Andréi Antónovich Górenko, padre de Anna Andreevna Gorenko, se percató que su hija, ya de muy joven, tenía inclinaciones hacia la poesía, y decidió que no quería que hubiera ningún poema firmado con su respetable apellido, por lo que ella decidió adoptar el de su bisabuela materna y firmó toda su obra como Anna Akhmatova.
Nacida en Odessa, Uncraïna, en 1889, cursó estudios de derecho, historia y literatura y fundó, junto con otros poetas, el movimiento poético ruso llamado Acmeísmo, que básicamente consistía en huir del simbolismo y optar por la claridad y la realidad inmediata. Si bien es cierto que esta corriente duró unos pocos años, los poetas que la seguían mantuvieron las principales características en sus obra.
Los poemas de Anna, a pesar de tratar temas diversos, se ven bastante marcados por la situación política de su país y las experiencias y vivencias que tuvo que sufrir como consecuencia de ésta. Sus poemas publicados a continuación de la revolución de 1917, por ejemplo adoptan un toque patriótico y cívico. Posteriormente, seguirá manteniendo un toque político, sobretodo durante el régimen Stalinista, que Anna sufrió en sus propias carnes y en las de su familia: su primer marido acusado de traición, fue fusilado y tanto ella como su hijo fueron acusados de traición y deportados, y En 1924 sus obras fueron añadidas a la lista de libros prohibidos.
Anna Akhmatova
Anna vive unos años que inevitablemente marcarán su vida y su obra, hasta que finalmente logra regresar a Leningrado en el año 1944, pero la anhelada calma todavía tardaría en llegar, puesto que fue declarada reaccionaria apolítica junto con el escritor Mikhaïl Zósxenko , y expulsada de la Unión de Escritores Soviéticos, llegando a quitarles la tarjeta de racionamiento, en los años siguientes al fin de la Segunda Guerra Mundial.
Con la caída de Stalin, sin embargo, poco a poco Anna fue recuperando la vida; fueron publicadas de nuevo sus obras y algunas de las traducciones que había ido haciendo para sobrevivir durante el largo período de la posguerra, recibiendo incluso, con los años, merecidos reconocimientos.
De entre toda su obra, cabe destacar Réquiem, que es considerada como una obra maestra en honor al sufrimiento padecido por sus compatriotas.
Fallece en el año 1966, en un sanatorio en las afueras de Moscú. Actualmente, su apartamento de San Petersburgo se ha convertido en una casa-museu que se inauguró en el año 1989.
A continuación os invitamos a leer algunos de sus poemas más representativos.
LA TIERRA NATAL No la llevamos en oscuros amuletos, ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella, no perturba nuestro amargo sueño, ni nos parece el paraíso prometido. En nuestra alma no la convertimos, en objeto que se compra o que se vende. Por ella, enfermos, indigentes, errantes ni siquiera la recordamos.
Sí, para nosotros es tierra en los zapatos. Sí, para nosotros es piedra entre los dientes. Y molemos, arrancamos, aplastamos esta tierra que con nada se mezcla. Pero en ella yacemos y somos ella, y por eso dichosos la llamamos nuestra.
SÓTANO DEL RECUERDO Es pura tontería que vivo entristecida Y que estoy por el recuerdo torturada. No soy yo asidua invitada en su guarida Y allí me siento trastornada. Cuando con el farol al sótano desciendo, Me parece que de nuevo un sordo hundimiento Retumba en la estrecha escalera empinada. Humea el farol. Regresar no consigo Y sé que voy allí donde está el enemigo. Y pediré benevolencia… pero allí ahora Todo está oscuro y callado. ¡Mi fiesta se acabó! Hace treinta año se acompañaba a la señora, Hace treinta que el pícaro de viejo murió… He llegado tarde. ¡Qué mala fortuna! Ya no puedo lucirme en parte alguna, Pero rozo de las paredes las pinturas Y me caliento en la chimenea. ¡Qué maravilla! A través del moho, la ceniza y la negrura Dos esmeraldas grises brillan Y el gato maúlla. ¡Vamos a casa, criatura!
¿Pero dónde es mi casa y dónde mi cordura?
A LA MUERTE Si has de venir ¿por qué no ahora? Te espero. Me siento muy mal. He apagado la luz y te he abierto la puerta a ti, tan sencilla y asombrosa. Toma para esto cualquier forma, irrumpe como granada arrojada, o furtivamente, con una pesa, como un bandido experto. O envenéname con el tufo del tifus. O con un cuento inventado por ti, conocido por todos hasta la náusea, Para que yo vea la punta del gorro azul y al portero, pálido de terror. Todo me da igual ahora. Humea el Yenisei y resplandece la estrella polar, y el último horror vela el brillo añil de los ojos amados.
EL SAUCE Crecí en medio de un silencio de arabescos, en la habitación infantil y fría del joven siglo. No me era grata la voz de los hombres, sólo entendía la del viento. Yo amaba la ortiga y la bardana, pero por encima de todo el sauce plateado. (v.6) Agradecido, él vivió siempre junto a mí, sus ramas sollozantes cubrían de sueños, mi insomnio. Y, extrañamente, le he sobrevivido. Afuera el tronco cercenado permanece mientras otros sauces con voces alienadas algo dicen bajo nuestro cielo. Y yo guardo silencio….como si hubiera muerto un hermano.
INTRODUCCIÓN RÉQUIEM (Fragmento) Si te hubieran dicho a ti, la jovial, la adorada de todos sus amigos, la alegre pecadora de Zárskoe Seló, lo que pasaría con tu vida! Que con el número trescientos y un presente, harías la fila ante Las Cruces y cómo con tus ardientes lágrimas fundirías el hielo de año nuevo.. El álamo de la prisión se balancea y nada se oye! Pero cuántas vidas inocentes allí acaban…
EPÍLOGO RÉQUIEM (Fragmento) Ahora sé cómo caen las personas, cómo, debajo de los párpados, asoma el miedo, cómo el sufrimiento pone en las mejillas duras páginas de escritura cuneiforme. Cómo los rizos negros o cenicientos se tornan plateados de repente, la sonrisa se desvanece en labios obedientes, y en la risa marchita tiembla el pavor. Y no ruego por mí sola, sino por todos los que allí estuvieron conmigo, en el frío glacial, y en el calor de julio en los ciegos muros de color rojo.
Hay cierta poesía que a veces puede pasar desapercibida a primera vista, que aparece discreta y sin hacer apenas ruido, pero que, sin darnos cuenta, nos queda resonando de algún modo, agujereando poco a poco la conciencia y el alma, y al final, nos hace regresar a ella de nuevo. Algo así me ocurrió con la poesía de Pablo Mata; empecé a leerla y me encontré en general con poemas breves, algunos casi como una fotografía de tan gráficos, y otros con una profundidad abismal. Entonces me di cuenta; si nos damos el tiempo de adentrarnos en ella, de quedarnos unos minutos en sus versos, encontramos un paraíso de emociones y una invitación a la reflexión (crítica en parte) que es imposible que dejen indiferentes.
Podemos encontrar pequeñas cápsulas que hacen que nuestra mente se detenga un instante para centrarse en las letras y llegar a preguntarnos si, estamos realmente viviendo nuestra vida, o estamos siguiendo lo que nos mandan seguir. Sus versos pueden abrirnos los ojos y obligarnos, aunque no queramos, a despertar y tomar conciencia de nuestros propios pasos:
Si andas el camino de otro,
a cada paso,
tu destino está más lejos.
Pero, a su vez, podemos encontrarnos con una poesía de instantes que quedan plasmados en breves poemas, como si de un cuadro se tratara, que crean una imagen muy clara en la mente del lector, una brevedad que condensa un momento, tanto física como emocionalmente:
Fumando solo
la madrugada me acoge
disfraz de noche.
A medida que una se va introduciendo en su poesía, se va dando cuenta de cuántos matices esconde, si hablamos de invitación a la reflexión, por ejemplo, lo podemos enlazar con ese punto de crítica hacia el mundo actual, hacia la sociedad que estamos construyendo poco a poco; una magistral denuncia en un pequeño poema que es como un puñetazo a nuestras propias conciencias, a través de un mensaje directo y claro que no necesita más que sus propias palabras:
SED
En este lado del mundo
la abundancia se desborda
y el estómago de la suculencia
no tiene fin.
Hay un paladar insaciable engullendo novedades
con dientes de acero.
Todo dura poco y lo nuevo ya es viejo.
¿No es abrumadora
esta continua sed de poseer?
Pero, dando un giro en la temática, si algo podemos destacar de los versos de Pablo es la variedad, pues después de un poema que nos hace pensar y analizar, de manera racional, hacía dónde estamos andando como humanos y como sociedad, nos podemos topar con poemas con cierto lirismo y un aire más etéreo; observamos, por ejemplo, su poema Poesía, donde el autor nos explica de manera emocional y visceral, no racional, qué es la poesía:
Poesía
cordón umbilical que une almas,
gotas de una lluvia
a veces sedientas
a veces heridas en su caída.
Poesía
el crepitar de un fuego,
la sutil caricia
de los dedos del viento,
un campo
aliviado por el sol.
Poesía
ladrón de blancos entre palabras,
lápiz que rompe texturas
y silencia paisajes.
Poesía
canción del insomne,
soledad salpicada de ausencias.
Del toro bravo
su querencia.
Poesía
la atroz caída de un dios
demasiado valiente para suplicar.
Avinagrada seda.
Poesía
el aplauso del corazón
a la vida.
o también dejarnos llevar por la delicadeza luminosa de unos breves versos que nos dibujan un precioso atardecer ante nuestros ojos:
ESTA LUZ
Es esta luz
esta inconfundible luz.
Luz que dibuja formas en su mirada,
luz que orilla
con dulzura
a un mar cansado.
Es en este atardecer de mayo
el sol bosteza
y en todas las cosas
esta luz.
Pues a pesar de la dureza que algunos de sus versos más reflexivos pueden mostrar, hay una parte tierna, emocional, que nos habla de sentimientos, de recuerdos y memoria y, si con algunos poemas nos abría los ojos a la realidad, con otros nos los cierra con una caricia.
Creo interesante, después de exponer a grandes rasgos su poesía más crítica y más lírica, nombrar las pequeñas perlas de poesía japonesa que Pablo nos regala. Es cierto que a veces se concede la licencia de modificar ligeramente la métrica, alterando el número de sílabas que estríctamente configurarían una poesía concreta japonesa, pero sí suele condensar en los tres versos exigidos por algunas estructuras, respetando la temática, incluso mostrando kireji si es necesario, como sería en el caso de los hokkus, o centrándose más en la existencia humana, como sería el caso de los Senryu.
HOKKU
El viento barre
añoranzas de otoño.
El bosque desnudo.
SENRYU
A ciertas horas
en el sol y sombra de la espesura
leo versos.
HOKKU
Risas lejanas
abanicadas al sol.
El verano vive.
SENRYU
Como un bocado
la palabra se adentra
y te alimenta.
Dicho esto, os dejo algunos de sus poemas que podéis encontrar, junto con otros, en su página de Poémame (elpableras), no sin antes recomendaros también que os dejéis caer por su cuenta de Twitter (dicenquetecalles), donde podréis encontrar pequeñas perlas poéticas, a veces incluso ilustrando imágenes, que os harán sentir y pensar.
Abel Santos no es un poeta social, es un poeta humano y con los ojos bien abiertos. Como tal, le es imposible dejar de lado el entorno en que vive, la situación que se da en su país, en su sociedad, las injusticias que afectan al ser humano.
Abel ha conocido la parte más oscura de la vida, pero también la más clara, la del valiente que supera los peores tramos de una existencia y sale vencedor de una verdadera lucha de gigantes. Desde esa conocedora y amplia visión del mundo a pie de calle, nos ofrece un poemario donde presenta (y denuncia) la situación de un país, de una sociedad, en la década que va desde 2008 hasta el 2018, pero no una visión global, sino una visión al detalle, mediante pequeñas y punzantes verdades.
Esos han sido años convulsos, se han producido movimientos sociales, crisis económica de la mano de una crisis laboral, degradación de los derechos humanos, miseria… y qué tiene esto de poético, diréis; pues mucho si tenéis en cuenta que la poesía es la vida y que, como decía Gabriel Celaya, es también un arma cargada de futuro que Abel pone en sus manos y sabe muy bien cómo usar.
Creador del llamado Realismo Bastardo, y autor de una buena colección de poemarios, de entre los que destacan Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (2016, Chaman Ediciones), o Demasiado joven para el Blues, Antología poética 1998-2014 (2014, Eirenen Editorial), en este último poemario no deja de lado su esencia más pura, esa manera cruda y directa de mostrar, denunciar y exponer situaciones y emociones que se dan en la vida diaria. Eso sí, todo son un pequeño bálsamo que es el amor; el amor suaviza, el amor ayuda, el amor alivia y casi cura. Abel viene a decirnos que, de entre todas les miserias que componen la vida humana, siempre hay un pedacito de amor para hacerlo todo un poco más liviano; usando la famosa fase de Cohen, podríamos decir que la realidad está agrietada en la poesía de Abel, pero nos dice a su vez que por esas grietas quizás pueda entrar la luz.
Huelga decir se nos presenta dividido en tres partes o secciones que, si bien tienen una base común, se ven bien diferenciadas: Calle Abajo, Nocturnos y Calle Arriba.
Primera parte: Calle abajo
[…] A veces, en la noche de mi cuarto alquilado, yo me revuelvo y me incorporo y voy de trabajo en trabajo por días sueltos, porque 190 pulsaciones no son bastantes para las 200 que requería el puesto de grabador de datos.
(Fragmento del poema Cuentas la suerte a pulso)
Son una serie de poemas directos que muestran sin tapujos ni ornamentos innecesarios, la realidad de la vida, su parte más oscura, la frialdad, la soledad, la misera… todo quizás reducido a un cansancio y una apatía vital que arrastran los días. Abel convierte sus poemas en una denuncia del poco valor que se le da al componente humano, pero a su vez, es consciente y da la clave y la transmite para que eso no siga así: las cosas, con esfuerzo y con amor, pueden llegar a cambiar, pero hay que hacerlo.
[…] Uno se da cuenta tras empaquetar decenas de miles de relojes caros (junto con tus emociones más profundas), que el cliente no apreciará en el pedido nada más que el lenguaje de una estúpida y perfecta maquinaria.
Hay que seguir trabajando.
(Fragmento del poema El Encargado)
Extrapolemos el poema; no es sólo la maquinaria de un reloj, sino el día a día. Que a veces se nos olvida que detrás de todo, hay personas, y eso hace que el mundo se convierta en algo frío y deshumanizado. La sensibilidad del poeta se ve afectada, su visión se ve herida, ser poeta, a veces cansa, y duele. Pero no pierde fuerza en ningún instante, puede llegar a estar vencido, puede sentirse desfallecer de dolor, y llora… pero luego, sigue.
[…] Ahora que ya saben mil maneras de morir, sólo hace falta que la esperanza diga que hay una forma de vivir.
(Fragmento del poema Jinetes en la tormenta)
En esta primera parte del libro nos rodea una sensación de desamparo y desaliento, mezclada con cierta esperanza que asoma escondida, con cierto espíritu de resistencia y lucha, con una pequeña voz que nos dice que no debemos dejarnos llevar ni vencer, por muy oscuro que sea todo al rededor.
Segunda parte: Nocturnos
[…] Estás y no estas, como está mi corazón descorazonado; un corazón partido es un corazón corriente, una pieza clásica en la lírica del enamorado.
El mío, a veces se abre y ama, como un puño, valiente, simulando entereza con los pedazos que me has dejado.
(Fragmento del poema Blue en Brokenhearted)
Si algo hemos de destacar de esta segunda parte, es el corazón; nos expone realidades desde dentro, desde una zona más emocional y más sentimental. Me atrevería a decir que quizás es la parte más privada del libro, donde Abel, a pesar de dejar siempre en sus poemas rasgos autobiográficos, deja también rasgos de su alma, de su interior más emocional.
EL VERDADERO CLIENTE
Tener siempre la razón
no nos convierte en seres racionales,
dice el que todo lo paga
-lluvias, canciones, amantes-
el verdadero cliente, el corazón.
Esta parte central parece que suaviza ligeramente la crudeza habitual con un pequeño toque de lirismo, pero eso no significa que los poemas pierdan fuerza, más bien al contrario: si los poemas que constituyen Calle Abajo se clavan directos sin previo aviso, estos entran más a base de roces y sentimiento.
[…] te busco por esta larga mundial ciudad que nada sabe de ti
bajo este espacio que no siente tu respiración y sí mi desaliento
tú más sueño para este sueño de incansable delirio yo sólo ausencia por perseguirte en tu difícil lejanía.
(Fragmento del poema Manrique 2005)
Tercera parte: Calle Arriba
CIRCO EDITORIAL
-La novatada la pagamos todos. En cambio, ha pasado mucho tiempo; yo no pago dinero por mis poemas. Ya me conozco bien este mundo.
-Somos una editorial de prestigio, pero son tiempos de crisis para la lírica.
-Bien, dame entonces un pequeño adelanto y quince ejemplares de cortesía en calidad de autor.
-Vaya, me monto un circo y me crecen los enanos.
-Bueno, es lo que tiene montarse un circo con vistas al futuro. ¿O no?
No es igual la poesía continúa que el espectáculo debe continuar.
Con este poema se nos abre la puerta a la tercera parte del libro, Calle Abajo. Recuperamos los poemas de denuncia y afilados y críticos, salimos un poco de dentro y nos centramos de nuevo en el mundo exterior, aunque este no deja de ser nuestro mundo.
Toma protagonismo la poesía en su vertiente más ‘comercial’ o ‘simple’, poniendo en evidencia el negocio de las editoriales con la poesía que ayuda y colabora, en parte, a su degradación como disciplina literaria. Llama la atención el poema el Misionero, una especie de diálogo entre la poesía y el poeta (casi sería un monólogo de la poesía que el poeta nos cuenta); un poema que se ve como una dura crítica hacia cierto tipo de ‘poesía’.
[…] Estoy cansada de tu estilo, de tus predecibles duros poemas en postura del misionero, de tu monocorde solo de bebop para saxo que no se ríe de las normas, de esta partida de cartas románticas sobre la cama, de tanta sota, caballo y rey. Quiero que seas brutalmente sincero conmigo, y contigo, delante de todo el pueblo y para el pueblo…”
(Fragmento del poema El Misionero)
Es una tercera parte que parece preguntarse dónde está lo auténtico, parece querer ahondar mucho más allá de la mera superficialidad en la que parece que vivimos, y adentrarse en la realidad del mundo y de la vida, buscar lo esencial y primordial que tanto parece estar dejándose de lado, ignorándose.
[…] Quería volver a esa época en la que había algunas señales entre nosotros,
ser un librepensador, un niño, un vitalista;
formar parte de las criaturas del azar, del conjunto que da sentido a todas las cosas solitarias, y en la calle, toparme con el rostro del amor o el saludo de algún viejo amigo.
(Fragmento del poema La máquina del tiempo)
Nos hemos detenido un poco en cada una de las tres secciones que configuran el poemario, pero hay algunos rasgos que son la esencia de la poesía de Abel Santos, y que encontramos a lo largo de todo el libro. Estos rasgos son los que, a mi parecer, le otorgan la fuerza y marcan la personalidad de sus versos, y nos dicen que no podrían haber sido escritos por otra mano que no fuera la suya: la ternura, el amor y la supervivencia se juntan y se enfrentan a la más áspera realidad, con toda su crudeza y sus miserias, y todo aderezado con un trasfondo autobiográfico dándonos así, una vez más, el inconfundible sello de su poesía.
El libro se cierra con una sentencia clara y firme, que se convierte en los últimos versos del último poema de libro Selfie:
[…] Mi enfermedad: la esperanza; por droga la rima, por arrogancia la búsqueda de un destino con amor y la buena conciencia como síntoma de autoestima.
Casi podríamos reducir a estos seis versos la esencia básica del todo el poemario: esperanza, poesía, búsqueda, amor y buenos actos, para que el mundo cambie, la vida mejore y la humanidad acierte el camino. Y aunque se ponga poco en práctica, es cierto que esto es algo que Huelga decir, puesto que todos lo sabemos. Pero a veces es necesario que alguien nos lo recuerde.
No quisiera terminar esta reseña sin hacer especial mención a todos los invitados ilustres que en algún momento asoman la cabeza por entre los versos de Abel, descubriéndonos, así, algúnos de los autores o músicos que más han marcado su vida y han colaborado en hacer de Abel el poeta que es: Plath, Bukowski, Whitman, Baudelaire, Poe, Pessoa, Antonio Machado, Cernuda, Benedetti, Celaya, Carmen Jodra Davó, Alberto Tesán, Jim Morrison, Carver, Pedro Salinas, Chopin, Picasso, Roman Polanski, Scott Fitzgerald, Balzac, Hemingway, Neruda, Benjamín Prado, Wolfe, Will Bill Davison, Enrique Urquijo, Manolo Tena, Sílvia Pérez Cruz, Miles Davis, Javier Colina Tío, José Agustín Goytisolo, la poesía, la música… y cómo no, la vida y el ser humano.
Todos tenemos lugares, ambientes donde nos sentimos seguros, ese lugar donde nos quedamos y desde el que establecemos lazos hacia otros espacios. Nuestro hábitat conecta con los hábitats de nuestros semejantes para configurar lo que podríamos llamar nuestro mundo. Estos lugares, instantes, sentimientos y emociones se dan cita en Hábitats (Belén Olavarría, Editorial CatorceBis, 2018) para ofrecernos una visión más profunda de todos los pequeños mundos que configuran el mundo, desde uno mismo en su propio hábitat, hasta diferentes y diversos habitantes, con sus emociones y sus suertes.
El poemario se nos presenta dividido en tres partes, Nuestro Hábitat, Habitantes de un lugar llamado Tierra y Un habitáculo para el romanticismo.
PRIMERA PARTE: ESTE ES NUESTRO HÁBITAT
[…]
Y la niebla,
que anega el paisaje con su tupido manto,
sólo recula ante la insistencia
de la luz,
el brillo,
el sol,
esa alegría inesperada
que te sobrecogió por un instante.
(Fragmento del poema Niebla en el Camino)
Esta primera parte parece querer acercarnos al hábitat personal, donde quizás se encuentra la esencia de la persona. Es como si fuera nuestro primer período, nuestra introducción a la vida y las emociones que ello conlleva. Se nos presenta un lugar lleno de brillos, sonidos y cierto asomo de alegría mezclado con tintes nostálgicos de recuerdos. La brisa suave del verano parece abrir la cortina de flecos que nos da acceso a ese hábitat íntimo y personal:
CORTINAS DE PLÁSTICO
¿Te acuerdas de cuando las puertas eran de flecos de
plástico?, ¿y el aire caliente tocaba la escala completa
de notas musicales sobre ellas? Esa era la brisa de la
siesta.
Luego estaba el viento del atardecer, nada que ver
tenía con el anterior,
cuando las cortinas eran atravesadas por una
corriente melancólica y reconfortante
que anunciaba el final del verano.
Una brisa descarada, que penetraba por unas ventanas
de cielo violáceo
y jugaba a abombar solamente los flecos del centro,
como si una señora encinta
fuera a entrar de improviso.
No puedo evitar leer este poema y pensar en el origen, la llegada al mundo, la naturaleza de nuestro nacimiento. Como si a partir de ese momento, entráramos en lo que será nuestro propio e íntimo hábitat y, día a día, empecemos a construir, mediante experiencias, instantes, emociones, el que será nuestro lugar en el mundo.
Paralelamente, nos encontramos con cierta calma, con la pereza propia de las tardes calurosas, donde el aire caliente mece con calmada quietud los flecos de cualquier cortina de cualquier hogar, de nuestro hogar, para quebrarse de improviso por la entrada de una mujer encinta; quizás nuestro propio nacimiento.
A lo largo de los poemas de esta primera parte, nos encontramos con variedad de emociones, de sentimientos, pero la gran mayoría aparecen arropados por el calor y la luz del sol, de destellos; eso la convierte en brillante, le da luminosidad y fuerza, pero de manera magistral, Belén de repente nos adentra en cierta tristeza, la melancolía de un ocaso en el que una se convierte, de nuevo, en charco en la arena.
FUI CASTILLO DE ARENA
Fui castillo de arena.
En un corolario naviero
una mañana de junio
tuve forma de agujero.
Una zanja anti-invasores
de crecidas que uno no espera,
mejor preverse ante cambios en los corazones.
Y piscina instantánea,
poza,
o enterradora de los que se dejan.
Pero al caer la tarde
volví a ser charco de arena.
Este poema, uno de los más preciosos del libro, creo que engloba emoción, sentimientos, imaginación, tristeza, recuerdos… es casi como una vida condensada en unas pocas líneas.
SEGUNDA PARTE: HABITANTES DE UN LUGAR LLAMADO TIERRA
[…]
Ahora que lo pienso
creo haberte visto antes, allá por mi adolescencia.
Puede que fuéramos grandes amigas
de esas que comparten confesiones.
Salimos a la luz del día,
pero tú te has marchado ya.
(Fragmento del poema El Reflejo.)
En esa segunda parte, quizás la más intensa del libro, salimos de nuestro hábitat particular para adentrarnos en el mundo. Perdemos nuestro ‘yo’ más puro y avanzamos hacia adelante. Quizás es esa la manera de adentrarnos en la madurez, pero inevitablemente, combatiendo a veces ese deseo de mirar hacia atrás para ver si logramos vernos de nuevo.
Es en esta parte central del libro donde encontramos poemas que presentan una mayor profundidad. Se adentra en diferentes universos o pequeños hábitats que configuran el mundo, regalándonos pequeñas ventanas desde las que podemos observar -y sentir- otros hábitats, otras emociones diferentes, más adultas, más maduras, más intensas, más fuertes.
Vemos, por ejemplo, el poema Hábitats, que precisamente da nombre el libro; un poema intenso, con una profundidad densa que, a su vez, mezcla fuerza y ternura, y que Belén nos presenta Dedicado a todos aquellos que tienen Síndrome de Asperger, a los que tienen cualquier discapacidad y, en especial, a Laura.
HÁBITATS
Habitas en la luz de personas dormidas, ciudadanos de un hogar, llamado Tierra, que siempre sujetan una mano amiga.
Habitas en los dientes de león propulsados por el aire, en las lanas tejidas por insectos que resplandecen al sol, en el agua de lluvia que recogen las aceras y que no es más que un espejo, en las fórmulas complejas que recoge tu libro y que tan poco te cuestan recordar.
Habitas en tu armario y en tu ropa, la que odias elegir cada día, en el cepillo que peina tu pelo y al que tampoco gustas visitar. Habitas en tus virtudes y flaquezas, en la fragilidad de tus evidencias, en la posibilidad de que yo también tenga debilidades, en el ocultismo de mi realidad.
Compañero incansable que devora mis días, soy habitante de tu reino.
Habitas en la luz de personas dormidas.
Diferentes hábitats nos son expuestos, enseñándonos que hay muchos mundos que confluyen en ese lugar llamado Tierra. Sin embargo, son poemas que no escapan del realismo y de la actualidad, tocando temas tan en auge hoy como la inmigración; en el poema ¿Dónde está mi hogar?, un poema desgarrador, sutil e intenso, expone la soledad, el dolor, la valentía y a menudo el desconcierto que supone el verse sin hogar, en lugares extraños y con gente extraña:
[…]
Sin embargo, el tiempo pasó
y en las pieles de otros observé la soledad.
Crecía como una ortiga en un arriate de petunias,
y me pregunté cómo ellos sobrevivían a aquello,
dónde estaría su hogar;
si ya no les quedaba nada en este mundo,
si no había un espacio,
un momento, persona o rutina
que el tiempo no les hubiera arrebatado.
<<Sólo se tienen a sí mismos>>, pensé.
Y ese es su verdadero hogar.
(Fragmento del poema ¿Dónde está mi hogar?)
TERCERA PARTE: UN HABITÁCULO PARA EL ROMANTICISMO
LA CUEVA
Debajo de tus hombros hay una cueva.
Justo entre tu nuca y tu columna,
donde sólo a media tarde accede el sol
y el color de una toalla turquesa bajo tu piel
imita los reflejos que el agua cubierta proyecta sobre
la piedra,
y la piedra eras tú.
Esta tercera parte se nos presenta más suave y más, quizás, emocional que las otras dos. Sentimientos como la identidad, la memoria, la nostalgia más tierna, se encuentran en estos poemas para, como dice el título, constituir un habitáculo para el romanticismo. Y es que sentimientos los hay casi en todas partes, en todas las emociones, y a veces quizás sólo debemos querer sentirlos:
[…]
A veces la felicidad se encuentra en los momentos, en las circunstancias que les dieron paso: una ilusión, un pensamiento, un deseo.
(Fragmento del poema Veinticuatro de Diciembre)
Encontramos recuerdos, encontramos princesas, encontramos poesía, encontramos fecha navideñas, encontramos alma, aromas, sentimientos… ganas de sentir, de vivir, de amor:
HABLÁBAMOS DE AMOR
Algún día hablábamos de amor y fue primavera, que abandonó la estación más lúgubre del año.
Estábamos en plena era del milenio, veríamos los vientos por ser diferentes y peculiares, adorábamos perdernos entre la gente desconocida y ser “otros”, beber del cielo que nació fundente en la mañana con carne de juerga, desplomarse en la piel del sofá, y robar momentos a la vida perenne por llegar.
Hablábamos de amor y el futuro era presente. Lo único que amé en la vida eras tú, la única razón de existencia que encontré para quedarme.
Dijimos que brindaríamos por nuestra permanencia al momento, por no sucumbir al instante, al miedo fugaz que a veces nos amenaza.
Tuve que amar antes la idea de mi vida para encontrar en ti la paz, y fue tan cierto como bello que cuando más me quise a mí misma más difícil me supo amar.
Este pequeño habitáculo para el romanticismo esconde aquellas cosas que, aun sin poderse ver ni tocar, casi sostienen el mundo. Es un final emotivo, sentido y bonito para un libro que nos pasea por multitud de emociones, de personas, de lugares, de hábitats que, al final, configuran el mundo.
«Hábitats» (Editorial CatorceBis, 2018), es el segundo poemario de la sevillana Belén Olavarría. Y lo recomiendo.
Es inevitable hablar de la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer sin pensar en el Romanticismo, o hablar de la poesía romántica española sin pensar en Gustavo Adolfo Bécquer.
Permitidme recordar un instante que el Romanticismo surge, en parte, en contraposición al movimiento conocido como la Ilustración, donde la razón se tomaba como prácticamente el único medio para explicar y conocer la realidad, y llega marcado por la pasión, la concepción y la visión idealizada de la vida y del mundo, cosa que despierta cierto rechazo hacia el mundo real, y las ansias de libertad y evasión, fruto justamente del desacuerdo y el descontento con la realidad. Bécquer es considerado uno de los máximos exponentes de este movimiento literario en España, (concretamente, del llamado Romanticismo tardío, que ocupó la segunda mitad del s. XIX), tanto en el género poético (Rimas) con en narrativa (Leyendas).
Nacido en Sevilla, un 17 de febrero de 1836, perdió muy pronto a sus padres, cosa que propició que se uniera mucho a su hermano, el pintor Valeriano Bécquer, compañero de inquietudes artísticas y experiencias vitales.
Gracias a su madrina, con quien vivió una temporada, y a su flamante biblioteca, Gustavo Adolfo empezó a desarrollar más su sensibilidad literaria, a la vez que tomaba clases de pintura, pues también tenía arte para esta disciplina, aunque fue inevitable que la literatura acabara conquistando su alma.
Dibujo de Gustavo Adolfo Bécquer: El poeta y las musas.
A mediados de la década de 1850, se trasladó a Madrid, donde publicó algunos de sus escritos en periódicos y revistas, conoció el amor, la idealización, se introdujo en círculos literarios, y se dejó seducir por completo por la poesía, llegando a publicar algunas en revistas literarias. Llegó incluso a preparar un manuscrito con sus poemas que entregó a su amigo González Bravo para que lo leyera e hiciera un prólogo, pero se dice que a raíz de los actos revolucionarios que tuvieron lugar en Madrid en el año 1868, este manuscrito acabó perdiéndose. Bécquer recuperó la mayoría de los poemas de memoria y los recopiló en el llamado Libro de los Gorriones, aunque no fue hasta después de su fallecimiento, en Diciembre de 1870, que sus amigos Narciso Campillo y Augusto Ferrán recopilaron su obra y la publicaron, en el año 1871, bajo el título de Rimas, su poesía, y Leyendas su colección de leyendas y cuentos cortos.
Portada del manuscrito Libro de los Gorriones, 1868.
La poesía de Bécquer es principalmente, pasión, emoción y sentimiento. Es una poesía marcada por el amor y el deseo, por las ansias de alcanzar lo inalcanzable, pero también por la soledad y el dolor, con paisajes oscuros y nieblas que se confunden con el ánimo del poeta. Pero lo que sí tenía muy claro, es que un poeta no puede escribir si no ha sentido algo especial vibrando dentro, tal como el propio Gustavo Adolfo afirma en una de las Cartas Literarias a una Mujer:
Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son.
Así, Bécquer escribe desde el sentimiento mas íntimo y profundo, desde la idealización tan propia del Romanticismo, desde ese amor que casi no ha de ser correspondido para no perder esa intensidad tan dolorosa que llega a conmover el alma. Esto lo podemos observar, por ejemplo, en la Rima XI, donde se presentan diferentes mujeres dispuestas, pero la voz del poeta sólo desea que venga justamente la que no puede amarle, esa mujer idealizada que es imposible encontrar en el mundo real:
Rima XI
-Yo soy ardiente, yo soy morena, yo soy el símbolo de la pasión; de ansia de goces mi alma está llena; ¿a mí me buscas? -No es a ti, no.
-Mi frente es pálida; mis trenzas de oro; puedo brindarte dichas sin fin; yo de ternura guardo un tesoro; ¿a mí me llamas? -No, no es a ti.
-Yo soy un sueño, un imposible, vano fantasma de niebla y luz; soy incorpórea, soy intangible; no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú!
Leyendo su poesía nos damos cuenta que tiene muchos elementos que la convierten en especial y única. Es una poesía con una desnudez estilística y de forma poco común, con el uso general de la rima asonante en los versos pares (como se puede comprobar en la Rima XI anteriormente citada), dejando libres los impares, cosa que la dota de una musicalidad especial. A su vez, es una poesía que se presenta sencilla, pero no por eso es una poesía simple; la sencillez, en poesía, no significa que sea una poesía fácil, pues no es tarea fácil condensar un inmenso sentimiento en muy pocos versos.
Rima VIII
Hoy la tierra y los cielos me sonríen; hoy llega al fondo de mi alma el sol; hoy la he visto… la he visto y me ha mirado… ¡Hoy creo en Dios!
La intensidad conseguida en estos cuatro versos es tanta, que al leerlos uno puede llegar a pensar que es imposible amar un poco más. Y esta idea se desprende de un brevísimo poema de, como hemos dicho, sólo cuatro versos.
Uno de los puntos que definen el movimiento Romántico es la necesidad de evasión, a menudo, usando escenarios llenos de sombras, nieblas, fantasías… el misterio aparece casi como una salida del mundo real, una manera de alejarse de la realidad. No en vano, los artistas románticos sentían una fascinación considerable hacia la Edad Media. Esta huida viene dada principalmente por la búsqueda de un ideal, de una felicidad y una paz casi absoluta.
Este tipo de escenarios y ambientes cargados de inquietud y misterio, representados a menudo por cementerios, calles viejas y desiertas, criptas, bosques tenebrosos… se pueden apreciar muy claramente en las Leyendas de Gustavo Adolfo; sin embargo, demuestra ser un artista a la hora de incluir estos elementos también en su poesía, descripciones de lugares lúgubres y momentos relacionados con la muerte, instantes y espacios inquietantes abundan en sus poemas.
Rima LXXIV
Las ropas desceñidas, desnudas las espadas, en el dintel de oro de la puerta dos ángeles velaban.
Me aproximé a los hierros que defienden la entrada, y de las dobles rejas en el fondo la vi confusa y blanca.
La vi como la imagen que en leve ensueño pasa, como rayo de luz tenue y difuso que entre tinieblas nada.
Me sentí de un ardiente deseo llena el alma; como atrae un abismo, aquel misterio hacia sí me arrastraba.
Mas ¡ay! que de los ángeles parecían decirme las miradas: —El umbral de esta puerta sólo Dios lo traspasa.
Rima LXVI
En la imponente nave del templo bizantino, vi la gótica tumba a la indecisa luz que temblaba en los pintados vidrios.
Las manos sobre el pecho, y en las manos un libro, una mujer hermosa reposaba sobre la urna, del cincel prodigio.
Del cuerpo abandonado al dulce peso hundido, cual si de blanda pluma y raso fuera, se plegaba su lecho de granito.
De la sonrisa última el resplandor divino guardaba el rostro, como el cielo guarda del sol que muere el rayo fugitivo.
Del cabezal de piedra sentados en el filo, dos ángeles, el dedo sobre el labio, imponían silencio en el recinto.
No parecía muerta; de los arcos macizos parecía dormir en la penumbra y que en sueños veía el paraíso.
Me acerqué de la nave al ángulo sombrío, con el callado paso que llegamos junto a la cuna donde duerme un niño.
La contemplé un momento, y aquel resplandor tibio, aquel lecho de piedra que ofrecía próximo al muro otro lugar vacío, en el alma avivaron la sed de lo infinito, el ansia de esa vida de la muerte, para la que un instante son los siglos… . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Cansado del combate en que luchando vivo, alguna vez me acuerdo con envidia de aquel rincón oscuro y escondido. De aquella muda y pálida mujer me acuerdo y digo: —¡Oh, qué amor tan callado, el de la muerte! ¡Qué sueño el del sepulcro, tan tranquilo!
El artista romántico puede llegar a considerarse, de algún modo, superior y diferente al resto, con una sensibilidad especial, para sentir y ver en su interior emocional, como no tienen otros; esto lo hace distinto a los demás y, a su vez, lo aísla buscando su propia soledad, pues siente que no encaja de ningún modo en el mundo en el que vive, que no es comprendido. De ahí podría nacer un punto también destacado de esta corriente literaria como es el Culto al yo, la exaltación de uno mismo.
Rima VIII
¡Cuando miro el azul horizonte perderse a lo lejos, al través de una gasa de polvo dorado e inquieto; me parece posible arrancarme del mísero suelo y flotar con la niebla dorada en átomos leves cual ella deshecho!
Cuando miro de noche en el fondo oscuro del cielo las estrellas temblar como ardientes pupilas de fuego; me parece posible a do brillan subir en un vuelo, y anegarme en su luz, y con ellas en lumbre encendido fundirme en un beso.
En el mar en la duda en que bogo ni aún sé lo que creo; sin embargo estas ansias me dicen que yo llevo algo divino aquí dentro.
Pero si algo destaca en el Romanticimo y, por consiguiente, en la poesía de Gustavo Adolfo, son las ansias; ansias de huir, ansias de aquello que no se puede conseguir, ansias que llevan a un descontento con el mundo real, ansias que rozan la desesperación. Este sentimiento, en parte de frustración, lo vemos en la Rima LXVII, donde Bécquer habla de diferentes placeres de la vida tales como un precioso amanecer, una buena siesta, un buen banquete…. pero el alma siempre estará vacía, siempre precisará de algo más que es imposible de conseguir.
Rima LXVII
¡Qué hermoso es ver el día coronado de fuego levantarse, y a su beso de lumbre brillar las olas y encenderse el aire!
¡Qué hermoso es tras la lluvia del triste otoño en la azulada tarde, de las húmedas flores el perfume aspirar hasta saciarse!
¡Qué hermoso es cuando en copos la blanca nieve silenciosa cae, de las inquietas llamas ver las rojizas lenguas agitarse!
¡Qué hermoso es cuando hay sueño dormir bien… y roncar como un sochantre… y comer… y engordar…! ¡y qué fortuna que esto sólo no baste!
A su vez, ligeramente atada con esta desesperación y esta desolación, tenemos la Rima LXVI, que reúne también diversos elementos significativos, que remarca un pesimismo absoluto, una falta de fe hacia el mundo y la vida. La desolación es casi palpable en este poema, ese sentimiento que roza el desengaño con todo lo que rodea al al autor y con uno mismo:
Rima LXVI
¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero de los senderos busca; las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura, los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas, te dirán el camino que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El más sombrío y triste de los páramos cruza, valle de eternas nieves y de eternas melancólicas brumas. En donde esté una piedra solitaria sin inscripción alguna, donde habite el olvido, allí estará mi tumba.
Un poema que cabe destacar de toda la obra de Bécquer es la Rima LXXIII. Y lo destaco por la maestría con la que el autor nos describe un duelo de manera extremadamente gráfica, como si de un cuadro se tratara, de una secuencia de imágenes que casi configuran un cuento, y que van tomando forma en la mente del lector, de una manera nítida y clara. Esta descripción, desde el fallecimiento de la niña, hasta que el cuerpo es sepultado, lleva al poeta, espectador de todo el proceso, a reflexionar sobre la muerte y, a su vez y de manera inevitable, sobre la vida.
Rima LXXIII
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron.
La luz, que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho, y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo.
Despertaba el día, y a su albor primero con sus mil ruidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!!
De la casa en hombros lleváronla al templo, y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros.
Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto.
De un reloj se oía compasado el péndulo y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba, que pensé un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!!
De la alta campana la lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas, amigos y deudos cruzaron en fila formando el cortejo.
Del último asilo, oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo: allí la acostaron, tapiáronle luego y con un saludo despidióse el duelo.
La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto. Perdido en las sombras yo pensé un momento: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!!
En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo. Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan sus huesos!…
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es vil materia, podredumbre y cieno? No sé; pero hay algo que explicar no puedo, que al par nos infunde repugnancia y duelo ¡al dejar tan tristes, tan solos los muertos!
Para terminar, quiero dejar dos de las Rimas más conocidas de Gustavo Adolfo, de aquella que, por mucho que el tiempo pase, jamás dejarán de repetirse cuando se hable de poesía, cuando se hable de Bécquer. Porque podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía.
Rima IV
No digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira; podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas, mientras el sol las desgarradas nubes de fuego y oro vista, mientras el aire en su regazo lleve perfumes y armonías, mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance las fuentes de la vida, y en el mar o en el cielo haya un abismo que al cálculo resista, mientras la humanidad siempre avanzando no sepa a dó camina, mientras haya un misterio para el hombre, ¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma, sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen los ojos que los miran, mientras responda el labio suspirando al labio que suspira, mientras sentirse puedan en un beso dos almas confundidas, mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía!
Rima VII
Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en las ramas, esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz como Lázaro espera que le diga «Levántate y anda»!
Nació mi poema sabiéndose breve, (el corto aleteo vital de la mosca) sin lomos dorados ni sueños de gloria, sin palabras graves de alargadas sombras, lejos del pesado lastre de las horas. Nació este discreto parpadeo sin pompa, sólo para hacerse, palabra en tu boca.
Bien lo sabe que sus versos, al leerlos, se hacen poesía en la boca; su musicalidad, su ritmo, sus rimas… estas características formales hacen que todo lo que escribe, al leerlo, salga de la voz hecho todavía más poesía. Una poesía con una sencillez que, paradójicamente, lo que consigue es resaltar su profundidad y su belleza.
Tiene el don de jugar con los estilos, desde poemas populares, con una métrica mucho más marcada, a caballo entre los romances, o romancillos, y las coplillas, como se puede apreciar, por ejemplo, en poemas como Tu mosca presa, Coplilla del niño río o en este poema Niña Lunera:
Mi niña lunera dormida en el cobre tendida a mi vera
espuma de arrullos que velan tus sueños flor de mi vereda
Mi niña lunera sentada en el viento soñando quimeras.
Para llegar también a trabajar de manera magistral poemas más maduros y profundos, que juegan con el verso libre, siempre con esa rima sutil, esa musicalidad que hace que, como hemos dicho al principio, se hagan poesía en la boca.
Don’t let me fall, Edu Gallego
Pero sus versos van mucho más allá de la forma, mucho más allá de esa rima cuidada pero disimulada, ese ritmo distraído y a su vez estudiado; su poesía es ante todo, humana. Es una poesía con sentimiento; Edu se agarra a las emociones y a las relaciones humanas y las desgrana, las abre, la para mostrarlas desnudas y claras en sus versos.
La brevedad de muchos de sus poemas, en este sentido, creo que juega a su favor, pues es capaz de sintetizar el sentimiento o la emoción, y dotarlas, así, de una intensidad mucho más marcada.
La calle fría y desnuda, triste, anodina y vulgar.
Los campos secos de lluvia, gris y erizada la mar.
Hoy es otoño y es martes.
Siempre es martes si no estás.
En este poema, por ejemplo, con sólo siete versos, casi puede palparse la tristeza, el vacío; vocabulario muy gráfico y bien usado, así como el uso de versos relativamente breves, para intensificar la emoción: secos, triste, anodina, fría… Si observamos, por ejemplo, su poema Cenizas, nos encontramos dos versos que marcan perfectamente la sensación de apatía y pocas fuerzas que el dolor y la pena a menudo nos dejan:
Lleva tiempo, demasiado, dejar atrás el dolor. Todo lo cura dicen, rellenas el día de hoy.
Sólo en estos dos versos podemos ver que el tiempo pasa, y que no es suficiente para curar algo que duele, que no hay ganas de vivir, que el día, simplemente se rellena por pura inercia o rutina.
Es interesante, dentro de las emociones humanas que pueblan su poesía, encontrar cierta nostalgia que se destila de algunos de sus poemas como, por ejemplo, su poema Remolino, en el que podemos detectar reminiscencias de la infancia, el recuerdo, la inocencia, el juego… recuerdos que arrancan sonrisas y alejan penas. La infancia nos aparece como aquello puro, aquello inocente, sonriente, que aún no conoce mal, que da vida a las calles… aunque entre líneas se podría entrever el lamento por la pérdida de esas características tan propias de la infancia:
Niñas en corrillo remolino, juegan
uniformes ocres aturden, enredan
embarullan calles y sanan dolencias
de ancianos y novias sentadas, compuestas
que arrancan sonrisas y alejan mis penas
Otro dato destacable de su poesía es la aparición de temas de actualidad con un ligero punto de crítica, sutil pero directo, hacia cosas concretas del mundo en que vivimos. Poemas como Meetic Times analizan esta tendencia actual de buscar relacionarse con personas a través de las redes o por páginas webs buscando el grial de la piel amada. O bien temas como la prostitución, que aparece en su poema Comarcal 426, De coloridas celdas piel y sexo de pago jaulas a cielo abierto cárceles en el campo, un poema que está escrito sin usar ningún verbo; sustantivos y adjetivos que aparecen como una numeración, remarcando sordidez, desolación.
Enlazado con los temas actuales, nos encontramos con el poema Autopsia, un poema que trata la violencia de género de manera directa y cruda. A mí parecer, uno de los mejores poemas y más duros, escrito con versos cortos que le dan una fuerza y una intensidad que hace estremecer el alma al leerlo:
Vi en sus ojos el vacío, las manos llenas de angustia, en su pecho vi el silencio.
Vi sus párpados pesados, vi la sombra, el menosprecio, vi su pelo.
Vi marcas de puño y letra, impresas a sangre y fuego, en ninguna se leía ni tan siquiera un -te quiero-.
En esta línea de poema breves e intensos, quisiera destacar uno que me ha llamado mucho la atención, quizás porque engloba las principales características de la poesía de Edu: sencillez, humanidad, belleza, sentimiento, fuerza, sutileza y brevedad. El poema Solo Sola, que en diez brevísimos versos es capaz de captar y englobar el sentimiento de una madre:
Ella no es ella ni es nadie. Solo duda, angustia, por qué.
Solo grito, solo madre, solo sola, caricia y fe.
No quisiera acabar este artículo sin dejar una pequeña selección de poema donde podréis apreciar la magnitud de su poesía que, en una aparente sencillez, esconde una inmensa profundidad, mucho sentimiento y un gran análisis de las relaciones humanas y del mundo actual. Pero permitidme que antes de pasar a sus poemas os recomiende que os dejéis caer por su perfil de Twitter @Caganios, donde podréis disfrutar de su otra faceta artística, la fotografía: pura poesía hecha imagen en blanco y negro.
Que lo disfrutéis.
Náufrago al fin
Tu brisa es caricia de mi piel ajada. Tus ríos, el agua que mi sed apagan. Tu costa, refugio de mi alma varada. Lamen obstinadas tus olas, mis llagas.
Yo, roto y desnudo, bendigo el naufragio que a tu isla me arrastra.
La lentitud de las horas
Una y otra vez vivimos la edad en que gira la vida. La lentitud de las horas. La suave brisa que cambia el rumbo de olas y días.
Fuimos algo en esa espera una mirada, un rescoldo el eco de un aguacero, puede que sólo mentira.
Soledades que se buscan que se mienten y cautivan dudando, si ser o no, una soledad o dos.
A Miguel Hernández
Retratos tumbas y flores para decir aquí estuvo aquí descansan sus huesos
y fue feliz , o no pudo y vivió, o le vivieron
y eligió amar y murió o más bien, le murieron
y quedan entre los restos palabras hechas de luz y mucho más que recuerdos.
Quisiera ser palabra
Anhelo de llanura es la montaña, deseo de los pastos y los valles y yo, mírame bien, tan solo un hombre, menudo y flaco, sin mas gracia que unas manos que añoran ser palabra, que nacen sin permiso, se atragantan se apelmazan y sueñan ser montaña, vereda, pastos, sendas y no alcanzan a ser sino la sombra que anhelaban.
Ícaro
Vuelvo a volar sobre un sueño, buscándome en los espejos.
Vuelvo a quemarme las alas, a quedarme en el intento.
Vuelo sobre las veredas a vestirme con el viento. Vuelvo a sentir el rozamiento, a revolverme en un solo pálpito latido intenso. a interpelar la mirada, densa que me quema dentro.
Noche sin entrañas
Y engendras la noche de amarillo amargo, donde luces ebrias descalzas resbalan.
Una noche oronda, de inhóspitas almas, de cruces a cuestas de oscuras palabras
La piel sin su brillo la voz sin entraña y agrietado el rostro regresas al alba.
El fotógrafo
Un cíclope voraz, anónimo y perverso. La ciega inclinación por la memoria, la gloria de un retazo en blanco y negro.
Se jacta de extirpar al mundo los anexos de restar dimensiones a un espacio sin dueño.
Su vida es adicción por una sombra, seductor de realidad, contrabandista, vive de secuestrar y amordazar recuerdos, de buscar insatisfecho entre las almas su reflejo.
Cae lenta
Cae lenta, indultando los pecados, blanqueando persistente la vergüenza, sobre los hombros tozudos de los hombres, cae lenta. Como un sudario de morgue uniformando las caras, los cuerpos y las cunetas, cae lenta, ocultando los escombros, envolviendo de los vivos armoniosa, la miseria.
Sargazos
Una ciudad detrás de las ventanas como un páramo indolente de ojos grises sueños grises, niños grises, como un mar de los sargazos, sin pájaros, ni olas ni viento nada cambia.
Es martes o lunes o sábado y un poeta recita monocorde
Al final podréis ver el nombre de los más de 50 poetas que nos han dejado un pedacito suyo para crear este poema.
Muchas gracias a todos por haber participado en este particular homenaje.
¡Salud y poesía!
POESÍA ES…
Una flor floreciendo de la grieta; limpiar la herida, drenar la pena.
Poner alas a las palabras, dar voz a los sentimientos, compartir emociones.
Respirar la lluvia e inhalar el recuerdo soplar el verso, morder el viento.
Decirle a la vida que existo, existir para decirle a la vida.
La salida del abismo, la repetición de lo irrepetible. La entrada del amor, la salida del tango en hojas que estaban en blanco.
Atrapar un idioma que no existe, compartirlo y que te entiendan, descubrir la luz de las sombras mientras se camina sin rumbo.
Hacer un cuento de nuestra vida, vivir cada día como una elegía.
El idioma de los objetos orgánicos e inanimados; la decoración del amor y la música que escucha el alma apasionada.
Indagar y descubrir la intimidad de tu alma ante los ojos de la humanidad.
Metafórame, hazme versos, un silencio a gritos dentro de todos los pechos.
Respirar el viento, latir sin prisa, romper la muerte, amar la vida, soñar despierto, inmortalizar la osadía radiar versos sin ninguna mentira.
Traducir los sentires del alma capturando en un verso lo que la vida se lleva.
Salvación, quién me besa, me levanta, me despierta, seca mis lágrimas va arrancando mis amaneceres muertos.
Entonces Dios creó al hombre y el hombre creó la poesía y Dios vio que era bueno y lo dejo ser.
Dice el hombre: -¿Qué es poesía? Es la agitación violenta y repentina de sentimientos mezclados con pensamientos creando diversidad de mundos, se podría decir de ahí nace un universo infinito…
Desatar el arte con un verso, inmortalizar un sentimiento disperso, materializar una obra en el universo.
Un camino y un destino, una elección y un don primario, la sangre y el agua del costado que mana lo divino o cavernario.
En la poesía hay vestigios exactos de almas curadas.
Es volar a lo más alto… planear en los recuerdos intentar difuminar… lo que nos quema por dentro.
Abrir la puerta del desahogo.
Poesía, si ella fuera la voz de un corazoncillo, yo diría… sería la música que hacen las piedras en un bolsillo.
Poesía son palabras aladas que escapan al viento. Amor, fuego, ternura, desaliento… tu corazón desnudo en unos versos.
Olas de mar que llevan mi alma sobre sus aguas, a veces embravecido, a veces en calma…
La belleza del cromo áspero y austero de la ordinaria realidad, un manifiesto que brota del corazón.
Los fraseos de la existencia cuando se cierran las salidas. Desvelos borrachos que descomponen sinónimos.
Arrastrar el viento con el pensamiento, cerrar los ojos y amar en el silencio, caminar descalzo en un desierto tener un alma desnuda al cielo.
El grito de un susurro quebrado, pasto acariciando la planta del pie, huella del recorrido de la lágrima.
Amor, verdad, sentimientos, sueños vivir, luchar, tener esperanza ser o no ser, amar o no amar; poesía lo es todo y no es nada pero sin ella vivir no podemos.
Que una vez entrada la cicatriz por los pétalos sucios del suelo y un hombre que otro muriendo, que ese viaje sea resistente desde el momento de la creación.
Que los huesos apenas inundados por diarios que se cortan en forma de versos o de un chorro de madera incendiada, seamos nosotros. ¡Oh nosotros! poetas, caricias o círculos de dulzura.
Rimas que te estrujan el alma lluvia de palabras que te versan.
Hija de la unión entre la poeta y el universo objetivo de las cosas.
Que te brille la mirada respondiendo a mi sonrisa, que me llegue con la brisa tu candor de enamorada.
Poesía, no eres nada para mí, sólo el tic tac en la memoria mientras lo cotidiano existe.
Una rosa con raíces en la herida. La derrota que te enseña qué es la vida.
Historia que canta cada vez que el corazón siente.
El átomo flotante en el círculo cromático común entre dos burros que se abrevan en un símbolo prismático.
Lo que no puedo ver de mí es lo que soy. Soy poesía, lo que no puedo tocar, pero lo puedo sentir y hacerlo tangible.
La expresión pura del ser que da vida a sus sentimientos….
La algarabía de una canción en ambrosía, los versos de la mañana, el aroma a café y el amor que baña tus días.
Es lo que yo te diría, sin palabras solo besos en cada latido, en cada verso.
Eclipse de afonías y gritos, un espejismo y un abismo que me abre a través de mis estigmas.
Sentimientos que se esconden tras la piel, abrazados al alma…
Sentidos concentrados en una gota de lluvia, la fragilidad del aroma, tierra mojada. Te camino, poesía, cuando mojo mis pies desnudos en relente salado.
Un verbo que alza vuelo, una conjugación del ser humano.
Es las alas que faltaban en las palabras.
Un latido que prende el silencio de las estrellas. Un eco que amanece en el sentir.
En las llamas del poema, cada poeta encuentra respuesta Poesía eres tú… soy yo, cada uno de nosotros.
Poesía es Sofía en tu vida y la mía.
La trascendencia de los pensamientos y las emociones de toda la humanidad.
Una huida: no de mí sino hacia Eso que me hace humana.
Bailar con las palabras, a veces… llorar y morirse entre los versos.
el sonido de tus gemidos, de amarillo dulce, en oleadas suaves, deshojándose ardía, lentísima, balsámica, olorosa.
Los ojos de mi madre mirando este hoy, las manos de mi madre tocando el ayer.
Donde encuentro mi refugio y donde mi alma se expone en su mayor expresión.
Quizá sea la poesía, un salto al vacío para poner unas alas a las crisálidas del estómago.
Es los suspiros de mi lápiz gritándole al mundo que él está vivo, gritando al mundo con letras que no tiene nada de malo ser diferente.
Derramar todo el espíritu en cada verso para ser escuchado por Dios.
La verdad desparramada en los pliegues de mi piel.
Hace justo un año explicábamos el origen del Día de la Mujer Trabajadora y os ofrecía una selección de poemas feministas celebrando o, mejor aún, reivindicando este día. Hoy voy a centrarme en otra cosa…
Celia Sánchez-Ramos, farmacéutica e investigadora del ramo ocular. Creó el sistema de reconocimiento biométrico mediante la estructura corneal, usado hoy en día en bancos e infinidad de edificios como uno de los mejores sistemas de seguridad.
Sofia Ionescu-Ogrezeanu, fallecida en 2008, fue una de las primeras neurocirujanas del mundo. En el año 1944 realizó su primera intervención. A partir de ahí, dedicó el resto de su vida a la neurocirugía, convirtiéndose en una pionera en ese campo.
Fátima El Fihria, marroquí, fue la fundadora del primer centro de estudios superiores del mundo, la universidad más antigua del mundo, situada en Fez. Fue una rica heredera que dedicó toda su fortuna a esto.
Rosalind Elsie Franklin, química y cristalógrafa, consiguió las primeras imágenes de la molécula del ADN, descubriendo así su forma y estructura, siendo sus investigaciones básicas para los avances científicos de la genética. Sin embargo, sus éxitos en este campo jamás fueron reconocidos.
Marie Gouze, conocida como Olympe de Gouges, a finales del XVIII escribió la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, el primer escrito que reivindicaba la igualdad jurídica y legal entre hombres y mujeres. Activista, defendió y lucho por los derechos de la mujer y de la opresión de las clases trabajadoras.
Hedy Lamarr, actriz estadounidense que, en la segunda mitad del s.XX creó un sistema de codificación de transmisores que, con el tiempo, acabaría convirtiéndose en un sistema de comunicación inalámbrico conocido como WiFi.
Maria Cunitz, nacida en el s.XVII, fue una astrónoma destacada que realizó los cálculos de la posición de los planetas en el espacio, corrigiendo incluso los datos de Kepler, y creó tablas para calcular la posición y el momento de los eclipses. Sin embargo, en astronomía, es mucho más reconocida la figura y la labor de Johannes Kepler que no la de Cunitz.
Ángela Ruiz Robles, española, diseñó la primera enciclopedia mecánica para facilitar el estudio, dotándola de luz y adaptada al nivel de cada estudiante. La evolución de su creación ha acabado desembocando el llamado libro electrónico o e-book.
Evelyn Berezin, fallecida en el 2018, fue una ingeniera informática y graduada en física que diseñó uno de los primeros procesadores de texto, partiendo de la idea de un programa que permitiera almacenar texto, y sistemas informáticos para efectuar reservas de manera telemática.
Radia Joy Perlman, también llamada la madre de Internet, fue una pionera de la creación de software, como el Procotolo Spanning Tree (STP) fundamental para el funcionamiento de las redes informáticas.
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Mujeres que han sido clave en la historia y, sin embargo, su nombre apenas nos suena. Esto es una pequeña muestra que las mujeres no han sido, ni son, valoradas como merecen. El mundo siempre ha tenido tendencia al patriarcado en todos los sentidos. Y mientras esta situación no se normalice, seguiremos reivindicando unos derechos que no es que los merezcamos, es que son nuestros.
Para estas mujeres y, por extensión, para todas las mujeres del mundo, nuestro pequeño homenaje poético con una selección de los poemas publicados en Poémame, por el Día Internacional de la Mujer.
Una vez más, va por vosotras, luchadoras. Y seguimos queriéndonos vivas.
AMOR DE MUJER – @Cleme_Eternamente (Jotabé dodecasílabo acróstico)
Acaricias tan sólo con tu mirada mujer de perfecta sonrisa encantada.
Omnipotente siempre es tu franco amor refulgente estás en cada nuevo albor dispuesta a sustraerte de tu dolor en pos de aliviar en otros su amargor.
Mil caricias, tus suaves manos nos brindan uniendo fuerzas y brío que nos blindan.
Justicia es tu lema…, mujer esforzada envuelta en nubes de cándido dulzor ríe siempre, que tus sueños no se rindan.
En tus ojos he visto mujer, motor y pilar de la vida, aún cuando ésta se pone cruel y te convierte en víctima.
He visto en ti la esperanza cuando todo se rompe y pervierten tu esencia.
Te he visto… entre desastres naturales y guerras, como moneda de cambio de un mundo en conflicto, que contigo, violento se ensaña.
Mujer sin nombre vulnerada en tus derechos. Mujer de rostro marcado por el ácido mostrando tu desgarro; aguantando un día más… Uno más. Aunque nada quede en pie, aunque el hedor a vacío y a muerte se agarre despiadado sobre tu piel… tú aguantarás.
Aquí… tu dolor se diluye al apagar el televisor. al apagar el televisor.
Érase una faz de la apariencia, y otra muy distinta, de las vivencias. Bien, la primera emitía un sonido de lo más tranquilo. Siempre asintiendo, mas jamás certero. Siempre a medias, nunca hacia extremos. Y la segunda, mientras, quemábase por dentro. Ardiendo, siempre ardiendo, sin dejar saberlo. Ni siquiera el propio cuerpo tenía constancia de la gran abundancia de esta llama. Y claro es que así, sin conciencia, iba abriendo una herida abrasada en las hormigas y pisadas, hasta que un día se hartaron y salieron. Bueno, en realidad esto aún no ha pasado. Pero seguimos ardiendo y alguna vez de poco dentro saldremos e incendiaremos a quienes brujas, débiles y más nombres nos llamaron, y sin derechos nos quisieron. Y todo porque equilibrarnos ellos prohibieron, y además a estas alturas apagarnos sigue siendo su fuego.
[…] Matar un dragón es cosa de un instante. Resolver un acertijo es un relámpago de inspiración. Son actos determinantes pero escindidos del acontecer. Sin embargo, los peligros de la realidad no los resuelve un lance. Desentrañar la vida no significa vencerla. Sortear un escollo no libra del siguiente… Érase una vez – Ana Rossetti
Del vientre del tiempo nacieron tantas púas más que flores, guerreras de mandil y descosidos, las sombras de las sombras que obtuvieron el triunfo, que no era para ellos.
De olvidos se llenan los libros que hablan del miedo al instinto, a lo frágil. Yace la capacidad en los brazos de la ignorancia —¿o será de la conveniencia?—.
Soy emoción, ingenio, deseo, razón; debajo de mi pecho, en mi cabeza, entre mis caderas, dentro.
Desde siempre, me he asomado a la imagen que quería de mí, completa, sin mitades que encontrar para ser yo. Y sé que la muerte me espera para dejarme caer en la misma oquedad que al resto.
¿Tanto pido? Solo quiero ser paisaje de ambiciones para mí, hombro, oído, mano, risa. Ser la pieza que me falte. Serme toda… sin morir en el intento.
Levantad los brazos hermanas, y hacedlo con toda vuestra fuerza por las que estamos, con furia por las que no están y con esperanza por las que vendrán.
Levantad los brazos y estar listas para ensuciaros de barro, de basura, de mugre, de todo aquello que en nuestra mente encontremos, porque la lucha no va a ser limpia ni fácil.
Levantad las manos y extendedlas hacia todos lados, hacia la niña de 6 años a la que le prohíben seguir jugando al futbol, porque es un deporte de chicos, hacia la chica de 1 5 años a la que no le permiten acudir a clase en pantalón corto, porque supone una distracción para sus compañeros, hacia la mujer de 35 años a la que le siguen insistiendo en que sea madre, aunque lleva dejando clara su postura de no hacerlo desde que tiene 20, hacia la señora de 70 que mira la situación en lágrimas, porque ve que no mejoramos, que todo sigue igual…
Levantad la cara y mirad al problema de frente, haced que tiemble solo con ver vuestra mirada determinada, deseando recuperar aquello que hace muchos años nos arrebataron: nuestra igualdad.
Levantad los brazos, las manos y la cara, que esta es nuestra lucha y no pensamos aceptar una derrota como resultado final.
Como muchos otros días señalados del calendario, el 14 de febrero, San Valentín, no tiene una versión definitiva de su origen, sino más bien leyendas que cuentan el porqué de este día. La más conocida nos sitúa en la antigua Roma, hablaríamos del siglo III d.c. El emperador Claudio había prohibido los matrimonios entre hombres y mujeres jóvenes, porque sostenía que un hombre casado no era un buen soldado.
Había, pero, un sacerdote llamado Valentín, que no
cedió a esta prohibición y fue casando a parejas jóvenes a escondidas, hasta
que se descubrió. Valentín fue llevado preso, y posteriormente, se dice que el
14 de Febrero, fue condenado a muerte. Antes de morir, escribió una carta para
la hija del carcelero, de la que se había enamorado durante su reclusión; carta
que terminó con un ‘Con amor, tu Valentín”.
Por supuesto, no podemos saber si esto es cierto,
simplemente es una bonita historia que da origen a un día especial en el que se
celebra el amor y, ojo, también la amistad.
En Poémame, nos queremos mucho y queremos conmemorar
este día con 14 poemas de amor.
Sé, pues entre sueños me lo has dicho esta noche, que somos una hilazón imposible, aunque en nuestras caricias nazcan las notas que nos hacen viajar por las mismas acuarelas y por pentagramas rompientes hinchados de colores y de música, sé, que con el amor que vive entero tras tu ombligo, se gestarán los acordes del vals de un arco iris.
No será mi terapia tu amor ni su aparejado consejo, ni tan siquiera querré contarlo, guardado en secreto dentro de la cáscara informe de lo poco o de lo mucho que soy, en la certeza de saberte parte de mí, sin desearte, y ni tan siquiera invadir tus pies y tus sueños.
Mientras sigamos corrigiendo riesgos con las miradas, compartiendo la paleta y los pinceles de una misma canción, y así seremos Tú y Yo, estirando, con las manos ofrecidas, cada uno de nuestros días de concordia, viviéndonos en la libre identidad de nuestras libertades, simplemente dos, serenos, voz y calma chicha de claro Océano, pasión de lago sonriente entre los días y los lienzos de la apertura de nuestras soledades.
Hoy te pido que nunca le neguemos la voz al tiralíneas eterno de nuestras rosas sonoras, porque seremos nada y no siendo todo seremos, y tú, complemento lejano de mis rituales, y yo, apoyo callado en esta distancia posible, labraremos la piedra prudente del encuentro a ciegas sobre traviesas de nuevos raíles, escalando cumbres marcadas por huellas conjuntas, talismán de alevines conmovidos de viento.
Deja que robe de tu orilla sargazos de un poema para escribir mis versos. Deja que lama el salitre que cubre las heridas y alcance con mis dedos la luna de tu marzo.
Es posible que nadie me comprenda, que sea inexplicable la trama de una historia pintada a carboncillo con trazos de quimera. No me importa. Me he quedado sin espacio para ruidos. A mi oído le interesan solamente los gemidos perfilados en tu boca.
Amor, no sé si eres consciente de toda la poesía que va a describirnos…
Desde que han vuelto mis dedos al color del carboncillo, quiero solo dibujarte amapolas en la espalda.
¡Ya está bien de tanto viaje por el aire! No parece que ahora necesites alas.
Nadar las olas, sí. Hazlo conmigo. Encalla en mis caderas, por favor, aunque haya tempestad. No me importa.
Tus pinceladas de colores y Luz visten mi lienzo desnudando mi voz; acuarelas Intensas con un beso en los labios y un pincel en los ojos ; Amor al óleo … en tus yemas pintor Tu obra —soy yo —
Y el alma entera se aferra con dientes y uñas al borde de ese precipicio…
esa frontera ese horizonte imaginario entre el tenerte y perderte…
y libran su lucha encarnizada los colores del cielo, entre azules y celestes índigo, turquesa y esmeralda; entre amarillos, naranjas, rosas y lilas; en contra de más de cincuenta sombras de grises y claroscuros; cada vez más tétricas, lúgubres, sombrías…
y recorro los confines de mi esencia una y otra vez, y se me hace círculo y laberinto la línea recta el sendero infinito que va del centro al borde abismal de un alma, que con todas sus fuerzas te anhela…
y nacen tormentas maremotos incontrolables el preludio del apocalipsis, y me asfixio me ahogo me anego, en el ojo del huracán…
Y es entonces que vienes tú, con tu caricia con tu beso con el timbre de tu voz con tu cándida alma…
y traes sosiego y traes bonanza, y traes el alba enredada en tu pelo, y traes los soles en el cosmos de tus ojos…
Y traes de vuelta el azul del cielo el amarillo del mediodía el lienzo pastel del crepúsculo la luna y las estrellas, traes un firmamento entero incrustado en tu seno…
la miel la vainilla la canela el almíbar, en la fuente de tus labios y en la cascada de tu boca y en el manantial de tu blanco cuello.
Y otra vez la calma y otra vez la esperanza y otra vez el amor y otra vez…
Ven conmigo a ciegas, con las manos extendidas… Hay un camino precioso repleto de flores bordadas, de hojas doradas, besando cada uno de nuestros pasos.
Quiero que lo veas; que comiences el paseo silenciosa, rodeando mi cintura, pintando de escarlata el lazo de un temblor, que une mi corazón a tus caricias.
No hacen falta palabras, en lugar de la voz hay un ábaco de estrellas. Deslizaremos los deseos, los destellos por el cielo uno a uno, con la yema de los dedos.
Rozar la poesía a tu lado con el pecho al descubierto; es el sonido que busco, el instante perfecto. La timidez del soplo adentrándose en mi oído… quiero sentirme libre y romper el silencio contigo.
Estállame de amor que mis adentros ignoran la ortografía de tus sentimientos.
Hazlo ahora antes que el tiempo nos alcance y una ola inquieta borre el corazón que en la arena sentimos.
Abrázame tan fuerte hasta sentir tu corazón en sus latidos, no quiero escuchar el ruido de la infinita estupidez sin darme cuenta.
El mañana es muy corto y el pasado agobia tanto que el hoy es un desperdicio si no tomo tan solo una vez tu mano tibia hoy.
Quiéreme ahora tanto como te quise en algún momento háblame fuerte que no te escucho la ignorancia se llevó mi amor.
Acaricia con ternura mis sentimientos han sufrido mucho en el exabrupto de una mentira y el frío incólume de un abandono.
Nada en mi ha cambiado sigo guardando como un tesoro cada palabra de amor que hizo que me amaras con locura.
He guardado para ti esa ternura como una madre acaricia a su criatura, seré un gorrión que canta con la esperanza que en esa rama sin hojas pronto nazca una flor.
Si fuese luz de mañana te alumbraría camino si fuese del ave, el trino, cantaría en tu ventana. Si fuese lluvia liviana rociaría tus jardines, si fuese yo los jazmines tus noches perfumaría y quizá te besaría tu boca aunque me calcines…
Si fuese trova nocturna susurraría en tu oído, si fuese tu amor prohibido sería tu inquietud diurna. De esa tu alma taciturna sería el bello consuelo, sería alas de tu cielo, sería aguas de tu mar, manjar de tu paladar, mas no soy, de ti ese anhelo…
Muere la tarde, la luz solar se apaga, yo te reclamo, entre las sombras, recorro con mi mano, gritando te amo.
Ausencia fría, búsqueda desgarrada, no sé mirarte, corro alocada, por espacios vacíos, quiero encontrarte, oigo tu calma, que camina despacio, puedo soñarte, veo tu aroma desplegando su vuelo, quiero besarte.
Suspiro blanco, cuando por fin nos vemos surge un abrazo, nos enredamos, hay besos y caricias, nudo de lazo.
Tu mundo es mío, mi mundo siempre tuyo, yo grito y clamo, guardo tu roce, te regalo mil besos, yo quiero amarte, el tiempo gana cada nueva mañana, ya nada aplazo.
Entre mis dedos, el calor de la palma de tu mano, de tu sonrisa. El mañana, aún ciego, avanza al ritmo de la presión de cada dedo. Dedos que, como la luz y la mirada, corren a encontrarse. Dedos que, cuando el camino se bifurca, sujetan el timón de nuestro destino. Dedos, cual palabras sin sonido, que se mueven silenciosamente mientras deletrean
Adentrarse en la poesía de Isaac Freire es entrar en un universo de sentimientos que llega para abrazarnos el alma y no soltarla. Algo tan noble como es el amor asoma en sus versos de manera recurrente pero con tantos matices, con tantos colores, con tantas formas y emociones diferentes, que cada vez que se lee un poema, se estrena un amor nuevo.
Ese sentimiento plasmado en sus versos es un amor fuerte y delicado, capaz de desordenar el más puro caos para convertirlo en armonía, e incluso tiene la fuerza de levantar el corazón y curar heridas:
Tú vuelas y desordenas todo completamente, levantas la tierra y las heridas de mi piel, levantas mi corazón.
Es un amor que se centra especialmente en los pequeños detalles y, justamente esos pequeños detalles, hacen de la poesía de Isaac algo grande; pequeños instantes, pequeñas cosas que podrían pasar por alto pero, sin embargo, él logra captarlos, convertirlos en el centro, sacar toda su parte más emocional y hacerlos eternos, convirtiéndolos en un sentimiento que se expande por dentro a medida que uno va leyendo. A su vez, logra crear la imagen con pocas palabras que abre la imaginación, de manera que el lector puede incluso casi visualizarla a la par que sentirla.
Puede ser un pequeño momento:
¡Que instante maravilloso el de tu piel sobre la cama!
La magia de un pequeño lunar:
Tu lunar siempre va a ser el motivo por el que yo libre varias batallas y, aunque pierda, continuaré ahí, entre mil mareas y hojas rotas (…)
O simplemente quedarse y centrarse en unas manos para mostrar un sentimiento inmenso que queda perfectamente plasmado en los dos últimos versos del poema Tus manos, donde el poeta es capaz de sintetizar todo el amor que siente:
Tenía las manos trasnochadas de sol y de cristal eran en mi amanecer y en el suyo.
Tenía en sus manos la perfección que jamás había visto
Y no eran ni blancas Ni rosadas Ni delicadas
Eran simplemente suyas Por eso me gustaban, por eso me gustan.
Y donde hay amor ha de haber pasión, que dicen. Y la poesía de Isaac no escapa al embrujo de la piel, eso sí, con elegancia, cuidado y sutileza, tal como el tema requiere, si no se quiere caer en la trampa de la poesía erótica e incluso soez. Lean, por ejemplo el poema Sobre esa noche, donde describe un instante (¿real o soñado? decidan ustedes…) de intensa pasión:
Cuerpo desnudo, lleno de búfalos de mis manos las bestias duermes, duermes. Instante.
Se abren despacio las puertas del pecado me arrodillo ante tus ojos absorbo ese pedazo de carne de tus labios.
Muertos, dormidos.
Mi boca besa firma la tuya, la convierte en propiedad con ganas y a mil kilómetros me dejo caer en tu pantalón extasiado y sin límites, absorbo un beso amargo.
Lleno mi espacio con tu sexo admiro primero las líneas de tu espalda mi respiración se agita y duerme contigo aún en los más locos sueños, el loco se despierta.
Pero si se habla de amor, ¿cómo no hablar de ausencia? Cómo olvidar ese dolor casi tangible que nos produce la ausencia del ser amado. Pero de nuevo nos encontramos con esa sutileza tan propia en los versos de Isaac, y con la importancia de los pequeños detalles: nos muestra lo que se irá y lo que vendrá sólo nombrando pequeños hechos quizás casi rutinarios, pero que explican perfectamente algo grande: el fin de un amor, el inicio de una soledad, la llegada de un frío que se hará interminable:
Las mañanas de este mayo interminable Las tardes de noviembre que aún no acaba de nacer Las noches finísimas forradas de surcos en el espacio Las madrugadas dulcísimas de conversaciones interminables
Cosas que se me hacen difíciles:
No sabré (de nuevo) el sabor de tu boca y cintura dormida No despertaré en tu cama, ni alborotaré tus lunares No encontraré alguna indecisión en tu mirada No amanecerá tu sexo debajo de esas cobijas.
Tengo toda una vida llena de noches de invierno Tengo toda una vida llena de tus miradas.
O plasmar ese dolor incomprensible para su propio corazón, ahogándolo en la escritura algo que podría haber sido, pero no será, y debe quedar sólo en los versos:
No sabía cómo escribir ni pintar en esas hojas blancas.
Tenía que: suspirar morir sobrevivir o matar; hundir a versos lo que estaba empezando entender que:
Si quieres volar ahora ya no es conmigo.
Tengo mi corazón que bombea ramificaciones extrañas de dolor
Algo que puede llamar la atención es la estructura de sus poemas; Isaac no se ciñe a una métrica prefijada, escribe en verso libre, y suele jugar mucho con la extensión de los versos, intercalando versos largos con versos breves. Esto dota a sus poemas de un ritmo a veces lento y suave, a veces acelerado, como si las palabras se leyeran en cascada, para volver luego a nuevo a un ritmo más relajado:
Porque esas cenizas de lo que fuimos fuego Son reclutadas de nuestros amores muertos.
Porque estaba lloviendo sudor por entre nuestras manos
Éramos sangre, piel, luz, barco, velas y mar.
Porque esta noche he escrito para ti Lo que siempre he escrito para mí.
Creo que esta forma de escribir otorga a su poesía
de un estilo personal y propio y le da un ritmo a sus versos que intensifican
el significado de los poemas y las emociones que nos transmite.
Hay tanta magia y tanto sentimiento en la poesía de Isaac Freire (@poesia_al_alba), que no sé si he sido capaz de recoger toda su esencia en este breve artículo. Espero que una vez leído, os podáis hacer una idea de la magnitud emocional de sus versos. Y si no, siempre podéis dar un paseo por su rinconcito en Poémameh o por su blog, cosa, por otro lado,totalmente recomendada.
Dicho esto, les dejo una pequeña selección de sus poemas. Que los disfruten.
Pero por supuesto que moriría por ti, ¿acaso está sería la primera vez? Si ya he muerto en mi infancia y en mis 22 Que me espera de aquí al infinito… La nada y tus pupilas.
Y te volví a preguntar, ¿en ti hay vida suficiente para guardar rezagos de la mía? La seda que envolvía tus manos se agitó y despertó de repente Volaron más allá de mis límites y se llevaron mis rezagos con ellas Entonces; no tengo rezagos, ni tú, la vida.
Y si respiras todo mi cuerpo, ¿que aliento me mantendrá vivo? El aliento, el aire, nunca nos mantendrán vivos Serán tus palpitaciones, y jadeos en noches de lucecitas ebrias Las que decidirán si tú, yo, el todo o el olvido.
Nunca una mirada había hecho tanto por mí. Y es que usted no sabe el poder de esas pupilas.
Todo florece, todo cambia Todo es inmarcesible
Nada puede marchitarse, nada puede salir mal. Nada revolotea tanto como mi cintura al observar de tu boca, instantes.
Usted ha hecho que se juegue una dura batalla entre lo que merece ser y lo que el corazón dictamine del invierno mis sentimientos y, al contacto de su piel, de su boca, de su mirada tan sólo: florecen, se vuelven sensibles y…
Y ¿hay algo más roto que yo en esta noche? Pues sí. La noche en si misma está rota. Por ello tantas estrellas entre los surcos y, tantas distancias entre sus contornos.