Ahmad Al-Khatat es un poeta iraquí con residencia en Canadá. Su poesía ha sido publicada tanto en la prensa como en revistas literarias y antologías internacionales. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Ha publicado dos libros de poesía: The Bleeding Heart Poet y Love On The War’s Frontline.
El espíritu invisible
La noche es larga, larga como
estrellas cayendo a pedazos
y entonces mis lágrimas son como la
lluvia en las mejillas de un niño
Pensé que el amor nos haría
venturosos y dichosos
hasta que me di cuenta de que uno de nosotros
debía fingir que estoy muerto
La confianza fue la más hermosa
palabra que hemos mencionado en nuestras conversaciones.
Desgraciadamente, fue reemplazada con una
traición y peligrosa fe
El espíritu invisible se olvidó de
enseñarme a morir sin un
arma, ni una caja de doce.
cervezas, todavía, la noche sigue siendo larga.
Lee mis heridas
No merezco vivir en este mundo
esencialmente, porque mis sueños están ocultos
y mis pies descalzos están encadenados
Tal vez mi tiempo debería haber terminado como
cada noche, mis ojos comienzan a llorar,
ella se desvaneció de mi cigarrillo
fumaba y era difícil hasta beber sólo agua.
Mis esperanzas son los graffitis en las paredes
después del fuego, nada queda más que mis cenizas.
mantén mi historia lejos de los seres que amas
solo recuerda que has leído mis heridas
Haz la paz con amor desde el cuerpo
de alguien en quien confíes, para compartir algo más
que unos labios besándose, mientras mis errores son mis mentiras cotidianas
Esta semana tenemos el cuestionario de María Prieto. Ya sabes, si has superado los 100 poemas publicados en nuestra web, escríbeme a jlregojo@poemame.com y me pondré en contacto para publicar tus respuestas. Gracias.
El libro que estoy leyendo: «Las rosas del sur», un viaje por las catedrales españolas del sur de España, de Julio Llamazares.
El primer libro que recuerdo haber leído…: Mi pasión primera fueron los tebeos, luego llegaron los libros. No sé si fue el primero, pero lo recuerdo porque me gustó muchísimo, «La bendición de la tierra» del premio Nobel noruego Knut Hamsun. Un maravilloso canto a la vida en el campo.
El libro que cambió mi vida … No me cambió la vida, pero sí influyó mucho en mi pensamiento, en la manera de ver el mundo en mi juventud, “Así habló Zaratustra” del filósofo alemán Friedrich Nietzsche.
El libro que más ha influido en mi manera de escribir. Más que un libro, fue la poesía de Antonio Machado que leía una y otra vez. Así mismo los poetas del 27, Lorca sobre todo, Cernuda, Salinas, Aleixandre, Altolaguirre…
El libro que me gustaría haber escrito. “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez. Para mí, un libro cargado de lirismo y hermosura que aún releo.
El libro que está (según mi criterio) más sobrevalorado “Ulises” de James Joyce, aunque tiene sus detractores. No pude con él. Sí me gustó, en cambio, “Dublineses” del mismo autor.
El libro que está (según mi criterio) más infravalorado. Pues no sabría decir uno solo. Hay tantos libros buenos que no obtienen el favor del lector y, sobre todo, de la crítica que, muchas veces se mueve por intereses.
El último libro que me hizo llorar. No fue el último, suelo llorar con los que me emocionan; fue uno muy especial para mí, “La voz dormida” de mi paisana Dulce Chacón. Una hermosa y triste historia situada en la guerra civil española.
El último libro que me hizo reír. Pues Don Quijote. Siempre que lo retomo, vuelven a hacerme reír las razones y refranes de Sancho y las diatribas de Don Quijote. Cervantes puso mucho humor entre esas páginas.
El
libro que no pude acabar de leer Aunque
no suelo dejarlos, uno fue “Ulises” (ya citado) y otro “El aleph” de Jorge Luis
Borges. Tampoco pude con él, la literatura fantástica no me gusta.
El libro que me avergüenza no haber leído “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago. Lo tengo en mi librería y nunca encuentro el momento de empezarlo…
‘Ese’ libro que me encanta y leo a escondidas. No leo nunca a escondidas, sí a pequeños sorbos, de vez en cuando. Ahora estoy con una “Antología de poetas andaluces” de José Delgado Adorna y otra Antología de Ángel González. (De Alianza Editorial).
El libro que regalo. Eso depende del destinatario. Me gusta regalar novela histórica, porque a mí me encanta este género. A los amantes de la poesía, le regalaría uno reciente, “Las palabras rotas” (el desconsuelo de la democracia) de Luis García Montero.
El poema por el que me gustaría ser recordada. No recordada, porque eso es un honor que no merece una poeta aficionada como soy yo. Pero sí me veo muy reflejada en mi poema «Con ojos de otoño». Es muy «mío», es «muy yo». Un poema que me define muy bien en esta agradable etapa de mi madurez. Es de los primeros que subí a Poémame.
“Con ojos de otoño” Como fruta madura de final de verano, voy mirando la vida con los ojos de otoño. Soy octubre templado derramando semilla en parda sementera, despejando silencios; deambulando entre mis surcos con los ojos cerrados. Evocando primaveras…
Voy tomando la sazón del áspero membrillo. Rosa abierta de sangre de granada. Son mis manos sarmientos de las vides del tiempo. Es mi piel vino añejo, entre soles dorados. Mi perfume, el aroma de la tierra mojada.
Soy amiga del aire que estremece mi pelo y salgo a los caminos a extender mis alas contra la húmeda brisa que presagia la lluvia.
A veces, estoy triste y me visto de niebla y me escondo en su manto y me vuelvo brumosa como el cielo en el alba. A ratos, luminosa, como sol de mañana o silente y profunda como noche cerrada.
Soy el fuerte aguacero que me inunda por dentro, esas gotas primeras que levantan el polvo, la llovizna suave que te cala en el alma o el torrente feroz de amarga dentellada.
Soy noviembre que arrastra torbellinos de oro…
Me pierdo por senderos tranquilos y enredados. (Crujidos de hojas secas son mis pasos…) Me diluyo lentamente entre las frondas, con el pálido sol de la tarde. Y me miro en el agua…y me siento lejana… Y remonto a lo más alto – blanca soledad de nubes – en el vuelo triangular de las aves.
Unas veces me río. Otras veces me callo. Y acumulo recuerdos del cajón de mi olvido, de batallas ganadas y de guerras perdidas.
Tiembla aún la mirada de la niña que fui, guardando mil secretos entre los pliegues del sueño. Y tirita mi cuerpo a la luz de la luna irremediablemente inmerso en los ciclos vitales de las estaciones. Ese ritmo inclemente… de inicios y finales… Devenir eterno de los días y las noches.
Luego vendrá el invierno con su capa de armiño y abrigaré mi corazón (suspiro de madroño anaranjado) Y volaré con las grullas a remotos lugares. Más cálidos…
Partiré con el alba. Cuando nadie me vea… (Y ese día mis ojos lloverán estrellas.) (Octubre 2018)
Al borde del primer tarro de café dominical se van escurriendo estas letras, evocando la ansiedad de un domingo de otro tiempo, cuando nos precipitábamos con impulsos casi adictivos sobre las páginas de los “suplementos culturales” o “papel literario” encartados dentro de los tirajes de los diarios, para abordar las trémulas revelaciones que nos permitían el acceso a la poesía, dentro de las limitaciones de nuestro diminuto universo.
Así fue como descubrí a Hanni Ossot. —No voy mentir diciendo que recuerdo con exactitud lo que leí aquel domingo—, recuerdo el entorno, lo cual me da una vaga idea del año y debió haber sido un agosto, bajo la apócrifa quietud de unas vacaciones escolares.
Para alguien que todavía no gastaba fracciones de su mesada en afeitadoras, aquel hallazgo era todo un acontecimiento, puesto que ya andaba buscando el roce místico con esos símbolos que trae la poesía dentro de sí; para mí, connotaba otra dimensión de lo que hasta ese día había concebido como poesía. Se postulaba ante mi escasez de recursos una exposición nublada de la palabra, una borrascosa propuesta de un mundo interior ingente, rayando en lo incomprensible para mi estado incipiente de conciencia. Me perturbaba sobremanera aquella firma tan desprovista de un vínculo común con los nombres manejados por el léxico, que en mi caso particular, tenía al alcance inmediato. No se llamaba, Teresa, María ni Gabriela, se llamaba Hanni Ossott. Mi reacción orgánica de automatismo instó por otorgarle origen nórdico o escandinavo, tan misterioso como sus poemas, tan inalcanzable como ese presumible estado patológico al filo de angustias transmitido.
…La enfermedad es el vivir
la única
La enfermedad es el cuerpo
y las pastillas no sirven de mucho
…
Más tarde, con el transcurrir del inefable tiempo, y dentro del mismo plan indetenible de descubrimientos, pude enterarme de que había nacido en el valle septentrional que duerme a los pies del cerro el Ávila (Caracas) un 14 de agosto de 1946 y que sus progenitores eran de nacionalidad Alemana, asentados en la capital de Venezuela huyendo de los horrores que planteaban las secuelas de la segunda guerra mundial. También supe que fue huérfana de madre a los tres años, y que sus familiares decidieron ocultar durante algunos años la desaparición de doña Magdalena Lipfert de Ossott (su madre).
Sus poemas irrumpen en el espectro cultural de una convulsionada Venezuela: donde los beneficios de una aparente torrencial rentabilidad petrolera pavimentaban carreteras que no conducían a ninguna parte y extendía las celebraciones de los carnavales hasta que los elementos sacros implícitos en la conmemoración de la crucifixión cristiana, interrumpían los estados de embriaguez persistentes en la población y cesaban los desfiles de carrozas orquestadas a ritmos de hábitat tropical. Dentro de ese contexto, florece su primer poemario, a la conquista de tribunas que la vanguardia poética aspiraba para su indiscutible talento: «Espacios Para Decir lo Mismo» Un compendio de poemas estructurados en una prosa sorprendentemente madura para una “ópera prima”, absolutamente introspectiva que se daba el lujo de erigirse sobre un invisible triángulo atemporal, inmaterial y sin sujeto definible en el argumento verbal, donde el espacio es sugerido como una extensión del sentimiento y de allí devenga una imprevista ascensión con el cuerpo, con la identidad propia del fundamento del pensamiento germano, — quizás Nietzsche, quizás Heidegger—, pero al mismo tiempo, suscrito a esa flexibilidad que abría el ideal vanguardista en esta parte del hemisferio.
En virtud de los hechos, me tomo la atribución de transcribir un extracto de su estreno literario “Espacios Para Decir Lo Mismo” publicado en 1974:
«Y todos estos seres que hemos creído vivir los transformamos en espacios de verbos, y tejemos sus bordes con ese derecho a recuperar, en un espacio, otro que nunca había podido ser nuestro, en esa inútil tentativa de querer fijarlos definitivamente, asignarles propiedades, categorías, demarcarles el pedazo de aire respirable… Y nos acercamos entonces a otro, igual a uno, con el mismo oficio de querer fijar los cuerpos en páginas… y nos situamos en ese terror, en el horror de querer escapar a ese destino que nos fije, que limite nuestro esplendor y nuestra vacuidad, nuestra fluctuación y nuestro hallazgo…»
Confluíamos en aquellos años de esos hallazgos pertinentes al abstracto tema que para nosotros representaba la poesía, lector y poeta, en la misma necesidad de búsqueda, Hanni Ossott reiteraba la existencia de una continua búsqueda a través del espacio y una férrea vinculación con el cuerpo, ya que ambos representaban una unidad indivisible, —no tendría sentido el uno sin el otro — cuerpo y espacio como instrumento de conducción de la palabra hasta lograr un fin mucho más trascendente, donde “el universo del cuerpo lacera los soportes de que se vale la conciencia” y es entonces en ese espacio, donde se proyecta la palabra.
Mi proyección de palabra se proyecta en ti, objeto Revelo tus deseos, esas tristes pasiones que te contienen Nombre deseado por tus formas revés de todos tus planos desde los puntos de vista imposibles desde esa amalgama que intentas en esta palabra realizar Soy la palabra y me devuelvo en ti para darte esos límites devuelvo entonces esas tensiones para distraer a los hombres construyo y enhebro los hilos tejedores de tu fortuna de una mirada indiferente una respuesta Y ellos se sentarán seguros en razón de esta impotencia por este fracaso con que suelo abrazar el mundo Palabra verso sobre mi infinito la extensión de todos los sueños ellos saben mecerse salvan en el tiempo la creencia
Bajo el ambiente de una época de bonanza económica, por los efectos de la nacionalización petrolera y una tasa de desempleo cercana al 4%, en el año 1976 se imprimen dos nuevas ediciones maravillosas con la firma de Hanni Ossott, la primera de ellas resulta distinguida con el premio de la Bienal de Poesía Antonio José Ramos Sucre: “Formas Que en los Sueños figuran infinitos”. De esa obra, nos complace reproducir el siguiente poema :
“Sobre mi cuerpo, sobre estas estructuras concebidas por manos ingenieras fabricantes de nuevos espacios, han sido muchas las palabras nombradas. La cal y la arena. Luego, el tiempo. Rasgaduras en estos planos que me conforman, en los techos y en mis ventanas. Algunos han dicho de mis ventanas: «Son tristes porque no miran fijamente y quien acude a ellas provoca el sueño». Ellos atribuyen a mi tiempo sus tiempos y asignaron a mi indiferencia sus pasiones. Hablaron de casas tristes olvidando a sus habitantes… Los contengo en mis resquicios, en los rincones abandonados y en mis habitaciones solitarias. También provoco sus llantos y soy testigo de esos suicidios. Ellos le asignan a mis rincones una propiedad que desconozco: la memoria. Sometida a sus arbitrios me vuelvo cruel y desproporcionada. Mi cuerpo se vuelve recuerdo. Sus ojos me miran para hacer permanentes otros ojos, otros habitantes. Les revelo esta apatía y me maravillo de sus poderes de desplazamiento, de sus transformaciones orgullosas. Mi ojo está hecho sólo para el silencio, para la apertura hacia la confesión inocente, la que se ha creído sola frente a la dureza de mi cuerpo de cal y cemento”.
En «Espacios En Disolución», publicado en el mismo año (1976), prevalece la noción de intimidad expuesta entre la nube excelsa e insinuante de la poesía. Exhibe en ellos la aprensión por lo desvanecido en los laberintos de la realidad, de la consumación de los hechos donde “La casa”, adquiere un sentido metafísico alejado de lo arquitectónico, otorgándole el inmenso valor que tienen los recuerdos, que permite deludir en asuntos no cuantificables. Hay una codificación entrañable, una escasa validez de la experiencia mística, la descalifica y asume el valor de la “experiencia interior” ante la disolución del yo.
Esa mi casa. Ya no ésta. Durante muchos años sirvió de caja negra. Ellos la mantenían y nos mantenían dentro. Hay un olor no el de ella. Hoy se disuelve, Y velo la película para recordar ayer.
Antes de proseguir con el segundo tarro de café y esta necesaria y fructificante redacción, debo pedir disculpas a los distinguidos lectores que abordan estas líneas, por tomar esta alocución tan personal, y pido perdón si piso los límites del hedonismo.
El cuarto libro de Hanni Ossot, «Memoria en Ausencia de Imagen, Memoria del cuerpo» fue el primero de sus libros que tuve ocasión de tener en mis manos. Su edición data de 1979, yo la obtuve tres años después en 1983, —un par de meses antes de enrolarme en el ejército—, recuerdo habérsela cambiado a Bachaco (no recuerdo su nombre legal) por un ejemplar de Cincuenta Vacas Gordas, de Isaac Chocron. El libro me perturbó, era un libro de ensayos, desarrollado (a mi parecer para esa época) con una profundidad abismal. Quizás, no estaba preparado para semejante caudal de impresiones filosóficas y una prosa tan ilustre, me imbuí en aquella lectura día y noche. A través de sus líneas y por medio de sus citas descubrí a Thomas Mann, a Rilke, a Virginia Woolf, Artaud, Blanchot y hasta el mismísimo Nietzsche (Heidegger, Kafka, Borges y Holderlin era lo poco que conocía).
En 1982 se había editado “Espacios de Ausencia y De Luz”. Muchos años después, cuando pude encontrar el libro, todavía no lograba desprenderme de la sensación de desequilibrio emocional desbordante como producto de esa palabra que no cerraba la expectativa, que no cancelaba la incesante búsqueda, sino al contrario abría nuevos surcos donde encontrar aquello que no estaba pautado en el itinerario. Agotando ya el tercer tarro de café, me dispuse a transcribir el siguiente inciso de ese poemario.
Atracción de lo vasto
Ese canto resonante de Cuerpo esa expectoración primera inicialmente contenida bufido o eructo desarticulado
Ese pujar vocal
Estertor físico del soy que se busca
Y esa primera abolición del ser en la palabra inicial
Ah voz en ahogo violencia y voluptuosidad cercada Ah tránsito de ser a mí
Ah gorgojeo rasgadura de garganta ruido pobladura de lo vasto
Eco Inserción de lo inmenso en lo breve Imagen Consecución Y esto: lo que puedo decir desde mí mismo hoy ahora que he aprendido a articular mi discurso Esto, para decir: Oh escena terrible para espectáculo Oh espantosa contemplación de lo solo No calma desde esta calma No suficiente sin sentido desde esta ausencia
Desierto y ruina –y decirlo se torna ridículo– Ah, mira la contorsión del cuerpo, la siempre en oposición Pero me contorsiono y profiero sólo yo puedo hacerlo desde lo que me cerca y me abre Ah canto siempre devuelto Siempre no nacido todavía o a destiempo Tajada, sí…
Y muero por lo vasto que cercena como los dioses mueren por la nada y se levantan contra ese soy que en extensión cubre
¿Lo signo, lo fijo, lo canto? lo dilatado ineludible? Lo canto, lo signo porque también habita en mí el deseo de su posibilidad en franca oposición a lo permanente en rechazo al borde demasiado preciso y a la costumbre de esta piel en distancia de mi propio cuerpo hacia la instauración de lo breve por atracción a la ausencia erguido el canto en regreso al soy
Para el año de 1983. Caracas celebraba el bicentenario de su máximo héroe, el libertador Simón Bolívar y en otro sentido, la economía del país se enfrentaba a una abrupta devaluación de su moneda, generando un clima inestable en contraposición con los cincuenta años precedentes. Entre los discursos históricos y las justificaciones de los tecnócratas el pulso de Hanni Ossott mantuvo el ritmo para la publicación de su sexta obra, « Hasta Que llegue El Día y Huyan Las Sombras». En ella, persiste en sus indagaciones, en su centro gravitatorio como tiempo de establecer rotundas decisiones en defensa de lo intimo, en condenar una vacuidad secundaria en todos los objetos, en todos los cuerpos, discrepancias que abrazan los antiguos espacios, la materialización de imágenes en el subconsciente, la predisposición a un pánico subyacente en los efectos producidos por “La Noche y La Luz”
La Noche se va haciendo en mí profunda revocable como una estación La oscura esfera de lo oscuro ha inundado mi ámbito y se cierra como el beso de dos cúpulas Ya yo no sé cuál es mi fondo Soy ahora noche entera Conservo palabras pero hoy ellas no son lo suficientemente diurnas no pueden guiarme no son linterna ni lamparita de media noche Pienso en Delfos, debo recordar Delfos cóncava iluminada abierta
Debo pensar en el espacio más luminoso del mundo Delfos, lugar nocturno hecho luz Es preciso es preciso realizar de la noche la Luz
Para 1986, cuando las imprentas colocan en los anaqueles de las librerías la Antología de Poemas de Hanni Ossott, Titulada, «Plegarias y Penumbras», sus traducciones de las obras de Reiner Maria Rilke y Emily Dickinson eran punto de referencia en el continente. Fue docente en la escuela de letras de la Universidad Central de Venezuela durante veinte años. Esa profundidad didáctica y su autonomía creativa se manifiestan en los cuatro volúmenes de ensayo escritos en su trayectoria, siempre percibí en ellos un fin bien intencionado de retar la agudeza del lector ante el valor y el peso del arte, la definición de ese objetivo supremo que abarca la poesía desde el rapto al conocimiento. Ese aprendizaje que se expresa por medio del dominio del lenguaje y que trasciende a niveles de sensibilidad intrincados dentro del ser:
«No se trata de hacer un arte «curado». El arte no es necesariamente sano. La belleza de la Venus de Milo no es sana. Detrás de ella hay una larga tradición de convulsiones. Esa belleza surgió de la conciencia del horror. Hay pues un equilibrio entre belleza y horror que solo dos ejemplos podrían explicarlo por ahora. Rilke dice: «todo Ángel es terrible». Rodin esculpió dos manos en tensión acercándose y nunca se acercan. Él las llamó La catedral. También Venecia es muy bella, alberga la podredumbre con equilibrio. La vulgaridad nunca ha pertenecido al arte. Veo al fondo de mí, el azul de Florencia y los rosados de Perugia. Pero también veo lo que se hace sin fuerte conciencia de alma y sin guía.»
«Imágenes voces y visiones», «El Reino Donde La Noche Se
Abre», «Cielo, Tu Arco grande», «El Circo Roto» y «Casa De Agua y De Sombras» completan el
compendio de sus publicaciones poéticas, las cuales han sido traducidas al inglés y publicadas en 2017.
Su enorme legado, siempre nos remitirá a ese misterioso
instinto de búsqueda que palpita dentro de
cada ser, sobre todo en los primeros años de vida. Hanni Osoott dejo de existir
un 31 de diciembre de 2002, en un hogar de reposo de San Antonio de los Altos, en el mismo país
donde nació. Su obra deja una huella que trataremos de seguir para buscar la
presencia de su luz dentro de su nocturnidad y lograr que “la gramática del
cuerpo” agilice nuestros sueños.
Para este instante, he concluido el último tarro de café de
este segundo domingo de junio de 2019.
Bengt Berg (1946) es un poeta, escritor, editor y traductor sueco. Estudió alemán y lenguas nórdicas y estudios literarios y artísticos en la Universidad de Uppsala. Berg fue miembro del Parlamento sueco de 2010 a 2014. Desde 1990, dirige la editorial, Heidruns Förlag. Su primer poemario Where the Dream Ends, fue publicado en 1974; y desde entonces ha escrito más de 35 libros, en su mayoría poesía. Sus poemas han sido traducidos a diferentes idiomas: árabe, hebreo, inglés, alemán, holandés, griego, rumano, español, turco, polaco, ruso, letón, vietnamita, bengalí, hindi y malayalam.
Ha participado en numerosos festivales de poesía, entre ellos: Medellín (Colombia), Granada (Nicaragua), Struga (Macedonia) y Druskininkai (Litauania), Nisan (Israel), Jan Smrek Festival (Eslovaquia), Kritya (India), Târgul Festival de Poezie (Rumania), Poetry on the Road (Bremen, Alemania), Kathak International Poets Summit (Bangladesh), el 5º Festival Internacional de Poesía del Lago Qinghai, FIP-LIMA (Perú), 3er Festival Internacional de Poesía en Hanoi, Vietnam, entre otros. Berg ha ganado varios premios literarios suecos, entre ellos algunos de la Academia Sueca.
De origen ucraniana y nacionalizada brasileña Clarice Lispector fue una mujer que sufrió en carne propia el sabor cortante del exilio y la persecución judía. Su niñez en una tierra extraña dejan una marca inevitable en su pecho:
En una tierra de morenos, ser pelirrojo es una rebelión involuntaria. ¿Qué importaba si en un día futuro su marca iba a hacerle erguir, insolente, la cabeza de mujer?
Vivencias traumáticas cómo el contagio de sífilis de su madre, (producto de una violación a manos de soldados rusos), marcaron el amanecer de su vida, quedando a sus 9 años huérfana. El reflejo gris de estos parajes quedaron impregnados en sus líneas, en donde hace alusión a todo lo vivo, pero también da ese sorbo al misterio de los silencios o lo que hay más allá.
«La palabra tiene su terrible límite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno»
Durante su juventud, fue visitante constante en los recintos bibliotecarios de los centros de estudios donde se formó. Lo que corría por sus venas en una prosa tremendamente vívida, tan rica en detalles como todo ese edén amazónico a su alrededor, su pluma nos regala hermosos vuelos y nos adentra en esos elementos que hacen al alma sobresaltarse. La fina forma en que nos relata los escenarios es un golpe directo a los sentidos, que causa una reacción de efervescencia ante sus letras:
Ese día, cuando el sol ya se estaba poniendo, el oro se extendió por las nubes y por las piedras. Los rostros de los habitantes quedaron dorados como armaduras y así brillaban los cabellos sueltos. Fábricas empolvadas silbaban continuamente avisando el fin del día de trabajo, la rueda de un carro adquirió un nimbo dorado. En ese oro pálido la brisa tenía una ascensión de espada desenvainada. Porque era así que se erguía la estatua ecuestre de la plaza en la dulzura del ocaso.
Paulo Francis escribió sobre Clarice que ‘se convirtió en su propia ficción’. Quizá era una forma de escapar de sus recuerdos duros y de una parte de su realidad. Después de algunos años en Brasil, ya casada, viaja a Europa y tiene una estancia allí como asistente voluntaria de enfermería durante la Segunda Guerra Mundial, su residencia se prolonga hasta 1959. Durante este tiempo nació su primogénito, quién a la postre manifestaría una enfermedad mental, esto sumado a su divorcio posterior y al incendio accidental (presumiblemente provocado por una colilla mal apagada) que la marcó de por vida, clavó una daga en la sensibilidad de Lispector, y parece también haber herido sus letras, que son también bálsamo:
La nieve es muda pero deja rastro, lo emblanquece todo, los niños ríen, los pasos resuenan y dejan huella. Hay una continuidad que es la vida. Pero este silencio no deja señales. «Cuidarse para no morir. No obstante, ya estoy en el futuro. Ese futuro mío que será para vosotros el pasado de un muerto. […] escribiendo me libro de mí y puedo entonces descansar»
Lispector plasma la calidez, cómo un sol en tarde de verano, logra integrarnos al escenario de sus obras, nos involucra, nos cuestiona y nos conduce hacia una posible respuesta.
Octavio Paz menciona en su ensayo ‘La llama doble’:
…aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio.
pues bien, Lispector logra a través de su prosa hacer que nuestro espíritu cobre la vista y vislumbre todo ese paisaje de su pluma a partir de esa luz que emanan sus líneas, y crea en uno, una sensación vivencial en cada uno de sus escenarios.
¿Cómo explicar que mi mayor miedo esté precisamente relacionado con el ser? Y, no obstante, es el único camino. ¿Cómo se explica que mi mayor miedo sea precisamente el de ir viviendo lo que vaya sucediendo? ¿Cómo se explica que no soporte yo ver, solo porque la vida no es la que pensaba sino otra?, ¡como si antes hubiese sabido lo que era! ¿Por qué el ver produce una desorganización tal?[…] Me pregunto: si miro la oscuridad con una lupa, ¿vería algo más que la oscuridad?
Es fatal no conocerse, y no conocerse exige valor.
Sin duda la vocación le llegó temprano y ella lo reconocía, sabía perfectamente que lo de ella era navegar y recorrer esos terrenos que le provocaban una exaltación a sus días, sabía que debía caminar, cómo quien conoce la ruta entre la selva espesa, sabía que lo de ella era plasmar el sentir y no negarse a ello:
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante.
Deja éste mundo en diciembre de 1977, a causa de cáncer de ovario y hereda un legado que es referente en la literatura latina.
Clarice Lispector una mujer que tejió el fino telar del detalle, la Dama, el bello enigma ucraniano que conquistó la Amazonia.
Extractos de sus obras
La manzana en la Obscuridad (cuento)
La única ventaja del día era que bajo la luz extrema el coche se convertía en un pequeño escarabajo que fácilmente podría alcanzar la carretera. Pero mientras el hombre dormía el coche se volvía enorme como se vuelve gigantesca una máquina parada. Y de noche el jardín era ocupado por la secreta urdimbre que sostiene la oscuridad, con un trabajo cuya existencia las luciérnagas inesperadamente traicionan; cierta humedad también denunciaba la labor. Y la noche era un elemento en el que la vida, porque se había vuelto extraña, era reconocible. Esa noche, alcanzando el hotel vacío y adormilado, el motor del coche empezó a vibrar. Lentamente la oscuridad se había puesto en movimiento.
Lazos de familia (cuento)
Todavía estaba bajo la impresión de la escena medio cómica entre su madre y su marido, a la hora de la despedida. Durante las dos semanas de visita de la vieja, los dos apenas si se habían soportado; los buenos días y las buenas tardes sonaban a cada momento con una delicadeza cautelosa que la hacía querer reír. Pero he ahí que a la hora de la despedida, antes de entrar en el taxi, la madre se había transformado en suegra ejemplar y el marido se tornaba en buen yerno. «Perdone alguna palabra mal dicha», había dicho la vieja señora, y Catalina, con algo de alegría, vio a Antonio, sin saber qué hacer con las maletas en las manos, tartamudear, perturbado con ser el buen yerno. «Si me río, ellos han de pensar que estoy loca», había pensado Catalina, frunciendo las cejas. «Quien casa a un hijo pierde un hijo, quien casa a una hija gana otro hijo», aseguró la madre, y Antonio había aprovechado su gripe para toser. Catalina, de pie, observaba con malicia al marido, cuya seguridad se había desvanecido para dar paso a un hombre moreno y menudo, forzado a ser el hijo de aquella mujercita grisácea…
La Pasión
Si me confirmo y me considero verdadera, estaré perdida, porque no sabría dónde encajar mi nuevo modo de ser; si avanzase en mis visiones fragmentarias, el mundo entero tendría que transformarse para que ocupase yo un lugar en él. He perdido algo que era esencial para mí, y que ya no lo es. No me es necesario, como si hubiese perdido una tercera pierna que hasta entonces me impedía caminar, pero que hacía de mí un trípode estable. He perdido esa tercera pierna. Y he vuelto a ser una persona que nunca fui. […] Estoy ganando tiempo. Sé que todo lo que estoy diciendo es solo para ganar tiempo, para retrasar el momento en que tendré que comenzar a decir, sabiendo que nada más me queda por decir. Estoy aplazando mi silencio. ¿He retrasado toda la vida el silencio? Pero ahora, por desprecio a la palabra, tal vez pueda por fin comenzar a hablar. Las señales telegráficas. El mundo erizado de antenas, y yo captando la señal. Solo podré hacer la transcripción fonética. Hace tres mil años me extravié, y lo que ha quedado son fragmentos fonéticos de mí. Estoy más ciega que antes. He visto, es verdad. He visto, y me ha asustado la verdad desnuda de un mundo cuyo mayor horror es que está tan vivo que, para admitir que estoy tan viva como él –y mi peor descubrimiento es que estoy tan viva como él–, tendré que elevar mi conciencia de vida exterior hasta el punto de atentar contra mi propia vida.
Esta semana tenemos el cuestionario de Juan Carlos Lugones. Ya sabes, si has superado los 100 poemas publicados en nuestra web, escríbeme a jlregojo@poemame.com y me pondré en contacto para publicar tus respuestas. Gracias.
El libro que estoy leyendo: Actualmente estoy leyendo «Palabras» de Jacques Prevert.
El primer libro que recuerdo haber leído: El primer libro que recuerdo haber leído es Platero y yo de JR Jimenez cuando era muy niño.
El libro que cambió mi vida:No creo que ningún libro haya cambiado mi vida, sí la Poesía en general y un libro importante fue Demian de Herman Hesse.
El libro que más ha influido en mi manera de escribir: Creo que todos de una manera u otra influyen en mí, ya que al ser autodidacta trato de absorber lo que me gusta de cada uno y aprender.
El libro que me gustaría haber escrito: Creo que «Cien años de soledad» por decir alguno de tantos.
El libro que está (según su criterio) más sobrevalorado: No creo poder decir si algo está sobrevalorado, las valoraciones o infravaloraciones son relativas. A mi humilde entender.
El libro que está (según su criterio) más infravalorado: No creo poder decir si algo está sobrevalorado, las valoraciones o infravaloraciones son relativas. A mi humilde entender.
El último libro que me hizo llorar: Ningún libro me hizo llorar por ahora. Si me conmueve la belleza de las metáforas de Lorca o Neruda por ejemplo.
El último libro que me hizo reír: El libro que me hizo reír y por el que me gusta leer teatro, fue Medida por Medida de W. Shakespeare.
El libro que no pude acabar de leer: Ninguno.
El libro que me avergüenza no haber leído: Bueno, muchos libros no he podido leer por distintos motivos, pero vergüenza no. Vergüenza es robar decía mi madre.
‘Ese’ libro que me encanta y leo a escondidas: Tengo un antiguo y pequeño libro de poesías de Jose Maria Pemán que a veces leo sin que nadie me vea.
El libro que regalo: Me gusta regalar libros con letras de tangos.
El poema por el que me gustaría ser recordado: Me gustaría que me recuerden por uno que le escribí a mis abuelos cuando era adolescente y que ganó un concurso intercolegial de poesía. Fue algo importante para mi vida.
Carmen Verde Arocha (Caracas, Venezuela, 1967) es poeta, editora y gerente cultural. Licenciada en Letras (UCAB, 1991) y cursante de estudios de Maestría en Historia de Venezuela en la UCAB es también miembro fundador y directora de la Editorial Eclepsidra de Caracas (creada en 1994) y Profesora de la Universidad Metropolitana y de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.
Su obra incluye libros tanto de ensayo como de poesía:
Ensayo:
Cómo editar y publicar un libro.El dilema del autor (Caracas, 1° edición, 2013- 2° edición, 2017)
El quejido trágico enHerrera Luque (Caracas, 1992)
Poesía:
Cuira ((1° edición, 1997- 2° edición, 1998)
Magdalena en Ginebra (México, 1997)
Amentia (1999. Premio Contraloría General de la República)
Mieles (2003)
Mieles Poesía reunida (2005)
En el jardín de Kori (2015)
Canción gótica (2016)
Antología: Juan Liscano, Poesía selecta (1939-2000). Selección y prólogo de Carmen Verde Arocha y Rafael Arráiz Lucca. (España, 2015).
Hada tierra
¿De qué manera duele el vientre de una mujer que no ha parido?
Mi rostro mojado por el mar oculto entre los pechos de mi madre
Tristeza o fatiga en el centro del cielo y una melancólica hora que acobarda
Las manos enrojecidas de tanto trabajar la tierra El sabor a parir llega a través de la placenta Agrio como la orina de una cabra
La tierra bosteza siempre igual Lo distinto es cómo tocamos el vientre con los ojos la carne en los huesos la semilla en la vejez y a veces con las manos
Difícil hallar la llave materna ¿Me comprendes? Vivir tiene sentido y estar muerto también
– EN EL JARDÍN DE KORI. Caracas, 2015)
La concubina (segunda versión)
El amor siempre lo sueño con un pájaro en los dientes y el aire eleva una a una sus plumas
Esto ocurre en el alma
– CANCIÓN GÓTICA. Caracas, Gisela Cappellin Ediciones, 2017
(Fragmentos)
Tengo arenas en el iris
Vestida de novia o de siempre avanzo sin un velo que proteja los ojos del ayer de una niña de mármol y veo todo todo lo que es fábula con lágrimas de muerte de manos quemadas como quien avanza después de muchas leguas de fuego del fuego de mi infancia la infancia que soñó mi padre padre por eso el cielo es indiferente dime cómo debo recordar tus ojos de odios el jueves de un diciembre de lluvias dulces sin la invocación de un niño Jesús que vengara la tristeza
Nuestra infancia tiene algo de sepulcro y la adolescencia esa momia que halla una herida en la oración oración que evoco en este verde silencio de labios terracota plenitud de medias nylon en piernas de pétalos yermos
Esta semana tenemos el cuestionario de Nitsuga_Amano. Ya sabes, si has superado los 100 poemas publicados en nuestra web, escríbeme a jlregojo@poemame.com y me pondré en contacto para publicar tus respuestas. Gracias.
El libro que estoy leyendo
Antologías Poéticas de poetas conocidos y páginas de poetas independientes para leer e inspirarme.
El primer libro que recuerdo haber leído
Los Días Del Venado De Liliana Bodoc: las dos primeras sagas, la tercera no pude leerla.
El libro que cambió mi vida
El libro que cambió mi vida y me inspiró a escribir fue Antología Poética de Pablo Neruda. Fue el instante en que leí Constelaciones; era breve pero profundo y comencé a pensar porqué tan corto. Decidí escribir en una hoja un poema que pudiera transmitir ese mensaje de lejanía, romance y espera. De allí comencé a leer más y me interesé por la poesía, no he parado desde ese día.
El libro que más ha influido en mi manera de escribir
Leí muchas antologías poéticas que a lo largo de mis años influyeron en mi manera de escribir desde el mismo Neruda, Borges, Silvia Ocampos, Alfonsina Storni, Edgar Allan Poe, Julio Cortázar y Miguel Hernández. Todos ellos fueron poetas que me demostraron que la poesía es más que escribir palabras cognitivas.
El libro que me gustaría haber escrito
Una antología poética como Versos Libres, Puntos De Vista, entre otras…
El libro que está (según su criterio) más sobrevalorado
Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle
El libro que está (según su criterio) más infravalorado
Cuentopos De Gulubu María Elena Walsh
El último libro que me hizo llorar
El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.
El último libro que me hizo reír
Don Quijote De La Mancha de Miguel De Cervantes haciendo buenas parodias de las historias de caballeros y una buena tira cómica en alguno de sus diálogos.
El libro que no pude acabar de leer
No pude leer el último tomo de la saga Los Días Del Venado.
El libro que me avergüenza no haber leído
Algunas de las clásicas novelas de Julio Verne desde Viaje Al Centro De La Tierra hasta De La Tierra A La Luna
‘Ese’ libro que me encanta y leo a escondidas
El Amor, La Vida Y Las Mujeres De Mario Benedetti
El libro que regalo
Metamorfosis de Franz Kafka.
El poema por el que me gustaría ser recordado
Me gustaría ser recordado por los poemas con los que los lectores se sientan identificado o les haya gustado y disfrutado leer.
Cuando
se lee a uno de los grandes maestros de la literatura universal, se aprenden
cosas sobre la realidad de la humanidad y sus controvertidos avatares más
elementales. No es Poe al unísono un estandarte por antonomasia del suspenso y
la perenne capacidad de sobrecoger al lector en sus creaciones, sino que supo
cosechar con experticia lo metafísico inmerso en lo cotidiano, sirviéndose de
escenarios verosímiles y reales que dieron en aquel entonces (y hasta la
actualidad) un tono espeluznante y verídico a sus narraciones.
Una mirada profunda a los caracteres monstruosos de sus protagonistas nos permite saber que los colores del misterio y su acervo creativo eran inefables e inagotables, de hecho, la misma vida que le tocó vivir y su prematuro deceso siguen siendo hasta la fecha un misterio igual de ignoto que el que solía arrebolar en sus relatos.
El escritor, poeta, crítico y periodista estadounidense Edgar Allan Poe.
Su
influencia en Kakfa y otros grandes posteriores fue patente e irrefutable,
puesto que solo el hecho de sospechar que las abominaciones que confundidas con
fantasías de sus relatos tenían un sustrato en la realidad, lo hacían feroz e
impactante en sus argumentos para los fascinados lectores de su obra.
Haciendo
un alto aquí y meditando en sus fuentes, nos encontramos con esa miseria
existencial que él mismo retrataba con fidelidad a principios del siglo XIX,
con sus abandonos y diferencias familiares irreconciliables, que aplaudían el
desdén que siempre encontró en las instituciones sociales y que le valieron más
lágrimas que laureles.
Poe
fue poeta, que insistió en su arte hasta que las circunstancias de la vida le
obligan a abandonar el género y no solo eso, le orillan a la creación de otros
muy lucrativos y nuevos para su época. También fue ese perenne renovador de la
novela gótica y un personaje incomprendido para sus coetáneos. Cuando Edgar
Allan Poe arremete con sus relatos hay una huella de poesía en ellos, o un
latido de muerte y misterio que sobrepasan la condición propia de la ficción y
fijan el argumento en un realismo que busca entre las pieles de la tristeza, un
resquicio para redimir los sentimientos que le marcaron desde su más tierna
orfandad.
La
mezquindad del hombre, el egoísmo a ultranza y los tonos de lo sobrenatural que
construía con una naturalidad espasmódica, no emergieron en su literatura de
modo ocasional.
Tal
ciénaga de sentimientos y desencuentros vitales me llevan a enarbolar aquí la
tesis de que cuando ese engendro atronador de su poesía olvidada (Tamerlane and Other Poems, 1827, Al Aaraaf, Tamerlane and Minor Poems, 1829 y Poems, 1831) extinguía la llama
de su lirismo romántico y caótico, llega a esa misma transformación espiritual
(o existencial) que más tarde Kakfa reanimaría en obras como El Proceso o La
Metamorfosis, haciéndolo capaz de alcanzar la fama literaria con su poema
narrativo El Cuervo, 1845.
Es
en este punto donde hay un renacimiento y un imperio de cenizas que Poe va
urdiendo a modo de un mundo lleno de lirismo y tragedia, paralelo a sus
relatos, desfilan aquellos opúsculos avivados a la memoria de su esposa
fallecida Virginia Clemm (Lenore, 1843; Ulalume 1847; y Anabel Lee,1849) y otros más que exploran la condición de desamparo
de la vida misma en cuanto a ilusión. Imágenes caleidoscópicas y metafísicas, que
no llegan a trascender ni a publicarse en las revistas ni a servirle de
alimento ni sustento a su enjuto cuerpo.
Edgar Allan Poe, street art en Ciudad de, Mexico. Foto: Timothy Neesam (Flickr/CC BY-ND 2.0).
Poe
encuentra en Byron, Dickens y Barret Browning cadáveres poéticos profanables,
donde esparcir su esperma de luna y crear las facetas de un horror natural que
rayan en la estulticia humana más cruda y desencarnada. Porque, ¿cuál es el
peor y más protervo miedo que un ser humano puede resistir sino es el que le
enfrenta consigo mismo y sus miserias emocionales? Detrás de la Máscara de La Muerte Roja, hayun irrefutable destino al que nadie
puede escapar: la pérdida de otros y de uno mismo, la catarsis del sufrimiento
que nos expone a nuestros básicos y mordaces instintos de pervivencia y a los
que nadie puede soslayar ni siquiera amurallándose.
Cuando se lee a Poe se expone uno mismo a su propia locura, a su propia violencia monstruosa, que enajenada de culpa y remordimientos mesméricos se refleja en cada uno de los palpitantes pasajes de horror psicológico que inundan su obra, para mí, más que el miedo sempiterno, es la resurrección de su poesía emparedada viva, castrada de su inocencia, maullando y palpitando delatoramente por toda la eternidad.
Este lenguaje poético que creó para llegar a las masas y a los eruditos se describe en detalle en otros géneros que también cultivó y por el que es menos conocido, como lo es el ensayo. En este tampoco se podía apreciar la ausencia de un formidable aparato poético y lírico, que de Samuel Taylor Coleridge y según el mismo H.P. Lovecraft, fue evolucionando en una suerte de victimología simbólica de su propia autobiografía, que a tientas sus lectores y herederos fueron desenterrando con inquietante fruición.
Y es que el azote de la sociedad sacudió a Poe enervándolo en una suerte de pesadilla que Baudelaire y Borges le reconocieron en su obra como una de las columnas vertebrales que lo hacen inexorablemente póstumo. Ese romanticismo rescatado de las tumbas, ese olor a tierra muerta que se expele de sus líneas con un aire providencial, no sanaron sus trastornados pensamientos sobre las relaciones y la tragedia de su efímera existencia.
Por eso, cuando se acude a su poesía, se asiste a un panteón omnipresente que supera cualquier género para encontrarse con la realidad, con el retrato irrefutable de lo enfermizo que es al mismo tiempo horror y arte, perdición y novedad.
He aquí la maestría de la razón, doblegando sagazmente los periplos del corrupto romanticismo preñado de tinieblas de los que Poe hizo breve gala, hasta que se hundió en la criptografía de sus ignorancias. En El Escarabajo de Oro, la conciencia de la locura se confunde con la lucidez de un misterioso hallazgo y es como si oyéramos los ecos de la extraña isla donde se desarrolla la acción, situándonos en un escenario apócrifo donde no podemos escapar. Así mismo, ante las ruinas de Proserpina se tallan sus versos, pero sobresalen sus relatos influenciando el mundo todo, más allá de la literatura, hundiéndonos de lleno en la anatomía vasta e interminable del miedo, ese componente humano que no cesa y que Valéry determinó in extremis como el creador oscuro a partir de la nada.