José María Cumbreño (Cáceres, 1972) es un militante de base de la poesía. Como editor es modelo de perseverancia y tenacidad especializado en Hispanoamérica. Un superviviente a la administración educativa desde la trinchera de las aulas de un instituto de secundaria y padre de Irene. Cumbreño, con sus Ediciones Liliputienses, está importando a España decenas de buenos libros de la poesía joven latinoamericana. A todas estas facetas hay que añadirle la de poeta experimental.
Cada vez escribo menos.
Cada vez me da más vergüenza escribir.
Por lo general, se piensa que la inseguridad suele ser el lastre de quien empieza, aunque quizá el momento en que se duda de verdad llega después.
Al principio las cosas sencillamente se hacen.
Luego uno empieza a preguntarse no tanto por qué las hace (cualquier palabra, convenientemente golpeada, se convierte en una excusa), sino a quién cree que va a engañar con todo esto.
El último libro de José María Cumbreño hasta la fecha es Hablar solo (Calambur, 2018). También ha escrito Contar (Papeles mínimos, 2016), Las ciudades de la llanura (ERE, 2000), Árbol sin sombra (Algaida, 2003, Premio de poesía Ciudad de Badajoz), Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas (El Bardo, 2008), Diccionario de dudas (Calambur, 2008), De los espacios cerrados (Fundación José Manuel Lara, 2006, Premio de narrativa breve Generación del 27), Límites y progresiones (Baile del Sol, 2010), Genealogías (Luces de Gálibo, 2011) o La parte por el todo (La Isla de Siltolá, 2011).
Difícilmente se pueden catalogar sus escritos como poemas en el sentido clásico y estricto de la palabra (y él mismo lo reconoce en más de una ocasión), pero el conjunto de la obra tiene un aura poética que permite leer su ‘casi-poemario’ bajo este prisma. La lectura de este volumen de “casi poesía”, Curso práctico de invisibilidad, nos lleva a conocer a un Cumbreño amalgama de todas sus facetas: militante, editor, padre, profesor y poeta. Un poeta que reivindica su ‘invisibilidad’ mediante un estilo único y minoritario que combina poesía, narración y aforismos: el mestizaje de la poesía.
Al final de la primera sección, en «Breve biografía apócrifa de Walt Disney» nos muestra su filosofía de vida de manera condensada, en únicamente ocho palabras:
Viajar
en el sentido contrario a la marcha
Ya es sintomático el hecho de que José María Cumbreño haya dividido el libro en dos secciones ‘Mirar’ y ‘Ver’. Dos verbos, aparentemente sinónimos, que dejan de serlo en el Curso práctico de invisibilidad. La sección “Mirar” es más doméstica: las sábanas, las tazas, el contestador, purgar los radiadores, las escaleras, los juguetes y hábitos como la conducción nocturna o poner la lavadora. Mientras que la sección ‘Ver’ nos muestra una forma de ver la vida, de estar en ella.
El ojo no ve:
produce lo que mira
Al principio del ‘casi-poemario’ nos avisa sobre su percepción de mirar en “Las sábanas y los sueños” donde mira de forma sutil aquello que ha quedado y no hemos visto.
Planchaba las sábanas porque quería quemar lo sueños
que habían quedado enredados en ellas.
En el ecuador del libro, Cumbreño nos muestra que somos nosotros los que negamos visibilidad a los objetos.
La invisibilidad no constituye un estado objetivo. Depende más de quien observa que de lo observado.
Mientras nos vamos acercando al final, el autor profundiza de manera condensada entre las diferencias de mirar y ver en pocas palabras, pero certeras. Aquí en “Lo que tú miras”:
Me gusta mirarte cuando no sabes que te estoy mirando.
Entonces, para verte, miro lo que tú miras.
No vamos a acabar la reseña sin destacar de manera sucinta su faceta militante, de ciudadano sufridor y víctima de la clase política que nos rodea. Brevemente lo demuestra en “Los bolsillos”:
Primera medida contra la injusticia: quitarle a la ropa todos los bolsillos.
Acabo la lectura y miro lo que me rodea. ¿Cuánto sé de la mesa sobre la que reposa mi ordenador?, ¿y de la silla en la que estoy sentado? ¿Qué sé de la taza de té que me acabo de tomar? Todo esto que me rodea se ha hecho visible de golpe gracias a la lectura del Curso práctico de invisibilidad. Y si profundizo un poco más, me pregunto ¿cuán visible soy yo para mí mismo o soy invisible?
Respóndete a estas y otras muchas preguntas leyendo el Curso práctico de invisibilidad de José María Cumbreño. Puedes comprarlo aquí.
Emersson Pérez, (Santiago, 1982). Poeta y gestor cultural. Director y columnista de Revista Absenta y coordinador del colectivo poético y de acción social Mal de Ojo y la editorial Ajiaco Ediciones. Ha publicado en el anuario poético “Márgenes” del colectivo Mal de ojo (Ajiaco ediciones 2011) y fue seleccionado para la Antología Iberoamericana “Poesía Molotov”, por la Editorial Cascada de palabras (Cartonera), México 2011, así como la antología “Poemario Indestructible” por Ediciones Gatopajaro Chile 2010. Actualmente es el director de la editorial Los Perros Románticos y encargado del Biblioparque Pablo Neruda-Parque de la infancia.
La poesía de Pérez no puede negar la influencia de escritores fantásticos como Edgar Allan Poe, Howard Philip Lovecraft, Ray Bradbury y Philip K. Dick así como a una gran cantidad de cómics norteamericanos, europeos y chilenos. De hecho, ‘La muerte de la televisión no será televisada‘ comienza con una cita de Dick que ya nos muestra las intenciones de Emersson Pérez,
En un edificio gigantesco, vacío y abandonado que en tiempos albergó a miles de personas, un solitario televisor anunciaba ofertas a viva voz en una habitación vacía.
‘La muerte de la televisión no será televisada‘ tiene diversas influencias de los poetas más próximos al autor, Jorge Teillier, Vicente Huidobro y, en general, la poesía posterior a los años 70; Elvira Hernández, Gonzalo Millán, Juan Luis Martínez, Rodrigo Lira, Carlos Cociña.
Este poemario surge de la necesidad de dar cuenta de un espíritu generacional, de los chilenos de clase media nacidos en los 80 que tenían la televisión encendida todo el tiempo. Tiempos de dictadura y post dictadura en los que se creía que lo que decía la televisión era la realidad.
Algunas personas creerán que este poemario es un libro social. Es una interpretación. Es cierto que algunos poemas, cargados de ironía y crítica, transmiten la idea de que somos nosotros mismos los que formamos parte de las instituciones que no funcionan y en nosotros está la capacidad de cambiarlas. La televisión, los diarios, las redes sociales, los anuncios señalan al individuo como consumidor, y es necesario darse cuenta.
Stanley Kubrick
El viaje a la luna, ese acontecimiento que esperaron los niños así como al cometa Halley todos mirando al cielo ¡Arre! Halley ¡Arre! mueve la cola y espanta la mosca funeraria de mi visión El viaje a la luna nunca fue una carrera espacial, tampoco una odisea al espacio no fue el sueño hacia las estrellas Fue una persecución de andrógenos. Desde el norte al sur del mundo peleas por encontrar al mayor semental al más grande lechero de la vía láctea. una guerra de leñadores y arqueros, Pero sobre todo de la mejor escena. El primer docureality. El bellísimo viaje a la luna, no existiría sin tu televisor.
La gran capital
Jugando a la Gran Capital el presidente dirige al país, con un ojo en la pantalla con otro en la billetera. Compra y vende; Parques nacionales, equipos de fútbol, compañías de gas, canales de televisión. Desde las alturas en su avión privado desde un país, sin escrutinio evadiendo impuestos, robándolos a la supuesta microempresa. Abajo figuritas de plástico verde figuritas de petróleo y descomposición tremendos reptiles que hoy vuelan junto a su ventana. Pequeñas casas y grandes edificios carros de vendedores callejeros arrojados al río por la policía estatal. Perdiendo nuestro turno, encarcelando la pobreza, nos dicen, esfuérzate y sé honesto saldrás en el próximo turno. Entre más propiedades tengas restas turnos para salir de la cárcel. Haciendo tratos va el presidente de mejores tiempos junto a su respetable familia, junto a sus amigos, orinando desde las alturas jugando a la Gran Capital.
Cliché
Todo el mundo sabe que la escena está pasada de moda pero seguimos pegados a la pantalla algún día la chica de vestido rojo dejará de correr por el callejón oscuro se dará la vuelta y te abrazará dirá que todo el mundo lo sabe que los finales felices sí existen el sonido de la lluvia y los zapatos, un gato negro maúlla la nena se olvidará por un momento de que mañana trabaja como nana para abrazarte en la oscuridad la gota roja caerá al suelo y se irá silbando con tu sombrero de ala negra el brillo del cuchillo donde se refleja la luna la boca abierta pensando en el futuro la imagen alcanza su fulgor y la escena muere.
Antes de acabar con unas palabras de Emersson Pérez, os quiero recomendar la lectura de ‘La muerte de la televisión no será televisada‘ que lo podréis encontrar en el este enlace.
El futuro no lo conozco, pero conozco el pasado y el presente no es el que imaginamos hace 20 años atrás. El futuro del ayer, es decir hoy, es terrorífico y alegre al mismo tiempo. Vivimos en una mezcla de «1984» y «El mundo feliz», es cosa de ver las tasas de suicidios en Chile. Pero cada día podemos ver lo bien que nos encontramos, lo rico que comemos, lo bien que nos vemos, en nuestras redes sociales.
Después de leer el poemario de Angi, especialmente la parte que concierne a la tinta, me ha venido a la mente una frase de Gustavo Adolfo Bécquer, que aparece en la Carta II, de las cartas literarias a una mujer, que reza lo siguiente: «Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria de lo que han sentido. Yo creo que estos son los poetas.» Y Angi, es poeta.
La luz y la tinta es un poemario emocional y sentimental. Escrito con un lenguaje sencillo y cercano, las emociones, los recuerdos y los sentimientos se abren paso ante nuestros ojos, en forma de poema; los pasados y los presentes, lo que ya es sólo tinta de poema, esas emociones internas que configuran en cierto modo nuestra esencia, y lo que es la luz, ese precioso resplandor que da brillo a los ojos; lo que se vive, lo que se quiere, lo que se siente.
Así, el poemario se nos presenta dividido en dos partes: la tinta, y la luz.
Aquellas cosas que se han sentido a lo largo de la vida dejan su huella, de manera irremediable, en los poemas. En esta primera parte, encontramos heridas, reproches, rencor, fríos infiernos… pero también un asomo de verdad presente, una fuerza, una valentía, cierta autoestima. Como el que mira sus subidas y bajadas emocionales desde fuera, desde la seguridad relativa que da el darse cuenta que hay que pasar por las sombras para hallar la luz.
[…]
Me pides con dulzura
que recuerde
los buenos momentos
-todos únicos,
todos nuestros-.
Lo cierto
es que no sé si prefiero
llorar de pena
o morir de nostalgia.
Fragmento El Llanto
Al fin y al cabo, todas las emociones forman parte del camino.
La cercanía del libro hace que muchos de nosotros nos sintamos identificados con lo que Angi explica en sus poemas; el sentir y el desengaño, la soledad, el amar, la decepción.
Pero eso no significa que se tenga que renunciar a todo eso, que se tenga que repudiar esas emociones, pues son, a veces, la tinta de nuestra vida. Ya decimos que todo forma parte del camino y, en cierto modo, la autora no se arrepiente de haber sentido, de haber querido; es más:
[…]
No me arrepiento,
volvería a escribirte
si viajara al pasado…
y cometería los mismos aciertos también.
Fragmento Solicitud de amistad
A veces incluso parece que esta primera parte es cerrar algunas puertas, es demostrar que ha sido suficientemente fuerte como para no reprochar el dolor, y sacar lo mejor que todo eso puede aportarle; los poemas. Es cierto, como muchas otras personas, Angi se ha roto en ocasiones, pero ha sabido recomponerse y alzar la cabeza.
Angi Expósito con La luz y la tinta.
Los recuerdos, como es natural, tienen cabal presencia en estos poemas; la añoranza se nos hace presente en ciertos poemas, de una manera afilada y desolada, esa añoranza que duele y que nunca acaba por irse del todo, porque será que de ella, en parte, se alimenta la tinta y nacen los más preciosos poemas:
[…]
Caminando por la bahía
te esperé todos los días.
Caminando por la bahía
te esperé cada día de mi vida.
Fragmento Caminando por la bahía
Me parece, en este sentido, especialmente intenso un breve poema, quizás el más breve del todo el poemario pero que, sin embargo, condensa esa sensación de cierto aturdimiento provocada por el dolor, la pena, la nostalgia.
Creí verte a lo lejos,
luego recordé que no eras tan bajo
ni tan delgado
ni tenías tres perros
ni vivías aquí.
Confusión.
Al principio de esta reseña, hemos comentado que La luz y la tinta es un poemario emocional y sentimental. Cabría añadir, aunque casi se dé por hecho, que es un poemario también sensible. La sensibilidad aparece a flor de piel en muchos de los poemas, en ciertos pasajes, incluso frágil.
[…]
Me siento como si cayera
por un precipicio sin final,
como si fuera una ficha de parchís
en un tablero de ajedrez,
como si esto que estoy viviendo
fuera el último capítulo
de una novela aún sin terminar.
Lloverán respuestas cuando tenga paraguas
y me desleiré en mi vaso de agua.
Fagmento Agua
Hay mucha sensibilidad hecha palabra en todo el poemario.
Después de esta mezcolanza de emociones y cicatrices, nos llega la luz. El brillo en la mirada.
Eres
la eterna luz
que ilumina mi camino.
[…]
Fragmento Eres así.
Con estos versos nos adentramos en la segunda parte del poemario, la luz. Todo toma un cariz ligeramente distinto. Pequeñas perlas de vida y sentimientos puros se dan cita en estos poemas que parecen quizás un poco más profundos que los que configuran la tinta.
Aparecen dibujadas aquellas cosas, aquellas personas, que aportan luz a su vida. Así, por ejemplo, nos encontramos con un poema precioso, y sencillo como Palabras, dedicado a Abel Santos, poeta y compañero de vida de Angi, que colabora en este poemario con el prólogo.
[…]
Palabras.
Son palabras, tan solo palabras.
Se dicen,
se escriben,
se interpretan…
aunque -realmente-
nada expresan.
Dime: ¿qué hago con cien palabras?
Si todas me sobran,
si ninguna me basta.
Así como un poema que desborda ternura y un ligerísimo toque de humor, dedicado a su perro Chet.
Para ir terminando, me parece interesante destacar algo de esta segunda parte, y es que muchos de los poemas que la forman, tienen un título que nos trae, de algún modo, la luz de la vida: Volar, Imaginarte, Palabras, La luna, Soñarte, La luz, Alma, Estrellas… todos ellos evocan de algún modo algo brillante, algo elevado, algo que hace que la vida resplandezca entre la oscuridad.
En definitiva, La luz y la tinta es un poemario de luces y sombras, de pasados y presentes, de heridas y cicatrices, y de mucho amor. Y, aunque pueda sonar algo extraño, a mí me ha dejado con la idea que la oscuridad es necesaria para que brille la luz, pero la luz siempre acaba triunfando.
Angi Expósito (Barcelona, 1990), lleva vinculada al mundo literario desde bien joven. Empezó escribiendo relatos y poemas, siendo en repetidas ocasiones ganadora y finalista de diversos certámenes literarios, y ha sido maestra de ceremonias de los festivales literarios organizados por la asociación de artistas «Retazos de arte». En el año 2015 se publicó su primer poemario, Que el quererte no sea en vano, de la mano de Círculo Rojo (cuya reseña podéis encontrar aquí ) La luz y la tinta es su segundo poemario.
Elena Román, nacida en Córdoba en 1970 y con domicilio habitual en Toledo desde 2006 es la poeta elegida por la editorial Liliputienses para publicar una antología de su poesía editada desde 2008 hasta 2019.
Es una oportunidad inmejorable para conocer la obra de esta poeta. La antología de Elena Román empieza con Veintiún bisontes (2008), poemas en prosa seguidos por los textos del segundo poemario que publicó ese mismo año, A propósito de los cuerpos, que se centra en el cuerpo de forma monográfica. A continuación, podemos leer un conjunto de poemas en verso libre reconocidos con el XXV Certamen Andaluz de poesía Villa de Peligros, Diario de un ascensor en un bloque de dos plantas con azotea. (2010). Le sigue un conjunto de poemas publicado un año más tarde, 2011, bajo el título Esta dichosa ansiedad doméstica, con el que gana el III Premio Internacional de Poesía Blas de Otero. Poemas que son un repaso de su entorno más cotidiano.
La mirilla
Hay gente que se dice grande
(y, por supuesto, no me refiero
a la altura ni a la intensidad),
pero nadie lo es tanto:
todos caben en la mirilla,
todos son el eje de un anillo,
todos miden un vistazo,
todos pesan un parpadeo,
todos desaparecen
detrás de un gen de gong,
pequeño vaivén de latón,
espía de lo que ya se sabe.
A continuación, Elena Román se dedica en Destrucción de algunos tópicos sobre lo incierto (2011) a destrozar diversos tópicos:
Destrucción de algunos tópicos sobre el espacio
Donde come uno, comen dos.
Frente a un cartel de aforo lleno
es factible levantar las manos
y simular pájaros en vuelo.
El pez no entiende
de peceras ni de límites.
Las constelaciones son útiles
para orientar a los demás, pero
ellas tampoco saben dónde están.
Pasamos de la destrucción absoluta de tópicos a la introspección en el año 2012 con la publicación de Autosuficiencia en la
Cerillas
Esta mañana todo el mundo estaba en la calle,
todo el mundo, y yo pensaba que, al hacer frío,
si salía un poco el sol solo yo lo vería, y si surgía
un rayo yo lo atraparía para pintar las paredes de
mi caja o para encenderme con él hasta agotarme,
pero todo el mundo estaba en la calle, todo el mundo,
y yo me iba chocando con unos y con otros, con todos,
y ni salió el sol ni dejó de hacer frío y llovía, llovía mucho
y yo ya no valía nada, y me imaginaba con otras dimensiones,
de forma que en una escala bastante mayor, yo sería un bosque
empantanado y en una menor, un embrión de destello ahogándose,
ahogándose, y mis recuerdos se reducen a mi caja, reducida y tan bonita…
Llegamos al ecuador de la lectura de esta antología con la sección dedicada al poemario Será genealogía (2012), poemasen los que retorna al ámbito familiar y Hombre desatornillando caminos con el que ganó el Premio Iparragirre Saria 2011. Aquí podemos leer una serie de poemas dedicados a los oficios que nos acompañan por rutas desconocidas.
Tras un paréntesis sin publicar, Elena Román nos regala en 2015 una serie de textos de microficción (terminología utilizada por José Luis Morante) en Hay menú económico.
Atún además encebollado
No puedo hacerlo todo yo:
pelar y pelar cebollas y pelar y pelar cebollas,
llorar y llorar y llorar hasta reinventar el mar,
poblarlo con algas, larvas y naufragios,
difundir leyendas de héroes vegetarianos,
fomentar las raspas,
echar el sedal o, en su defecto, un tendón,
sestear bajo un sombrero,
esperar a que pique algún atún miope,
tener fuerzas para alzar sus mojados quilos,
llevarlo a casa a rastras, con cadena y bozal,
presentárselo a las cebollas para que congenien,
explicarle con delicadeza que está muerto
y una vez lo asuma, actúe en consecuencia
y se quede quieto, trocearlo, salpimentarlo
y rehogarlo en la cazuela durante un quinquenio
mientras vacuno los cuchillos y el hambre,
repartirlo en dos platos, llevarlos a la mesa,
y además, y encima, y lo que me faltaba,
tener que comérmelos los dos.
Ese mismo año publica Ciudad girándose. Poemas que reflejan la rutina y cotidianidad que la rodea: la peluquería, la relojería, la cárcel, …
La peluquería
En la peluquería se puede esperar escuchando música popular siamesa. Porque es muy importante mantener un ambiente relajante, las peluqueras visten camisón y alpargatas. Está científicamente comprobado que si las personas no tienen el corte de pelo adecuado, pueden comportarse como si fueran otras personas, y es que a veces el carácter merma con unas tijeras o se revoluciona con el difusor. En la peluquería se puede uno injertar pelo de león o pelo de sardina. Mujeres con rulos se quedan dormidas en los espejos.
Llegamos al año 2016 cuando publica su poemario Pan con pan, poemas de la normalidad del día a día. Seguido por el poemario publicado por Liliputienses en 2017, ¿Qué hacer con Freud además de matar a Freud?, libro compuesto por los sueños que tuvo el año 2016 y que se dedicó a transcribir por las mañanas.
Esta antología finaliza con un bonus track de poemas sueltos publicados en revistas literarias y/o Internet, y que no pertenecen a ningún libro en concreto.
NOVEDADES: AYER (Posible antología 2008-2019), última entrega de la cordobesa Elena Román, muestra a una poeta versátil e inconformista ante la sociedad que la rodea, con retazos de poesía beat. Una poeta que escribe sobre sus preocupaciones domésticas, pequeñas anécdotas e historias que mutan a los ojos de Román.
En definitiva, una antología que permite al lector o lectora que no la conocía previamente tener una amplia visión de su obra literaria y nos hace sospechar que este libro pueda representar un cierre de etapa, necesario para comenzar otra.
Si pensem en una persona creativa, inquieta i amb fam d’art, aquesta és, sense cap dubte, la Felícia Fuster; una de les figures més destacades de la poesia catalana, tot i que, insòlitament,es va introduir en el món de la poesia a una edat tardana.
Nascuda l’any 1921, al pintoresc barri barceloní de La Barceloneta, els seus pares tenien una ferreteria; això va ser que la seva infantesa estigués rodejada d’eines i el món ferreter. Això és inevitable entreveure-ho en els seus versos, on sovint, de manera subtil, es veu la presència de mots relacionats amb aquest món.
De ben petita, ja va mostrar una tremenda inclinació cap a les habilitats artístiques, especialment la pintura, el gravat del vidre i el dibuix. A banda d’aquest talent per les arts, en els seus anys d’estudiant, va ser destacada pel seu enginy i les seves excel·lents qualificacions, que li van ser passaport per entrar a l’Institut de Cultura de la Dona, passant després a estudiar pintura, entre altres matèries, a l’Escola Massana. Alhora, cursava el Batxillerat i estudaiva piano a l’Acadèmia Marshall. De fet, l’any 1947, obté el títol oficial de professora de dibuix.
Felícia Fuster. Imatge: Fundació Felícia Fuster.
Després d’un viatge a París, l’any 1950, decideix quedar-s’hi a viure, exercint de professora d’espanyol. Paral·lelament, participa a diferents exposicions i fa treballs artístics, especialment relacionats amb el gravat del vidre, arribant fins i tot a ser part d’una exposició col·lectiva, organitzada pel Corning Museum of Glass (situat a Corning, a New York), a la qual va presentar un gerro titulat Vase, que va se adquirit pel propi museu.
Després de combinar diverses feines i estudis, l’any 1981, passa a dedicar-se de manera definitiva a la creació artística i literària.
No és fins que no té 63 anys que es fa coneguda en el món literari. Havia escrit des de sempre, però no va donar a conèixer els seus escrits fins que un amic de la infantesa, l’arqueòleg Miquel Tarradell, li recomanà que presentés alguns dels seus poemes al Carles Riba; tot i els dubtes, finalment Felícia Fuster s’hi va presentar, quedant finalista amb l’obra Una cançó per a ningú i trenta diàlegs inútils.
Imatge: Fundació Felícia Fuster
És justament arrel d’aquest concurs que s’estableix una amistat que durarà anys, entre la Felícia i la també escriptora Maria-Mercè Marçal.
La seva literatura fa un gir interessant quan un viatge al Japó li desperta un terrible interès per la poesia japonesa, i marcà per sempre la seva poesia. Comença a endinsar-se en el món dels Haikus, traduint i escrivint. Això s’uneix a la seva veu tan personal dels deus poemes, i li proporciona una riquesa afegida.
Després de patir problemes de salut arrel d’un contagi amb un virus maligne, que li va provocar diverses estades a l’hospital, la Felícia va morir l’any 2012, un 13 de Març, en una residència de París, la seva segona llar.
A grans trets, la poesia de la Felícia és una poesia amb una veu forta rere una sensibilitat extrema i la delicadesa dels seus versos; tanmateix, la veu és forta, i denota seguretat, fermesa, malgrat mostrar certa fragilitat humana, especialment pels horrors de la Guerra Civil Espanyola.
La seva obra té dues vessants destacades; aquells poemes en vers lliure, però en el fons, guardant una forma i un estil personal, i les traduccions de poesia japonesa, així com la seva pròpia poesia inspirada en aquest país i la seva cultura, Haikus i Tankes.
Per tal d’entrar una mica en la seva obra poètica, us deixem aquí una petita selecció de poemes seus. Que els gaudiu!
Aquests versos de la poeta Mercè Amat, i una petita i quasi íntima dedicatòria, ens obren la porta de Brodats de Seda. Un poemari intens que ens agafa la mà i ens mostra la part més dura, la part més sensual, la part més tendre i la part més íntima d’un sentiment tan pur com és l’amor i, alhora, la pèrdua. En paraules de la pròpia Júlia, «escriure és desabillar l’anima», i això és el que fa en aquest poemari: ens mostra l’ànima nua en tota la seva essència, mostrant la ferida i la cicatriu.
Cal dir que Brodats de seda és un poemari dedicat a algú especial, el que fou company de viatge de la Júlia. Però contràriament al que es pugui pensar, aquest poemari no és un plany, ni una elegia, és més aviat un homenatge a la vida, a l’amor, al record. És un passar el dol d’una manera més viva, remembrant instants concrets d’amor, de passió i de complicitat. Un homenatge, en part, amarat de tristor, però d’una tristor amable, assumida, com quan hom s’adona que quedar-se amb les coses bones de la memòria i dels sentits és una manera de mantenir la mirada viva. Sí, és un homenatge i, en certa manera, un comiat. És tancar el dol.
Perviuran a la memòria,
els bells records.
La veu trencada de l’Steven Tyler,
acaronant aquella balada d’Aerosmith.
T’enrecordes?
tu i jo,
respirant silencis,
ballant pell amb pell…
Fragment Acords
Trobem en el poemari tres parts que s’entrelliguen: Crespó, Fil i Setí. Crespó ens porta a la part més emocional del sentiment, de la memòria, del recod. El dol se’ns monstra punyent, però poc a poc assumit, malgrat que no apareix mancat de certa ira per la injústicia que la mort d’algú estimat ens suposa. Fil és el que sosté les coses unides, i en aquests poemes, el fil és un amor tan immens, que ni la mort no pot trencar. Setí em trasllada al tacte, a la suavitat, i aquí trobem aquella part de la Júlia en la que es desfà en versos d’un erotisme elegant i juganer:
Sospirs
Desabilla’m,
xopa’m,
aboca’m el teu nèctar,
melós, lúbric.
Xopem-nos,
vagit, delectança.
A cada vers del poemari trobem un retall del que fou el seu company, un retall de la Júlia, un retall dels dos que eren un. Des de la passió més feréstega
Deambulàvem, temps ençà,
ens abraçàvem ferotjament
allà l’arenal.
Tu em vesties de nuesa,
poc a poc, amb cadència.
Fragment Lassitud
fins a la delicadesa i la complicitat més absoluta
Són le mans enllaçades,
el nostra alfabet.
Fragment Cambra
Brodats de Seda (Ed. Comte d’Aure)
La passió, la pell, el tacte (sempre tan presents en la poesia de la Júlia) apareixen al llarg del poemari d’una manera elegant i intensa, a la vegada que la suavitat d’una carícia, la tendresa d’un petó al front, ens embolcallen l’ànima, causant una profunda empatia amb l’autora.
Però tanmateix, malgrat haver parlat d’una tristesa amable, també cal admetre que Brodats de seda és un poemari ferit, però que intenta llepar-se la ferida, perquè sap que no hi ha cura, però sí pot suavitzar el dolor fins a convertir-lo en un preuat record; i la poesia ajuda.
Si una cosa té la poesia de la Júlia, és que és increïblement sensible, i té el do de saber transmetre, a vegades amb una sola paraula, amb molt poquets versos, una immensa emoció que arriba a eriçar l’ànima. Em crida molt l’atenció, en aquest sentit, el poema …Acotxa’m; especialment els tres darrers versos:
Som un sol alè
més enllà del temps.
Acotxa’m!
En aquests tres versos, trobo la idea de tot el poemari: la unió, l’eternitat d’un sentiment que va més enllà de la vida, la necessitat de l’abraçada. El signe d’exclamació al final em transmet aquell moment íntim de fragilitat vulnerable, de la necessitat de la persona que ens falta.
La Júlia Badal
La delicadesa és una altra de les virtuts de la poesia de la Júlia. Teixeix amb fil de seda unes imatges que acaronen i omplen la mirada amb una sensibilitat aclaparadora:
Teixeixo un àmbit
amb sedes i domassos,
rics en saviesa.
Fragment Penèlope
Això converteix el poemari en un llibre agredolç, que et treu un somriure nostàlgic a la vegada que t’arrenca una llàgrima trista.
La Júlia eternitza el record en poemes, dies viscuts, la passió, les hores fredes i pàl·lides d’hospital…
Sempre deies: Carpe diem, viu l’isntant,
i el vivíem,
quan em besaves dolçament
aquella tarda d’estiu,
la del darrer petó als llavis,
sabent que ja
et fugia la vida.
Fragment Cambra.
En definitiva, Brodats de seda se’ns presenta com un poemari suau, una carícia a la memòria. El pas del dolor a l’assumpció i, per fi, el ser capaç d’abraçar records sense sagnar. Un poemari intens que aporta caliu i vida, perquè recordar també és viure, i també és no deixar que tot acabi morint. Ens explica la història, l’obre, la tanca, i la guarda al cor. I la vida continua.
Menció especial al Jaume Piquet i al Vicenç Llorca, que col·laboren en el llibre amb el pròleg i l’epíleg respectivament.
No voldira acabar aquest petit article sense deixar-vos un dels poemes que a mi, a nivell personal, més m’ha marcat, pel sentiment, per la força, perquè és una mica el que tots pensem quan perdem algú que és un bastió de la nostra vida:
Si ho hagués sabut
Si ho hagués sabut,
t’hauria recitat
el nostre poema, a cau d’orella.
Hauria vinclat el cos
al teu pit,
per capturar-te.
Si ho hagués sabut…
La Júlia Badal (Barcelona, 1964) ha estat sempre una amant de la literatura i els llibres, de les lletres en general. Com a comunicadora, va començar col·laborant a la revista de barri Trenc d’Alba. Sempre voltada de llibres i amb un bolígraf a la mà, l’any 2013 es va iniciar en el fet de recitar en públic i, desde llavors, ha estat sempre una imparable organitzadora i participant de recitals i festivals de poesia. Ha participat en reculls i antologies solidaris com podrien ser 50 Poetes de la Terra (2018, en benefici d’Open Arms) o Lletres blaves per l’autisme (Stonberg Editorial, 2019), així com participant en diversos certàmens literaris, d’entre el que destaca el Concurs de Poesia eròtica d’Olot, del quan ha estat finalista en les dues ocasions. L’any 2016 va publicar el seu primer llibre, Laberints de pell (Editorial Trirremis). Brodats de Seda es el seu segon poemari en solitari.
Francisco Garamona nació en Buenos Aires, Argentina (1976). Es músico, poeta, editor y artista plástico. Con más de 30 libros y 6 discos publicados, forma parte del Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires. Dirige la editorial Mansalva desde el año 2005 y la galería de arte Papel Moneda.
Sus libros publicados son: Parafern (2000), El verano (2001), Cuaderno de vacaciones (2003), Pequeñas urnas (2003), Una escuela de la mente (2004), La momificación de Bárbara 2004), Aceite invierno (2005), La leche vaporosa (2006), Cosas encontradas en un pupitre (2008), Mi primera banda punk (2014), Neón sobre las nubes (2012), Nuestra difícil juventud (2012), La cobra rubia (2014) y Un tesoro local (2015). Editó los discos solistas Yo nací (2003), El pony infinito (2008), Mi disco sin tapas (2006), Sueños raros y cuentos extraños (2010), Las armas dulces (2012) y Los sentimientos (2014). Con la banda Super Siempre editó Juicio al perro (2009) y Los hielos eternos de América Latina (2013).
La llama de la poesía quemarse, Ediciones Liliputienses, febrero 2019, es un conjunto de poemas seleccionados por Gerardo Jorge, el prologuista. Jorge es un escritor, editor, traductor y artista plástico argentino que nos avisa en el prólogo que los poemas de Garamona son una charla sobre la vida en sus aspectos sociales, sexuales, políticos y personales.
A lo largo de su lectura quiero destacar versos que realmente me han gustado y han hecho que parase mi lectura para reflexionar sobre ellos.
¿Un tren lleno de obreros y niños hoy descarriló?
Los muertos se cuentan por docenas,
en algún país lejano,
cubierto por la niebla de la fábula…
Decirlo todo de la forma más simple
La añoranza de un tiempo pasado, de una juventud pasada.
Cuando era chico en mi pueblo
las calles eran de tierra,
y si caminábamos bajo la lluvia
nuestros pasos imprimían
las suelas de los zapatos.
El estado
La simple y sencilla hermosura de un instante.
…silba una melodía pegajosa
que se queda en el aire
flotando, unos segundos.
Una visión
¿Qué perdiste amigo,
tu reflejo en el espejo biselado,
aquel que rige las conductas
de la preservación y la salvaguardia?
Él me contestó:
«Simplemente las ganas de ser simple.
Buscaba la dirección perdida de mi casa…
Sólo dormir
Los colores juegan un papel importante en su poesía, ‘El verde’ o ‘Prado’, por poner unos ejemplos, y cómo los utiliza. Así como la influencia Beat estadounidense en ‘Poema que leí en sueños en un libro de Allen Ginsberg’
En definitiva un libro para comprarlo si lo van a leer. No es un libro para que quede sepultado en una estantería olvidado. Un largo poemario con la fiabilidad que da la Editorial Liliputiense: intenso y vital. Una colección de poemas que prácticamente finaliza con unos versos que nos dicen ‘Porque pensamos que todavía algo nos espera. Tenemos sed, pero ya no del infinito y tampoco de cerveza‘ …. sed de más poesía liliputiense.
China
Dicen que en China si te agarran con drogas la policía o el ejército te mata. Pienso que eso es mejor que morir de amor. En los cementerios orientales donde los fusilados van a perder sus huesos crecen flores de todos los colores, tan hermosas que son ideales para regalárselas a una enamorada. A veces entre los monumentos irregulares que celebran victorias acontecidas hace años se ve correr a unos niños que se ocultan tras las lápidas. Seguramente así fuimos nosotros, pero en vez de ojos rasgados tuvimos ojos redondos que miraban al futuro iguales a dos piedras que caen entre otras piedras y se confunden para luego desaparecer.
LA LLAMA DE LA POESÍA QUEMARSE
Golvent lo mirará todo por la pantalla del Nintendo
Susan amasará una pasta que empobrece
Remedios cubrirá a sus plantas invernales
Y los amigos horizontales seguirán surgiendo del lecho,
Entre una rama rota y otra sana
Crece una alegría devoradora.
Un chico loco y una chica loca
Cuando crecen se enamoran
Una planta se desenrolla
Desde sus pies a sus cabellos.
Giordano, no lo leas
Paolo píntalo sobre las prendas de un santo
Paulo písalo
Teodoro plácelo.
Un chico loco y una chica loca
Cuando están más locos aún se casan
Y tienen muchos chicos locos
Que al final se olvidan
La vida dijo el Dr. Alposta
Es un poco de alpiste y bosta.
–¿Te acordás de cuando nos pegaba el porro?
–¿Y cuando las drogas nos daban hambre?
Vomité en un pescado disecado.
Mi madre lo vio, era verano,
Ella usaba unas chinelas inaudibles
No la oí llegar, pero era ella.
La poesía Golvent se entrena
Y lo único que debe es ser buena,
No porque se deje acariciar,
No porque persiga un sueldo digno,
No porque quiera agradecerle
Al arma desenfundada que no mate,
¿Nos entendemos?
Uccello pintó unos caballos
Y los dejó morir de hambre de pintura.
Muchacha y muchacho,
Locos ambos,
Cuando grandes se destruyen
Y para peor tienen nietos
Y los nietos tienen hijos,
Los hijos también se mueren:
La muerte los acompaña.
Golvent hay hartazgos,
Un panal que no da miel,
Y leche de vaca agria,
Una cabra robada por un peón llamado Villaroel,
Una camisa de fuerza.
Los chicos, si están muy locos,
Se enamoran, se casan, se olvidan, se hacen daño,
Aunque siendo locos saben
También disimular.
Los amigos horizontales hablan por teléfono
Se cuentan secuencias de maullidos.
Cuando crecen se enamoran, se desdicen, se niegan
Buscan esa piel de gato que perdieron.
Vi una película en enero
No la puedo recordar,
El calor era un brasero.
Amantes occidentales,
Lluvias ácidas, capelinas que el viento ordena,
Bombachas de tajamar.
Golvent, ¿viste al gladiolo brotar?
¿Viste a la alpaca llorar?
¿Viste a la perra perrear?
¿Miraste a un ñandú en el campo
Cómo se atoraba el pescuezo
Tragándose una arandela
De un indio policcinela?
(¿Viste algo de todo esto?)
Cuando los chicos son grandes
Se enamoran
Y si lo hacen de chicos,
No se olvidan.
Pensá una puta vez en lo que nunca pensaste
Y decime entonces qué se siente.
Los soldados del imperio
Se hablan por largas horas
En teléfonos maltrechos
Con baterías deshechas.
No pueden olvidarse,
Se enamoran.
Mi madre cría un helecho,
Occidente y sus desechos,
La posición de este planeta
Es injusta y bajo sus techos
Muchos mueren de hambre
Y otros tantos de vergüenza.
–Golvent dijo que no se le ocurría nada
y empezó a nombrar mujeres–:
Estefanía Marita La brujita Verón
Kadhafi La príncipe Charles
La novia de Baudalaire,
(La novia y el novio)
Cuando son grandes y locos
Muchas veces se enamoran
Y dejan a sus novios y novias
Y se casan. Y también, a veces,
Tienen hijos y esos hijos tienen hijos
Y ellos, así, son abuelos.
Clementina Medicis,
Jennifer Gianina Yenkins,
¿Te acordás de ella,
La hija de mi psiquiatra?
Me dio drogas para que no tome drogas,
Me dio cañas para que deje la marcha,
Me dio un submarino para que abandone mi barco helado,
Entablilló mis manos y mis muñecas rotas.
Marta Argerich hoy toca el piano
En las arenas de un circo
Fantasmas que la hicieron reír de noche
bajo un sol eterno, lleno de estrellas de invierno
Vírgenes estrellas que la vieron desde abajo.
Los chicos que están solos se buscan entre la nieve desnudos,
Entrar en Huir es adentrarse en un viaje hacia adentro, observando detenidamente hacia afuera. Exterior e interior parecen unirse en una especie de vacío e incertidumbre que se ven plasmados en los poemas de una manera que, de entrada, pueden parecer algo críptíca, pero lo cierto es que los poemas que configuran este magnífico poemario de Xavi Rossell, si algo tienen, es que son directos, claros e incluso me atrevería a decir empíricos. Uno los lee, pero también siente que los puede ver (cada poema casi una pequeña postal, a veces decolorada, en blanco y negro, casi grisáceas), puede parecer que se puede tocar (esas calles, la humedad de la niebla, la aspereza de las manos nudosas, el aire denso), e incluso sentir en la boca un ligero sabor a sal.
Prefacio
anterior al capricho de viajar
soñar era un verbo propiedad de vanidosos
cuando nos quitamos la venda
conocemos las cosas por su nombre
El poemario se nos aparece como una ventana desde la que vemos un exterior marcado por ciudades vacías, calles grises, silencios en el aire, que a su vez, conecta con el vacío en el pecho y en las manos del poeta. Un poemario sobre el que planean dudas y preguntas, y la búsqueda, casi vana, de respuestas.
Se nos presenta dividido en cuatro partes que configuran un todo gracias al hilo conductor que de manera sutil las relaciona; el viaje, la huida, la observación, el frío.
Cartapacio de Cabina – parte primera
Un cartapacio, funda donde se guardan papeles o libros, o conjunto de papeles reunidos en una carpeta. De cabina, lo que llevamos en las manos durante el viaje. Lo que no se deja aparte, lo que no se puede perder porque va con nosotros. El título de esta primera parte nos lleva de viaje, pero a uno mismo, y nos llevamos a nosotros mismos en nuestras manos. Nos convertimos en esa funda donde queremos guardar esos papeles que, en cierto modo, nos hacen, nos configuran, nos hacen ser. Pero antes de guardarlos, hay que encontarlos. Esos papeles que podrían bien ser las emociones, los sentimientos (entiéndase también el vacío como un sentimiento), y también aquellas cosas intangibles que son esenciales para la vida individual, para la vida en general, para comprendernos.
Esta primera parte, dejando a un lado el Prefacio, se abre con con Expectativas, un poema que en el que se nos dice que todo aquello que tenemos dentro, crece a medida que nos vamos haciendo personas; a medida que la vida nos va ‘ganando terreno’, nosotros debemos intentar hacer crecer esa parte de nosotros que es nuestra esencia, y debería, por consiguiente, ser nuestra máxima creencia.
la espera es lenta como es el baile del archipiélago
recuperando sus propiedades al atardecer
lo invisible crece:
es aquello en lo que creo
Fragmento Expectativas
El lenguaje usado en los poemas nos transporta a algo puro, básico y esencial; palabras como desnudez, reflexionar, mochila invisible, bajo la carne no suele haber secretos… ¿cómo engañar a aquello que se encuentra dentro de nosotros mismos? Saber escoger y quedarnos con lo que realmente importa, pero ¿qué es lo que realmente importa? Lo esencial es invisible a los ojos, que decía Saint-Exupéry.
Hay cierta sensación de vacío que rodea los versos; el silencio, el pecho vacío, la madrugada en un aeropuerto… esa sensación tan dolorosa de estar perdido en uno mismo y no tener otra salida que huir, huir de nosotros mismos hacia nosotros mismos, y quedarse con lo que realmente vale. Y lograrlo.
adquirí la vejez retenida bajo la tierra arcillosa
mientras imponía mi voz
sobre los dogmas de los cirujanos del desánimo
en la guerra de la piel contra la piedra,
allí decidí esconder el triunfo de mis dedos
Enseña a huir
Portada Huir
Fuga de Capitales – parte segunda
Desde el interior al que se ha llegado en la fase anterior, se observan ciertos lugares del mundo desde una relativa distancia, desde cierto vacío interior.
me llaman maestro,
desconocen que mis manos están vacías
Fragmento Nacidos en Ruinas
Esta observación nos lleva a lugares como un parque de Rumanía, un lago en Irlanda, una villa de un cantón en Luxemburgo o una línea amurallada en Francia. Lugares que aparecen con cierto frío, grisáceos, brumosos, con algunas presencias solitarias que son observadas, que aportan un mínimo ápice de vida al entorno, fundiéndose esa postal plomiza con el ánimo del poeta.
un anciano recoge cuñas de platanero;
hay entre sus dedos el susurro del éxodo
y un pozo negro bajo sus pies
Fragmento Herâstrâu
El lenguaje nos sigue llevando a una introspección íntima, un observador lejano dibujando cuadros silenciosos con contienen cierta vida pálida y, a su vez, configura otra imagen de un invierno solitario y dudosos, donde a menudo intentamos llenar un vacío, quizás de manera engañosa
siempre interpretamos palabras que no conocemos
así creemos llenar de significado el vacío
Fragmento Silencios
Una vea más se nos hace presente el vacío que no somos capaces de llenar siquiera observando un mundo cuya imagen puede llegar a ser incluso dudosa.
Cais das Columnas – parte tercera
Esta tercera parte nos traslada directos a Lisboa ya desde su título; ese guiño delicado al Muelle de las columnas, donde una añeja escalinata se adentra en el Río Tajo, y dos columnas parecen atraer el agua hacia su centro.
En esta parte, los poemas aparecen sin título, salvo por una numeración ordenada, y aportan, además, el lugar que los hizo surgir. Así nos encontramos lugares como una estación, Braço de Prata, Ponte, Rua Primeiro de Maio…
Hay cierto aroma de fado, por la belleza de los versos, por eses sabor a nostalgia, por el paseo que nos lleva de la mano por lugares portugueses ya desde el título.
Persiste en estos poemas la idea del vacío, del intimismo y, en cierto modo, de la solitud.
hay veces donde todo es insuficiente,
incluso el orden que resiste al polvo cuando marchas
Fragmento Poema II
Esta segunda parte me aporta cierta dosis de ternura, quizás por Lisboa y el significado que tiene para el poeta ese lugar, quizás por la presencia de un tú más definido. Lisboa es una ciudad presente e importante en la vida del poeta, una ciudad que parece querida, y ese amor, en cierto modo, se traslada a los versos dotándoles de una belleza que esconde, aunque pueda no parecerlo, cierta calidez y, a mi parecer, cierta añoranza.
A su vez, hay un sutil aroma a resurgimiento, a iniciar una nueva vida a la vez que una desconocida coge las manos del poeta y, en ese contacto, vuelven las amapolas y así, empieza otra vida. Me parece importante este poema, se me presenta como un punto de inflexión que puede aportar cierta paz, un rayo luminoso de esperanza entre el gris, que quizás puede llegar a llenar el pecho vacío del poeta, sus manos vacías se llenan, por esa presencia, y aporta una nota de color que rompe con el gris plomizo que tiñe todos los poemas.
Si bien nos siguen apareciendo vagos personajes lejanos, un tranvía recoge a dos ancianos, por ejemplo, la percepción es que no parecen tan fríos, sino más bien desolados y algo más tristes, quizás no es todo tan ajeno, hay cierto acercamiento y de alguna manera se percibe cierta conexión.
Xavi Rossell
Suite final – parte final
La parte más breve del poemario, sólo tres poemas que siguen la numeración de la parte segunda. Tres poemas intimistas que, a pesar de contar con un tú, ya esbozado en la parte anterior, que se nos hace ahora más presente y más necesario, no dejan de estar pendientes de la llegada del frío.
Todo es cíclico, parece decirnos, hay un frío que puede llegar a desvanecerse, pero los días grises han de regresar. Se puede huir, pero siempre se acaba por regresar, hasta la próxima huida.
una catarata escupiendo silencios amenaza
en hacernos de hielo
es el invierno aullando todavía lejano sus intenciones
sobre tu nuca
Fragmento Trece
Termina el viaje. El poeta esparce su equipaje en el comedor, pero es consciente de la necesidad de otro cuerpo que cierre la puerta. Probablemente el viaje no ha terminado, probablemente sólo sea una pausa hasta que empiece de nuevo.
Huir es un poemario intenso, profundo y con aroma a sal (a sal en las heridas quizás…). De manera magristal, Xavi Rossell describe estados de soledad, paisajes que comulgan con el espacio interior. Un poemario que nos recuerda el frío, el gris, el vacío, pero con sutiles rayos de luz. Un poco lo que viene siendo el viaje de la vida.
Xavi Rossell, nacido en Badajoz pero residente desde hace años en Tarragona, está estrechamente vinculado al mundo literario. Publicó su primer poemario, La forja del elefante (LeTour ediciones) en el año 2018. Ha formado parte de diversas antologías, sus poemas han sido difundidos en numerosas publicaciones de índole literaria y edita, junto a Leonor López de Carrión, el fanzine literario Cafuné. Huir es su segundo poemario y altamente recomendable. A veces hay que huir para poder volver.
Salo Mochon, México 1985, es, según su propia definición un ‘aborto de rabino, coautor de Escardillo, psicoanalista’ cuya ‘incapacidad lo ha forzado al frugal lirismo de la cita (My previous incarnations: a melón, a lobster, a lémur, a bottle of wine, Epicurus).
En otras palabras, y siguiendo con el plagio poemático, nos encontramos ante un poemario que intenta ‘fortalecer el intelecto a través de nunca llegar a una conclusión’. ‘El lector se ve obligado a hacer un ejercicio de combinatoria; las diferentes tipografías lo guían y lo confunden al mismo tiempo’.
EL EMISOR Y EL RECEPTOR hablan sobre algo importante. Jack dice A y Jill escucha X. Jill responde Y y Jack escucha B. Es decir, se entienden. Jack y Jill se intercambian, por turnos, los lugares de emisor y receptor: el ciclo se repite hasta que deciden reconocer algo terrible o salir a comer atún.
——————————— A = mensaje del emisor. X = mensaje del emisor de acuerdo al receptor. Y = respuesta del receptor consecuente con aquello que creyó escuchar. B = respuesta del receptor de acuerdo al emisor y consecuente con lo que creyó decir en un principio.
Escardillo es un viaje alucinógeno/lisérgico en el que las palabras no saben qué hacer entre ellas. Escardillo es el primer libro de este joven poeta que con un poco de tiempo, puede acabar convirtiéndose en el Fernando Arrabal mexicano: autor inclasificable que se mueve como pez en el agua entre los avatares del surrealismo no surrealista, o sí.
¿Quién debe comprar este libro?
Todo aquel que no sepa responder a la pregunta que Salo Mochon nos hace:
¿Cuántos pelos blancos puede tener una vaca roja sin dejar de ser una vaca roja?
¿Por qué hay que comprar este libro?
Sencillamente por el valor demostrado por el poeta/escritor Salo Mochon y el editor/provocador cultural José María Cumbreño al editar un libro de estas características. Un poemario que ha conseguido obtener la mención honorífica en el VII Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz. Escardillo, Salo Mochon, Liliputienses.
Acabaremos esta reseña con un poema que sirve tanto para la reseña como para el poemario.
Si alguien se ha tomado el trabajo de leer con alguna atención lo precedente, tal vez le haya sobrevenido involuntariamente el pensamiento de que algo debía de andar mal en el propio Dios.
Rafael Espinosa (Lima, Perú, 1962) ha publicado once colecciones de poesía con la que reseñamos hoy, El vaquero sin agua en la cantimplora, publicada en España por Ediciones Liliputienses en abril de 2018.
Gracias a esta editorial estamos conociendo la poesía peruana de estos últimos años. Una poesía que nos ha sorprendido no solamente por su juventud y vitalidad sino también por sus poetas Rafael Espinosa o Kevin Castro.
Un poemario con un titulo singular, poco habitual que sorprende y descoloca al lector.
Afuera ocurre literalmente todo. Lo menos ruidoso es el agujero de ozono recibiendo el alma de David Bowie. Quien decide respirar debe atenerse al destino de un bombardero, ver gente muerta convirtiéndose en hongos alucinógenos y agradecer con un altar de escombros descubrir juntos la náusea y la piedad. Adentro hay una mezcladora de cemento y adentro habito yo. Pero llegó borracho mi hijo, que anda sin trabajo y pasa las noches en discotecas de ambiente, y me pidió guardar silencio, ser un amante en su sueño. Pensando que la vida es real, me puse a dibujar ciruelas en este cuaderno. Sería hermoso comerlas o acomodarlas con cuidado en una canasta. No tengo a quién regalársela, si la compasión es irreal.
Gorros de mapache
Un poema que nos ha recordado poemas de Turtle Island, poemario mítico del poeta beat norteamericano Gary Snyder, del cual ya nos hemos referido en estas mismas páginas.
Espinosa, ya en su primer poema ‘Un caballo árabe‘ nos indica el origen de su escritura: hago poemas de la descomposición.
Un vaquero sin agua en su cantimplora es como un gran paraguas poético del que cuelgan poemas que plantean preguntas de sus varillas:
¿En realidad distingues entre
un pensamiento y segregar cera?
¿En serio crees que los viejos aman
y el perdón no nace
de ser insaciables en el sexo?
Las importaciones
¿Por qué no te conviertes en el traductor de las flores?
Agricultura de terraza
¿Por qué los árboles no proyectan una arrogancia vertical
cuando a las claras no son seres horizontales?
Transpuesto (Homenaje a Robert Hass)
En este último poema que hemos citado, “Transpuesto (Homenaje a Robert Hass)”, Espinosa confiesa:
Yo miraba los árboles como se mira a las personas,
con reproche, creyéndose en secreto mejor, con ternura
y ganas de tocarlos; yo miraba su presente,
lleno de estrategias de flores y comunidades que quieren vivir,
como un hombre con mala fortuna …
¿Quién es Robert Hass?
Robert Hass es un poeta estadounidense nacido en San Francisco, California que en los años 50 estuvo en la órbita de los poetas beat Gary Snyder y Allen Ginsberg.
Un vaquero sin agua en su cantimplora es un poemario que no te deja escapar. Entre sus páginas, el poeta observa, retrata su realidad y toca todo lo que tiene a su alrededor.
… Es
como si me echaran de mi vida
pero no de mi mirada. Puedo discernir, puedo
sentir cómo la soledad toca unas facciones
mejor que un ciego y ver que las quemas de basura
peregrinan en dirección a la costa.
Felicidad del notario
Antes de finalizar, no podemos dejar de destacar que la mayoría de los poemas guarda una fuerte influencia estadounidense en contenido y estilo.
Compradlo y leedlo. Este poemario es una muestra más de esa lucha de David contra Goliat que lleva a cabo José M. Cumbreño a favor de la poesía desde su editorial Liliputienses.
No tengo que cubrirme de sangre para seducir al oráculo. Conozco los secretos. En el pasado demoler, en el presente dispersar, en el futuro morir junto a otro hombre que agoniza bajo un arte de tubos. Es fácil. Solo necesitas contar hasta tres. Y ciertos días de pestañas terráqueas también conozco una ruta de la piedad extendida entre Jr. Lampa y Jr. Torrico. Está llena de piojos sacros y pordioseros: toxicómanos, quemados, cojos e invidentes que nunca aprendieron la virtud de contemplar. Aun así hay veces que como un hurón, un pez-cueva o un ácaro que sueña, quisiera tener mala vista. Pese a todo, los hombres trabajan por la visibilidad. Se iluminan las playas 400 m aguas adentro, se fotografían las estrellas que colapsaron hace más tiempo y los sentimientos toman en los monitores figuras de rosa o copa. No importa la piedad, se trata de desaparecer la penumbra para que pasee un miembro fantasma. Es difícil tomar aire de esa manera. Es difícil contar hasta tres y más difícil que dos se amen. Miro perplejo. Como un rencor, la primavera se va y reaparece, algunas parejas derrotan al cáncer y la dulzura de la hierba deja el pie tumefacto.
ESTILOS DE LAS CATEDRALES
Es enternecedor por las abejas y su música evangélica pero al cabo resulta tonto alegrarse porque se incrementaron las ventas de miel al extranjero.
¿En verdad crees que valga la pena otra hiperproductividad que la del sexo?
Yo lo veo así. La vida es como una interminable helada y un deshielo breve, donde se pasa del bloqueo creativo a los pensamientos y la idea voladora siempre se dirige a acariciar otra anatomía.
Entonces nacen los sentimientos, semejantes a escuchas telefónicas donde espiamos al mundo: sentimos a los árboles ser derribados, los sentimos caer sobre las poblaciones como bombas de racimo y al viento guardar esos infantes.
Puede ser terrible esperar al cuerpo a tocar sin descanso. Hace frío y podemos refugiarnos en cualquier vertedero, hasta confundirnos con papelería. El juego de la orquídea y la abeja por multiplicar las plantas epífitas no nos despertará.
A mí me ocurrió que aguardando arrojé tantos guijarros por los farallones que terminé por hacer una vida. Mientras, Pietro se camuflaba tras la oferta respiratoria soñando con los muslos de los corredores sudorosos en los parques.
¿En realidad distingues entre un pensamiento y segregar cera?
¿En serio crees que los viejos aman y el perdón no nace de ser insaciables en el sexo?
Un poema y su lector son insaciables.
LAS IMPORTACIONES
Una idea es opcional. Crecen en nuestro interior estupores de un viaje relámpago solo rara vez capaces de producir forma. Lo que sí generan es a la vez melancolía y lujuria, porque les gustan los chistes, las sombras, además de ira y odio. Ni las plantas carnívoras, con sus miles de receptores para capturar moscas, atrapan entonces en el aire mejor un humano. Y cuando sufrimos, sin saber qué virtud aplastamos, nuestro cuerpo pesa más que un contenedor de celos llorosos.
Una idea es opcional. Por ejemplo la idea de ser peruano o de que los peruanos somos lo que comemos y excretamos luego de haber practicado en las mesas la integración social (¡?) con cerveza producida en casa. Cuando murió Fedra, mi perra de origen suizo, me recluí y no hablé con un peruano en seis meses. Cuando los lagos de altura sean aeropuertos y el ganado no pueda llamarle pan a la tierra y los telares dejen de ser hilados mientras pace sin sentido del tiempo, y gustándolo, Cielo, muestra generosidad, perdónanos. Nazcan de tu crucifixión restituciones. Contesta con bondad, no destruyas a los peruanos abyectos. No crearon ellos las praderas.