Autor: Gemma Rabaneda i Sureda

  • Primer Concurso de Poesía Estatal Arturo Mariño (Nuevo León, México)

    Primer Concurso de Poesía Estatal Arturo Mariño (Nuevo León, México)

    Este año ha tenido lugar la primera edición del Concurso de Poesía Estatal Arturo Mariño, en México. El concurso fue organizado por el poeta y maestro Eligio Coronado, y se llevó a cabo en la Ciudad de Monterrey, Nuevo León, México.

    Los participantes debían ser poetas mexicanos residentes en Nuevo León y se participaba con el envío de tres poemas de tema libre. El jurado estuvo formado por tres escritores reconocidos, entre ellos don Arturo Mariño, y el fallo tuvo lugar el pasado 11 de Junio en el Café Bar Monstera (Morelos).

    El ganador de esta primera edición resultó ser David Granados (Monterrey, Nuevo León, 1974), un escritor emergente que ha sido publicado en dos ocasiones por la Editorial Canto del Libro, y tiene una librería online llamada Funámbulo.

    David Granados, ganador del Primer Concurso de Poesía Arturo Mariño, 2022.

    Aquí os reproducimos los tres poemas con los que David se proclamó ganador del Concurso, así como uno adicional que serán parte de su próximo poemario. Así mismo, al final encontraréis la traducción de los poemas ganadores al catalán; David Granados tiene previsto un viaje próximamente a Andorra, y por ese motivo, sus poemas empiezan a traducirse al catalán.

    Que los disfrutéis!

    47

    Pareciera una obviedad

    plantar un pie después del otro,

    sentarme en la orilla de la cama y extender

    los brazos simulando una victoria.

    Pero no estoy subiendo sudoroso una escalera en Filadelfia.

    No se oye la guitarra sucia de Eye of tiger,

    no tengo frente a mí la pelea del siglo.

    Lo que sí tengo es un lavabo y un espejo.

    Un cepillo y la pasta de dientes,

    el café previo al desayuno.

    Una lista de reuniones por cancelar.

    Quisiera tener la memoria del poema.

    Su arrojo al saber que duele más lo que se olvida.

    Pero el día transcurre y se despoja

    de todo intento de escritura.

    Quizás ya llegué a la cima de mi ruta,

    y sólo queda plantar un pie después del otro,

    sentarme a la orilla de la cama.

    Extender los brazos y simular cada día una victoria

    como aquel que encuentra tan sólo

    el monumento gastado de su nombre

    al final de una escalera.

    ESTRABISMO

    Tengo estrabismo como mi padre.

    Me esfuerzo en disimularlo pero las fotografías no mienten.

    Tendré que probar con cirugía

    o algún día dejaré de conducir.

    Igual que él, no le he dado la importancia que se requiere.

    He postergado la compra de nuevos lentes.

    Fallo en reconocer los rostros a cierta distancia.

    Me he acostumbrado a bajar las escaleras con cuidado,

    a no conducir a más de 60 o 70 kilómetros por hora.

    Los subtítulos se difuminan,

    me es difícil enfocarlos en la sala de cine.

    No así mis lecturas.

    Contrario a su naturaleza, el poema se muestra nítido,

    se presenta claro como una advertencia,

    igual que un semáforo en rojo en medio de la noche.

    Mi padre murió a los 55 años.

    Su estrabismo no fue un impedimento para ejercer su trabajo.

    Manejaba con una habilidad indiscutible

    el torno, la fresa, las pinzas, las herramientas de precisión.

    Nunca dejó de conducir, y salió bien librado de algunos accidentes.

    Tenía el hábito del corto alcance.

    De no pensar más allá de pasado mañana.

    Quizás tengo más cosas en común con él.

    Hoy saqué del librero la antología de Sabines que le pertenecía.

    En dos meses cumpliré 48 años

    y todavía no he sacado cita para mis lentes.

    EVOCACIÓN AL SALIR DEL RESTAURANTE

    Digamos que he aprendido a contemplarte a la distancia.

    Mientras caminamos rumbo al auto

    y dejamos atrás el mismo restaurante de los martes,

    adivino tus gestos,

    tu movimiento de cejas y esa forma de tocarte el rostro

    cuando tienes sueño.

    Quizá sea mi oficio, la imperfección de mis nostalgias

    o mi colección de despedidas,

    pero he desarrollado la destreza de evocarte

    como un sueño interrumpido

    o una derrota anticipada,

    de ir un paso atrás cuando caminamos rumbo al auto

    y dejamos atrás el mismo restaurante de los martes,

    con su reciente remodelación y su aumento significativo

    de clientes y de precios,

    con sus nuevos murales y variedad de tragos.

    ¿Será que ya no es el mismo restaurante?

    —Lo pienso mientras enciendo el auto—

    Tal vez ahí puede haber un poema,

    encerrado en el mismo sitio que ahora luce diferente,

    en esta ciudad de grandes edificios,

    con su geografía de hastíos y arrebatos.

    O quizá se encuentra aquí, en el vacío que dejarás

    en el asiento del copiloto cuando llegues a casa

    y yo me quede en el coche

                                                                           descifrando

    la impaciencia de este instante.

    Genes (is)

    A David Granados, El Ruso

    He de reconocer que te aprendí algunas cosas.

    Por ejemplo:

    que no se puede huir

    sin descuidar alguno de nuestros órganos.

    Que la noche no se cansa de buscar nuestros defectos.

    Te aprendí algunos trucos

    hasta convertirme en un mal trazo de tu mano.

    Que siempre hay algo por reparar en casa,

    una tubería

    un enchufe

    alguna llave

    una grieta que incomode a la vista.

    Que el poema surge en el polvo de los retratos

    Y al contemplar

    aquella grieta que delinea tu nombre,

    Las tuberías

    los enchufes

    las goteras de la casa

    me incomodan estas horas,

    así como incomoda mi rostro sumergido

    frente al espejo ennegrecido del recuerdo.

    Traducción al catalán por Gemma Rabaneda (Ze Pequeño)

    47

    Podria semblar una obvietat,

    plantar un peu rere l’altre,

    asseure’m a la vora del llit i estendre

    els braços simulant una victoria.

    Però no estic pujant, suat, una escala de Filadelfia.

    No se sent la guitarra bruta d’Eye of Tiger,

    no tinc al meu davant la baralla del segle.

    El que sí tinc és un lavabo i un mirall.

    Un raspall i pasta de dents,

    el café previ a l’esmorzar.

    Una llista de reunions per cancelar.

    Voldria tenir la memoria del poema.

    La seva gosadia en saber que dol més el que s’oblida.

    Però el dia passa i es despulla

    de qualsevol intent d’escriptura.

    ESTRABISME

    Tinc estrabisme com el meu pare.

    M’esforço en dissimilar-ho, però les fotografies no menteixen.

    Hauré de provar amb cirurgia

    o, tal volta, algun dia hauré de deixar de conduir.

    Igual que ell, no li he donat la importància que requereix.

    He postergat la compra d’unes ulleres noves.

    Fallo a l’hora de reconèixer els rostres a certa distància.

    M’he acostumat a tenir cura quan baixo les escales,

    a no conduir a més de 60 o 70 kilòmetres per hora.

    Els subtítols es difuminen,

    m’és difícil enfocar-los a la sala del cinema.

    Però no així les meves lectures.

    Contrari a la seva naturalesa, el poema es mostra nítid,

    es presenta clar com una advertència,

    igual que un semàfor en vermell enmig de la nit.

    El meu pare va morir als 55 anys.

    El seu estrabisme no va ser un impediment per fer la seva feina.

    Feia anar el torn, la fresa, les pinces, les eines de precisió.

    Mai no va deixar de conduir, i va sortir ben parat d’alguns accidents.

    Tenia l’hàbit del curt abast.

    De no pensar més enllà del demà passat.

    Potser tinc més coses en comú amb ell.

    Avui he tret de la llibreria la seva antologia de Sabines.

    En dos mesos compliré 48 anys

    i encara no tinc cita per les meves ulleres.

    EVOCACIÓ EN SORTIR D’UN RESTAURANT

    Podríem dir que he après a contemplar-te en la distància.

    Mentre caminen cap al cotxe

    i deixem enrere el mateix restaurant dels dimarts,

    esbrino els teus gestos,

    el teu moviment de celles i aquella forma de tocar-te la cara

    quan tens son.

    Potser sigui el meu ofici, la imperfecció de les meves nostàlgies

    o la meva col·lecció de comiats,

    però he desenvolupat la destresa d’evocar-te

    com un somni interromput

    o una derrota anticipada,

    d’anar un pas enrere quan caminem cap el cotxe

    i deixem enrere el mateix restaurant dels dimarts,

    amb la seva recent remodelació i el seu augment significatiu

    de preus i clients,

    amb els seus nous murals i la varietat de begudes.

    Serà que ja no és el mateix restaurant?

    -ho penso mentre encenc el cotxe-

    Potser allà pot haver un poema,

    tancat en el mateix lloc que ara llueix diferent,

    en aquesta ciutat de grans edificis.

    amb la seva geografia de tedis i rampells.

    O potser es troba aquí, en el buit que deixaràs

    en el seient del copilot quan arribis a casa

    i jo em quedi al cotxe

                                                   desxifrant

    la impaciència de l’instant.

    GENES (IS)

                                                                   A David Granados

    He de reconèixer que t’he après algunes coses.

    Per exemple:

    que no es pot fugir

    sense descuidar alguns dels nostres òrgans.

    Que la nit no es cansa de cercar els nostres defectes.

    T’he après alguns trucs

    fins a esdevenir un mal traç de la teva mà.

    Que sempre hi ha quelcom a casa per reparar,

    una canonada,

    un endoll,

    alguna clau,

    una esquerda que incomodi la vista.

    Que el poema sorgeix en la pols dels retrats.

    I en contemplar

    aquella esquerda que delinea el teu nom,

    les canonades,

    els endolls,

    les goteres de la casa

    m’incomoden el meu rostre submergit

    davant del mirall ennegrit del record.

  • Trifulca en la azotea, de Irene Zalba Cabanillas (Ed. Autografía)

    Trifulca en la azotea, de Irene Zalba Cabanillas (Ed. Autografía)

    Tras esa portada colorida y viva nos encontramos una serie de poemas, textos en rima, algún relato e incluso ilustraciones realizadas por la propia autora, en los que se nos desgranan diversas emociones, sensaciones y sentimientos.

    Desde un punto de vista interior y subjetivo, Irene deja pequeños textos en los que se cuentan vivencias y sentimientos de una manera clara y cercana. Algo curioso es que el libro no tiene índice, los escritos, salvo alguna pequeña excepción, no llevan título, y no hay un orden marcado o establecido de lectura. Eso nos lleva a que el lector pueda encontrar una emoción, una sensación, y que pueda leer los textos de manera independiente.

    Tanto la ilustración de la portada como el título Trifulca, ya nos lleva a pensar en una mezcla de cosas en cierto desorden; vendría a ser un reflejo de libro: ideas expuestas de manera consecutiva, pero independientes entre ellas, dejando pequeñas perlas de sentimiento en cada página.

    Así, nos encontramos con poemas de amor y ausencia

    Entre pared y pared dejé mi sonrisa

    para que, al pasar, mirarla consigas.

    Déjate ver con el alma rota,

    trozos enlazados, besos en tu boca.

    Poemas que nos hablan de pasión:

    lo que hemos vivido, nadie lo va a tener,

    como ese doble golpe que das a mi corazón

    cuando aprietas mi piel con tanto furor.

    Nostalgia, soledad y tristeza

    Aun dejándolo marchar, mi corazón sangra cada vez más.

    Respiro, recuerdo, intento contener mi más triste aliento.

    Huellas secas en mi piel,

    labios hartos de esperar

    lágrimas dibujadas con pincel,

    es un recuerdo, nada más.

    En el fondo, es un poemario vital, en el que se reivindica el amor, el buen hacer, la luz… las cosas positivas, a pesar de exponer en muchos de sus textos, emociones cercanas al dolor, la soledad, el vacío, el olvido o la pena, siempre siempre ofrecen ese contrapunto que reclama más dedicación y más sentimiento en todas las cosas que se hacen y viven:

    Demos más abrazos sinceros, más besos mojados,

    cuidemos de los nuestros, y amemos lo que hacemos.

    Sintamos ese primer café de la mañana, esa brisa lejana

    miremos a la luna, como si de una extraña se tratara

    rompamos barreras impuestas al amor

    sellándolas con nuestro más puro valor.

    Como opinión personal, decir que me ha parecido un libro luminoso y esperanzador. Expone instantes o emociones tristes, ciertamente, pero en líneas generales, me parece que siempre hay un pequeño rescoldo de luz que aporta esa esperanza tan necesaria. Es un libro que, además, se puede abrir por cualquier página y encontrar un escrito con el que, seguramente, el lector se sentirá identificado, porque si algo prima en este libro de Irene es, sin duda, que los escritos tocan prácticamente todas las emociones humanas.

    Trifulca en la azotea es un libro diverso, cercano y escrito con una sencillez que hace que su lectura sea tranquila agradable y plácida.

  • Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Sodio, de Rebeca Tejedor (Ed. Platero, 2022)

    Después de haber leído y releído Sodio, he llegado a la conclusión que voy a hablar poco de Sodio, porque creo que no le haría justicia, y lo mejor que podría deciros es que leáis este libro, porque de él se aprende, con él se siente, se llora, se teme, se vive, se explota, se cede.

    Crudeza, belleza, vida y dolor. Sodio nos abre las puertas a una intimidad herida pero valiente, a una fuerza innata que se coloca frente al espejo y se atreve a seguir e insistir, aunque se sienta en pedazos, porque, aunque sea en pedazos, sigue siendo. Y sabe que ha de ser.

    Carente de género literario, casi me atrevería a decir que Sodio es un género en sí mismo, este libro es un camino vital con todas sus vertientes, desde el ámbito emocional. Sodio duele; despierta un llanto amargo que se oculta en la garganta, porque el sol brilla fuera, más allá de esta sala fría, y los días se siguen sucediendo sin pausa, y quizás no es el momento para que salga, pero ahí está, clavado como la flor que se deshoja antes de tiempo, pero que nunca llega a perder el último pétalo.

    Sodio, de Rebeca Tejedor. (Ed. Platero)

    Desesperanza y esperanza se dan mano de una manera muy sutil, mostrando debilidades y a su vez coraje, aunque todo con un fino velo de desconcierto, que hace que una busque en las profundidades de su propio seno, la propia identidad antes de que se desvanezca.

    Trato de recomponer el fuego con las astillas dispersas, pretendo hacer que sobreviva la llama sobre un manto de agua dormida.

    A lo largo del libro a veces aparece una ventana a un pasado, a un tiempo lejano; como si revivir esos tiempos fuera una manera de, o bien aferrarse a la vida, o bien recordar y revivir lo que una ha sido o vivido, antes que se olvide del todo. Es una manera, en cierto modo, de saber que esa vida sigue en algún lugar, aunque haya cambiado el paisaje y el aspecto. Esa vida sigue ahí, aunque quizás esté algo dormida y sujeta por otras manos.

    Sodio es una palabra que no se nombra, pero que se clava; y una vez el lector ha descubierto esa cabeza de hormiga, el libro se convierte en un mar, en un oleaje de subidas y bajadas, en un ir y venir entre sillas naranjas y líquidos que se cuelan en el ánimo hasta empaparlo.

    Vuelvo a casa con el cuerpo lleno de líquido y un encuentro de almas que me hace pensar que hay algo más que carne en esta vida. Aprovecho para llenar el estómago antes que la propia boca me lo prohíba. /Tengo la cara cuarteada, las manos cruzadas y el pecho abierto/.

    La dicotomía negro-blanco se abre paso como emociones transitorias que no dejan de repetirse, como la vida misma. Todo es un vaivén sensitivo y emocional, que empieza siempre en el impulso de decir sin decir, pero diciendo todo con palabras veladas, preciosas metáforas, hirientes espadas que a veces se tornan de seda y en lugar de herir, acarician el alma, porque a veces la fuerza decae, y es entonces cuando es más necesario acariciarla, aunque sean las propias yemas las que lo hagan, o una mirada tras una bata blanca.

    El viaje me está resultando más intenso de lo que pensaba desde que empezó el trayecto tengo las profundidades del mar Egeo sobre las córneas y todo su absoluto velado en negro se me desborda. Mi absoluto es la cabeza de la hormiga, lo relativo es que ella vive y yo no estoy muerta.

    Rebeca Tejedor

    A veces, Sodio se intuye como una necesidad, para que pueda al fin vaciarse y dejar de ser sólo huesos; para soltar aquel peso negro que que cuando rueda siento su cosquilleo, pero nunca me río.

    /Camino en círculos sobre mi pecho, veo a Octubre deshecho entre mis pulmones, tengo un grito en los labios, pero ya no hay aire…/

    Son momentos concretos que responden a instantes que despiertan impulsos que han de soltarse, y lo hacen con una extrema sensibilidad y con hermosas imágenes que dejan un sabor a sal en la garganta; cosas tan propias del estilo de Rebeca que la hacen absolutamente inconfundible.

    Sodio es beso en la herida y sal en la cicatriz. Amarse a una misma a pesar de no sentirse (entera), como un amanecer que no encuentra el sol, aunque el calor empieza a hacer mella en la piel y la mirada.

    La fragilidad se muestra sobre el manantial de las venas que fluyen apartadas del riego para ser agua: tus ramas enredadas, mis hebras sueltas: tus nidos espesos, mis cantos vacíos. El mundo ha sido retenido en un suspiro…

    Sodio es la crudeza y la belleza; belleza que nos llega por ese lirismo delicado y mágico que escapa de la pluma de Rebeca sin apenas haber sido pensado o retocado; una vivencia que nos lleva al ámbito más íntimo de Rebeca, con su particular oleaje emocional y esa esencia de salitre.

    Exhalo, escribo y huyo. No quiero el aliento que bajo sus párpados trae dos ojos muertos.

    Sodio es uno de los libros más especiales que ha caído en mis manos. Aunque no lo parezca, la autora se abre en canal para mostrar su heridas más profundas, las que gritan a pleno pulmón con una voz que susurra, de manera casi imperceptible, pequeñas esperanzas en las que no se tiene demasiada fe, pero se quiere creer.

    Es un libro que se tiene que leer, despacio, con el pecho abierto, sintiendo en la piel cada aguja, cada destello de luz brillante y cada anochecer silente. Sodio es un libro magistral que marca un antes y un después en la trayectoria de Rebeca Tejedor; sin duda alguna, la autora ha cedido a sus impulsos más personales para regalarnos un libro que no deja indiferente a nadie, que atrapa para no soltar.

    Rebeca Tejedor vive en Madrid y es Sensei de poesía japonesa, poeta y redactora y editora de la Revista Abierta de Poesía Poémame. Con una escritura sensitiva e impulsiva, publicó su primer poemario en el año 2017, La esencia está en el aire. Cinco años después, nos sorprende y nos gana con Sodio; un libro que tardó años en tener la forma definitiva y, sin duda alguna, un libro que recomiendo indiscutiblemente.

    ¡IMPORTANTE SI VIVES EN MADRID O ALREDEDORES!

  • Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas (El Petit Editor, 2020)

    Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas (El Petit Editor, 2020)

    Aquest poemari, que va veure la llum el passat Juliol de 2020, es mostra dividit en tres parts amb títols molt clars, que marquen el camí cap on ens duran els poemes. Només amb un cop d’ull, ens podem fer una petita idea que aquí trobarem foscor, però també llum i, com no, una cosa força habitual en la poesia d’en Marc Freixas, amor per la llengua i la terra. Però anem a pams.

    En línies generals, la poesia d’en Marc és una poesia viva, extremadament lligada als sentiments, a les emocions, al món interior. Sovint, els seus versos són finestres cap a un mateix, i això la converteix en una poesia profunda i intensa, que sap tocar precisament aquella tecla tan íntima i fer florir, així, les emocions més privades.

    En la primera part, Si em troba la foscor, l’autor ens acosta a la part més fosca, tan necessària a vegades per tal de trobar la llum:

    De vegades és necessari penetrar la pròpia llum que ve de dins per arribar a descobrir on s’amaga la foscor.

    Ens convida a fer un viatge interior, a través de les ombres que sovint ens poblen, però ens estén la mà de la tendresa; ens exposa, de manera directa, els temors i la tristesa que la foscor sol portar implícits. L’amor a les paraules, tan present en els versos del Marc, és el que ens pot ajudar a trobar el camí cap a la llum, la poesia, perquè el Marc creu en la poesia com allò que pot canviar-ho tot:

    Però també llegeixo sovint,

    i llavors la meva ànima

    s’eixampla i se’n va del cos,

    i després quan torna,

    ho fa tot per fer-me saber

    que és una mica més eterna.

    És una foscor dolorosa i intensa, que pren tot allò que deixem que ens prengui. El dolor, des d’aquesta foscor interna, és més intens, és més afilat, i així ens ho mostren els poemes que configuren aquesta primera part del poemari: poemes que traspuen tristesa, poemes que deixen ferida.

    Tanmateix, la foscor és part de la vida, i això l’autor ho sap, com sap que conviure amb ella és, de vegades, l’única manera d’arribar a convertir-la, mitjançant les paraules, l’amor o la tendresa, en aquella llum que s’amaga i que només cal saber trobar, en certa manera, en soledat; en un mateix. Perquè moltes vegades, si no la majoria, la foscor esdevé un viatge que cal fer en soledat, acceptant, sentint, i descobrint que al final, un serà capaç de trobar aquella tendresa, aquella claror, que ens han de ser amor i vida.

    Si no t’esperes,

    la llum fosca

    voldrà tenir-te.

    Només vull rebre’t

    amb la mà estesa…,

    amb la mà oberta, preparada,

    fins obrir la llum clara.

    Arribar al paradís

    després de tot.

    Una primera part consumida per la tristesa i el dolor. Tanmateix, el poeta sap, malgrat que potser ara no les pugui trobar, que hi ha aquella llum brillant que ens porta l’amor i la poesia, i sap que per arribar a aferrar-la amb tota l’ànima, s’ha de caminar per la foscor, per fer-la nostra, saber que és dins i anar a cercar-la. Encara que la derrota sembli eterna, la lluita no és acabada encara. Dins de les paraules, dins d’una mirada, en la bellesa intrínseca de les coses, en una mà estesa, també es pot trobar aquella llum que tanta falta ens fa per trencar el malefici de la tristesa i la soledat.

    La segona part, Si em ve la llum, inicia amb la idea que a través de la creació es pot arribar a sortir de la foscor; i qui diu creació, per extensió, també diu també poesia..

    Un to més esperançador se’ns obre en aquests poemes. Canviem la soledat per la companyia, la foscor per la lluentor. Ens adonem que veient, sentint i valorant les coses petites, també podem trobar aquell raig de llum que sovint creiem que ja no existeix. Són dues cares de la mateixa moneda, la foscor i la claror, la nit i el dia, el plor i el somriure. Dos antagonistes, i ambdós, tan protagonistes de la vida.

    M’agrada que siguis

    la casa, la bellesa, l’amor

    de la paraula per tots els poemes

    que busca, tossudament, la llibertat.

    Portada de Si em preguessin els àtoms, de Marc Freixas, il·lustrada per Grifoll.

    Saber-nos vius és, en certa manera, la raó per la qual no hem d’abandonar la lluita; saber-nos vius en el poema és la raó de fer-nos seguir en vida per aquest camí tortuós. Retrobar la màgia de la poesia, l’amor més pur, el ser conscients que som sabedors del secret dit a crits i vers a vers: que hi ha llum en la poesia, que hi ha llum a la vida, però que per arribar-hi, sovint hem de travessar els camins emocionals i vitals més foscos.

    Però retrobar

    també és tornar de l’amor,

    no només amb les paraules.

    En contrapunt a la part anterior, a la foscor, aquí trobem vers més lluminosos; si bé hi ha un cert vel gris, els poemes que configuren Si em ve la llum, deixen una petita marca d’esperança a l’ànim. L’amor (l’amor a la mare, la matriu d’aquest poema -un dels poemes més preciosos del llibre-, al pare, als fills, a l’art, a la vida) se’ns mostra com un origen, un camí, un recolzament a l’hora d’anar passant els dies. L’amor i la tendresa (i la poesia), pilars tan fonamentals per a nosaltres, se’ns mostren de manera subtil i delicada, i ens omplen l’esperit i la fe.

    La tercera part, Si em pren la meva llengua i la meva terra, em porta inevitablement, a la part més humana de l’autor, les seves arrels, la seva identitat, representada per una llengua, la seva llengua i la seva cultura

    He de parlar-te de viure.

    He de parlar de tu,

    llengua meva.

    Estima tota la poesia

    i abraça-ho tot.

    i la seva terra

    Però estimo aprendre cada dia a parlar

    amb la gent de prop de casa,

    que és la gent del meu poble,

    la gent de les arrels.

    És una tercera part intensa on, d’alguna manera, s’uneixen la foscor i la llum per retrobar la veritable essència del que som. El que ens fa ser és la identitat, i això ens ve donat, en part, per la cultura d’una terra i d’una llengua que és la nostra; en Marc ens parla de la seva essència, les seves arrels, el seu origen. El vol cuidar, preservar, protegir i estimar. Tanmateix, l’estima i la passió que l’autor desplega en aquests poemes duu un subtil vel de tristesa i de rebel·lia que es contagia i encén l’ànima del lector: tots tenim una terra i una llengua, i tots som part d’una cultura que ens fa ser com a poble.

    Però si hi ha un sentiment que a mi m’omple en aquesta tercera part de Si em preguessin els àtoms, és l’amor; és cert que l’amor és molt present en la poesia d’en Marc, però la força amb què l’autor ens parla d’aquesta identitat és la força d’un amor incondicional amb un bri de preocupació i desesperança.

    Som batec i som amor.

    Som la casas plena

    i la metàfora per dir.

    […]

    Qui vetllarà per salvar-nos

    de la mort de la cultura?

    Qui estimarà la poesia?

    però ai, que tampoc no hi manca cert esperit de lluita, sa i valent, per la salvació d’un poble i tot el que un poble com a tal significa:

    Salvar la llengua.

    No només per parlar-la,

    no no´mes per escriure-la.

    Salvar la llengua,

    com d’un futur que ens ve

    per alliberar-nos.

    En Marc Freixas és un poeta que estima les paraules, que creu en la poesia i el poder de les lletres per fer una vida millor, tant a nivell individual com a nivell col·lectiu. D’aquí que, en els seus poemes, el respecte cap els mots i la poesia és absolutament innegable; i això, en aquests temps que corren dins del món de la poesia, és totalment preciós i d’agrair.

    La senzillesa i la tendresa, l’amor i la poesia, són aquelles coses que poden arribar a salvar-nos d’una caiguda irremeiable; potser és dins nostre la sortida… La poesia d’en Marc és una branca on aferrar-se quan la vida ens tanca els ulls de tanta obscuritat al voltant.

    Si em prenguessin els àtoms és el seu cinquè poemari, i té la fortuna de comptar amb el pròleg de la Laia Llobera, l’epíleg d’en Jordi valls i una meravellosa coberta de Grifoll.

  • Cueva de Thánatos, de Carmen Pérez-Seoane Cullen (Ed. Opera Prima)

    Cueva de Thánatos, de Carmen Pérez-Seoane Cullen (Ed. Opera Prima)

    Cueva de Thánatos hace pensar inevitablemente en la muerte; Thátanos, dios griego de la muerte no violenta. Y a medida que me he ido adentrando en el poemario de Carmen, me he dado cuenta que, en cierto modo, podría ser un camino a la cueva de Thánatos.

    Es un gran pequeño poemario que contiene poemas y pequeños retales de textos en prosa, que destacan por su profundidad. De hecho, me atrevería a decir que es un libro emocionalmente reflexivo.

    En esas letras encuentro el análisis emocional del dolor, a través de la voz de una mujer profundamente herida, pero que ha aprendido a convivir con esas heridas. Con cierta inquietud desconcertada, (que vemos en las numerosas y acertadas preguntas sin respuesta que pueblan el poemario), con la aceptación del camino que le toca recorrer; podrían ser las limitaciones humanas ante la fuerza de los sentimientos y los recuerdos, y esas limitaciones nos llevan a aceptar ese dolor, pero casi por obligación, con cierta resistencia que se canaliza a través de estos textos y poemas.

    La memoria es un notario implacable que recuerda fechas, sentimientos, aconteceres…

    -Nos resistimos

    Como reza este verso del poema Nos resistimos, no podemos huir de lo que nos configura, de lo que puebla nuestra casa, la memoria, los recuerdos… siempre aparecen en algún momento.

    Cueva de Thántos, Carmen Pérez-Seoane Cullen

    En el poemario de Carmen se nos hacen muy patentes el desamor, la ausencia, y los recuerdos o el olvido, y en cierta manera están asociados a la muerte; caer en el desamor es como ir lentamente hacia una muerte tranquila, aceptada, resignada:

    desamorada me voy por el camino del morir

    -Desamor

    Me parece maravillosa la manera en que Carmen profundiza en el dolor y los sentimientos; como desgrana esas emociones para hacerlas llegar más allá de nuestros ojos; sentimos el dolor, sentimos el desconcierto, sentimos el miedo, sentimos la pena. La conexión que se crea entre los poemas y el lector es impresionante, gracias a la intensidad de los versos, a la austeridad de sus palabras, que lejos de sonar rimbombantes, son directas, claras, transparentes.

    Esta idea la veo reflejada magistralmente en los versos finales de Hipótesis:

    Cuando vuestros bisturíes

    hayan diseccionado la vida

    tendréis en vuestras manos el enigma

    que nos hizo vivir

    ¿Con qué sustituiréis la vida?

    Una lee estos versos e inevitablemente siente ese temblor frío mezcla de miedo y realidad, y se da cuenta que este poemario está lleno de sentimientos que son verdades, y quizás por ello es capaz de atravesarnos de esta manera.

    Carmen, en este poemario, nos muestra la madurez y la profundidad de sus letras. El arte de saber plasmar y traspasar emociones, heridas; una manera de afrontar la vida.

    El claro poder de los sentimientos, la firmeza humana que a menudo por ello se debilita, la vulnerabilidad para vencer las emociones y, a su vez, la fortaleza de enfrentarse a ellas con aceptación.

    Quisiera terminar esta reseña con el poema Tristura. Quizás no sea el poema que resumiría toda la temática de todo el libro, pero creo que es una clara muestra de la intensidad, la profundidad y la belleza que sí son un resumen de Cueva de Thánatos.

    Ya no me siento yo:

    me sientes tú

    ¿por qué nacemos de dar muerte

    a quién nos engendró?

    Inexperto cirujano

    que rajo al mundo

    este hoy

    en un doloroso parto

    con el pasado:

    sólo se hace el futuro

    sobre el cadáver del presente:

    no hay espejo

    que no refleje

    pasado o futuro

    Presente inexistente

    de recuerdos

    configurado

    de premoniciones

    que buscan como intérpretes

    al protagonista

    que vivió la relación

    que ahora autoriza

    cuando el latido seco

    entona la queumbre

    de una tristura

    de deshamor

    hecha

    voz

    Carmen Pérez-Seoane Cullen es una gran pintora consagrada y amante de la cultura. Natural de Vitoria, estudió Bellas Artes en Madrid. Algunas de sus obras han sido la portada de sus libros. Cueva de Thánatos es el sexto libro que publica con la editorial Opera Prima.

  • La lagartija poeta, de Paula Casal (Hiperión Ediciones, 2021, Col. Ajonjolí)

    La lagartija poeta, de Paula Casal (Hiperión Ediciones, 2021, Col. Ajonjolí)

    Paula Casal nos enamora con su Lagartija poeta; un poemario distinto, alegre, sencillo pero que a su vez, esconde podríamos decir moralejas, o enseñanzas.

    Con los animales como protagonistas, la autora teje una serie de historias o cuentos en verso, orientados a niños (y no tan niños); de ahí que la mayoría de los poemas estén escritos con versos breves, mayoritariamente en rima consonante, con una sonoridad estudiada y fluida, con una armónica distribución de los acentos y sonidos, que hace que la lectura sea agradable, sencilla y amena. También, en este sentido, destacar las ilustraciones de la propia autora que acompañan los poemas, ilustraciones elaboradas y sensibles, que ayudan a que la idea del poema ‘cale hondo’ en el lector.

    El poemario va mucho más allá de los cuentos que relata; todos y cada uno de ellos esconde un mensaje tras las líneas que, gracias a esta estructura de rimas sencillas y poemas-cuentos, resulta muy sencillo de captar y comprender.

    Portada de La lagartija Poeta

    Es realmente fascinante como Paula Casal consigue captar la atención del lector, adulto o infantil, dejando huella con cada uno de los poemas, y arrancando a veces una sonrisa. Su poesía parece casi musical, y eso hace que se adentre con facilidad.

    Creo que es un libro muy adecuado para leer con nuestros pequeños, puesto que los poemas cuentan una historia a medida de cuento, y eso capta la atención y permite que la idea de trasfondo quedé:

    Tomemos por ejemplo el poema que abre el libro, el Ratón Pérez:

    Por si alguien le tima

    él deja muy poco

    al niño que miente

    o que se hace el loco.

    Y al niño que grita,

    que escupe y que muerde,

    le deja una piedra

    para que se acuerde.

    Pérez deja claro

    a quién dará más:

    al niño que ayuda y

    piensa en os demás.

    Como podéis ver, el Ratón Pérez deja mejores regalos a los niños que son buenos. Y esto motiva a los niños a portarse bien.

    Iba al matadero,

    directa a la muerte,

    cuando un aldeano

    le cambió su suerte.

    <<Deme aquella vaca,

    para mi sobrina,

    que tiene una granja,

    con playa y piscina>>.

    Allí va a su aire:

    corre, sube y baja,

    pasea tranquila,

    duerme sobre paja.

    -Fragmento del poema La vaca que ríe

    Aparte del buen comportamiento, que es el que consigue los mejores regalos, Paula no enseña que los animales son más felices en su hábitat y libres. De hecho, la idea de que los animales son más felices libres, se puede ver en diversos de sus poemas como La vaca que ríe, El asno de Buridán o El circo sin personas:

    ¿Y qué clase de amo deja

    morir así a un asno sano,

    teniendo tanto alimento

    al alcance de la mano?

    -Fragmento del poema El asno de Buridán

    Una de las ilustraciones de Paula Casal

    Uno de los poemas/cuento que más me han llamado la atención es Circo sin personas. En esta historia, escrita en diferentes partes breves, la historia radica en unos animales de un circo que deciden librarse de la mano humana que los esclaviza. Paula muestra los pensamientos de los animales, sus conversaciones, mostrándolos incluso más ‘humanos’ que los propios humanos. Me parece importante la idea que se desprende de este poema, y es que los animales no son objetos, los animales son seres vivos que sienten, y cuando son felices es cuando se les deja vivir la vida que merecen y que les pertenece, y necesitan de un trato de cariño, como cualquier ser vivo.

    Los animales hablan, explican lo que sufren, conspiran y consiguen salirse con la suya sin hacer daño a nadie, mostrando así su nobleza:

    <<¡El Circo de la Alegría!>>,

    gritaba el payaso listo,

    <<hagan cola que, esta tarde,

    van a ver lo nunca visto>>.

    <<Lo nunca visto sería

    que nos dejasen en paz,

    nos llevasen de paseo

    o a merendar en un bar.>>

    […]

    Y así fue como empezó

    El Gran Circo Sin Personas,

    cuya fama trascendió

    más allá del Amazonas.

    El circo se convirtió

    en un modelo a seguir:

    no hacen falta barrotes

    sin nadie quiere salir.

    Queda de manifiesto la crueldad, el uso y el abuso, que los humanos hacen de los animales, cosa que les hace sentir tristes y sin ánimo.

    En este poema se ve muy claro algo que me gusta mucho del poemario, y es que nos muestra lo que piensan y sienten los animales; de este modo, es como si ellos mismos contaran lo que sienten, las cosas que les ocurren, y esto ayuda mucho a verlos como lo que son: seres vivos que también sienten igual que nosotros, y apela un poco a la sensibilidad.

    Incluso tenemos un cuento que muestra que los animales son buenos, que si pueden nos ayuda, como le ocurre a Jonás en Jonás y la ballena, que es una ballena la que consigue que Jonás se libre de sus cadenas, lleve a cabo su mayor proeza y consiga ser feliz en libertad. Si ellos nos ayudan a conseguir eso, nosotros también podemos ayudarles a ellos.

    Otra idea que me parece realmente interesante y querría destacar es la que se desprende del poema Un milmanos y un ciempiés. Estos dos animales se encuentran y hablan sobre lo complicado que debe ser tener cien pies y mil manos; pero con la particularidad que cada uno está feliz con lo que tiene, a pesar de que los dos podrían ser el mismo animal. Aceptarse y quererse como es uno y aceptar al que llaman diferente puesto que, en el fondo, somos iguales. Y me parece muy bonita esta enseñanza, más en estos mundos en los que vivimos, a veces tan cargados de prejuicios, que no aportan nada.

    Bajaron primero al sueño,

    para evitar los peligros,

    y una vez en tierra firme,

    se abrazaron como amigos.

    Y ahora, siempre que un ciempiés,

    se encuentra con un milmanos,

    se dan un fuerte apretón,

    como si fueran hermanos.

    En definitiva, es un libro realmente interesante y totalmente aconsejable para niños (¡de todas las edades!); pues no sólo entretiene, sino que enseña y demuestra que hay otra manera de hacer las cosas, de tratar a los animales, de convivir en armonía haciendo el bien. Un libro muy trabajado, imaginativo y creativo, con unas rimas que hacen su lectura sencilla y agradable y cuyos poemas, apoyados en las ilustraciones de la propia Paula Casal, se convierten en pequeñas grandes enseñanzas que dejan huella.

    Paula Casal es investigadora ICREA y profesora de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, habiendo trabajo con anterioridad en las universidades de Keele, Harvard, Oxford y Stanford, entre otras, obteniendo varios premisos de investigación, y está muy ligada a organizaciones y revistas por el buen trato y la ética animal.

  • Un día cualquiera, de Oscar Antuñano Vaquero (ExLibric, 2021)

    Un día cualquiera, de Oscar Antuñano Vaquero (ExLibric, 2021)

    Tal como nos indica el autor, este poemario recoge poemas que ha ido publicando en diferentes portales y redes sociales, sin seguir una línea temática de unión, sino que se encuentran ordenados de forma cronológica.

    Así, los poemas no tienen un hilo conductor por lo que hace a la temática, sino que son poemas que se suceden tratando diversos temas e inquietudes del autor.

    Son poemas cercanos que, al no estar ligados entre ellos, tienen la particularidad que puedes abrir el libro por cualquier página y deleitarte con unos sencillos versos que aportan la visión del autor.

    Todo ello nos lleva a un poemario que puede hacernos reflexionar en algunas ocasiones, e incluso empatizar, o simplemente aportarnos un rato de distracción con bonitos versos.

    Aun así, si es cierto que hay algunos temas que se repiten en el poemario, como el amor, los sentimientos, casi tema universal en poesía, la soledad, la ausencia, la muerte, la música… si bien lo que tienen prácticamente todos en común es la emoción; poemas surgidos en su mayoría de las emociones del autor.

    El amor no se ha marchado,

    a mi vera ha quedado,

    aunque no estás a mi lado.

    -Fragmento del poema Me faltas

    O el poema Música, que describe el proceso de creación de un disco

    Una nota tras otra.

    Ahora un acorde, luego otro.

    De fondo se oyen golpes,

    unos altos, otros bajos.

    A veces das con la tecla,

    o soplas, y qué bien queda.

    -Fragmento del poema Música

    Todo aparece escrito desde una visión interior del autor; cada poema podría ser casi una pequeña reflexión y exposición sobre algo, sin dejar de lado la introspección.

    La actualidad y la realidad del mundo en que vivimos no escapa de este poemario y nos aparece, de manera sutil, en algunas de las reflexiones que el autor comparte, alguna pequeña crítica a lo que somos hoy en día los humanos, crítica que se extiende, por ejemplo, en el poema La gente de enfrente

    Cuando a ti nos acercamos

    y de nosotros nos olvidamos,

    nos vemos como hermanos

    y de uno a uno hablamos

    y todos nos respetamos.

    Así somos más humanos.

    -Fragmento del poema Hermanos Humanos

    En otras ocasiones, nos encontramos con poemas cotidianos, pequeñas escenas hechas poema de instantes rutinarios en la vida

    Salgo del coche.

    Ya se ha hecho de noche.

    ¡Ya era hora, qué hambre!

    Abro la puerta con la llave.

    ¡Ay, la discusión de ayer!

    Ya mismo voy a ducharme.

    -Fragmento del poema Por la noche

    Porta de Un día cualquiera

    A pesar de que podemos encontrar poemas que son simples explicaciones de un hecho, de un instante, también podemos hallar algunos poemas que cuentan con un ligero plus de profundidad, que van un poquito más allá de lo que cuentan las letras a primera vista. Así, por ejemplo, encontramos el poema Qué ha pasado, donde la reflexión va un poco más allá, y gira en torno al paso del tiempo, a los cambios que ese paso provoca en las personas y, por consiguiente, a veces también en las relaciones personales

    Tengo sentimientos encontrados,

    que me están haciendo daño,

    y me pregunto en este estado

    por qué intentamos negarlo.

    -Fragmento del poema Qué ha pasado.

    Y algo parecido nos ocurre con, pongamos como ejemplo, el poema Una historia más, donde la reflexión gira en torno a la vida y la muerte, al cambio y la trascendencia

    y así vamos avanzando

    por los altos y los bajos

    sembrando y cosechando,

    y en algún momento dado,

    sin saber si hay otro lado,

    dejamos todo y nos vamos.

    -Fragmento del poema Una historia más

    En este sentido, encontramos también poemas que profundizan en el interior del autor, en sus emociones quizás más privadas e íntimas, especialmente en la parte final de poemario, donde los poemas ganan un poquito en profundidad y reflexión:

    Ahí mismo estaba la salida,

    la propia entrada al abismo.

    Así de cerca la tenía,

    yo mismo la he elegido

    al cerrar los ojos míos.

    -Fragmento del poema Laberinto

    En definitiva, se trata de un poemario con gran diversidad temática; poemas sencillos y cercanos, escritos en un lenguaje muy coloquial, que explican y exploran, en cierto modo, la realidad en todas sus vertientes, así como las emociones más características del ser humano: amor, soledad, vida y muerte, paso del tiempo, ausencias…

    Óscar Antuñano es natural de Santurtzi, Bizkaia, y esta es la primera obra escrita que publica.

  • Poemas de ausencia y lejanía, Antonio Otero Seco. (Libros de la Herida, 2021)

    Poemas de ausencia y lejanía, Antonio Otero Seco. (Libros de la Herida, 2021)

    En una placa colocada en la sección de español de la Universidad de Rennes, se puede leer que Antonio «murió en 1970 de nostalgia y lejanía«. Y es que Antonio marchó exiliado a Francia, en 1947, nunca pudo regresar a España, y esa pena y nostalgia quedaron en su vida y su poesía como una marca imborrable.

    Antonio nació en Cabeza de Buey, un pueblito de la provincia de Badajoz, el año 1905. Estudió Derecho y Filosofía en las universidades de Sevilla, Granada y Madrid. Desde muy joven, ya colaboró con diversas revistas y periódicos tales como El Correo extremeño, La libertad, Estampa o El Heraldo de Madrid entre otros.  Asimismo, a los 25 años, ya había publicado cuatro novelas.

    Cuando su familia familia se traslada de Extremadura a Madrid, muy a principios de los años 30, Antonio Otero se vincula activamente con la lucha por mantener la República. Una de sus vocaciones más destacadas, el periodismo, lo lleva a viajar como corresponsal por Europa y Marruecos. De esta época y estos viajes surgen los poemas recogidos en Viaje al Sur, que configuran la primera parte de esta antología.

    Al estallar la Guerra Civil (1936-1939), Antonio sigue dedicándose al periodismo y publica, junto con un comandante de milicias, un texto defendiendo y alabando el trabajo de las Milicias (Gavroche en el parapeto).

    Al terminar la guerra, es procesado y condenado a muerte; pena que fue conmutada por treinta años de cárcel, siendo puesto en libertad vigilada dos años después. A consecuencia de esto, Antonio no puede seguir ejerciendo el periodismo, pero se mantiene en contacto con la resistencia antifranquista, hecho que le suponen nuevas detenciones, hasta que finalmente logra llegar a París en el año 1947 y, aun desde París, sigue vinculado siendo secretario de Alianza Republicada, y del Comité Nacional de Resistencia, a la vez que colabora con Ibérica, revista neoyorquina dirigida por Victoria Kent. Su familia no consigue llegar a Francia hasta el año 1956.

    Ejerce de profesor en la Universidad de Rennes, a la vez que hace de traductor para la ONU y la UNESCO, y publicando artículos en gran cantidad de revistas tanto de Europa como de América del Sur, y ejerció también crítico literario en Le Monde des Livres. Durante todo ese tiempo, fue un gran embajador de la literatura y la cultura española, nunca olvidando su tierra, y siempre con un asomo de nostalgia.

    De ideología claramente republicana y masón, amigo de Miguel Hernández, fue el último periodista que entrevistó a Lorca en Madrid, antes que este fuera a Granada para no salir jamás.

    Por primera vez se edita su poesía completa, Poemas de Ausencia y Lejanía, editada por Libros de la Herida, en su colección Poesía en Resistencia. Cuenta con un prólogo de Juan Manuel Bonet, y un emocionante epílogo escrito por Mariano Otero San José, hijo de Antonio.

    Poemas de ausencia y lejanía agrupa sus poemas en diferentes apartados o secciones, recogiendo así toda su obra desde sus primeros poemas, pero son una clara prueba de quién fue Antonio, de sus sentimientos y sensaciones a lo largo de su vida, y de la profunda marca que dejó en él el hecho de tener que abandonar su país para no regresar jamás. A su vez, se va viendo, a medida que avanza el libro, la evolución de él como persona, así como los primeros poemas, por ejemplo, nos hablan de lugares, y se convierten en pequeñas instantáneas de lugares como Andalucía, Elche, e incluso Marruecos, fruto de sus viajes como corresponsal, hasta la nostalgia más profunda, palpable en numerosos versos.

    Antonio Otero Seco, fotografiado por F. Buendía

    Empezando con Viaje al Sur, se nos ofrecen una serie de poemas que nos hablan de lugares de manera muy concreta; pequeñas escenas o postales se abren frente a nosotros para descubrir lugares que conoció gracias a su faceta de periodista. Una poesía con ligeros toques que hacen recordar el ultraísmo, hay quien dice incluso a la greguería. Lo que sí se puede detectar en estos poemas es cierta influencia del estilo de Lorca, cierto aire de Romancero Gitano, de canción andaluza.

    Raya de la lejanía

    dormida en el horizonte.

    Las casas son como espejos

    que hacen más oscuro el ocre

    de los corrales. La cal

    alterna con el adobe,

    ajedrez de plátano urbano

    donde disputan dos torres.

    (Fragmento de Andén de Marchena)

    Vengo desde la plaza,

    vengo desde la plaza

    de San Francisco,

    ay niña, de San Francisco,

    vengo desde la plaza

    para dormir contigo.

    (Fragmento de Marisma)

    Después de Viaje al Sur, encontramos seis poemas agrupados bajo el nombre de Con los ojos abiertos, que se abren con una bellísima elegía a Federico García Lorca (recordemos que Antonio Otero fue quien le realizó la última entrevista a Lorca, antes de su último viaje a Granada), así como poemas dedicados a su padre, Miguel Hernández, e incluso a ‘Martín Manzano, alcalde de Móstoles, fusilado en la cárcel de Porlier, donde Antonio cumplió parte de su condena).

    Estos poemas toman un cariz distinto, una tristeza y a su vez una fuerza de alzar la voz contra la aberrante injusticia de la guerra y sus consecuencias. Poemas intensos y dolientes, contienen, a mí parecer, una importante carga emocional:

    No cantes, que ya nos deja

    al costado una lanzada

    la frente cuadriculada

    por la sombra de la reja.

    No cantes, no cantes, ¡no!

    En Alicante murió.

    (Fragmento de Miguel)

    Aunque todos estos poemas tienen ese carácter dolido y de lamento propio de una elegía, el poema llamado Padre es quizás el que se muestra más crudo, más intenso, más herido. Es un poema de una intensidad abrumadora.

    Es muy definitoria la frase que abre este grupo de poemas, que proviene de una leyenda indígena de Guatemala: “Hay muertos enterrados con los ojos abiertos. Y sólo los cerrarán el día en que se les haga justicia”.

    Los tres poemas que nos encontramos justo a continuación, bajo el título de Ausencia y Mirada Interior, encontramos poemas bastante desgarradores, como María, uno de los poemas que más me ha impresionado, dedicado a su mujer, escrito durante los primeros meses de su exilio en París. Es un poema intenso y triste, de añoranza, donde palpamos el dolor que le supone este exilio, tan lejos de su tierra y, especialmente, de su gente:

    María: cuando vuelva te encontraré esperando

    en la puerta de casa mi mano que falta-

    Me ofrecerás tu risa clara de luna herida

    y tus ojos de niña más abiertos que nunca.

    (Fragmento de María)

    Tanto en Ausencia como en Mirada interior, encontramos poemas que ‘van hacia adentro’, las emociones del autor, su pena, su tristeza, su añoranza y, en cierto modo la incapacidad de comprender el porqué de tanto dolor.

    Se contraponen, en cierto modo, con los poemas agrupados bajo el título de Paréntesis sonriente, poemas fechados entre los años 1950 y 1952, fruto de algunos de los viajes que realizó. Son poemas algo más ligeros, siempre bajo un sutil velo de tristeza, que nos hablan de lugares como Estocolmo, Copnehague o Nueva York. También hay que decir que se siente cierto gracejo en estos poemas.

    Lejanía son una serie de poema que acusan al dolor y la pena por la ausencia de sus seres más queridos. Así, se abre con un precioso poema llamado Madre, o los poemas dedicados a sus hijos. Y sigue ese aire de añoranza en los poemas recogidos en Con los ojos abiertos II, donde vuelve a aparecernos su amigo Miguel Hernández, su hermana Jacinta o de nuevo su madre. Personas que se han ido yendo, y estos poemas quieren ser, quizás, parte del duelo y de la despedida que Antonio no les pudo dar. Son poemas conmovedores en extremo, donde la tristeza se palpa en cada verso, junto con el dolor que estar lejos supone:

    Llegarás, pero yo

    habré dejado el lecho de tantos años tristes.

    Sólo un hueco, una sombra, un molde, una canción.

    Yo antes;

    tú después.

    ¡Qué tarde ya para soñar!

    ¡Qué pronto aún para dormir!

    Antes, después, siempre…

    (Fragmento de Vendrás)

    La antología se cierra con poemas que recogen otras versiones o variaciones de algunos de sus poemas.

    Es indudable que la poesía de Antonio Otero es casi un diario emocional, salvando las distancias, de alguien que ha sufrido en sus propias carnes la crueldad de las cárceles franquistas, la pérdida, a menudo de manera injusta de familiares y amigos, el dolor por la lejanía de su tierra y de sus seres queridos. Una poesía que Libros de la Herida ha decidido recuperar y agrupar por primera vez, dentro de su colección Poesía en Resistencia, en un solo volumen, que configura una pequeña parte de la historia de este país, en la vida de un poeta, en cierto modo, injustamente olvidado, pero que creo que merece, como muchos otros, un reconocimiento. No fue el único que sufrió de ausencia, exilio y lejanía, por supuesto, pero sus poemas nos ayudan a entender y, lo que es más importante, a sentir lo que muchas personas sufrieron. Emoción y dolor a partes iguales, Poemas de Ausencia y Lejanía nos dejan un testimonio fiel y emotivo de lo que fue la vida de muchos durante la Guerra Civil y las décadas posteriores. De todo el poemario, hay una frase que me parece muy característica e importante porque podría resumir, a grandes rasgos, la esencia de la poesía de Antonio; aparece en su poema A los españoles muertos en el exilio, y me parece un buen resumen para cerrar esta reseña:

    Amigos: Habéis muerto en olor de hombres solos

    con un mapa de España en la pupila.

    La documentación y selección de poema que configuran esta antología ha sido llevada a cabo por Juan Manuel Bonet, autor también del prólogo, Edouard Pons y Marino Otero San José, hijo de Antonio, que también es el auto del epílogo, donde además nos regala algunas fotografías familiares para el recuerdo.

  • Las nubes tienen cicatrices, Pablo Rodríguez González (Ed. Universo de letras, 2021)

    Las nubes tienen cicatrices, Pablo Rodríguez González (Ed. Universo de letras, 2021)

    Las nubes tienen cicatrices es el primer poemario de Pablo Rodríguez González; una recopilación de novena y ocho poemas en los que encontramos desde la ilusión del amor, la entrega, los sueños, las ganas, hasta la soledad más fría, las ruinas de lo que fue, el dolor y la tristeza.

    Es un poemario apasionado, sentido, intenso… pero sobre todo, amoroso y doloroso. La ausencia, el frío y la nostalgia se abren camino página a página, para mostrarnos lo que queda después de una intensa historia de amor.

    Probablemente de este dolor nace la idea que se repite en algunos de los poemas, de la fragilidad y la necesidad de sentirse protegido. Especialmente, la fragilidad emocional. Esto lo vemos, por ejemplo, en el poema Lo que nos cubre nos hace más fuertes:

    Tan fácil como despojarte

    de todas esas capas

    para ver un cuerpo frágil,

    esquelético, vulnerable,

    que tirita y se estremece

    con los recuerdos de sus cicatrices.

    -Fragmento Lo que nos cubre nos hace más fuertes

    Nos cubrimos de cosas que nos tapan y protegen; el ser humano es frágil, necesita protegerse emocionalmente, necesita un refugio. A veces ese refugio puede ser la persona amada, pero cuando esta desaparece, cuando se va, el alma va a la desesperada buscando un refugio, algo que la haga sentir más protegida y menos vulnerable.

    En muchos de los poemas, los recuerdos de la historia de amor que terminó configuran un camino de momentos felices, de instantes y vivencias, que se intercalan con el dolor y la tristeza de haberlos perdido. Todo regado por una hermosa dosis de nostalgia que se destila de las heridas en proceso de curación. Es un duelo que hay que pasar para superar.

    Ligado a esto, nos encontramos la idea del futuro desvanecido; los sueños de un futuro, los planes, se van con la persona amada:

    En tus manos sostienes

    todos mis futuros que creí

    eran contigo,

    juegas con ellos entre tus dedos

    con la agilidad de un malabarista

    y la torpeza de quien confía demasiado.

    -Fragmento de El chasquido entre tus dedos de mis futuros contigo

    Ese futuro ahora está desaparecido y en su lugar, encontramos sólo los restos de lo que se construyó, las ruinas y el vacío de lo que será la vida a partir de ahora.

    Foto de Jesús J. Matías

    No hay desamor sin soledad. No podía ser de otra manera. La soledad nos aparece, ligeramente oculta tras los recuerdos y las ruinas, pero se nota, se palpa, al igual que esa ausencia que lo llena todo de recuerdos.

    Sueños:

    la mayor sensación de mi soledad

    es soñarte y despertar,

    ver un futuro contigo

    y no tener un presente a tu lado.

    -Fragmento de Despertar en un escalofrío

    Y ella se trocó en el tictac

    que marca el tiempo

    a la soledad para evocarla

    cada segundo sin su compañía.

    Y ella es ahora

    esa mirada que busco

    al final de mis cajones

    en lo cotidiano

    de mi rutina.

    -Fragmento de Ella es

    También tiene cabida en este poemario las ilusiones, pero siempre bajo un velo de tristeza y desengaño. El poema Sacudida a ciegas es un buen ejemplo de que, a menudo, nos equivocamos en una relación, a la hora de buscar o satisfacer las emociones:

    No podrá encontrar las suyas

    y tampoco encontrará las mías

    por más que las busquemos.

    ¿Sabes qué?

    No buscamos bien,

    no son las suyas

    no las mías;

    son las

    NUESTRAS

    Una relación ha de ser un proyecto común, basado en las ilusiones de ambos. El pensar o buscar solamente las de uno, sólo puede llevar, con el tiempo, a una inevitable ruptura.

    Aquí veo claramente la desolación del autor; el sentimiento de tener las ilusiones rotas, la apatía vital que en cierto modo nos atrapa cuando perdemos a la persona con la que querríamos compartir la vida. El dolor se hace presente junto con la tristeza y el desánimo.

    Un poema que me ha llamado mucho la atención es Las canciones que grabaste; creo que en él se conjuga la nostalgia en mayúscula. Las canciones suelen ser un elemento principal de la vida, nos acompañan en muchísimos momentos, y escucharlas es casi como revivirlos. El autor desgrana ese dolor y esa pena a través de las canciones que le hacen recordar preciosos momentos vividos.

    Ahora no consigo quitarme

    esas canciones,

    y no consigo que no evoquen

    los recuerdos que grabaste

    en ellas.

    Los diferentes planos de una relación los vemos plasmados en el poemario, desde el enamoramiento hasta la pasión.

    Nunca pensamos que caminaríamos

    por este camino,

    el sendero del deseo,

    de la pasión y la ternura

    y nos hicimos compatibles

    en nuestros cuerpos

    cuidando nuestros rincones.

    -Fragmento de Las ganas de mis labios de salir corriendo

    Eso le da un plus de intensidad al poemario, que no sólo se basa en el ámbito emocional, sino en la importancia de los cuerpos, del deseo, de la piel.

    En definitiva, un poemario intenso, de claroscuros, de amor-desamor, de dolor y sueño, de tristeza y nostalgia. Un poemario que desnuda el alma humana cuando ha perdido la persona amada, destapa todo el dolor, la muestra desamparada. Un poemario con el que muchos nos sentiremos identificados. Escrito en verso libre, los poemas se suceden como el que va contando poco a poco lo que tuvo y ya no tiene, lo que siente ahora, después de haber vivido y sentido tanto. Poemas cercanos, sencillos, sin florituras que estén de más.

    Un poemario para darse cuenta que, al fin y al cabo, no somos tan distintos y todos, de algún modo, sufrimos por igual en ciertos momentos.

  • La barrera más bonita del mundo, Blanca Berjano (Luces de Gálibo, 2021)

    La barrera más bonita del mundo, Blanca Berjano (Luces de Gálibo, 2021)

    Blanca Berjano (Madrid, 1987) trabajó como profesora en la isla de Mayotte, antigua colonia francesa situada al Norte del canal de Mozambique, en el archipiélago de las Comoras. Este poemario está inspirado en esta isla, fruto del tiempo que la autora pasó en ella, usando la hermosísima barrera de coral, de más de 190 kilómetros de largo, formando una de las lagunas más grandes del mundo, como título del libro siendo, en cierto modo, un símbolo de algo que queda encerrado tras un muro: lo que ocurre en Mayotte no sale de Mayotte. Así, Blanca quiebra esta barrera para dar a conocer la realidad de la isla.

    Explotación, violencia, hambre, turismo sexual, racismo, migrantes muertos en el mar… todo se une en este poemario, donde la autora muestra de manera abierta y sin tapujos, la realidad de la isla a veces injustamente olvidada o ignorada.

    Blanca Berjano

    Tres líneas principales marcan el orden del libro: la explotación de los Mzungú (colonos y, por extensión en el tiempo, turistas de piel blanca), la explotación de la mujer, los migrantes que fallecen en el mar intentado llegar a tierra.

    la rabia ruge

    es ella la que me colorea las mejillas y

    me refuerza

    hoy soy capaz de portar sobre mis hombros una cohorte

    de señores cejijuntos

    este es mi grito de guerra por mis hermanas muertas

    Se trata de un poemario duro, crudo, directo, donde se exponen todas aquellas cosas que hieren la isla, su vida y su gente. Si bien Mayotte podría ser considerada un paraíso, de puertas hacia afuera, con sus aguas turquesas, su arena clara, su verde intenso… Blanca nos muestra aquello que queda oculto tras la barrera:

    Escrito con absoluta libertad de métrica y técnica poética, mezclando juegos visuales, versos largos, versos partidos, versos breves, estrofas rotas… la densidad de los poemas no dan tregua y nos hacen ir de la explotación por parte de los Mzungú, al uso y abuso de la mujer, pasando por la muerte de personas que intentan (sobre)vivir; lo que convierte el libro en un poemario feminista, justo y guerrero.

    ponme la mano aquí, Macorina, pareces una mujer

    pero hablas como un hombre, Lololololola,

    y no puedo comprenderlo

    y he pagado por una malgache

    un poco más bilateral o inocua?

    indeleble o marchita?

    Todo el poemario es como un grito agudo y rabioso que sale de las entrañas, un rugido de denuncia y de queja, un grito que expone y muestra una realidad muy lejana de lo que podría ser ese Paraíso y, sin embargo, una realidad bien poco conocida.

    En este sentido, La barrera más bonita del mundo, se convierte en un libro que debería leerse y releerse con las manos abiertas y el corazón abierto: la verdad no es lo comercial, la verdad se esconde tras cada uno de los versos de Blanca, que nos obligan a abrir los ojos, que os golpean directos en la conciencia.

    Ruge, también, desde el feminismo hasta la libertad, de la muerte a su lucha. Un poemario que denuncia, que da un puñetazo sobre la mesa, abriendo en canal la situación real de la isla, lo que se vive, lo que se siente, lo que se ve.

    me pregunto qué sentiste, turista de flores grises, al conocer el destino de otra

    migrante ahogada en el paraíso.

    quizá, por un instante, dejaste de lado las gambas flambeadas en aceite de coco y

    cebolla caramelizada, y aprehensiva, le hablaste al horizonte:

    por qué han venido otra vez a morir a estas aguas,

    a teñir de rojo la barrera más bonita del mundo,

    a empañarme las gafas

    mientras buceas, ya no puedes ver más que muertos en el fondo de este mar

    La crudeza de estos versos es tremendamente dolorosa y, a su vez, es un reflejo de lo que ocurre.

    Las dos realidades se dan cita y se contrastan, especialmente en la tercera parte del poemario:

    ¿por qué vinieron a morir a estas cosas,

    a enrojecer con su sangre la arena más beige del mundo?

    Es un libro cruel, porque la realidad de la isla es cruel, es un libro transparente que muestra el agua turquesa manchada de sangre, la inocencia de las muchachas truncadas, el hambre de los niños, la pena.

    La barrera más bonita del mundo es un libro que recomendaría abiertamente. No en vano resultó galardonado con el I Premio de Poesía Joven de la Fundación Caja Navarra. Deja en los labios un sabor a sal y una pequeña lágrima de conciencia en la mirada y, quizás, habría que darle las gracias a Blanca por mostrar y/o descubrir algo de lo que muchos no somos y/o no queremos ser consientes. Para un total entendimiento del poemario, al final, se nos ofrece un pequeño glosario de palabras en Shimaore, que se habla en la mayoría de la isla de Mayotte.

    Blanca Berjano es filóloga clásica, con master en Enseñanza del Español como lengua extranjera en la Universidad de Sevilla. Es autora del poemario Ratas en el alféizar (Ménades, 2019). Ha colaborado como editora y coautora en la antología Relatos nada sexis (Ménades, 2020) y realiza artículos para diversas revistas culturares.