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  • Crudeza y verdad en la poesía de Leopoldo María Panero

    Crudeza y verdad en la poesía de Leopoldo María Panero

    Hoy se cumplen 4 años de la muerte de Leopoldo María Panero (1948-2014), poeta incluido por Josep María Castellet entre los nueve novísimos poetas españoles -corriente renovadora de la poesía de la década de 1960- quien ha sido, a pesar de su marginalidad, un elemento recurrente en la cultura española desde que se diese a conocer con trabajos como «Por el camino de Swan» o «Así se fundó Carnaby Street».

    Leopoldo María Panero. Poesía Completa.

    Para hablar del personaje y la persona hay que remontarse a una de sus primeras apariciones, ante las cámaras y bajo la dirección de Jaime Chavarri, en la película «El desencanto». En esta película sale al desnudo, casi literalmente, la familia Panero integrada por la madre de Leopoldo, Felicidad Blanc; sus dos hermanos Michi y Juan Luis Panero y, como elemento más importante de la película, su padre Leopoldo Panero, ya fallecido. La película por la época en la que fue grabada se entendió como una crítica al franquismo y al paternalismo de Franco, y vaticinó lo que sería España durante y tras la transición, siendo la última película que sufrió censura. La misma habla de la infancia de Leopoldo, quien con tres años y medio ya componía poemas como éste:

    Y mi corazón temblaba, no era un sueño
    y fueron muriendo todos los soldados de la guardia del Rey
    y mi corazón seguía temblando.

    Formó parte en las protestas contra la dictadura por las que entró en la cárcel, la cual recordaría como un lugar fantástico pero no para más de cuatro meses: «La cárcel es el útero materno y que fuera de él el Yo se fortalece y empieza, por lo tanto, la guerra más inútil y más sangrienta; la guerra por ser yo para lo que haría falta que el otro no existiera. Esto es lo que origina el intercambio de humillaciones que más que un intercambio mercantil es lo que estructura la sociedad actual». Sus relaciones dentro de la cárcel duraron lo que duró el tiempo en prisión.

    The end

    He fumado mi vida y del incendio
    sorpresivo quedan
    en mi memoria las ridículas colillas:
    seres que no me vieron, mujeres como vaho,
    humo en las bocas, y silencio
    por doquier, como un sudario
    para lo que no quise ser, y fue
    como vapor o estela sobre las olas ociosas, niños con marinera
    que en la escuela aprendieron el Error.
    No había nadie en aquel pozo, estaba
    vacía la cárcel, pienso cuando
    abriendo al fin la puerta, y descorriendo
    por fin el cerrojo que me unía
    inútilmente a las águilas, y me hacía
    amar las islas y adorar la nada,
    descubro
    banal, y sonriéndome, la luz.

    Leopoldo no fue ajeno a la entrada de la droga en España y su influencia en la juventud, y se vio inmerso de lleno en ese mundo. Intentó suicidarse dos veces llegando a estar en coma casi dos días.

    La parte más característica de sí mismo, personal y literariamente, fue su paso por los psiquiátricos, algunos de los cuales dieron nombre a sus poemas y sus libros, al principio obligado por su madre a causa de su consumo de drogas -hecho por lo que le guardó rencor durante mucho tiempo- y luego de forma voluntaria, siendo el de Canarias el último en el que estuvo.

    Ma mère

    A mi desoladora madre, con esa extraña
    mezcla de compasión y náusea que puede sólo
    experimentar quien conoce la causa, banal y
    sórdida, quizá, de tanto, tanto desastre.

    Yo contemplaba, caído
    mi cerebro
    aplastado, pasto de serpientes, a
    vena de las águilas,
    pasto de serpientes
    yo contemplaba mi cerebro para siempre aplastado
    y mi madre reía, mi madre reía
    viéndome hurgar con miedo en los despojos
    de mi alma aún calientes
    temblando siempre
    como quien tiene miedo de saber que está muerto,
    y llora, implora caridad a los vivos
    para que no le escupan encima la palabra muerto. Vi digo
    mi cerebro en el suelo licuándose, como un excremento
    para las moscas. Y mi espíritu convertido en teatro
    vacío, del que todo pensamiento ha desertado
    -tutti gli spiriti miei eran fuggiti
    dinanzi a Lei
    mi espíritu como un teatro vacío
    donde en vano alentaba inútil, mi conciencia,
    cosa oscura o
    aliento de monstruo presentido en la caverna. Y allí, en el teatro vacío
    o bajo la carpa del circo
    abandonado, tres atletas
    -Mozo, Bozo, Lozo-
    saltaban sin descanso, moviendo
    con vanidad desesperada el trapecio
    de un lado a otro, de un lado a otro. Y también, cortesanas
    con el pelo teñido de un oro repugnante, intercambiaban
    leyendas sobre lo que nunca hubo
    en el palacio en ruinas Y me vi luego, más tarde
    mucho más allá del demasiado tarde,
    en una esquina desolada de
    alguna ciudad invernal, mendigando
    a los transeúntes una palabra que dijera
    algo de mí, un nombre con que vestirme. Puerta
    del infierno -del
    infierno de la imposibilidad de sufrir ya-
    puerta del infierno
    -del infierno de la posibilidad de sufrir ya-
    este poema, este canto exhausto
    esta puerta que chirría en la casa
    sin nadie, llevada sólo por lo deshabitado del viento,
    como un pelele o marioneta infame que mimara
    su carencia de ser con lo exagerado del gesto: una muñeca
    llevada por los hilos invisibles de todas las manos
    y negada por todos los ojos. Como una muñeca me mimo
    a mí mismo y finjo
    delante de nadie que aún existo. Peonza
    en la mano del dios de los muertos. Como una muñeca extraviada
    en la ruta implacable de tantas otras, de las incontables marionetas
    que ejecutan su vida como un rito funerario,
    una obsesión senil o un delirio
    último de moribundo. Porque los hombres no hablan, me dije, dije
    a los ciegos que manchaban
    de heces y sangre sus zapatos al pisar mi cerebro.
    Y al momento
    de pensar eso, un niño
    orinó sobre la masa derretida,
    dando luego
    de beber vino rojo y fuerte a un sapo
    para que borracho riera, riera, mientras caía
    sobre le invierno de la vida la lluvia
    más dura. Y al verlo, y mientras me arrastraba
    cojeando entre los muertos, pensé: llueve,
    llueve siempre en las ruinas. Y mi madre rió, al oír aquel ruido
    que delataba mi pensamiento.

    Tras este breve recorrido por los momentos importantes de su biografía quedaría indagar en lo más personal de su vida: su amor por Ana María Moix no correspondido, el amor de Pere Gimferrer a él tampoco correspondido, la muerte de su madre muy mal llevada, y un deterioro -tanto físico como mental- que lleva a la duda de si cada vez lo que escribe es peor o mejor.

    La vida de Leopoldo está llena de la muerte de gente que si no bien es querida se le puede llamar cercana; primero su padre, luego su madre, Michi, Juan Luis, Ana María y por último él. Toda su vida fue un animal herido y, por lo tanto, más peligroso. La pregunta es: ¿para quién?

    Un ciervo herido es el que más salta
    lo oí decir a un antiguo cazador
    no es sino por el éxtasis de la muerte
    que actúa el freno.
    La piedra golpeada brota en manantial
    el acero pisoteado se comba
    una mejilla está siempre más roja
    justo donde más pica.
    La alegría es el caballero de las angustias
    en ella resguarda su brazo
    para que nadie pueda ver la sangre
    y gritar: ‘Estás herido’.

    Parece absurdo estar hablando de Leopoldo María Panero y no mencionar la locura en ningún momento, pues no es sólo la droga lo que le empuja a los psiquiátricos, es ese aura desconocida que atrae y repele a partes muy desiguales: «El loco yerra pero no miente. Además tiene la peligrosa manía de decir la verdad».

    Hembra que entre mis muslos callabas de todos los favores que pude prometerte te debo la locura.

    Dentro de su literatura prima la reiteración de elementos como pueden ser los sapos, la nada, el vacío, referencias a otros escritores, partes en otros idiomas, dios, la inocencia, etc. Elementos que podrían parecer normales dentro de la obra de todo escritor pero de los que él se adueña y pervierte abandonando la metáfora y mostrándote una realidad sórdida y plasmada sin tapujos de ningún tipo.

    Quien pudiera quebrar estos barrotes como espigas…

    Como hemos dicho la inocencia es una parte clave de su escritura, pero una inocencia que no es clasista ni tiene estigmas de ningún tipo. Incluye elementos y personajes populares como Blancanieves o Peter Pan.

    Peter Punk

    Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
    en el cielo están buscando el secreto de la nada
    todos los Niños Extraviados.
    Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
    Garfio busca en vano el secreto de su mano
    y Campanilla llora al pie del árbol extraviado
    adónde las sirenas y adónde los enanos
    Peter Punk intenta en vano su amor explicar
    en una playa desierta Campanilla lo dejó.

    Errático, inconexo o mal puntuado son calificaciones que podrían decirse de primeras pero que entran dentro del juego de su poesía, frases que parecen incompletas tanto de principio como de final y que tal vez lo estén para dejar a la imaginación todo lo demás. Presenta a esos personajes, conocidos por todos y los sitúa en una tesitura en la que no los habías llegado a imaginar nunca.

    En la infancia vivimos y después sobrevivimos.

    Podría decirse que esta frase define su filosofía, pero realmente creo que si Leopoldo no busca ni facilita un todo no puedes buscarlo y mucho menos encontrarlo.

    Quedan en el tintero muchas cosas de este escritor que me parecen resaltables como el “extraño” trato que tuvo con su madre, la pugna literaria que no fue con su hermano Juan Luis, Michi, un sinfín de elementos más a analizar en su vasta poesía pero también en su prosa y ensayo, las torturas en los psiquiátricos, sus colaboraciones en la creación de libros y discos como el que hizo con Carlos Ann y Bunbury, otra película e incluso las entrevistas en las que se le puede ver desde hablando de prensa rosa en Telemadrid hasta con Labordeta en un manicomio.

    Leopoldo se aprovechó de su personaje en sus primeros años de escritor y le acabó devorando, fue un poeta maldito al uso de arriba hacia abajo. En sus últimos años dijo que ya no se planteaba suicidarse, incluso que esperaba que le propusiera «el padre Cucharón» (Juan Carlos I) para recibir el Nobel. Consiguió entender el sentido último de la vida que es la nada, después de la vida hay exactamente lo mismo que antes de ella: Nada. En mayúsculas. No hay remilgos ni parte bonita, sólo crudeza y verdad en cada verso de su obra. O al menos veracidad. Lo dijo él, «el suicidio es esto: seguir viviendo».

    La cuádruple forma de la nada

    Yo he sabido ver el misterio del verso
    que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
    el anzuelo hecho de la nada
    prometido al pez del tiempo
    cuya boca sin dientes muestra el origen del poema
    en la nada que flota antes de la palabra
    y que es distinta a la nada que el poema canta
    y también a esa nada en que expira el poema:
    tres son pues las formas de la nada
    parecidas a cerdos bailando en torno del poema
    junto a la casa que el viento ha derrumbado
    y ay del que dijo una es la nada
    frente a la casa que el viento ha derrumbado:
    porque los lobos persiguen el amanecer de las formas
    ese amanecer que recuerda a la nada;
    triple es la nada y triple es el poema
    imaginación escrita y lectura
    y páginas que caen alabando a la nada
    la nada que no es vacío sino amplitud de palabras
    peces shakespearianos que boquean en la playa
    esperando allí entre las ruinas del mundo
    al señor con yelmo y con espada
    al señor sin fruto de la nada.
    Testigo es su cadáver aquí donde boquea el poema
    de que nada se ha escrito ni se escribió nunca
    y ésta es la cuádruple forma de la nada.

    Ars Magna

    Qué es la magia, preguntas
    en una habitación a oscuras.
    Qué es la nada, preguntas,
    saliendo de la habitación.
    Y qué es un hombre saliendo de la nada
    y volviendo solo a la habitación.

    El loco mirando desde la puerta del jardín

    Hombre normal que por un momento
    cruzas tu vida con la del esperpento
    has de saber que no fue por matar al pelícano
    sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
    y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
    de demonio o de dios debo mi ruina.

    A Francisco

    Suave como el peligro atravesaste un día
    con tu mano imposible la frágil medianoche
    y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
    y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
    Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
    porque eras suave como el peligro,
    como el peligro de vivir de nuevo.

    Un asesino en las calles

    No mataré ya más, porque los hombres sólo
    son números y letras de mi agenda
    e intervalos sin habla, descarga de los ojos
    de vez en vez, cuando el sepulcro se abre
    perdonando otra vez el pecado de la vida.
    No mataré ya más las borrosas figuras
    que esclavas de lo absurdo avanzan por la calle
    agarradas al tiempo como a oscura certeza
    sin salida o respuesta, como para la risa
    tan sólo de los dioses, o la lágrima seca
    de un sentido que no hay, y de unos ojos muertos
    que el desierto atraviesan sin demandar ya nada
    sin pedir ya más muertos ni más cruces al cielo
    que aquello, oh Dios lo sabe, aquella sangre era
    para jugar tan sólo.

    (Un loco tocado de la maldición del cielo)

    Un loco tocado de la maldición del cielo
    canta humillado en una esquina
    sus canciones hablan de ángeles y cosas
    que cuestan la vida al ojo humano
    la vida se pudre a sus pies como una rosa
    y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
    una Princesa.

    Dedicatoria

    Más allá de donde
    aún se esconde la vida, queda
    un reino, queda cultivar
    como un rey su agonía,
    hacer florecer como un reino
    la sucia flor de la agonía:
    yo que todo lo prostituí, aún puedo
    prostituir mi muerte y hacer
    de mi cadáver el último poema.

    Inédito de «Poemas del manicomio de Mondragón»

    Hay cuatrocientos hombres
    que se lavan en la piedra de la desdicha
    ¿vendrás mañana?
    Tú eres la única esperanza a la piedra de la desdicha
    pues todo otro es un mundo posible.
    ¿Otra vez vendrás mañana?
    Es fácil decir para siempre.

    Mutis

    Era más romántico quizá cuando
    arañaba la piedra
    y decía por ejemplo, cantando
    desde la sombra a las sombras,
    asombrado de mi propio silencio,
    por ejemplo: “hay
    que arar el invierno
    y hay surcos, y hombres en la nieve”
    Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
    las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
    y empiezo a dudar que sea cierta
    la inmensa tragedia
    de la literatura.

  • Pólvora en los versos de David R.

    Pólvora en los versos de David R.

    Febrero abandona con prisas el calendario, igual que siempre, pero esta vez nos deja con los versos de @David_R en nuestras manos, como un regalo de despedida.

    Recién llegado a Poémame, David, nos muestra un estilo propio con versos cortos que juegan con las palabras dotándolas de ritmo, de mensajes con cierta desesperanza; reivindicando la lucha, el cambio y un futuro de igualdad. Una poesía social fresca y enérgica que despierta los ojos dormidos llenándolos de pólvora.

    El mundo precisa sin falta
    recobrar la normalidad,
    montañas de cimas más altas:
    al mundo le falta igualdad.

    David tiene cierto aire de cantautor rebelde y parece que entona una melodía muy particular con poemas dedicados al amor, mostrando su lado más profundo o afilando sus letras con el fin de identificar al lector con su dolor, de sangrar junto a él y, de esa forma, reparar sus heridas y sentirse comprendido. Así lo transmite en su poema «Al fondo del pecho» o en su prosa poética «Frutos secos«.

    … Me pregunto si antes de la cena habrán servido frutos secos. Con un poco de suerte, a lo mejor te muerdes la lengua y el dolor te recuerda a mí. A mi ausencia.

    La poesía de David es una sorpresa cargada de creatividad, contenido, de anuncio del cambio y con significado, que llega directa a las venas, remueve la sangre y altera los latidos.

     

    Instinto

    Ese animal que revienta los burkas mentales
    y esquiva las verjas de acero más altas,
    ese animal que quebranta las leyes, las normas
    y deja que el miedo se aburra a sí mismo…

    Ese animal que se lanza del barco en la noche
    y grita aun sabiendo que nadie lo escucha,
    ese animal que resiste a la lluvia más densa
    y aprieta los puños de rabia y coraje…

    Ese animal ancestral al que no hay escopeta
    ni dardo moral que lo pueda frenar,
    ese animal imponente que lucha sin tregua
    en mitad de decoros, recato y pudores…

    Bestia ambiciosa que ignora confines y formas,
    que ruge en la aurora primera del tiempo;
    bestia que acecha los prados más verdes y libres,
    que escarba en el pecho el camino a la acción…

    Fiera indomable y certera que habita lo mismo
    las tripas del hombre vulgar y erudito,
    que el vientre del necio, el poeta o el monarca;
    fiera indomable y certera que habita lo mismo…

    Eres el lazo al origen del cielo y la tierra,
    la voz que recuerda que somos salvajes,
    eres la lengua que quiso cortar el poder
    para hacer de nosotros a un perro sumiso.

     

    El éxtasis del ridículo (o la crítica esdrújula)

    Soy contemporáneo de una época
    rica en célebres déficits,
    insípidos ídolos,
    cólera poética
    e hígados cirróticos.

    Cálculo en las vísceras
    este diabólico período
    próspero en cárceles,
    teléfonos móviles
    y héroes erráticos.

    Cráneos del jurásico
    como género modélico
    y bárbaros histéricos
    como bálanos eléctricos;
    es el éxtasis del ridículo.

    Ganaron las fábricas inhóspitas,
    los códigos fácticos,
    los antipáticos cómicos
    y la genética misógina.

    Vencieron los cánceres de esófago,
    los estériles atléticos,
    las diabéticas metáforas
    y los alérgicos a lo auténtico.

    Triunfaron las cópulas inalámbricas,
    la física sin química,
    los clásicos sin micrófono
    y los caóticos crónicos.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Soy contemporáneo de una época
    rica en mórbidas imágenes,
    pacíficos bélicos,
    lágrimas sintéticas
    y brújulas sin ártico.

    Ángulo cóncavo
    este gráfico de la década
    próspero en crítica,
    cómodos líderes
    y cínica política.

    Lo extrínseco a la cáscara
    como límite, cúspide
    y los típicos tópicos
    como sólidas máximas;
    es el éxtasis del ridículo.

    Ganaron los médicos hipocondríacos,
    las búsquedas frívolas,
    el vértigo ortográfico
    y los dentífricos sin éxito.

    Vencieron las soporíferas dialécticas,
    los autócratas de fábula,
    los ávaros filántropos
    y los vehículos fantásticos.

    Triunfaron las clínicas estéticas,
    la ética anoréxica,
    los catedráticos neófitos
    y la música diarréica.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Soy contemporáneo de una época
    rica en póstumos panegíricos,
    periódicos hipócritas,
    tentáculos económicos
    y pólvora informática.

    Película tragicómica
    esta crónica patética
    próspera en estadísticas,
    tétricos retóricos
    y monótonos sábados.

    Oráculos catódicos
    como simpáticos psicópatas,
    y decrépitos prostáticos
    como esperpénticos playboys;
    es el éxtasis del rídiculo.

    Ganaron los estúpidos estrépitos,
    los lúgubres propósitos,
    los demócratas de plástico
    y los discípulos del desánimo.

    Vencieron los créditos escuálidos,
    la gramática equívoca,
    los católicos heréticos
    y la mísera lírica.

    Triunfaron las matemáticas erróneas,
    los alcohólicos anónimos,
    los cónyuges apáticos
    y el pánico a lo artístico.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Es el éxtasis del ridículo.

    O la crítica esdrújula.

     

    Te amo, te quiero; deseo

    Las huellas del tiempo vivido
    rebosan de lluvia agridulce,
    los ecos lejanos resuenan:
    te amo, te quiero; deseo.

    El hondo pesar de tu ausencia
    corroe mi alma constante
    y vivo sumido en un sueño
    que intenta arrastrarme al vacío.

    Camino por néctar ardiente
    descalzo, perdido y sin rumbo,
    bebiendo los soles que nunca
    jamás volverán a dorarme.

    Divinos amores malditos
    cargados de sombras inertes
    que surcan mi cuerpo de llagas;
    anhelo el marfil en los labios.

    Aquellos manteles ajados
    manchados con vinos añejos
    aún se retuercen aullantes:
    te amo, te quiero; deseo.

    Varaste mi carne en el aire,
    golpeas mi mente suicida,
    serás un tañir, unas flores
    y el mármol guardando mis huesos.

    Tus ojos nocturnos, tu verbo
    candente, afilado y rosado;
    tus hondas caricias, tu denso
    sentir en mi cama empapada.

    Te llevo cosida a las tripas
    igual que el sudor en la frente
    del pobre labriego que bate
    sus manos en tierra quemada.

    Habitas en mí para siempre,
    habitas en mí para nunca,
    habitas en mí y te repito:
    te amo, te quiero; deseo.

  • «De profundis», de Juan Antonio Carrasco Lobo (Punto Rojo)

    «De profundis», de Juan Antonio Carrasco Lobo (Punto Rojo)

    «De profundis. Relatos y poemas de un hijo pródigo» (Punto Rojo, 2016), de Juan Antonio Carrasco Lobo, psicólogo, poeta y escritor gaditano, es un libro que a primera vista puede engañarnos. La edición está demasiado cuidada para lo que es habitual en las primeras publicaciones de quienes quieren abrirse paso en el reconocimiento como poetas. Hay un prólogo muy bien escrito por otra escritora, de Sevilla, que se enfrasca en una reseña no menos elaborada que ésta. Sin embargo, en un vistazo rápido, se ven muchas fotos del mar, de Cádiz, mucha prosa o poesía sin métrica ni rima, hecha con frases largas, sin aparente dificultad interpretativa. Últimamente, parece que muchos poetas, cuando se esfuerzan en acompañar sus textos de imágenes llamativas, suele ser porque el texto no es lo suficientemente bueno para llamar la atención por sí mismo. Teniendo en cuenta la cantidad de miles y miles de libros de poesía de calidad dudosa que se publican, los prejuicios podrían llevarnos a error en la calificación de este libro.

    «De profundis. Relatos y poemas de un hijo pródigo», de Juan Antonio Carrasco (Punto Rojo, 2016).

    La realidad es que a través de las líneas que Carrasco escribe, sin necesidad de encriptamientos ni artificios retóricos (que los hay en su justa medida, como veremos a continuación), se vislumbra una profunda experiencia vital y literaria. No dejan de compararlo con Bécquer -con ciertas razones-, cuando en realidad puede decirse, en la línea de la crítica postromántica de Croce, que se trata de una obra única e incomparable, en el sentido de que pertenece a un estilo personal, sin que siga claramente ninguna estela marcada.

    El libro De profundis hace honor a su título por la naturaleza profunda de lo que se cuenta en él, sin que por ello tenga que mostrar una apariencia oscura ni críptica. A Carrasco le interesa ser comprendido, como proponía Lope de Vega. Pero, además, en el intento (o logro) de comprenderse a sí mismo, expresa lo que retóricamente ha descubierto como “verdad” en el lenguaje plano y sencillo con que lo ha comprendido, es decir, deja caer sus pensamientos sobre el papel tal cual le salen. “Autenticidad”, que decía Salinas. No es escritura automática, pero sí que se otorga la licencia de priorizar el contenido frente a la forma. Por eso no hay ni una estrofa clásica, ni regularidad métrica en ningún poema. Lo cual no significa que no haya suficiente calidad retórica.

    Por ejemplo, en el nivel fónico, aparecen rimas internas, prácticamente ocultas, pero que producen cierta eufonía mientras lo leemos sin que nos demos cuenta. En el poema que abre el libro, “Confesiones del hijo pródigo”, los finales de párrafo tienen todos rima oxítona, aunque mezclando consonancia y asonancia: amistad, sal, falsedad, honestidad, mar. Hay rimas internas, como en “Divina poesía”: grandeza y reza, en el segundo párrafo, o profano y mundano, en el tercero. Hay que fijarse; pero esas rimas sutiles salpican muchos de sus poemas. Incluso hay algún acierto métrico que sólo captan lectores experimentados, como los endecasílabos de longitud oracional en el mencionado poema: “A lo bello le dicen poesía”; “Bendita esta traición a lo prosaico”.

    En el nivel morfológico, hay un gran dinamismo verbal y muy poca adjetivación, lo cual revela que su intención comunicativa tiene más que ver con acciones que con descripciones estáticas. Pero el género es lírico, en el que no cabe la narración, si no es para hechos breves, por lo cual estos verbos van a expresar más bien emociones, razonándolas (quizá por la faceta de psicólogo del autor), de ahí que se necesiten verbos. Llama la atención el uso en infinitivo, que hace que un verbo cobre la calidad de concepto: dormir, despertar. Pero más a menudo aparecen con un pronombre enclítico hacia un tú lírico, en una expresión autodiegética, que hace al lector partícipe ineludible de las emociones expuestas: …sentirte, olerte, escucharte… (“Inexplicable”); pensarte, soñarte, encontrarte, olvidarte… (“Tu recuerdo”); …no es lo mismo morir por amor que amar muriendo (“Prisas por amar”). Hay una larga tradición en el uso de pronombres en segunda persona, desde Garcilaso, pasando por los románticos y recuperada con vitalidad en el 27 con Salinas (La voz a ti debida). No hay yo lírico sin tú lírico, hecho que Carrasco ha sabido manejar al no ensimismarse demasiado en el “yo”.

    Juan Antonio Carrasco Lobo

    Otra forma verbal que llama la atención es el imperativo. Como decía Searle, hay una relación entre la forma lingüística de una expresión y la fuerza ilocutiva del acto de habla. El imperativo, junto con las interrogaciones o el futuro de hacer promesas, son actos puramente ilocutivos. Hay en el libro bastantes imperativos, como en “La fórmula de la felicidad”: apúntala, resta, multiplica… y precisamente hay un poema llamado “La promesa”, donde se emplea el futuro con toda la fuerza que implica en ese caso. El resto de los verbos está en presente, en muchos casos gnómico: Le dicen escalofríos cuando la piel se enerva (“Escalofríos”); A lo bello le dicen poesía (“Divina poesía”).

    En el nivel sintáctico, no construye oraciones demasiado enrevesadas, en su ánimo por ser comprendido, muy lejos del gongorismo y muy cerca del lenguaje corriente. En muchos poemas hay mayor parataxis que hipotaxis, al yuxtaponerse oraciones o sintagmas en sucesiones o enumeraciones, o bien con nexos coordinados: Te veo y te siento (“Génesis”); El alma llora, palpita, grita (“Heridas”). Pero depende del estilo de cada poema, ya que algunos cuyos conceptos trata de explicar precisan subordinadas de relativo: El ser que alaba su grandeza, que la adora…

    Los recursos estilísticos que más resueltamente utiliza son las anáforas, con sus inseparables paralelismos. Los comienzos anafóricos de cada secuencia de oraciones (más que de versos, porque sus poemas son prácticamente prosa poética) inciden en el concepto o idea que se quiere remarcar, que ha de entrar en el lector con insistencia: El amor es… (“El amor es…”); Le dicen escalofríos… (“Escalofríos”), Te voy a… (“Besar a versos”), “El encuentro”, etc. Los paralelismos sintácticos a comienzo de verso, oración o párrafo son muy abundantes, creando un patrón fijo en la lectura que conduce al lector por el caudal de ideas que se expresa. Este frecuente uso de paralelismos nos lleva a la intertexualidad: ¿Bécquer? Sí, Carrasco Lobo adquiere estructuras de Bécquer: Rima LIII, “Volverán las oscuras golondrinas”; Rima XIII, “Tu pupila es azul”, etc. Pero las anáforas se han utilizado en numerosas épocas: Y paso largas horas… (Dámaso Alonso, “Insomnio”); Escribo… (José Ángel Valente, “Sobre el tiempo presente”), etc. Las estructuras paralelísticas existían ya en la Edad Media, en la lírica popular, recurso de la función poética del lenguaje de gran musicalidad y eficacia en cuanto a la recepción de la idea que se repite, presentada bajo distintas formas insistentemente. Es un recurso que nunca pasará de moda.

    Hay otro par de figuras retóricas muy presentes en todas las épocas que se echan en falta en Carrasco, debido a su declarado estilo libre, con sus pros y sus contras, que son el hipérbaton y el encabalgamiento. Como no escribe realmente en verso, sino en secuencias de oraciones a menudo largas, o en pequeños párrafos, no tiene sentido buscar sirremas ni pausas versales. En cuanto a hipérbatos, recurre a ellos con cautela para no caer en oscurantismos: de sentimientos es mi artillería (“Soldado de letras”). Carrasco decide apostar por un estilo de poesía moderno, una poesía que parezca lengua hablada.

    Sabe mantener el equilibrio entre el lenguaje poético y el lenguaje coloquial, natural, sin artificios lingüísticos ni complicadas metáforas. Son recursos cuyos nombres pocos conocen, pero que usamos en el habla sin darnos cuenta. Por ejemplo, en “El pretérito de amar” encontramos una elegante derivación, al reunir en el mismo contexto toda una serie de palabras derivadas de un mismo lexema, “amar, amor, amaba…”, más poderosa que un ocasional políptoton, al que también recurre: “Vuelve el caminante al camino”. En “Génesis”, tenemos una perfecta anadiplosis con concatenación, la repetición de una palabra o corta secuencia al final de un verso y principio del siguiente: “Te siento y te quiero. / Te quiero y te deseo”. De las enumeraciones ya hemos hablado, también muy frecuentes en su obra (“Poema inacabado”, “Una lágrima”, etc.) y en la tradición literaria, llegando a la música, que también bebe de la tradición y nos la ofrece revivida: “Nos sobran los motivos” y otras muchas canciones de Joaquín Sabina basadas en enumeraciones.

    Todo esto en cuanto a la forma, porque en cuanto a contenido el prólogo de Concha R. Worth nos describe un panorama bastante completo: reflexiones sobre el amor, sobre la poesía y sobre la nostalgia de Cádiz, básicamente. Dice el prólogo: “[…] es la manera, extremadamente personal, de entender la distancia, de abrazar lo nuevo, de comprender el amor, o el desamor, en un simple concepto […]”. Véase qué cantidad de isotopías relacionadas con el entendimiento: “entender”, “comprender”, “concepto”, lo que confirma esa actitud reflexiva del autor, que pretende comprender el mundo a través de la poesía, con una función más gnoseológica, incluso didáctica, que estética. Hay incluso algo de educación emocional en los poemas “imperativos”, como “La fórmula de la felicidad” o “Despierta”.

    Su tendencia a la prosa prácticamente preanuncia lo que va a ser la segunda mitad del libro: relatos cortos, también de gran presencia lírica. Al ceñirse a la brevedad, como es inherente a la lírica, mantienen unidad temática, hay poca polifonía y suelen tener finales intensos. Para ser breves, hay considerable abundancia de la descripción, que le sirve para delimitar, ralentizar y ornamentar. Incluso la descripción toma una formidable función simbólica en el relato homodiegético “Hojas”, cuyo decorado revela el estado anímico del narrador.

    De modo que, concluyendo, lo que podría decirse que determina al libro de Carrasco es la intención de comprenderse a sí mismo y, consecuentemente, hacer que los demás también lo intenten, que el lector participe en esas búsquedas, que las traslade a su experiencia. La poesía que por antonomasia surge de la posición más personal, si es realmente poesía, tiene que ser universal. La experiencia de Carrasco, con sus preguntas sin respuesta, al ser plasmada en forma de poesías o prosas poéticas nos lleva a preguntarnos qué pretende darnos este libro, qué nos dice realmente esa voz poética.

    Cuando un autor entra a plantear y describir razonamientos, como en este caso, a veces se le cataloga como “conceptista”, con lo que se distancia de la experiencia real para enfrascarse en pensamientos, con el riesgo de hacernos ver una realidad que sólo existe en su mente. Viene al caso una cita de González Muela en el prólogo de La voz a ti debida de Pedro Salinas, ed. Castalia: “No creemos que, como dice Spitzer, el poeta escruta a la amada “para conocerse a sí mismo”. No; eso se dará por añadidura; lo que está buscando el poeta es el poema”. De ahí que abarque también la metapoesía, reflexionando sobre la creación poética. La experiencia vital, con todos sus vaivenes, dolores, presagios, desastres, melancolía, no deja de ser un pretexto para lo que realmente le importa a un escritor, ya sea poeta, prosista, narrador o ensayista, y es hacer lo que Aristóteles llamaba “el arte que imita con palabras”, es decir, literatura.

  • Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos (Kriller71 ediciones)

    Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos (Kriller71 ediciones)

    China es todavía un país desconocido por occidente más allá de sus tópicos. Desde las páginas de la revista de Poémame hemos intentando acercarnos a su cultura poética a través de la caligrafía con dos entrevistas a las poetas calígrafas españolas: Tere Vila Matas y Paloma Fadón; esta última saldrá próximamente.  Hoy lo hacemos a través de la poesía escrita contemporánea gracias a la valentía de la editorial Kriller71 de Barcelona.

    ‘Solsticio de invierno’, Han Dong

    Alguien quema fajos de papel en la calle:
    es solsticio de invierno otra vez
    Las llamas iluminan los árboles de las veredas
    los vivos se transforman en sombras
    para acercarse a los muertos
    Al costado de la calle, al pie de un muro,
    en el patio donde vivieron los seres queridos
    la pérdida y la culpa nos dejan presentir otro mundo
    tan oscuro como este mundo
    tan flexible y cálido como las llamas

    Un país mental reúne 108 poemas de 19 poetas chinos contemporáneos, entendiendo por contemporáneos a los autores nacidos al menos una década después de la fundación de la República China y cuya producción está marcada, en relación a la milenaria tradición anterior, por nuevas maneras de expresar lo poético. Si bien el tema del budismo continúa apareciendo, se manifiestan en sus obras características esencialmente nuevas como el hermetismo, el absurdo, un marcado surrealismo, los modos coloquiales, y las tradiciones extranjeras.

    La magistral selección y traducción ha corrido a cargo del poeta y traductor Miguel Angel Petrecca (Buenos Aires, 1979), autor de los libros de poesía El gran furcio (Buenos Aires, Gog y Magog, 2004), El Maldonado (Gog y Magog, Buenos Aires, 2007), La voluntad (Bajo la luna, Buenos Aires,  20011) y El recuerdo de una pared (n direcciones, Buenos Aires, 2011). Es autor asimismo de un libro de ensayos y crónicas sobre Pekín (Pekín, Pre-textos, 2017). Como traductor de literatura china ha publicado, además de esta antología,  Murciélagos al atardecer (Xi Chuan, Bajo la luna, 2017),  El invisible (Ge Fei, Adriana Hidalgo, 2016) y Después de Mao. Narrativa china de hoy (AAVV, Adriana Hidalgo, 2015), entre otros. Un país mental se publicó primero en Gog y Magog (2011), y luego en Lom (Santiago de Chile, 2013). Actualmente vive en París, donde lleva adelante la librería Cien Fuegos, especializada en literatura hispanoamericana en castellano. Aquí os incluimos una entrevista con el traductor.

    Fragmento del poema ‘Consecuencia’, Sun Wenbo

    ¿Es lícito escribir poesía insípida?
    Podéis decir que no, pero yo digo: ¿por qué no?
    Y declaro que el canto no es ninguna obligación.
    Este poema es un método; su significado: el más superficial posible.

    Esta colección nos muestra una serie de poemas que no apelan a ningún mundo interior, a ninguna escuela poética específica; simplemente son poemas tiernos, simples, urbanos, humanos y terrenales.  Poemas con una pátina de poesía budista clásica y de realismo marxista sazonados con algo lejano de literatura occidental. De hecho lo maravilloso de estos poemas debe de estar en su lectura en el idioma original, teniendo en cuenta la sonoridad rítmica y tonal del chino: eso sí que debe de ser una experiencia poética.

    De los veintitrés poetas, destaco a Luo Fu, Duo Duo, Han Dong, Bai Hua, Zhai Yongming, Xiaoo Kaiyu, Sun Wenbo, Yang Jian, Lan Lan, Meng Jiasheng y Xi Chuan.

    La humildad es la única virtud incapaz de conquistar el amor. La paciencia termina por convertirse en un edificio deshabitado.

    Fragmento de ‘K01704’, Xi Chuan.

    Para finalizar, cabe destacar que esta antología consigue que podamos leer poesía china actual sin caer en el ‘chinerío’ del ‘Todo a 1€‘. Porque, tal y como dice Miguel Luis Álvarez, crítico de la revista literaria Oculta,  ‘la poesía china no necesita nada de eso para deleitarnos‘.

  • Seis poemas de invierno y nieve

    Seis poemas de invierno y nieve

    Con media España bajo la nieve y prácticamente toda Europa congelada en este invernal mes de febrero, hemos escogido seis poemas de autores de Poémame a los que el invierno y la nieve han servido de inspiración. ¡Esperamos que disfrutéis de su lectura!

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    ¡Nieva! (Raúl Carreras)

    ¡Nieva!
    A través de la ventana,
    de forma grácil, serena,
    miro la nieve cuajada,
    desquiciada primavera.

    ¡Nieva!
    Va cayendo, tan callada,
    copos de nieve ligera,
    la ventisca susurrada
    que da paso a la tristeza.

    ¡Nieva!
    Y se extingue nuestra llama,
    tu mirada se congela,
    y ya no nos queda nada,
    y en las venas…,
    mi sangre también se hiela.

    ¡Nieva!
    El cielo en copos se desgrana
    y se funde con la tierra,
    nuestras vidas se separan
    al terminar la tormenta.

    ¡Nieva!
    Como si una manta blanca
    esté borrando tus huellas,
    y se me derrite el alma
    al marcharte de mi vera.

    ¡Nieva!
    Solo una fugaz nevada
    que se ha quedado deshecha
    entre el barro de una lágrima.
    Y en el invierno
    del corazón… ¡también nieva!

    Hacía color a tu lado (Esteban Pérez Sánchez)

    Hacía color a tu lado
    y el invierno era menos frío,
    la niebla abrazaba los pinceles de hielo,
    como un cristal cortante de piel y vida
    y el té humeaba
    como una chimenea de leña de sentidos,
    dibujaba en tu lienzo de piel un cuadro de nieve,
    con fondo de una noche con halo de luna en tu sexo,
    reposaban mis manos en tus pechos de acuarela,
    como una boca con uñas ardiendo en tus heridas
    y hablabas de una incipiente primavera
    mientras apoyaba mi cara en la hojarasca de tu vientre.
    Fue así ese cuadro inacabado,
    pero hacía color y el invierno era menos frío.

    Descalza sobre la nieve (Verín)

    Elegí la manera de mostrar
    lo que soy ante el mundo;
    con la piel erizada
    y un suspiro en cada mano
    ─mi tisana contra el frío─.

    Me hago añicos en el aire
    con la firme intención
    de caer sobre unas manos
    que deshojen con viveza
    la cellisca del invierno,
    de este invierno perpetuo
    cayendo sobre las huellas,
    sobre la linde que separa
    el desaliento de la entereza.

    Me entrego con vehemencia
    al abrazo, al calor duradero
    que provoque
    el deshielo o la avalancha,
    sin aterir mis pasos
    mientras camino descalza
    sobre la nieve.

    La nieve cayendo de tu voz (Alex Richter-Boix)

    La nieve cayendo sobre tu voz,
    es domingo,
    la noche de un invierno
    lento,
    de conversaciones al borde.

    Caída
    que no ofrece nada,
    descenso arrastrado
    sin horizonte.

    Una manzana que nunca llega al suelo,
    tampoco a la boca.

    Suspendida.

    El sol sube,
    nosotros bajamos,
    el mundo se inclina
    en el vacuo espacio.

    No hay principio,
    retrocedo, rebobino,
    no lo diviso,
    el tiempo está roto.

    La alegría fue,
    hoy es demencia.

    Escucho tus frases
    la nieve cayendo de tu voz:
    Adiós.
    Adiós, adiós.

    Helada (Dee Dee Acosta)

    Estoy aquí, fingiendo que miro tus paisajes
    y que te bebo en un café,
    porque en la distancia hace frío, y aquí,
    donde dejaste mis huesos sepultados
    a veces te respiro.

    Tu olor se derrite y entibia mi alma,
    le ayuda a deslizarse sobre riscos,
    a escapar de la niebla.
    Por más alto que llegue
    tratando de quemarme en el sol,
    cuando se acaba tu esencia, me congelo.

    Sigo aquí, como me dejaste
    gélida al tacto, de semblante entumecido
    con la piel hecha nieve, los labios quebrados
    y todo el cuerpo estremecido.

    No estás, ni siquiera
    para contarme cómo lo has hecho
    cómo he de romper este hechizo
    o si será mi destino perecer en el hielo.

    Hay esperanza (Edu Gallego)

    En la yema que despunta
    bajo la nieve,
    intacta.
    En el seno que es abrigo
    de la noche
    y amamanta.
    En el ocaso que guarda,
    la semilla de un mañana
    En tu sonrisa de niña,
    feliz y despreocupada,
    hay esperanza.

  • Poemareflexiona con… Federico García Lorca

    Poemareflexiona con… Federico García Lorca

    Vuelve la España negra. Para aquellos lectores y lectoras que no vivan en España les parecerá difícil de creer el retroceso en materia de libertad de expresión que estamos sufriendo: libros censurados, obras de arte censuradas en la Feria Arco 2018, cantantes, tuiteros, poetas procesados, multados, expedientados.

    El miedo se extiende por la red, por toda la sociedad, y eso lleva a la autocensura.

    De hecho, ya hablamos de ello en el Poemareflexiona con…  Matilde Campilho. Por eso, hoy la reflexión va antes del poema, no vaya a ser que lo prohíban en cuanto se publique, a pesar de haber sido publicado por primera vez en 1928 : Romance de la Guardia Civil Española.

    Los caballos negros son.
    Las herraduras son negras.
    Sobre las capas relucen
    manchas de tinta y de cera.
    Tienen, por eso no lloran,
    de plomo las calaveras.
    Con el alma de charol
    vienen por la carretera.
    Jorobados y nocturnos,
    por donde animan ordenan
    silencios de goma oscura
    y miedos de fina arena.
    Pasan, si quieren pasar,
    y ocultan en la cabeza
    una vaga astronomía
    de pistolas inconcretas.

    *
    ¡Oh ciudad de los gitanos!
    En las esquinas banderas.
    La luna y la calabaza
    con las guindas en conserva.
    ¡Oh ciudad de los gitanos!
    ¿Quién te vió y no te recuerda?
    Ciudad de dolor y almizcle,
    con las torres de canela.
    *
    Cuando llegaba la noche,
    noche que noche nochera,
    los gitanos en sus fraguas
    forjaban soles y flechas.
    Un caballo malherido,
    llamaba a todas las puertas.
    Gallos de vidrio cantaban
    por Jerez de la Frontera.
    El viento, vuelve desnudo
    la esquina de la sorpresa,
    en la noche platinoche
    noche, que noche nochera.
    *
    La Virgen y San José
    perdieron sus castañuelas,
    y buscan a los gitanos
    para ver si las encuentran.
    La Virgen viene vestida
    con un traje de alcaldesa,
    de papel de chocolate
    con los collares de almendras.
    San José mueve los brazos
    bajo una capa de seda.
    Detrás va Pedro Domecq
    con tres sultanes de Persia.
    La media luna, soñaba
    un éxtasis de cigüeña.
    Estandartes y faroles
    invaden las azoteas.
    Por los espejos sollozan
    bailarinas sin caderas.
    Agua y sombra, sombra y agua
    por Jerez de la Frontera.
    *
    ¡Oh ciudad de los gitanos!
    En las esquinas banderas.
    Apaga tus verdes luces
    que viene la benemérita.
    ¡Oh ciudad de los gitanos!
    ¿Quién te vio y no te recuerda?
    Dejadla lejos del mar,
    sin peines para sus crenchas.
    *
    Avanzan de dos en fondo
    a la ciudad de la fiesta.
    Un rumor de siemprevivas
    invade las cartucheras.
    Avanzan de dos en fondo.
    Doble nocturno de tela.
    El cielo, se les antoja,
    una vitrina de espuelas.
    *
    La ciudad libre de miedo,
    multiplicaba sus puertas.
    Cuarenta guardias civiles
    entran a saco por ellas.
    Los relojes se pararon,
    y el coñac de las botellas
    se disfrazó de noviembre
    para no infundir sospechas.
    Un vuelo de gritos largos
    se levantó en las veletas.
    Los sables cortan las brisas
    que los cascos atropellan.
    Por las calles de penumbra
    huyen las gitanas viejas
    con los caballos dormidos
    y las orzas de monedas.
    Por las calles empinadas
    suben las capas siniestras,
    dejando detrás fugaces
    remolinos de tijeras.
    En el portal de Belén
    los gitanos se congregan.
    San José, lleno de heridas,
    amortaja a una doncella.
    Tercos fusiles agudos
    por toda la noche suenan.
    La Virgen cura a los niños
    con salivilla de estrella.
    Pero la Guardia Civil
    avanza sembrando hogueras,
    donde joven y desnuda
    la imaginación se quema.
    Rosa la de los Camborios,
    gime sentada en su puerta
    con sus dos pechos cortados
    puestos en una bandeja.
    Y otras muchachas corrían
    perseguidas por sus trenzas,
    en un aire donde estallan
    rosas de pólvora negra.
    Cuando todos los tejados
    eran surcos en la tierra,
    el alba meció sus hombros
    en largo perfil de piedra.
    *
    ¡Oh, ciudad de los gitanos!
    La Guardia Civil se aleja
    por un túnel de silencio
    mientras las llamas te cercan.
    ¡Oh, ciudad de los gitanos!
    ¿Quién te vio y no te recuerda?
    Que te busquen en mi frente.
    juego de luna y arena.

  • Pablo Neruda, el poeta o el hombre

    UNA COSA ES EL POETA; OTRA, EL HOMBRE… Ya basta, de identificarlos, por favor. El «yo poético» no es el «yo real»…

    Esta es la afirmación que me encontré en el muro de Facebook ante la noticia que nos cuenta el periódico El Mundo el 20 de febrero:

    Sorprende que el autor de 100 sonetos de amor fuese capaz de no aceptar el nacimiento de una hija enferma. Primero la ocultó -«es un ser perfectamente ridículo«, dijo, «una especie de punto y coma«- y después borró a la «vampiresa de tres kilos» de su vida, abandonándola para siempre.

    Cuando acabé de leer esta noticia, recordé que hace unas pocas semanas publiqué Mujeres poetas irlandesas: Crónica de la lectura poética organizada por Poémame en Barcelona (18/enero/2018). En ese artículo comenté que Pablo Neruda relató en ‘Confieso que he vivido’ cómo violó a una chica limpiadora, tratándola como si fuese de su propiedad solo por ser mujer y pertenecer a la clase trabajadora.

    A pesar de lo que mi seguidor de Facebook asegura,  yo asumo mi incapacidad de diferenciar entre el Neruda poeta y el Neruda hombre. Lo reconozco ante todos vosotros y vosotras, no puedo separar al uno del otro y a partir de ahora no estará entre mis prioridades volver a  leer los poemas de Neruda.

    Ahora, solo quiero pedirte un favor, lector/lectora, ¿qué opinas?, ¿hemos de separar al artista de la persona?, ¿al pintor, al poeta, al cantante del ‘yo real’? Gracias por compartir tu punto de vista.

  • Concurso poético Poémame – «Primavera»

    Concurso poético Poémame – «Primavera»

    «Mi mejor abril», de Soraya Benítez (Ed. Mouse, 2018)

    Con motivo de la publicación del poemario «Mi mejor abril» de la poeta Soraya Benítez, y con la colaboración de la propia Soraya, es un placer convocar un nuevo concurso poético de Poémame, de acuerdo con las siguientes BASES:

    1. Podrán concursar en este premio autores sin limitación de edad, nacionalidad o residencia.
    2.  Los originales presentados deberán estar escritos en castellano.
    3. Los originales podrán estar escritos en verso libre, clásico o prosa, la temática deberá tratar sobre la «primavera» y la extensión estará comprendida entre 4 y 20 versos (o líneas el caso de trabajos en prosa).
    4. Los originales se presentarán a través del sitio web de Poémame, hasta el domingo 4 de marzo de 2018, mediante el formulario empleado habitualmente para publicar poemas (opción “Publicar“) y deberán especificar la etiqueta “concursoprimavera” en el campo etiquetas del formulario, para ser incluidos en el concurso.
    5. El jurado estará compuesto por la poeta Soraya Benítez, la poeta Verónica Teja y el poeta y miembro del equipo editorial de la Revista de Poémame, Guillermo Vera. El fallo del premio tendrá lugar a lo largo del mes de marzo de 2018 y se dará a conocer en los sitios web de Poémame y en sus redes sociales.
    6. El premio consistirá en un ejemplar del poemario “Mi mejor abril» dedicado por Soraya Benítez, que será remitido por correo ordinario a la dirección postal que indique el ganador o ganadora del sorteo. En el caso de que éste no facilite una dirección postal en el plazo de 15 días desde la publicación del fallo del jurado, el jurado podrá optar entre seleccionar un nuevo ganador o dejar desierto el premio.
    7. La presentación a este concurso supone la plena aceptación de sus bases.

    Cualquier consulta sobre el concurso, sus bases o la forma de participación podrá formularse por correo electrónico o a través del perfil de Poémame en Facebook, Twitter e Instagram.

  • Fallo del premio de poesía «Solidaridad con las personas refugiadas y migrantes» – Poémame y Barcelonactua

    Fallo del premio de poesía «Solidaridad con las personas refugiadas y migrantes» – Poémame y Barcelonactua

    El jurado compuesto por la poeta y colaboradora de Poémame Ze Pequeño, el poeta Rafa Aranda, representando a la Fundación Barcelonactua y el coordinador del proyecto, José Luis Regojo, ha seleccionado, entre los 81 poemas presentados, a diez finalistas y doce menciones especiales para formar parte de la Antología poética ‘Versos de acogida – Versos d’acollida’ a favor de las personas refugiadas y migrantes.

    Todos los poemas seleccionados aparecerán publicados en la antología y los autores de los diez poemas finalistas además tendrán un ejemplar de regalo. ¡Enhorabuena a todos y muchas gracias por participar!

    Todos los y las poetas deberían indicar bajo qué nombre quieren que aparezcan publicados sus poemas en el plazo de 5 días a partir de la publicación del presente fallo del jurado (antes del próximo martes 20 de febrero) por correo electrónico a la dirección contacto@poemame.com. En caso de no recibir respuesta en el plazo indicado, aparecerán con el nombre con el que se han presentado al concurso.

    Por otro lado, los autores de los diez poemas finalistas deberán igualmente hacernos llegar las señas a las que hemos de enviar la antología una vez ésta se haya publicado.

    Sin más, os invitamos a disfrutar de la lectura de todos los poemas elegidos (por orden alfabético de autor):

    Finalistas:

    1.- «hormigas» aytortuk

    2.- Resplandor BIBLOS03

    3.- Éxodo canocs19_1

    4.- Por la luz de sus ojos Galilea 

    5.- Purgatorio Ícaro

    6.-¿Qué pasaría, si…? Maia

    7.- El hombre moderno (a Aylan) David R.

    8.- Es el mismo que sangra rebktd 

    9.- Humanidad carlosrojasifuentes

    10.- Huir sin retirarse Sejmet

     

    Menciones especiales:

    1.- En silencio Pilar Alejos Martínez

    2.- Invierno en el Egeo Avelina Chinchilla

    3.- Matryoshka Oriada Dajko

    4.- soneto en crudo  Marcelo Faure

    5.- De cero  horten67

    6.- Contrastos i perquès Joancarles

    7.- Poema Refugi Josep

    8.- Migrante Malulita

    9.- Frío    Susana Pamies Salinas

    10.- Vida descalza   sarrd8r

    11.- Quién Angeles Torres Torres

    12.- Exilio ANGOSTURENSE (Michael Wehrmann)

  • 5 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz

    5 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz

    Sor Juana Inés de la Cruz fue una mujer con una inteligencia admirable, dueña de un Edén que existía: en su pensar, en su conocimiento tan vasto y en la delicadeza y fineza de sus líneas, que conmovió a las más altas esferas. Desde pequeña fue instruida y ella llevaba el gusto natural por instruirse, amante de las letras, profunda, audaz, elegante, sencilla, única…

    Una mujer adelantada a su tiempo, con una lucidez de pensamiento deslumbrante y una fuerza en su pluma implacable, firme, directa y, manejando tonos resplandecientes en todo cuanto escribía, llevaba la sinceridad a flor de piel. La honestidad en sus letras le retribuyó en el temor de muchos varones “ilustres” de su época para los que representó una seria amenaza intelectual.

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    Sor Juana tenía como don la gracia de poder abordar diversos temas sociales, espirituales, científicos y teológicos. Una mujer que devoraba cuanto conocimiento estaba a su alcance, exigiéndose siempre a sí misma, como ella lo narra en una de sus cartas a “Sor Filotea de la Cruz” (seudónimo del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz), cortaba su cabello a cierta altura y ella debía aprender los temas que le interesaban antes que su trenza alcanzara su tamaño original nuevamente:

    Sor Juana tenía como don la gracia de poder abordar diversos temas sociales, espirituales, científicos y teológicos. Una mujer que devoraba cuanto conocimiento estaba a su alcance, exigiéndose siempre a sí misma, como ella lo narra en una de sus cartas a “Sor Filotea de la Cruz” (seudónimo del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz), cortaba su cabello a cierta altura y ella debía aprender los temas que le interesaban antes que su trenza alcanzara su tamaño original nuevamente:

    …y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres -y más en tan florida juventud- es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes, e imponiéndome ley de que si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o tal cosa que me había propuesto deprender en tanto que crecía, me lo había de volver a cortar en pena de la rudeza. Sucedía así que él crecía y yo no sabía lo propuesto, porque el pelo crecía aprisa y yo aprendía despacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza: que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias…

    Sor Juana contaba con generosos valles de frases certeras, que cual ballesta calada, dejaban destellos de luz en los ojos de quienes leían sus escritos, pero además hacían ver y sentir desde diversas perspectivas.

    Esta sinceridad a la hora de expresar sus opiniones escritas le valió la censura por parte de altas autoridades eclesiásticas; su único pecado fue la Carta Atenagórica, que escribiera en privado al referido obispo Manuel Fernández de Santa Cruz (a petición de él mismo y quien la sacaría a la luz) pero también fue quizá una de sus máximas glorias, una crítica hacia el discurso del padre y escritor portugués Antonio Vieira, miembro de la orden religiosa europea “Compañía de Jesús”.

    La forma en que confronta, demuestra y defiende su punto de vista teológico, hacen ver la esgrima tremenda e impecable que posee Sor Juana, añadiéndole grandes dosis de humildad y frescura de unos inagotables manantiales de espiritualidad y verdad.

    No había otra forma de callarle más que imponiéndole y es así que se impiden sus escritos, los acorralan, los enmudecen y hacen que su creadora los incinere… y aquí cualquiera que escriba sabe lo que significa ese dolor tan terrible de perder obras y creaciones; es como si uno, literalmente, cortase un miembro de su cuerpo, es una herida que se queda sangrante en el alma.

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    En base a sus escritos uno puede aventurarse a pensar que quizá fue la primera defensora en México de la libertad de expresión, además de ser la primer mujer del país en defender la igualdad de género, haciendo valer su derecho de estudio, escritura, opinión y conocimiento.

    Sin duda una de las más grandes pensadoras de habla hispana; sin duda un ícono de la inteligencia, delicadez y lucidez femenina.

    Sencillamente Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana: Sor Juana Inés de la Cruz.

    En que da moral censura a una rosa

    Rosa divina que en gentil cultura
    eres, con tu fragante sutileza,
    magisterio purpúreo en la belleza,
    enseñanza nevada a la hermosura.

    Amago de la humana arquitectura,
    ejemplo de la vana gentileza,
    en cuyo ser unió naturaleza
    la cuna alegre y triste sepultura.

    ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
    soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
    y luego desmayada y encogida

    de tu caduco ser das mustias señas,
    con que con docta muerte y necia vida,
    viviendo engañas y muriendo enseñas!

    En que satisfaga un recelo

    Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
    como en tu rostro y en tus acciones vía
    que con palabras no te persuadía,
    que el corazón me vieses deseaba.

    Y Amor, que mis intentos ayudaba,
    venció lo que imposible parecía,
    pues entre el llanto que el dolor vertía,
    el corazón deshecho destilaba.

    Baste ya de rigores, mi bien, baste,
    no te atormenten más celos tiranos,
    ni el vil recelo tu quietud contraste

    con sombras necias, con indicios vanos:
    pues ya en líquido humor viste y tocaste
    mi corazón deshecho entre tus manos.

    Procura desmentir los elogios

    Éste que ves, engaño colorido,
    que, del arte ostentando los primores,
    con falsos silogismos de colores
    es cauteloso engaño del sentido;

    éste en quien la lisonja ha pretendido
    excusar de los años los horrores
    y venciendo del tiempo los rigores
    triunfar de la vejez y del olvido:

    es un vano artificio del cuidado;
    es una flor al viento delicada;
    es un resguardo inútil para el hado;

    es una necia diligencia errada;
    es un afán caduco, y, bien mirado,
    es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

    Quéjase de la suerte

    ¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
    ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
    poner bellezas en mi entendimiento
    y no mi entendimiento en las bellezas?

    Yo no estimo tesoros ni riquezas,
    y así, siempre me causa más contento
    poner riquezas en mi entendimiento
    que no mi entendimiento en las riquezas.

    Y no estimo hermosura que vencida
    es despojo civil de las edades
    ni riqueza me agrada fementida,

    teniendo por mejor en mis verdades
    consumir vanidades de la vida
    que consumir la vida en vanidades.

    Redondillas

    Hombres necios que acusáis
    a la mujer sin razón,
    sin ver que sois la ocasión
    de lo mismo que culpáis:

    si con ansia sin igual
    solicitáis su desdén,
    ¿por qué queréis que obren bien
    si las incitáis al mal?

    Cambatís su resistencia
    y luego, con gravedad,
    decís que fue liviandad
    lo que hizo la diligencia.

    Parecer quiere el denuedo
    de vuestro parecer loco
    el niño que pone el coco
    y luego le tiene miedo.

    Queréis, con presunción necia,
    hallar a la que buscáis,
    para pretendida, Thais,
    y en la posesión, Lucrecia.

    ¿Qué humor puede ser más raro
    que el que, falto de consejo,
    él mismo empaña el espejo,
    y siente que no esté claro?

    Con el favor y desdén
    tenéis condición igual,
    quejándoos, si os tratan mal,
    burlándoos, si os quieren bien.

    Siempre tan necios andáis
    que, con desigual nivel,
    a una culpáis por crüel
    y a otra por fácil culpáis.

    ¿Pues como ha de estar templada
    la que vuestro amor pretende,
    si la que es ingrata, ofende,
    y la que es fácil, enfada?

    Mas, entre el enfado y pena
    que vuestro gusto refiere,
    bien haya la que no os quiere
    y quejaos en hora buena.

    Dan vuestras amantes penas
    a sus libertades alas,
    y después de hacerlas malas
    las queréis hallar muy buenas.

    ¿Cuál mayor culpa ha tenido
    en una pasión errada:
    la que cae de rogada,
    o el que ruega de caído?

    ¿O cuál es más de culpar,
    aunque cualquiera mal haga:
    la que peca por la paga,
    o el que paga por pecar?

    Pues ¿para qué os espantáis
    de la culpa que tenéis?
    Queredlas cual las hacéis
    o hacedlas cual las buscáis.

    Dejad de solicitar,
    y después, con más razón,
    acusaréis la afición
    de la que os fuere a rogar.

    Bien con muchas armas fundo
    que lidia vuestra arrogancia,
    pues en promesa e instancia
    juntáis diablo, carne y mundo.