la soledad, llenar un vacío, dar muerte a la muerte, encender una vida… Dar a la palabra el “otro” significado, el que nadie ha usado, el que solo conocen los poetas.

    Código

    Para ellos,
    eres el nombre
    que te dieron
    dentro de su legalidad:
    un signo solamente.
    Tu otro nombre,
    el elegido en la noche
    de la boca de lobo,
    es solo mío.
    Un sonido animal.
    Y así te escucho.

    ¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Como vivo en USA solo voy a lecturas cuando presento algún libro en España. A veces me invitan comunidades hispanas de aquí o universidades a dar lecturas y siempre es una grata experiencia.

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

    Hay compañeros que piensan que estar en la red no es cosa de un escritor. A mí me parece la octava maravilla. Yo tengo un blog “por hache o por be”, Facebook, Twitter, Instagram…

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor/a que le haya gustado mucho? 

    Cualquier soneto de Quevedo, de Góngora, de Lope, de Aldana… Me gusta “Mi vaquerillo” de Gabriel y Galán. Mi madre nos dormía cantándonoslo.

    He dormido esta noche en el monte
    con el niño que cuida mis vacas.
    En el valle tendió para ambos
    el rapaz su raquítica manta
    ¡y se quiso quitar-¡pobrecito!-
    su blusilla y hacerme almohada!
    Una noche solemne de junio,
    una noche de junio muy clara…
    Los valles dormían,
    los búhos cantaban,
    sonaba un cencerro,
    rumiaban las vacas…
    y una luna de luz amorosa,
    presidiendo la atmósfera diáfana,
    inundaba los cielos tranquilos
    de dulzuras sedantes y cálidas.
    ¡Qué noches, qué noches!
    ¡Qué horas, qué auras!
    ¡Para hacerse de acero los cuerpos!
    ¡Para hacerse de oro las almas!
    Pero el niño ¡qué solo vivía!
    ¡Me daba una lástima
    recordar que en los campos desiertos
    tan solo pasaba
    las noches de junio
    rutilantes, medrosas, calladas,
    y las húmedas noches de octubre,
    cuando el aire menea las ramas,
    y las noches del turbio febrero,
    tan negras, tan bravas,
    con lobos y cárabos,
    con vientos y aguas!…
    ¡Recordar que dormido pudieran
    pisarlo las vacas,
    morderle en los labios
    horrendas tarántulas,
    matarlo los lobos,
    comerlo las águilas!…
    ¡Vaquerito mío!
    ¡Cuán amargo era el pan que te daba!
    Yo tenía un hijito pequeño
    -hijo de mi alma,
    que jamás te dejé si tu madre
    sobre ti no tendía sus alas!-
    y si un hombre duro
    le vendiera las cosas tan caras!…
    Pero ¿qué van a hablar mis amores,
    si el niñito que cuida mis vacas
    también tiene padres
    con tiernas entrañas?
    He pasado con él esta noche,
    y en las horas de más honda calma
    me habló la conciencia
    muy duras palabras…
    Y le dije que sí, que era horrible…,
    que llorándolo el alma ya estaba.
    El niño dormía
    cara al cielo con plácida calma;
    la luz de la luna
    puro beso de madre le daba,
    y el beso del padre
    se lo puso mi boca en su cara.
    Y le dije con voz de cariño
    cuando vi clarear la mañana:
    -¡Despierta, mi mozo,
    que ya viene el alba
    y hay que hacer una lumbre muy grande
    y un almuerzo muy rico… ¡Levanta!
    Tú te quedas luego
    guardando las vacas,
    y a la noche te vas y las dejas…
    ¡San Antonio bendito las guarda!…
    Y a tu madre a la noche le dices
    que vaya a mi casa,
    porque ya eres grande
    y te quiero aumentar la soldada…

    – Autor: José María Gabriel y Galán

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Son dos: The Great Fires, de Jack Gilbert (un poeta que he traducido y que recomiendo) y open eye, open heart, de Ferlinghetti, que me parece un timo.

    ¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Que lea a los clásicos, que no tenga prisa, que no se crea que es la divina pomada, que vaya a la universidad, si puede, que piense que un poema es un universo, un mundo, una obra maestra y que como tal necesita tiempo, espacio, fondo, forma, ritmo, musicalidad, metáforas, encabalgamientos… Que el adjetivo que no da vida, mata. Que menos es más, que cada palabra es un diamante, que no la gasten…

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Floreciente y saludable. Siempre se ha publicado mucho y siempre el tiempo ha cribado. De los cientos de poetas de hoy solo quedaran cinco o seis.

    Postdata

    Me arrimo a ti
    en una calle estrecha
    y dejo pasar la sombra
    que nos viene siguiendo.

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    Posiblemente acerca de “Cuadernos de Humo”, qué tipo de música clásica me gusta y mi opinión sobre mi pintura.

    Algunas de esas preguntas las dejaremos para una próxima entrevista, ahora vamos a hacer un triple regalo a nuestros lectores:

    Ejemplo de obra pictórica

    Cuatro poemas

    Un poema

    En qué pozo se esconde, de qué montaña llega, de qué torrente nace, dónde queda escondido el metal de su aliento, en qué túnica de humo se bautiza, qué desnudez la suya, en qué tierra de nadie proclama su inocencia, si pura, qué sangre anima el fuego de su sexo, si es un cuerpo de guerrero bello e inaccesible qué bronce mal fraguado en la hoguera de Apolo le tizna con un virus de moho su torso amoratado, la belleza intocable de un mármol de lujuria, la rúbrica del óxido firmando su sentencia, una rosa agrietada en su esplendor de mayo por la ferocidad sin freno del olfato cobarde, dudando si llamarla con nombre de batalla o con signo de tregua, bautizada de almendra, con el velo nupcial apuntalado de hambrientas gaviotas, o dejar que su sombra se refleje en el hospicio fundiendo los aceros de la tarde, cuando ansías su lengua de muchacha te ofrece la amargura de su boca de fruta no madura, su saliva vinagre, agrios sus labios con bozales de espuma, cuando esperas en noches de tormenta que llueva en la ventana del poema te ofrece la sequía abacial de la cuaderna vía, sudario de la rima condenada, consonantes de polvo y de ceniza, cuando piensas en ella, cuando esperas su aroma de Tedeum triunfal te entona un deprofundis de silencios, encendida la lámpara del aceite esperas su llegada, virgen prudente y necia, beata del incienso que perfuma sus pechos, que llegue cuando quiera, que juegue con tu pelo, que caliente tu boca, que te ayude, que desnude tus ojos, que te envuelva tus manos en tules congelados, que le dé al corazón una armadura de soldado vencido, en tu sien un disparo de pólvora nevada, siempre la incertidumbre de no saber si vuelve, si olvidó mi costumbre de acariciar sus muslos, siempre teniendo miedo de ser tan sólo un siervo que no le da placer a su látigo húmedo, perro que solo bebe de su lluvia oxidada de musgo, de ser tan sólo un hombre sin simiente para su corazón de madre, de ser una mujer para la ambigüedad de su mirada y ofrecerle un orgasmo en la falsa bandeja de mi voz de castrato para su colección de autógrafos sin nombre, y siempre la amargura, la duda, el desaliento de que no me conozca, que me ignore, que no vuelva jamás y si me deja ¿cómo vivir sin el sonido de su voz, sentir sin el cuchillo de su aliento, respirar sin el aroma de su muerte?

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y tenemos otro regalo para los que resisten. Si queréis el PDF del Cuaderno de Humo nro. 23 que saldrá el 7 de diciembre, pedidlo como comentario a este artículo y os lo haremos llegar de alguna manera.

    Gracias por haber llegado hasta aquí.

  • Poemario “Versos de ocasión” de Eva Mascarell y Eduardo Margaretto

    Poemario “Versos de ocasión” de Eva Mascarell y Eduardo Margaretto

    El pasado viernes 9 de noviembre se presentó en la Llibrería Calders, en Barcelona, el poemario “Versos de ocasión”, del dueto EM & EM’S, binomio compuesto por Eva Mascarell, fotógrafa y rapitenca de nacimiento, y Eduardo Margaretto, poeta, traductor y rapitenc de corazón.

    Me confieso admirador de Margaretto desde que hace un par de años compartí con él una jornada “fantiana” con motivo de la presentación de la obra que escribió sobre el autor: “John Fante. Vida y obra. Como un soneto sin estrambote.”

    En el acto del viernes, Anna Zaera, periodista, fue la encargada de introducir la obra, desgranando los puntos en común de Eva y Eduardo, y la complicidad que se transmite en el poemario.

    Seguidamente, Pilar Romera, escritora, crítica literaria y autora del prólogo, dijo no querer hablar de poesía, sino de sentimiento. Nos habló de su amistad con Eduardo, “Edi”, y de la ternura que se esconde en sus poemas. Y al hacerlo, sus sinceras palabras provocaron precisamente eso, sentimiento. Pilar no habló de poesía, pero su intervención, lo fue. Como suele suceder entre amigos.

    Eva Mascarell también es poesía. Poesía visual. No perdió la sonrisa en todo el acto, (tengo la sensación de que esta chica nunca puede dejar de sonreír). Tal vez por eso, y por su juventud, me sorprendió la madurez de sus fotografías, cómplices de los poemas de Eduardo.

    Por último, Eduardo Margaretto, oculto tras su disfraz de eterno rebelde, lanzó sentencias como, “no sé si esto es poesía, pero no me importa. Yo escribo, y ya está”, que, pudiendo parecer lanzadas sin sentido, en el caso de Eduardo son su auténtica esencia. “se trata de contar algo, el formato es lo de menos”, nos dijo. Él es así. No en vano, es corrector, lector, guionista, colaborador de revistas y periódicos, autor de guías de viaje, además de traductor, biógrafo, activista cultural, y yo añado, poeta. Porque sólo un poeta es capaz de escribir como él lo hace.

    Cometes poesía (fragmento)

    Cuando tienes frío y estás perdido
    evaporado en el polvo de un caballo blanco
    en uno de los muchos agujeros de la noche
    con una necesidad tremenda de ternura
    cuando desde el quinto piso buscas
    la serenidad que ha perdido una generación
    en lo más oscuro del día

    cometes
    de nuevo
    poesía.

    En “Versos de ocasión”, fotografías y poemas nos trasladan de Malasaña a La Rápita, mientras Margaretto nos muestra su trayectoria vital, la que le ha traído hasta aquí.

    Obra imprescindible para los amantes de la poesía, y no lo digo por admiración o amistad, que también.

  • 7 poemas de Ida Vitale, premio Cervantes 2018

    7 poemas de Ida Vitale, premio Cervantes 2018

    Nacida en Montevideo en 1923, Ida Vitale es poeta, traductora y ensayista. Exiliada en México desde 1974, por la dictadura en su país, no volvería a Uruguay hasta 1984.

    Considerada miembro de la Generación del 45, junto con Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, tiene una voz poética que es cada vez más profunda y certera y que no deja de editarse. Antologías suyas de estos años pueden encontrarse en papel y también en digital: Todo de pronto es nada (2015), Cerca de cien (2015), Sobrevida (2016) y la flamante edición de Poesía reunida, aparecida en Tusquets el año pasado, donde están los poemas que ella publicó entre 1949 y 2015.

    En palabras de José Guirao, Ministro de Cultura español, entre las razones para la elección de Ida Vitale se encuentra «su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda». Cuando recibió la noticia del premio, la poeta se mostró «sorprendida, agradecida y muy vital, haciendo honor a su nombre».


    Agosto, Santa Rosa

    Una lluvia de un día puede no acabar nunca,
    puede en gotas,
    en hojas de amarilla tristeza
    irnos cambiando el cielo todo, el aire,
    en torva inundación la luz,
    triste, en silencio y negra,
    como un mirlo mojado.
    Deshecha piel, deshecho cuerpo de agua
    destrozándose en torre y pararrayos,
    me sobreviene, se me viene sobre
    mi altura tantas veces,
    mojándome, mugiendo, compartiendo
    mi ropa y mis zapatos,
    también mi sola lágrima tan salida de madre.
    Miro la tarde de hora en hora,
    miro de buscarle la cara
    con tierna proposición de acento,
    miro de perderle pavor,
    pero me da la espalda puesta ya a anochecer.
    Miro todo tan malo, tan acérrimo y hosco.
    ¡Qué fácil desalmarse,
    ser con muy buenos modos de piedra,
    quedar sola, gritando como un árbol,
    por cada rama temporal,
    muriéndome de agosto!

     

    Fortuna

    Por años, disfrutar del error
    y de su enmienda,
    haber podido hablar, caminar libre,
    no existir mutilada,
    no entrar o sí en iglesias,
    leer, oír la música querida,
    ser en la noche un ser como en el día.

    No ser casada en un negocio,
    medida en cabras,
    sufrir gobierno de parientes
    o legal lapidación.
    No desfilar ya nunca
    y no admitir palabras
    que pongan en la sangre
    limaduras de hierro.
    Descubrir por ti misma
    otro ser no previsto
    en el puente de la mirada.

    Ser humano y mujer, ni más ni menos.

     

    Gotas

    ¿Se hieren y se funden?
    Acaban de dejar de ser la lluvia.
    Traviesas en recreo,
    gatitos de un reino transparente,
    corren libres por vidrios y barandas,
    umbrales de su limbo,
    se siguen, se persiguen,
    quizá van, de soledad a bodas,
    a fundirse y amarse.
    Trasueñan otra muerte.

     

    Invierno

    Como las gotas en el vidrio,
    como las gotas de la lluvia
    en una tarde somnolienta,
    exactamente iguales,
    superficiales,
    ávidas todas,
    breves,
    se hieren y se funden,
    tan, tan breves
    que no podrían dar cabida al miedo,
    que el espanto no debiera hacer huella
    en nosotros.

    Después, ya muertos, rodaremos,
    redondos y olvidados.

     

    Cuadro

    Construimos el orden de la mesa,
    el follaje de la ilusión,
    un festín de luces y sombras,
    la apariencia del viaje en la inmovilidad.
    Tensamos un blanco campo
    para que en él esplendan
    las reverberaciones del pensamiento
    en torno del icono naciente.
    Luego soltamos nuestros perros,
    azuzamos la cacería,
    la imagen serenísima, virtual,
    cae desgarrada.

     

    Penitencia

    ¿Mirar atrás será pasar
    a ser de sal precaria estatua,
    un perecer petrificado
    preso en sí mismo, parte
    del roto encanto de un paisaje
    cuya música no logró más oír?

    ¿Debo matar lo que miré,
    el mito que minuciosa
    pliego y despliego,
    grava para mi paso solo?
    ¿Ciega borrar lugares,
    playas, vientos, el tiempo?

    Sobre todas las cosas,
    anular horas que se han vuelto inútiles
    como lluvia que cae
    sobre el mar implacable,
    como mis propios pasos
    si no son penitencia.

    Exilios

    …tras tanto acá y allá yendo y viniendo.
    – Francisco de Aldana

    Están aquí y allá: de paso,
    en ningún lado.
    Cada horizonte: donde un ascua atrae.
    Podrían ir hacia cualquier fisura.
    No hay brújula ni voces.

    Cruzan desiertos que el bravo sol
    o que la helada queman
    y campos infinitos sin el límite
    que los vuelve reales,
    que los haría de solidez y pasto.

    La mirada se acuesta como un perro,
    sin siquiera el recurso de mover una cola.
    La mirada se acuesta o retrocede,
    se pulveriza por el aire
    si nadie la devuelve.
    No regresa a la sangre ni alcanza
    a quien debiera.

    Se disuelve, tan solo.

  • La Biblioteca Nacional de España y el poeta José Hierro

    La Biblioteca Nacional de España y el poeta José Hierro

    En una entrada anterior mencionábamos a la Biblioteca Nacional de España a cuenta del III Día de las escritoras. Pues bien, esta semana hará dos meses desde que la Biblioteca Nacional recibiera el archivo personal y la biblioteca del poeta José Hierro (1922-2002), Premio Cervantes de 1998 como donativo de parte de sus herederos: su viuda, sus hijos y sus nietas.

    Toda la donación comprende más de 3.500 documentos de distinta naturaleza entre los que se encuentran más de 600 manuscritos, destacando el de su novela inédita La vida es el fin, así como una variada correspondencia del poeta y más de 700 recortes de sus artículos y críticas artísticas.

    La BNE también nos informa que además, incluye su biblioteca personal, compuesta por alrededor de 2.000 ejemplares que recopilan ediciones de sus poemarios, sus obras de referencia y libros de algunos de sus amigos, como una copia dedicada de la obra de Vicente Aleixandre La destrucción o el amor.

    José Hierro fue un poeta que nació en Madrid y pasó su juventud en Santander, donde cursó estudios de perito industrial, interrumpidos en 1936 por la Guerra Civil. Al final de la guerra fue encarcelado hasta 1944. Tras dos años en Valencia, donde participa en las tertulias del café El Gato Negro, regresó a Santander, y comenzó a trabajar como crítico de arte en el diario Alerta, labor que continuará ejerciendo en otros medios de comunicación como Radio Nacional de España y el diario Arriba.

    Evocación

    Hoy sé que los quebrados son olivos
    cercados en el área de la escuela.
    Hoy sé que llevan remo y blanca vela
    los amados balandros adjetivos.

    Hoy sé que aquellos tiempos están vivos,
    que cada asignatura es centinela
    que vigila un recuerdo y lo revela
    con gesto y con presencia redivivos.

    Me encontré solitario, inerte, ciego,
    sin risueño pasado, sin el juego
    alegre entre los vientos del verano,

    y yo busqué en los álamos mi vida
    y al no encontrarla la creí perdida,
    y estaba aquí, al alcance de la mano.
    (De Prehistoria literaria, 1939)

    Tal y como nos hace ver el comunicado de la BNE, Hierro dirigió las publicaciones de la Cámara de Comercio y de la Cámara Sindical Agraria hasta 1952, año en el que se instaló definitivamente en Madrid, fundó la revista Proel y reanudó su carrera de escritor. Trabajó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y en la Editora Nacional. Además, colaboró en las revistas poéticas Corcel, Espadaña, Garcilaso, Juventud creadora, Poesía de España y Poesía Española, entre otras.

    José Hierro fue un trabajador lento y minucioso, tenía la superstición de no poder escribir en su propia casa, por lo que numerosos cafés de Madrid fueron testigos directos de la creación de su obra. La trayectoria poética de José Hierro fue laureada con hasta quince premios, llegando a recibir dos veces el Premio Nacional de Poesía (1953 y 1999) y en tres ocasiones el Premio de la Crítica (1958, 1965 y 1998). En 1981 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1998 recibió el Premio Cervantes, máximo galardón de la literatura en lengua española.

    Las nubes

    Inútilmente interrogas.
    Tus ojos miran al cielo.
    Buscas, mirando a las nubes,
    huellas que se llevó el viento.

    Buscas las manos calientes,
    los rostros de los que fueron,
    el círculo donde yerran
    tocando sus instrumentos.

    Nubes que eran ritmo, canto
    sin final y sin comienzo,
    campanas de espumas pálidas
    volteando su secreto,

    palmas de mármol, criaturas
    girando al compás del tiempo,
    imitándole a la vida
    su perpetuo movimiento.

    Inútilmente interrogas
    desde tus párpados ciegos.
    ¿Qué haces mirando a las nubes,
    José Hierro?

    (De Cuanto sé de mí, 1957-1959)

    Según los críticos, Hierro pertenece a la poesía desarraigada de la generación de posguerra, sus primeros versos aparecieron en distintas publicaciones del frente republicano. Su paso por la cárcel marcó de forma indeleble su poesía y cuando reapareció en los años cuarenta con dos libros casi simultáneos, lo hizo urgido por un amargo poso autobiográfico, que dota a su poesía de una madurez poco frecuente en poetas jóvenes. Así, en 1947 se publicaron Tierra sin nosotros y Alegría. Este último poemario le otorgó el Premio Adonais.

    Otras obras del autor son: Con las piedras, con el viento (1950), Quinta del 42(1953), Cuanto sé de mí (1957), Libro de las alucinaciones (1964), Agenda (1991), Emblemas neurorradiológicos (1995) y, a finales de los años noventa, Cuaderno de Nueva York (1998), considerada esta última una obra maestra contemporánea.

    Como señala la BNE en el comunicado que hemos adaptado, el gesto de la familia de José Hierro permitirá conservar todo su legado y difundirlo, favoreciendo la investigación de la poesía de la generación de la posguerra.

    En son de despedida

    No vine sólo por decirte
    (aunque también) que no volveré nunca,
    y que nunca podré olvidarte.

    Emprendo la tarea
    (imposible, si es que algo hay imposible)
    de racionalizar, interpretar, reconstruir y desandar
    aquellas fábulas y hechizos
    que gracias a ti fueron realidad.

    Recupero los pasos iniciados a la orilla del río
    y que desembocaban en “Kiss Bar” (aunque no estoy
    seguro
    dónde estaba el principio y dónde el fin).

    Estoy cansado, muy cansado.
    Don Antonio Machado dijo hace más de sesenta años
    “Soy viejo porque tengo más de setenta años,
    que es mucha edad para un español”.
    (Sin comentarios).

             He vivido días radiantes
    gracias a ti. Entre mis dedos se escurrían
    cristalinas las horas, agua pura. Benditas sean.

    Fue un tercer grado carcelario:
    regresas a la cárcel por la noche,
    por el día ―espejismo― te sientes libre, libre, libre.
    Nadie pudo, ni puede, ni podrá por los siglos de los siglos
    arrebatarme tanta felicidad.

    Yo no he venido ―te lo dije―
    para decirte adiós. Sé que no me echarás de menos,
    y eso que yo soñaba ser todo para ti
    como tú lo eres todo para mí.
    ¡Ay vanidad de vanidades y todo vanidad!

    No te importuno más (ni siquiera sé si me escuchas).
    Bebo el último whisky en el “Kiss Bar”,
    la última margarita en “Santa Fe”,
    rodeo luego la ciudad y su muralla de agua
    en la que ya no queda nada que fue mío.
    Desisto de adentrarme en su recinto,
    no tengo fuerzas para celebrar
    la melancólica liturgia de la separación
    Sólo deseo ya dormir, dormir,
    tal vez soñar…

    (De Cuaderno de Nueva York, 1998)

  • Savia viva en los versos de María Prieto

    Savia viva en los versos de María Prieto

    Una de las últimas incorporaciones a nuestro parnaso, llega con olor a salitre y a tierra húmeda. María Prieto Sánchez consigue que la naturaleza palpite en sus versos y retrata con maestría la belleza de una callejuela, de un caserón y hasta del propio olvido. Ya en la biografía de su perfil nos deja claro que la poesía le sirve, sobre todo, para entenderse, para poner en orden su caos y desorden interior. No lo duda: Por eso escribo. ¿Quieren pruebas?

    Con ojos de otoño

    Como fruta madura de final de verano,
    voy mirando la vida
    con los ojos de otoño.
    Soy octubre templado derramando semilla
    en parda sementera,
    despejando silencios; deambulando
    entre mis surcos con los ojos
    cerrados.
    Evocando primaveras…
    Voy tomando la sazón del áspero
    membrillo.
    Rosa abierta de sangre de granada.
    Son mis manos
    sarmientos de las vides del tiempo.
    Es mi piel
    vino añejo, entre soles dorados.
    Mi perfume,
    el aroma de la tierra mojada.
    Soy amiga del aire que estremece mi pelo
    y salgo a los caminos a extender mis alas
    contra la húmeda brisa que
    presagia la lluvia.
    A veces,
    estoy triste y me visto de niebla
    y me escondo en su manto y me vuelvo brumosa
    como el cielo en el alba.
    A ratos, luminosa,
    como sol de mañana
    o silente y profunda
    como noche
    cerrada.
    Soy el fuerte aguacero que me inunda
    por dentro,
    esas gotas primeras que levantan
    el polvo,
    la llovizna suave que te cala
    en el alma
    o el torrente feroz de amarga
    dentellada.
    Soy noviembre que arrastra torbellinos de oro…
    Me pierdo por senderos tranquilos y enredados.
    (Crujidos de hojas secas
    son mis pasos…)
    Me diluyo lentamente entre las frondas,
    con el pálido sol de la tarde.
    Y me miro en el agua…y me siento lejana…
    Y remonto
    a lo más alto – blanca soledad de nubes –
    en el vuelo triangular de las aves.
    Unas veces me río. Otras veces me callo.
    Y acumulo recuerdos del cajón
    de mi olvido,
    de batallas ganadas y de guerras perdidas.

    Tiembla aún la mirada de la niña
    que fui,
    guardando mil secretos
    entre los pliegues del sueño.
    Y tirita mi cuerpo a la luz de la luna
    irremediablemente inmerso
    en los ciclos vitales de las estaciones.
    Ese ritmo inclemente…
    de inicios y finales…
    Devenir eterno de
    los días
    y las noches.
    Luego vendrá
    el invierno
    con su capa de armiño
    y abrigaré mi corazón
    (suspiro de madroño anaranjado).
    Y volaré con las grullas a remotos lugares.
    Más cálidos…

    Partiré con el alba. Cuando nadie me vea…
    (Y ese día
    mis ojos
    lloverán
    estrellas.)

    La poeta se transforma con el paso del tiempo, su cuerpo, su voz y sus versos sirven de recipiente a todo cuanto acontece, ya sea cálido, ya sea gélido. Su sensibilidad a la hora de transmitirnos las emociones que la embargan, es enorme y hace magia y cosquillas en cada fibra del alma que llegan a tocar sus letras. ¿No me creen? Les invito a dar un paseo con ella a través de sus Retazos del verano, justo en el momento que nos dice:

    Y camino persiguiendo mi sombra, cada vez más alargada con el caer de la tarde, entre el agua fría y transparente y el albo nácar de las conchas que crujen bajo mis pies. Acompasar mis pasos a ese ritmo sonoro, cadencioso, continuo y ancestral de las olas y mareas estrellándose, incansables, contra las rocas.

    ¿No es hermoso? Por ahora, siete maravillosos poemas ha dejado en la palestra de Poémame. Dejo abiertas las ventanas de mis ojos a lo que quiera seguir susurrándonos su poesía. No se la pierdan.

  • Jana y la poesía que hace cosquillas en el alma

    Jana y la poesía que hace cosquillas en el alma

    Hoy quería acercaros un poco a una autora de Poémame con la que tengo una especial relación, Jana Rivera (@JanaRivera).

    Jana es sin duda un alma inquieta y un remolino de emociones. Transmite mucho sentimiento a través de su poesía. Juega con las palabras hasta moldearlas y hacer con ellas nuevos conceptos y sentidos. Le da un pellizco a los mofletes de la mañana, y se unta una tostada de pan de higo con mermelada de noche. Así es como yo veo su poesía. Una explosión de vida.

    Sin habernos visto nunca, tengo con ella una complicidad que he conseguido con pocas personas. Hemos tenido tardes y noches de risas y versos, porque eso es escribir con ella, momentos únicos de vida en verso. Por eso hoy os invito a que la conozcáis un poquito más a través de su poesía.

    Comerme la vida

    Remuevo conciencias.
    Hiervo las venas.
    Pongo sal a las lágrimas.
    Picante a los besos.
    Dulce al mirar.

    Mezclo caricias.
    Parto condenas.
    Separo rencores.
    Pellizco el caminar.

    Comerme la vida entera. Con sus platos amargos y también sabrosos.

    Ya me vendrá la cuenta. Pero, para entonces, habré amado, reído, llorado y soñado.

    Para entonces, habré decantado infinitos momentos dichosos.

     

    Relámpago

    Entraste por una rendija. Clavel curioso en la solapa del viento.

    Te fuiste como un relámpago. Con carga eléctrica. Puro estruendo.

     

    Tatuajes de tinta y saliva

    Abriéndose paso a base de pespuntes de piel, la aguja inyectaba tinta en un lienzo en blanco.

    Expectativas, ilusiones, historias y abrazos de mil maneras pueden caber en un pequeño dibujo.

    Besos rodados, besos soñados, besos imaginados, besos robados, besos en bucle, uno detrás de otro, se iban grabando en color negro en la memoria.

    Acariciaban las agujas con regusto afilado. Sentada, la impaciencia esperaba, ansiosa, en un banco.

    Al fin se reveló el universo particular. Asomaba al día un diminuto tatuaje. Tan grande que en él cabían deseos, estrellas, ecos, energías, constelaciones. Tan pequeño. Tan poco. Y tanto.

     

    El baile de mis cortinas

    ¡Cortinas al viento se precipitan por la ventana! Se agita mi pelo, asomada a la nada. Observo palomas, mariquitas en rojo y lunares. Nidos de cigüeña haciendo equilibrios entre torres y tejas. Oigo sus picos de percusión, espérame aquí, que ahora vengo.

    Me doy una vuelta por dos melodías y tres batucadas. Qué poco me pesan los huesos, qué fuertes mis alas.

    Sin mochilas a cuestas, bailo y vuelo con los pies en las nubes y las manos en el suelo. Qué mareoooo.

    Pero es genial. Es un aturdimiento placentero. Entro en el juego.

    Dicen que no es el tiempo quien todo lo cura, sino las personas que lo pasan con nosotros. Bienvenida la buena gente, la entusiasta, la sincera, la de las cosas claras, la de las risas a carcajadas.

    Tengo un horizonte cálido, repleto de oportunidades. De sueños tibios y sueños lentos. De sueños agitados y sueños tremendos.

    Irlanda, Escandinavia, Rusia. Este, oeste, norte y vientre meridional, danzando en curva y contracurva. Échale picante. Cálmalo con canela y azúcar.

    Deja que mi ventana siga abierta de par en par. Deja que mis cortinas jueguen entre pasos de baile, que el aire no pare de soplar.

     

    Un bocado de sandía

    Reducida hasta lo más esencial, surqué los mares moleculares. Los golpes de elementos que chocan como por arte de magia. Y el Hidrógeno se enamora del Oxígeno, y en su abrazo implosivo se derriten en agua, y me fluyen como al morder una porción de sandía.

    Con mis ojos bebo clorofila, me destella el verde más refrescante, me eriza toda la piel, es selva, es una sonrisa viva.

    En las plumas de un jilguero despliego el vuelo, serpenteo, planeo, zigzagueo, goteo… ¡Tin-tin-tin!, y me escurro por rocas calizas, mis manos desnudas, la mente vestida.

    Y me acurruco en los labios, suaves dunas en puestas de sol. Me deslizo entre curvas, la boca es un lienzo prohibido a pleno color.

    Que me deslizo, me simplifico, me complico.

    No sé si abrazar lo más pequeño o explotar al compás del universo entero. Igual me doy una vuelta en mi nube de barro, por si llueve chocolate, dulce y amargo.

    [Porque ya sabes que lo pequeñito puede ser realmente espectacular]

     

    Pirata de comisuras

    Era tan pirata sin pata de palo,
    que abordó sonrisas
    sin regalar botín a los ruidos,
    sin dar tregua a los llantos.

    [Dedicado a mi amiga Horten, que lleva por emblema el lado bueno de las cosas.]

     

    Miguitas de magdalenas

    Tenía un abrigo naranja para los días que pesaban. Hacía livianas las penas.

    Los labios vestidos en color frambuesa. Dejaban su marca en las tazas de café, como el que lanza miguitas en el camino para no perderse. Cada sorbo, una huella en el mapa.

    Sentada en la mesa con flores naturales. Madera suave, pulida por el paso de vidas y manos llenas, corazones rotos y sangre en las venas.

    Ella observaba el bullicio de la gente pasar por el ventanal de la cafetería. Era coqueto, el escenario ideal para practicar, con las comisuras rizadas, la magia de la mirada.

    Miraba los gorriones llevándose restos de magdalenas en el suelo. Miraba repartidores de vida agitada. Miraba jardines que aguardan la lluvia.

    Despacito se fijaba en los besos en las esquinas. Los bolsos llenos de rosas sin espinas.

    Miraba caminando vidas desoladas. Preocupaciones a cuestas del que muere en el trabajo. De los que viven en treinta metros cuadrados.

    Miraba cejas sinceras. Extraños que se cruzan y se saludan con la chispa del «buenos días» de verdad.

    Miraba bufandas suaves. Pañuelos al viento. Corazones blanditos y almas que rugen con puro estruendo.

    Miraba el amor del calcetín desemparejado con el que aparece en el otro pie de repente.

    Miraba fuentes incesantes. Gotas de vida. Periódicos altivos y gafas tímidas.

    Y miraba.

    Porque ver no es mirar. Cuando uno mira, le pone el alma. Toca la puerta del pecho. A veces se entra de puntillas. Otras, suenan campanas y se alborota el cabello.

    Déjame que mire, decía. Déjame que me beba el tiempo.

    Jana es la compañera de Poémame con la que más colaboraciones he hecho, y es todo un placer escribir con ella, así que os invito a leer esta. Nuestro compañero Alex richter-boix nos apodó la sal y la pimienta de Poémame, de ahí este poema.

    Risas a la sal y pimienta (colaboración con @horten67)

    Estornudar raudales de risas. Cocinar con sabor los pequeños momentos. Compartir trocitos de regocijo, amasar la amistad, hacer de la vida un feliz revoltijo.

    Poner sabor a la vida, con chispitas que explotan en la boca y hacen cosquillas en el alma. Sonreír juntos, en conjunto y juntando carcajadas y bromas que limpian lágrimas pegadas. Esas que se adhieren, se adueñan e inundan las mañanas nubladas y las noches sin luna.

    Echar carreras a los pájaros en el cielo, a las hormigas en el suelo. Que crujan los bordes de la pizza. Beberse la vida con bien de hielo y un millón de burbujas.

    Y si nos falta color en las mejillas, pellizcos de abuela en los mofletes. Canturrear cuando la voz está quebrada y cantar a pleno pulmón cuando se recupera.

    Y si llueve, botas de goma rojas. Y si nieva, gorros de colores y manoplas calientes.

    Sopa de pan calentita cuando el corazón es mendrugo duro.

    Y silbar en la ducha cuando el agua nos limpie tropiezos y deshaga los barros. Aplaudir los logros y zapatear con fuerza sobre los fracasos. Brindar por la suerte y lanzar hasta Júpiter al hombre del saco.

    Tomar la medida al miedo para hacerle un traje de faralaes, y bailar hasta que se rinda a tus pies. Después descorchar una botella de ganas y beber hasta quedar borracha de vida.

    No hay más vida que una.

    No la pierdas, no la tires ni la malgastes.

    Disfruta cada día como si fuera el primero y el último, y no olvides nunca, que todo sabe mejor CON SAL Y PIMIENTA.

    Estas líneas son fruto de la complicidad que une a personas que no se conocen, pero se conocen: las ganas de espachurrar la vida y de dar rienda suelta al estornudo del alma… la risa.

  • Poesia a la narrativa de Josep Masanés

    Poesia a la narrativa de Josep Masanés

    Jo tenia deu oliveres, Premi Vila de Lloseta de Narrativa 2018, El Gall Editor, Pollença, Mallorca

    Josep Masanés és un poeta/novel.lista catalano-menorquí que té al seu haver un bon grapat de publicacions i de premis tant en poesia com en prosa. Ja va ser entrevistat el mes d’octubre de 2017 a la nostra revista.

    Té un poemari que es titula Radiació de fons, publicat a Pagès editors l’any 2017 del qual ja vam fer una ressenya aquí.

    Fa un any aproximadament, li vaig demanar si volia participar amb un poema a l’Antologia poètica a favor de les persones refugiades Versos d’Acollida que es va publicar a la Fundació BarcelonActua amb la col.laboració de Poémame. La casualitat va fer que ell ja estigués acabant el primer esborrany d’aquesta novel.la. Em va dir que sí i em va enviar un poema que podeu trobar a l’antologia que gairebé és un resum de la novel·la.

    El diumenge dia 11 de novembre vaig tenir la sort de fer la presentació del llibre a la Llibreria Documenta de Barcelona amb la presència de l’autor.

    En aquest cas, en Josep Masanés dona veu a la Dalita, una mestra d’Alep, per expressar la tragèdia que va suposar l’esclat de la guerra d’Irak l’any 2011. ‘Jo tenia deu oliveres’ és un relat en veu de dona, un relat d’una persona sensible que ha triat a una dona per explicar-nos la història de la seva família. Les dones, de totes maneres, tenen molta força a la novel.la i en els seus diàlegs:

    • ‘L’home no és el centre de l’univers’ (52),
    • ‘la sexualitat de la dona no ha estat mai una part de la nostra llibertat, han estat els homes qui han dictat com havíem d’emprar-la’ (54).
    • ‘I aquest és el nostre màxim terror. Que ens cosifiquin.’ (67)

    Les dones també són les grans oblidades de les guerres (només es parla dels que maten).

    Dalita mai deixa de ser mestra i mare amb els seus fills i ho demostra compartint un tros de pa amb una veïna en un moment on era molt difícil trobar-lo. L’autor ens confessa que aquesta anècdota la va viure quan ell era petit.

    En Josep Masanés desgrana el dia a dia de la guerra, de tot el que es va perdent de mica en mica, adonar-te’n que t’és igual el teu país, la teva nacionalitat, només vols sobreviure tu i la teva família. Per aconseguir veracitat a la seva història va seguir el compte de Twitter d’una nena de deu anys que va narrà la situació a Síria a cop de piulades fins que una bomba la va silenciar.

    El marit de la Dalita, l’Aram, va a la guerra i a través d’ell i d’altres personatges podem veure i, fins i tot a vegades sentir el patiment, la por, el desconcert, la separació, la mort i molts altres sentiments que sorgeixen al voltant de la guerra.

    El llenguatge que utilitza Josep Masanés és auster, telegràfic, et va donant cops de puny a mesura que vas llegint i et fa qüestionar el nostre dia a dia. Paràgrafs curts que donen rapidesa i vitalitat a la lectura. És un estil cinematogràfic, vibrant.

    Intercala la veu del poeta en petits detalls

    • el professor Hadidi acaronant un llibre enmig dels bombardeigs,
    • la mort per inanició d’un rellotge al qual ningú li donarà corda (94),
    • les teranyines a les finestres (55),
    • la papallona groga (87),
    • les mirades dels personatges (106),
    • la soledat (107),
    • els arbres despullant-se (121).

    També trobem un petit gran homenatge als voluntaris civils que van a ajudar com la Rasha, el noi amb la nina a les mans, la Paula.

    La música. És un tema que surt reiteradament a la novel.la: l’ària de Lascia (24), Stravinsky (41) o la cançó City of Stars (46). En Josep Masanés ens confessa que la inspiració li va venir de quan va conèixer a la ciutat de Palma una cantant d’òpera que havia hagut de marxar del seu país i es dedicava a cantar pels carrers.

    És una novel.la molt treballada en els més petits detalls:

    • El blau a la pell per disparar amb un Kalashnikov (33),
    • com va vestida la gent abans i durant la guerra,
    • els bigotis dels homes,
    • com van sortint les canes als personatges a mesura que passa el temps (117),
    • el fet de colpejar les parets amb masses quan els militars entren a les cases (29),
    • el canvi de presentadora de TV (34),
    • l’absurditat de planxar la roba (35),
    • la roba cosida a trets mentre s’està eixugant al sol (61), …

    Els lectors també rebem missatges directes de les víctimes que pateixen:

    • ‘rebels o terroristes’? El nom no fa la cosa. (27)
    • en temps convulsos cal mimetitzar-te amb el que t’envolta per sobreviure. (29)
    • com és la naturalesa humana (33)
    • ‘guiat pel cor, no per principis filosòfics, …’ (88)
    • ‘la venjança no canvia el passat, cal oblidar, cal perdonar… no deixis que els records no et deixin viure’ (90)
    • ‘el combat sempre és vil’ (21)
    • ‘nosaltres els sirians érem gent normal, els desastres són històrics’ (22)
    • ‘per què darrere dels grans discursos no hi ha més que misèria moral i interessos espuris?’ (14)

    De tant en tant en Josep Masanés, que ja va escriure un llibre sobre la Guerra Civil espanyola ‘La vall de la matança’ amb el que va guanyar el premi XXIX de narrativa de Ribera d’Ebre, ens deixa detalls per a qui els vulgui entendre:

    • les víctimes de cunetes: “homes que ningú servarà el record fins d’aquí a molts anys, quan el seu record ja no pugui fer mal als botxins ni als seus descendents” (32)
    • les coses que passen i que no es parlen (el silenci de la postguerra) tant per part dels civils com dels militars. (83,84,103)

    La portada del llibre és una olivera seca, talada però amb les arrels ben posades, com si fos una imatge de la Dalita i la seva família. I per una altra banda, la contraportada és negra, com la guerra.

    És una novel.la plena d’esperança, fàcil i agradable de llegir malgrat el tema i que aconsegueix dues coses: plaer per la lectura i reflexionar sobre la societat en què vivim. Us la recomano.