Suzana Rudić nació en 1996 en Ruma, Serbia.  Su carrera de poeta comenzó en el año 2015, cuando se publicó su primer libro de poemas, El tiempo de las orquídeas.  Un famoso poeta serbio Matija Bećković escribió una breve reseña para esta obra. Su segundo libro de poemas, El otro lado del espejo, se publicó en 2019 y fue recompensado con el premio «Stražilovo». Su tercer libro se publicó este año y se titula La anatomía de las palabras. Algunos de sus poemas fueron traducidos al macedonio, al húngaro y al bielorruso.

Desde 2016 publica su obra en las revistas »KULT», »Bufonerija» y »REZ». Todas ellas están dedicadas a los jóvenes y a la creatividad. También escribe para un portal llamado »Pokazivač». Suzana también es editora de un blog cultural internacional llamado »Artkum».

El jardín de las agujas

Si encuentras a alguien como yo en el jardín de las agujas,

metido entre los ojos de las agujas, sacándose las espinas de los pies

y haciendo manojos con ellas, ese cumplió su condena.

Acarícialo como nunca me has acariciado a mí,

me han cautivado las lluvias, me han salpicado las olas tormentosas en los cabos de la espera.

Si encuentras a alguien como yo en el jardín de las agujas

regocijándose hasta con los truenos lejanos,

embadurnando su piel con albahaca y siempreviva, ese ha apagado todos los fuegos y

se ha tragado su propia muerte.

Te perdono las tormentas

Te perdono las tormentas frente al resplandor de los cielos ardientes

frente a los doabs de la confesión.

Silencioso estás. Orfeo, te has dormido hace mucho tiempo.

Entre nosotros se desliza una serpiente.

Ante la oscuridad, una palabra yace.

Tú, el núcleo de mi hueso, la antigua verdad – un testigo de lo (no) visto.

Te perdono las gotas de lluvia caídas entre nuestros dedos, resucitadas durante la oración.

Cambié mi vestido por los restos de velas quemadas en el valle de la crucifixión

para poder cantarte la balada bañada en sangre.

No llores.

En mis arcadas está escrita nuestra sinopsis.

Aquí. Juraré que no volveré a escribir.

La balada del Edén

La plaza de la ciudad huele a castañas asadas,

como amplitudes de tacto reducidas,

Como milímetros de desprendimiento estirados como bandas de goma en un nervio.

Una molleja debe digerir los miligramos de amor que salieron del epicentro de la noche.

La música de dos cuerpos entumecidos debe detenerse.

El hijo del Edén, tú y yo compartimos los platos llenos y el pecho vacío,

El hijo del Edén, bajo las costillas he puesto el cisma, he desgarrado los aterrizajes

por debajo,     

he preparado la embestida del cielo en llamas,

A cambio me haces tropezar en las entrañas del silencio, me haces cosquillas en el génesis del amor,

La tierra alrededor de mi costilla amontonas, sabiendo que no debes quitar las manos de

esa espina mía.

Ondeo con banderas blancas, tejo una mortaja para el refugio seguro,

Rastrojo ¿que atesorarás una suave mañana?

¿Serás enemigo, apagando los labios encendidos?

¿Me preguntas qué enfermedad padezco?

La que resucita de la muerte.

Yo digo: ¡Amén!

Traducción al español por Mariela Cordero



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