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  • 5 haikus de Kobayashi Issa

    5 haikus de Kobayashi Issa

    Kobayashi Issa, o tan sólo Issa, tal y como firmó sus haikus. Un nombre sencillo para un hombre sencillo, pero terriblemente golpeado por la vida. Y es que el conocimiento de su biografía nos hace reflexionar, y mirar de otro modo su obra.

    Issa nació con el nombre Kobayashi Nobuyuki, aunque era llamado siempre Yataro. Era la primavera de 1763 en la ciudad de Kashiwabara, en la antigua provincia japonesa de Shinano. Su familia se dedicaba a la agricultura, algo habitual en el Japón feudal del siglo XVIII.

    Kobayashi Issa

    Las desgracias empezaron pronto, muy pronto, para Yataro. Cuando contaba pocos años, su madre falleció. Pasó a estar a cargo de su abuela y fue entonces cuando el pequeño conoció por vez primera el haiku, de la mano de un poeta del pueblo llamado Shimpo.

    Sin embargo, su padre tardó poco en contraer matrimonio de nuevo, un matrimonio terriblemente infeliz. Los problemas con su madrastra no tardaron en aparecer, y tampoco las palizas: Yataro recordaría haber sido golpeado “más de 100 veces en una misma noche”. La situación se hizo aún más insoportable cuando su madrastra dio a luz a su hermanastro.

    Por fin, a la edad de 14 años, una ventana de esperanza se abrió para el joven Kobayashi. Marchó a Edo, la actual Tokyo, enviado por su padre. La nueva ciudad, un mundo desconocido repleto de nuevas gentes y nuevos paisajes debió fascinar a aquel adolescente.

    Sabemos que fue allí donde retomó el contacto con el haiku. Sus días se alternaban entre su trabajo en un templo budista y sus estudios con los poetas Mizoguchi Sogan y Norokuan Chikua, en la escuela de haiku Katsushika. Su talento no tardó en salir a la luz y Seibi Natsume se convirtió en su mecenas.

    Por aquel entonces Issa aún no existía. Sus poemas iban firmados con los seudónimos Kobayashi Ikyo o Nirokuan Kikumei. Fue en 1792 cuando abandonó definitivamente el nombre de Yataro y adoptó el nombre literario de Issa. “Con la primavera / Yataro renació / convertido en Issa”, reza uno de sus haikus.

    Lejos quedaba la traumática infancia en la granja de Kashiwabara y así parecía sugerirlo su nuevo nombre. Tras un viaje por el suroeste del Japón en 1795, Issa publicó su libro de poemas “Tabishui”. En los años posteriores vivió en diferentes ciudades, conoció la legendaria Kyoto, Osaka, Matsuyama, Nagasaki y otras muchas. Pero si bien su fama como poeta se acrecentaba, Issa conoció durante muchos años la pobreza. Años en los que se vio obligado a trabajar duramente y a realizar frecuentes y penosos viajes. Incluso volvió alguna vez a su tierra natal.

    Allí, en Kashiwabara, su padre falleció víctima de la fiebre tifoidea. Los problemas volvieron a surgir con su madrastra y su hermanastro, que le impidieron durante 13 años heredar las propiedades que su padre siempre deseó que fueran para él. En el “Diario de la muerte de mi padre” (1801) relata los pleitos y los emotivos detalles de la enfermedad de su padre. De él dice que, a pesar de la enfermedad que le devoraba, “sonreía alegre a todo el que le ofrecía veneno, y despreciaba al que le obligaba a tomar medicinas”. El cuerpo fue incinerado de acuerdo con los ritos budistas, e Issa guardó sus huesos.

    En los comienzos de 1810 decidió instalarse definitivamente en Kashiwabara y se casó con una joven del pueblo. Tenía ya 50 años pero desgraciadamente no le esperaba un feliz retiro, al contrario aquella fue la época más terrible de su vida.

    En los 10 años siguientes vio morir a sus 4 hijos, y también a su mujer en el parto del último de ellos. Volvió a casarse, ya con 62 años, pero se divorció a los pocos meses. Aún se casó por tercera vez. Entonces su casa se incendió, y volvió a la más absoluta pobreza.

    Los últimos meses de su vida los pasó en un almacén con piso de tierra. Murió en el invierno de 1827, sin llegar a ver el nacimiento de su última hija.

    Hace ya doscientos años de esta historia, pero el fruto de ella, los emocionantes haikus que Issa nos legó, sigue celebrando los sencillos placeres de la vida que tanto le faltaron, y el amor hacia la naturaleza.


    Hasta mis pies
    ¿cuándo y cómo has llegado,
    caracolillo?

    Tampoco yo
    he encontrado un hogar.
    Tarde de otoño.

    Huye el rocío.
    En este mundo sucio
    no hago yo nada.

    De no estar tú,
    demasiado enorme
    sería el bosque.

    Donde haya hombres
    habrá moscas, y habrá
    Budas también.

    (Artículo publicado originalmente en «Los mejores haikus en la red» y en Wikipedia, 2005; traducción de los haikus de Antonio Cabezas)

  • Reflexiona con un haiku de… Jorge Luis Borges

    Reflexiona con un haiku de… Jorge Luis Borges

    Mucho antes de descubrir el haiku, la prosa de Jorge Luis Borges fue parte esencial de mis lecturas de adolescencia. Hace pocos días volví a hojear un manido volumen de bolsillo -que contenía, junto a otros, el célebre «El Aleph»- y releí el siguiente fragmento, titulado «Del rigor en la ciencia».

    En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola provincia ocupaba toda una ciudad, y el mapa del Imperio, toda una provincia. Con el tiempo, esos mapas desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al estudio de la Cartografía, las generaciones siguientes entendieron que ese dilatado mapa era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas ruinas del mapa, habitadas por animales y por mendigos; en todo el país no hay otra reliquia de las disciplinas geográficas.

    – Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes, libro cuarto, cap. XIV, Lérida, 1658.

    Inmediatamente, esta lectura trajo a mi memoria uno de los haikus más conocidos del porteño.

    ¿Es un imperio
    esa luz que se apaga
    o una luciérnaga?

    Que sin ser un haiku en sentido estricto nos hace reflexionar sobre la importancia, relativa, de lo que nos rodea y de lo que nos rodeamos, y de cómo el universo entero puede estar contenido en lo más pequeño.

  • 8 haikus de Jack Kerouac

    8 haikus de Jack Kerouac

    Con estas palabras –de la introducción de su libro “Poemas dispersos”- nos daba Jack Kerouac (1922-1969) su concepción del haiku en lengua inglesa (y por extensión en cualquier lengua occidental).

    El estadounidense Jack Kerouac ha pasado a la historia como el escritor más representativo de la Generación Beat. Él y otros como Allan Ginsberg, William Burroughs o Neal Cassady tomaron las carreteras de los EEUU entre los años 50 y 60 en busca de la libertad artística y vital.

    kerouac
    Jack Kerouac

    Si bien Kerouac es conocido sobre todo por su faceta como novelista –sus novelas “En la carretera” (1957) o “Los vagabundos del Dharma» (1958) retrataron el lado oscuro de la acomodada sociedad norteamericana- su obra poética es también particularmente interesante. Y de hecho, a él se debe buena parte de la popularidad del haiku en la literatura norteamericana.

    Kerouac llegó al haiku a través de sus estudios de budismo, de la mano de su amigo Gary Snyder, un conocido poeta zen. Y de igual manera que revolucionó la novela tradicional con sus ideas sobre la “escritura espontánea”, también cambió la manera de entender el haiku: rechazó de plano la métrica estricta de diecisiete sílabas propia del haiku japonés, pero mantuvo en cambio la brevedad expresiva en tres líneas.

    Early morning yellow flowers,
    thinking about
    the drunkards of Mexico.

    Amarillas flores de madrugada,
    pensando
    en los borrachos de México.

    No telegram today
    only more leaves
    fell.

    No hay telegramas hoy
    sólo más hojas
    que caen.

    Nightfall,
    boy smashing dandelions
    with a stick.

    Anochecer,
    un chico destroza el diente de león
    con un palo.

    Siguiendo de nuevo las palabras de Keroauc, “un verdadero haiku debe ser tan sencillo como unas gachas, y aún así mostrarte completamente la realidad”. El haiku permitía a Kerouac mantener esa espontaneidad buscada –vital para él- mediante la imagen descrita pero también sugerida. Veámoslo.

    Missing a kick
    at the icebox door
    It closed anyway.

    Yerra la patada
    en la puerta de la nevera.
    Se cierra igualmente.

    Me gusta este haiku. En mi opinión muestra “el aquí y el ahora” que sugería Basho, acompañado de una fina ironía, la puerta que se cierra igualmente, a pesar de los esfuerzos del protagonista del haiku.

    Evening coming.
    The office girl
    unloosing her scarf.

    Cae la tarde.
    La chica de la oficina
    se desata la bufanda.

    Éste es un haiku sencillísimo, que nos describe una escena diaria en la rutina de una joven. Quizá ha terminado el trabajo y vuelve a casa, o quizá tiene una cita, o quizá va de compras, o quizá… Me sugiere tantísimas cosas.

    In the sun
    the butterfly wings
    Like a church window

    En el sol
    las alas de la mariposa.
    Como la vidriera de una iglesia.

    En este caso se presenta una imagen que se me antoja hermosa. Establece un vínculo entre la belleza de la naturaleza y la belleza del arte, e insinúa cómo éste se inspira en aquella.

    Concluyo este breve recorrido por la obra de Jack Kerouac con una reflexión sobre el carácter universal que el haiku ha tomado en el último siglo, y cómo ha convertido su sencillez en un puente capaz de unir culturas y tiempos y literaturas muy lejanas entre sí.

    And the quiet cat
    sitting by the post
    Perceives the moon

    Y el gato inmóvil
    sentado junto al poste
    se percata de la luna.

    The bottoms of my shoes
    are clean
    from walking in the rain.

    Las suelas de mis zapatos
    están limpias
    de caminar bajo la lluvia.

  • 5 poemas de Maki Starfield, poeta japonesa

    5 poemas de Maki Starfield, poeta japonesa

    La poeta japonesa Maki Starfield. Fuente: Facebook de la autora.

    Maki Starfield (Ehime,1972) es una poeta y artista japonesa. Cuenta con una Maestría en Artes de la Universidad de Sophia. Es miembro de la Asociación de Poetas Universales de Japón. También es miembro Sokyu, Sawa y Evergreen (Sociedades japonesas de Haiku). Sus poemas han sido publicados en revistas literarias de Italia, China, Rumania, India y Corea. Ganó el 12º Concurso anual Mainichi Haiku. Ha publicado en coautoría más de diez libros bilingües, con poetas de distintos lugares del mundo. Sus poemas han sido traducidos en diez idiomas.

    Como artista ha participado en diferentes exposiciones como Design Festa Vol.40 en Tokyo Big Site (2014). También ha obtenido distinciones como el Premio de la Asociación de Arte Contemporáneo Kindaibijutsu (2017) y el Premio Dojinsho en la 44a Exposición de Taiyo Bijutsu en (2018).

    Vestido

    Disfruta cada encuentro
    porque puede que no vuelva a suceder.
    llevo puesto un vestido de palabras
    —un vestido rojo en mi muerte.

    Jardín de septiembre

    Una cosa simple
    Conquistada despacio,
    Haré un jardín en mi cuerpo.
    Allí florecerá tu rosa.
    Estoy en cada pétalo
    La radiación de tu rosa también está dentro de mí.

    Unidad

    Ni en el corazón, ni en la razón, ni en el egoísmo,
    pero dónde yo estoy, tú también estás conmigo.
    Vivo contigo en esta felicidad.

    Ni en el cielo, ni en la tierra, ni en una piedra que rueda cuesta abajo,
    pero dónde yo estoy, tú también estás conmigo.
    Vivo contigo en esta felicidad.

    Ni la vida, ni en la muerte, ni el Estado, ni en los padres,
    pero dónde estoy yo, tú también estás conmigo.
    Vivo contigo en esta felicidad.

    Aquí hay un país sin guerra

    Aquí hay un país sin guerra.
    Ya no existen los rivales
    Tampoco existe un soberano dominante.
    Todo es pacífico
    Todas las personas se comunican con telepatía.

    No existe la pobreza, ni el crimen, no existe la enfermedad.
    La gente vive largos años.
    Como un bebé feliz en el regazo de su madre
    Un país que ríe siempre.

    Con una copa de vino en la mano
    Un país tumbado sobre su espalda, acariciado y besado.
    Sin un sistema monetario, no existe la necesidad de trabajar para vivir
    Un país donde todos hacen el trabajo que desean hacer.

    Deberíamos abolir ahora las armas nucleares
    Los dictadores no son necesarios.
    (Lo que queda, en conclusión, es el pecado del crimen)

    Un país sin gobernante.
    No está controlado por nadie
    No sabe de democracia, tampoco de socialismo.
    Aquí hay un país pacífico, sin guerra.

    Fortuna lunar

    1
    Un montón de ortigas
    Floreció encima del cemento—
    ¡Verde glorioso!

    2
    Mi amor está lejos,
    Pero esta noche
    Miramos la luna juntos.

    3
    Desnudos en un sueño,
    Nos abrazamos con fuerza,
    Me quedo sin aliento.

    4
    ¡La magia de un beso!
    Ahora tú
    Conviértete en la llama de mi deseo.

    5
    Durmiendo juntos,
    Dos locos enamorados;
    La luna nos aprueba.

    6
    Floreces
    En mi jardín—
    Una rosa prodigiosa.

    7
    Tu saliva
    Grabada en mi boca —
    ¡Sabor eterno!

    8
    Ecos de un sueño…
    El lago me acompaña:
    Palabras de agua.

    9
    ¡Un poeta!
    Su corazón está colmado
    con maravillas.

    10
    Palabras aladas…
    Los arboles de melocotón están floreciendo
    en mi ciudad natal.

    11
    Tres pétalos para ti.
    ¿Por qué está Fortuna
    en el centro?

    12
    El sueño del poeta
    Está a la deriva.
    Pero el sueño es verdad.

    13
    En un jardín
    Te veo en plena floración,
    Listo y despeinado.

    14
    No me hago ilusiones, ¿verdad?
    Pero sin ilusiones
    ¡Estás jugando!


    Traducción: Mariela Cordero.

  • Poesía japonesa más allá del haiku: el chöka y el tanka

    Poesía japonesa más allá del haiku: el chöka y el tanka

    En un artículo previo conversábamos de los diversos poemas japoneses breves de métrica tei kei (5-7-5). Dentro de éstos se incluye el haiku, el más conocido comúnmente, aunque también se mencionaron el senryu, el hokku y el müki.

    La poesía japonesa, sin embargo, posee una rica variedad de formas poéticas que permitieron a esta milenaria cultura cubrir diversidad de temas, no solamente el de la naturaleza. Algunas de estas formas son específicas para expresar temas espirituales mientras que otras sirven para expresar opiniones sarcásticas sobre el amor o el trabajo, otras fueran hechas para escribirse por dos poetas (y más) y algunos otros, en lo que respecta al tema a cubrir, gozan de mucha libertad.

    Muchos de estos poemas tienen tan solo unos pocos versos más; pero otros, en cambio, pueden contener buena cantidad de ellos para construir poemas muy largos, como el chöka, que veremos en breve.

    De la diversidad de poemas japoneses que existen, en este artículo hemos decidido conversar sobre el chöka y el tanka.

    Chöka

    El origen del chöka como forma poética se remonta a la época medieval del Japón. Siendo este tipo de poema un cauce principal de buena parte de la poesía lírica de la época, en el año 759 D.C., Otomo no Yakamochi lo recoge en la antología Manyōshū.

    Al parecer, en esta antología los autores masculinos escribieron poemas chöka bastante largos, entre 50 y 100 versos, con un marcado tono externo, dejando poco lugar a los asuntos íntimos, sentimientos y emociones. Las mujeres escritoras, sin embargo, prefirieron el tanka, pues sintieron que este era mejor instrumento poético para desplegar su sensibilidad femenina. El chöka no prohíbe sin embargo el tema emocional, sentimientos y asuntos íntimos; su contenido puede ser variado y amplio en general.

    A partir del siglo VIII, desafortunadamente, este tipo de poema dejó de cultivarse.

    Las pautas para escribir un chöka son las siguientes:

    1. No lleva título (en esto se parece a los de métrica tei kei)
    2. No lleva rimas consonantes
    3. Es posible usar rimas asonantes
    4. Admite todo tipo de recursos líricos y retóricos
    5. La cantidad de versos es variable:
      1. Puede ser tan largo como el poeta guste
      2. La cantidad mínima de versos, dada su configuración métrica, es de 7 versos, para diferenciarlo de un tanka, como ya veremos más adelante
    6. Un chöka debe terminar en un katauta de 3 versos con métrica 5-7-7 y contener 2 o más pares de versos 5-7; de esta cuenta, su métrica mínima es: 5-7, 5-7,5-7-7

    Veamos el siguiente ejemplo de chöka:

    Llueven sakura
    cual lágrimas en pétalos,
    nostalgia rosa
    inundando el asfalto,
    y llora mi alma
    que el reencuentro quiere;
    melancolía
    en acento pastel
    y sabor a cereza.

    Tanka

    De alguna manera es posible decir que el tanka tiene al menos unos 1500 años de existir, no en su forma directa, pero sí como parte de otros formatos de poesía japonesa. Uno de los formatos en que existía era el somonka, que es también un poema japonés muy antiguo.

    El tanka en su forma particular y definida lo creó Masaoka Shiki, y comparte origen  con el hokku, pues ambos nacen del renga (un tipo de poesía colectiva japonesa). Un renga lo inicia un poeta con un hokku (5-7-5) y lo responde otro poeta con un par de versos 7-7. De allí que los primeros 5 versos de un renga (aunque escrito por 2 poetas) dieran origen, más tarde, al tanka.

    Como indicamos antes, las poetas japonesas incluidas en la antología Manyōshū, eligieron el tanka para desplegar su belleza poética adornada de gran sensibilidad femenina. De hecho, en un principio, el tanka se usaba como una manera de enviar mensajes codificados entre amantes secretos. La codificación yacía en el uso de metáforas en lugar de lenguaje sencillo y directo. Esto para evitar, si el mensajero sabía leer, que éste pudiera pecar de indiscreto.

    Hoy día el tanka se puede usar para diversidad de temas.

    En un tanka los primeros 3 versos se conocen como kami-no-ku, de los cuales, el tercero, se denomina verso pivote. Los últimos 2 versos son el shimo-no-ku. El verso pivote debe contener palabras que sean afines (sinónimos o aspectos comúnmente relacionados a) a una o más palabras del shimo-no-ku y de los primeros versos del kami-no-ku.

    Las pautas generales para escribir un tanka son:

    1. No lleva título (igual que el chöka)
    2. Esquema métrico: 5-7-5-7-7
    3. No lleva rimas consonantes
    4. Puede llevar rimas asonantes
    5. Admite todo tipo de recursos líricos y retóricos
    6. Debe tener los enlaces entre el pivote y shimo-no-ku y primeros versos del kami-no-ku

    Veamos el siguiente ejemplo de tanka:

    Tu roja boca
    candado de mis labios,
    carmín cerrojo;
    soy tu esclavo en cadenas,
    mi calabozo… tú.

    Notad que el verso 3 (pivote) contiene las palabras clave de enlace: carmín, cerrojo. Los primeros versos del  kami-no-ku contienen los enlaces correspondientes: “roja” con “carmín”, “candado” con “cerrojo”.  El shimo-no-ku (versos 4 y 5) contiene los enlaces correspondientes: “cadenas” con “cerrojo”, “calabozo” con “cerrojo”.

    Finalmente, para ejercitar lo aprendido en este artículo, quiero invitarte a escribir un tanka o un chöka en Poémame.com, en nuestra nueva sección de poesía japonesa.

    Notas

    1. Los poetas japoneses consideraban que la rima asonante reducía la calidad del poema, a mi parecer, como si lo hiciera menos puro. Personalmente, en un chöka, prefiero una proporción mínima de rimas asonantes y, si el poema es muy corto, ninguna rima asonante.
    2. En un tanka, siendo tan corto, personalmente prefiero evitar a toda costa las rimas asonantes por las consideraciones de calidad poética de los japoneses, aunque no están prohibidas.
  • Jong Oh: haikus visuales escultóricos

    Jong Oh: haikus visuales escultóricos

    Hoy os presentamos la poesía visual de Jong Oh (Mauritania, 1981). Este artista creció entre España y Corea del Sur y actualmente vive y trabaja en Nueva York, donde se graduó en MFA en la Escuela de Artes Visuales luego de obtener su BFA en la Universidad Hongik en Seúl.

    Jong Oh no usa un estudio sino que crea sus esculturas mínimas o poemas visuales in situ. Sus obras responden a una situación espacial dada, dependen de la configuración del espacio que tenga y las interconecta con diversos materiales: cuerdas, cadenas, hilo de pescar, metacrilato, varillas de madera y metal e hilos pintados.

    El trabajo de Jong Oh es muy difícil de clasificar ya que sus obras, una especie de haikus visuales, son de un minimalismo llevado al extremo.  Los elementos de sus obras parecen flotar y los hilos que las suspenden son prácticamente invisibles, incluso el artista  a veces pinta el hilo ligeramente, reforzando la presencia visual del elemento, o utiliza la iluminación para crear sus composiciones.

    The Brooklyn Rail, Between Two Doors (installation photo), 2012. Dimensions variable. Thread, paint, wood, Plexiglas, aluminum, and brass weights.

    Jong ha expuesto en los EE.UU., Corea, México y Europa, y su obra pertenece a colecciones públicas como la Fundación Maxine & Stuart Frankel en Michigan (EE. UU.) y la Fundación Kablanc Otazu en Navarra (España).

    Tal y como la propia Galería Sabrina Amrani explica en la presentación de la exposición: «Oh apela al espectador a cuestionar su propia percepción y la forma en que tiene que relacionarse con el espacio que lo rodea, ofreciendo un espacio para la meditación y la contemplación ante el ajetreo y el bullicio de la vida cotidiana contemporánea: un sutil y refinado haiku visual sobre la universalidad y el sonido del espacio.»

    La Galería Sabrina Amrani (c/ Madera, 23, Malasaña, Madrid) presenta Lodestar, la primera exposición individual del artista surcoreano Jong Oh en España, del 10 de enero al 10 de marzo de 2018. Aquí podéis hacer una visita virtual a la exposición.

  • Haiku desde la trinchera: «Cien visiones de guerra», de Julian Vocance (Renacimiento)

    Haiku desde la trinchera: «Cien visiones de guerra», de Julian Vocance (Renacimiento)

    A veces, al leer a un autor desconocido, nos impacta desde las primeras líneas. Me ha sucedido con muchos autores de haiku clásicos y actuales, pero deseo referirme ahora de un caso particular, el de Julien Vocance (cuyo nombre auténtico era Joseph Seguin, 1878-1954), a quien descubrí a través de la obra de Fernando Rodríguez-Izquierdo “El haiku japonés”, editado por Hiperión. Él cita a Vocance en el capítulo 9 titulado “Fortuna del haiku en la literatura universal”, dentro del subtítulo: “El haiku en francés”.

    Cien visiones de guerra, de Julian Vocance, trad. Susana Benet (Renacimiento, 2017)

    Pero ¿qué tiene de particular este autor?, ¿lo que escribe son haikus en el sentido más puro? , ¿la traducción debe ser literal?

    Trataré de responder a estas cuestiones desde mi modesto punto de vista. En primer lugar me impresionó leer sus “Cien visiones de guerra” porque nunca había leído haikus dedicados a este difícil tema. Pero lo que más me admiró fue la sencillez y naturalidad con que Vocance nos muestra el terrible escenario de la Gran Guerra, los acontecimientos dramáticos que contempló y que, con serenidad y concisión, fue trasladando al papel como breves instantáneas poéticas. ¿Y por qué se valió del haiku para hacerlo? Vocance formaba parte de un grupo de poetas franceses que a principios del S. XX se interesaron por la estrofa oriental. De este grupo formaban parte Paul Louis Couchoud, Paul Éluard y Jean Paulhan. Habiendo descubierto el haiku, se valió de la breve estrofa para componer un relato sobre sus vivencias en las trincheras. Estos haiku, o haï-kaï como los llamaban en Francia, fueron posteriormente publicados en la Grande Revue (París, 1916) con gran éxito de crítica.

    Cuando leemos a los autores clásicos, no nos encontramos habitualmente con temas bélicos, aunque existen ejemplos. Recientemente, la editorial Hiperión ha publicado “Haikus de guerra” de Seiko Ota y Elena Gallego. Desde una postura ortodoxa, estos tercetos no son haikus a la manera tradicional, son poemas impregnados de sabor a haiku porque nos relatan de manera sencilla y directa sucesos, vivencias, observaciones basados en la propia experiencia, sin añadir elementos artificiales.

    Sabía que el tema era arriesgado y que mi conocimiento del francés es muy básico, pero sentí la intensa necesidad de traducirlos, de dar a conocer este testimonio que, más o menos fiel a los principios de haiku tradicional, trata de relatar, denunciar y poner ante nuestros ojos la crueldad que supone cualquier enfrentamiento bélico. De este modo me comprometí emocionalmente con este soldadito desconocido, casi anónimo, cuyo coraje me conmovió. Y, además, conté con el apoyo de la editorial Renacimiento, que decidió publicar el libro dentro del centenario de la Primera Guerra Mundial.

    En cuanto a la forma, he procurado transmitir con la mayor fidelidad las terribles visiones, sin apartarme demasiado de la forma literal, pero modificando a veces el contenido para poder ajustarlo lo más posible a la métrica tradicional del haiku, aunque en muchas ocasiones esta tarea me ha resultado imposible.

    En cuanto a lo que el haiku trata de transmitir, es decir, las impresiones captadas por los sentidos, hay una buena cantidad de ejemplos en este libro, apuntes de lo que sucede en torno al observador, aquello que irrumpe de una forma violenta, amenazante.

    Encontramos imágenes visuales que describen el panorama siniestro que el ojo contempla desde su escondite.

    Quince días a ras de suelo,
    mi ojo conoce los más leves montículos,
    las mínimas hierbas.

    Si ves en el cielo copos de humo
    busca el avión…
    Por otro lado.

    Una ametralladora ensangrentada,
    antes de morir, esparció
    su abanico de cadáveres.

    Cuando se trata de sensaciones auditivas, estas llegan a ser inquietantes y brutales, tal como él las experimenta.

    A ras de las trincheras
    los bufidos de gato furioso
    de los Minenwerfer*.

    * Mortero, lanzador de minas alemán

    Mi oído inquieto analiza los sonidos:
    nuestros… de los Boches… 77… 120*
    a la derecha… enfrente… arriba… ¡Tocado!

    * Cañón alemán de calibre 120

    Perros lejanos aúllan a la muerte…
    Se acercan…
    Y pasan de largo…

    En otros momentos lo que Vocance nos muestra es la vulnerabilidad de los cuerpos, sometidos a duras condiciones físicas, a la enfermedad, a las heridas, a los parásitos.

    En su franela
    sus uñas van picoteando
    a los bichitos.

    Con la tierra
    sus cuerpos celebran
    nupcias sangrientas.

    A trocitos,
    un abanico en torno a él,
    su carne esparcida.

    Sin embargo, aun enfrentado a la amenaza continua, contemplando a su alrededor las terribles secuelas de cada bombardeo, los cuerpos abatidos sobre el barro, el dolor y la fatiga de los que sobreviven, el poeta es capaz de encontrar un breve espacio para el humor o la observación banal, tal vez como única manera de sobrellevar el espanto.

    A mí me dio en la nalga,
    a ti en el ojo.
    Tú eres un héroe, yo casi.

    Si doy mi pellejo por ti
    -campesino rapaz-
    dame leña para mi sopa.

    La tez rubicunda,
    el vientre desabrochado:
    cocinero de oficiales.

    Vocance sobrevivió a la guerra, fue condecorado por su valor. Perdió un ojo.

    Aunque conocido por estas visiones de guerra, que tan aplaudidas fueron por el público de su época y que ahora tratamos de rescatar del olvido, Vocance escribió otros tercetos sobre la guerra, así como poemas más extensos sobre temas variados, en un volumen publicado en 1983 por Les Compagnons du Livre bajo el título: “Le livre des Haï-Kaï” y “Le héron huppé”, También se han reeditado en Francia, recientemente, sus “Cien visiones de guerra”.

    Mi deseo, al realizar este proyecto, ha sido contribuir a la difusión de la obra de este poeta apenas conocido en nuestro país. Se trata de mi homenaje personal a este soldado, como a todos los que padecieron y padecen los horrores de la guerra.

  • ¿Se puede llamar haiku a cualquier poema 5-7-5?

    ¿Se puede llamar haiku a cualquier poema 5-7-5?

    Abordaremos este tema desde el punto de vista tradicional de la poesía japonesa. La corriente de Haiku moderno no será analizada en detalle en este artículo.

    Es común encontrar en Internet, en diversidad de foros y redes sociales de poesía, ejemplos de poemas de tres versos con métrica 5-7-5 etiquetados como Haiku, sin embargo, veremos aquí, que estos carecen de uno o más requisitos que todo Haiku tradicional debe cumplir. Lo que es interesante, además, será descubrir que existen otros tipos de poemas 5-7-5 en los cuales muchos de esos poemas podrían categorizarse. Éstos son el Senryu, el Hokku y el Müki.

    Para conocer los orígenes de estos poemas japoneses debemos remontarnos al año 1644, cuando nace Matsuo Basho, ilustre poeta japonés que años más tarde inventa el Hokku. El Hokku era un poema de tres versos también, con métrica 5-7-5 que describía el aquí y el ahora de un momento de observación de la naturaleza, aunque también existe una versión urbana en la cual el escenario es una ciudad. El Hokku de hecho se parece mucho al Haiku, con leves diferencias. La más notoria es el hecho de que el Hokku admite lirismo (metáforas, subjetivismo, personificaciones), mientras que el Haiku debe estar totalmente libre de lirismo. Hoy día en es habitual confundir a Matsuo Basho con el creador del Haiku, pero veremos en un momento que éste último fue creado casi 200 años más tarde. Basho hizo en algún momento de su vida un viaje a pie por todo Japón y usaba el Hokku y el Haibun como poemas principales para describir sus observaciones de la naturaleza y las ciudades durante su recorrido.

    En 1867 nace Masaoka Shiki, el creador del Haiku tradicional, y en 1884 nace Ogiwara Sensensui, el creador del Haiku libre o moderno, cuyo principal discípulo se convertiría en un gran exponente del Haiku libre, Taneda Santöka (nacido en 1882). Es posible que entre las reglas nuevas del Haiku libre se admitiera nuevamente el lirismo dentro del Haiku por lo cual se parecería hasta nuestros días, muy fácilmente al Hokku. Sin embargo, esto es una mera suposición.

    Ippekiro Nakatsuka (nacido en 1887) inventa en su momento el Müki, en su intento de liberarse de las reglas de extensión y métrica del Haiku y el Hokku. Elimina el uso del Kigo y le da extensión libre en cantidad de versos. Aunque existen algunos Müki que se escriben en métrica 5-7-5 también.

    El Senryu por su lado, fue creado por Karay Senryu, quien nace en 1718 (también conocido como Hakiemon Masamichi). El Senryu se desliga de los otros poemas cortos japoneses en el sentido que no debe describir un momento presente de la naturaleza, puede ser mucho más abstracto y hablar de sentimientos y emociones con más libertad. En esencia se parece mucho a cualquier poema occidental lírico con métrica 5-7-5.

    Volviendo al Haiku tradicional, y para hablar con propiedad de las reglas que lo definen, hablaremos de dos temas clave: El Kigo y el Kireji.

    El Kigo es una palabra o frase clave que indica la estación del año en que ocurre la observación de la naturaleza. Se considera Kigo directo a los sustantivos que nombran las estaciones (primavera, verano, otoño, invierno) y Kigo indirecto a palabras o frases de aspectos característicos de cada estación, que la identifican inequívocamente en un ámbito global y no regional, por ejemplo: Nieve implica invierno en todo el mundo. Lluvia implica invierno solo en ciertas regiones (y puede llover ocasionalmente en otras estaciones inclusive), por lo cual no es un Kigo indirecto aceptable.

    El Kireji implica un corte de pensamiento en el poema. Indicando que termina la descripción de una imagen o pensamiento poético y comienza otro. También es conveniente hablar de rima, dado que ningún poema japonés admite rima consonante. Y la rima asonante, si bien sería posible usarla, se considera en la poesía japonesa tradicional como un elemento que hace que el poema sea inferior en su calidad.

    Dados todos estos elementos, un Haiku tradicional ha de cumplir todos estos requisitos:

    • No debe llevar título.
    • No debe tener rima.
    • Se compone de tres versos con métrica exacta 5-7-5.
    • El conteo de métrica se hace igual que con la poesía occidental (tomando en cuenta sinalefas y palabras agudas o esdrújulas en el fin del verso).
    • Debe haber Kireji en segundo o tercer verso.
    • Debe tener Kigo directo o indirecto.
    • Es una observación de la naturaleza en el aquí y el ahora.
    • Debe excluir el yo, así como todo sentimiento y lirismo.

    El Hokku (muy parecido al Haiku) en cambio, tiene opcional el Kireji y si admite metáforas, personificaciones y subjetivismo. Todo lo demás es como el Haiku.

    El Senryu por otro lado, no lleva Kigo ni Kireji y admite todo tipo de lirismo y no se restringe ni a la naturaleza, ni al presente.

    Para concluir este análisis, vamos a ejemplificar todo lo descrito. Escribiremos 4 poemas japoneses con métrica 5-7-5 sobre la misma observación, e incluiremos un Haiga (imagen o fotografía) de la escena siguiente:

    Senryu
    El dulce aroma
    de un vasto mar de flores
    que alegra al sol.

    Hokku
    Flamea el sol
    sobre los tulipanes.
    El bello ocaso.

    Müki
    El colorido
    traje en flores del campo.
    Cae la tarde.

    Haiku
    Primaveral
    crepúsculo en el campo.
    Abundan flores.

    Si bien los 4 poemas se componen cada uno de 3 versos con métrica 5-7-5, sin título y sin rimas, se debe notar que el Senryu no tiene Kigo ni Kireji y es en parte abstracto y muy lírico: “mar de flores” es metafórico, y “alegra el sol” hace una personificación del sol al indicar que éste puede alegrarse.

    El Hokku por su lado, sigue siendo lírico, pero incluye un Kigo indirecto: “tulipanes”, que solo se dan en primavera y tiene Kireji en tercer verso. El adjetivo “bello” es un subjetivismo que no se admitiría en un Haiku por ejemplo.

    El Müki tiene un lirismo moderado, sin Kigo pero con Kireji en tercer verso.

    Y finalmente el Haiku carece de todo lirismo, es una descripción directa, sin subjetivismo de la escena observada en el aquí y en el ahora, incluyendo un Kigo directo: “Primaveral” y un Kireji en tercer verso.

    Finalmente, a modo de ejercicio, quiero invitarte a que escribas y publiques en Poémame un Haiku tradicional, o cualquier de los otros 3 poemas 5-7-5 aquí presentados, para el siguiente Haiga (imagen):